Arte y Letras Historia

Y Bilbao se oscureció

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Las calles de Bilbao en las inundaciones de 1983. Foto: Archivo Histórico BBVA.

Las tragedias no tienen medida. No distinguen entre mucho o poco. Simplemente suceden, rompen la estabilidad del ser burlando esa línea de seguridad que creemos permanente a nuestro alrededor. Son de hecho las experiencias que con mayor intensidad nos hacen cuestionar el mundo y toda esa presunta dimensión trascendente de la vida.

Hay una sorda distancia entre ellas y nosotros cuando no nos afectan directamente. Y para ese muro no hay edad. La percepción es unánime de por vida. Una tragedia ajena, no nuestra, es como un silencio. En cambio una tragedia vivida, padecida en carne propia, figura un alarido que solo el tiempo es capaz de atenuar pero nunca de desaparecer. 

Tiende nuestra semántica a identificar los excesos con la ebriedad, como banquetes que proponer a la existencia, como paréntesis a la anodina tibieza que también es vivir. Y sin embargo nada más excesivo que una tragedia y su repentina agresión a la vida. 

Hay sin embargo en la tragedia la posibilidad de ocupar una extraña provincia. Un lugar intermedio entre la distancia remota de la tragedia ajena y la carnal de la propia. Un tramo a medio camino que permite, al superviviente, haber pasado por allí sin daño físico, lo que dota a la experiencia de un valor no menos absurdo pero a la memoria de una huella imborrable.  

Por eso el viernes 26 de agosto de 1983 es una fecha que nunca podré olvidar. Aquel fatídico día viví junto a mi familia una situación que para un chiquillo a dos semanas de los diez años queda grabada para siempre. Mis padres, mi hermana y yo regresábamos de unas vacaciones por Galicia y lo hacíamos en el Talbot Horizon que un año antes relevó al viejo Simca 1000 rojo que cada verano, así como en El Puente (1976), tomaba el pulso a la geografía de la transición. Para evitar los habituales mareos de los hijos mi padre había eludido volver por la costa tomando, como llamaba, la carretera de Castilla. A medio camino paramos a comer unos bocadillos, tras lo cual retomamos la marcha. Hasta que a eso de las cuatro de la tarde, cerca de Vitoria, el cielo se hizo noche y la lluvia, una lluvia persistente y cerrada, se nos echó encima apoderándose de la carretera. 

Poco después los coches se detenían en todos los carriles, parecía imposible avanzar y la lluvia arreciaba cada vez con más fuerza. «Vaya, hay tormenta», lamentaba mi padre, a quien antes de partir mi abuela había informado desde Barakaldo de que llevaba toda la semana cayendo un tozudo sirimiri que parecía aprontar el final del verano. Pero aquello, qué pronto lo supimos, no era una tormenta normal. 

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9 comentarios

  1. Tu relato me ha puesto los pelos de punta y ahora mismo estoy bastante tocado. Pero lo que más me está desasosegando, es que en agosto de 1983, yo tenía ya 30 años, vivía en España donde nací, y a pesar de todo ello, lo que te he leído me ha sonado a nuevo, no recordaba en absoluto nada de esta tragedia de la que por fuerza, tuve que estar mínimamente informado. Quiero pedir perdón desde aquí a ti y a todas las personas que sufrieron ese horror.

  2. Eran los años de plomo. Y yo recuerdo especialmente, tenia 14 años, la viñeta de Mingote, en ABC. Un Guardia Civil, con agua hasta el pecho, cargando sobre sus hombros a un hombre tocado con txapela. Genial. Nunca se dijo más con menos.

    • Que ese detalle sea con lo k te quedas de esa tragedia, dice mucho de ti, akgunos siempre tendrán el mismo discurso en la boca pase lo k pase

      • Un comentario que apenas destila odio, resentimiento, paranoia y chifladura en general. Enhorabuena, ‘Paco’, sigue usando las redes sociales para mejorar el mundo.

        • Hombre, Paco da bastante vergüenza ajena con su uso de la «ka» (y ya es hasta gracioso cuando dice «akgunos»), pero lo de odio, chifladura y tal… es que cuando dice el anterior que con el chiste de Mingote nunca se dijo más con menos…No me jodas, eso es el discurso mierder de anegados defensores del pueblo, la anécdota gilipollas que a alguno les hará sentirse fetén, el meme vacío totalmente de contenido pero que encaja chachi-piruli con el discurso que nos venimos comiendo desde hace más de 40 años…En fin.

          • Bah, es un lugar común que delata a lectores de Abc, no tiene mayor importancia y es casi un chiste en si mismo; es como lo de ‘El Roto siempre certero’ entre los de El País. Darle más vueltas a eso… En fin, digo yo también.

  3. Recién me entero de esta tragedia humana. Un relato aterrador. Lamento los comentarios fuera de lugar y me pregunto cuál es la posibilidad de que vuelva a suceder, Por lo leído parece que fue una poca probable conjunción de estados atmosféricos. Se agradece la vívida lectura.

  4. Buenas noches
    Ese día también íbamos en coche, pero yo era mas joven, apenas 3 años y medio, pero no lo olvidare, solo fotogramas en mi mente, pero imposible olvidarlo. Mi primo (y padrino) se casó ese viernes, habíamos ido desde La Rioja a la boda, en San Ignacio, y a ultima hora de la tarde iniciamos el regreso.
    Recuerdo el puente de Deusto, cuando aun se levantaba al paso de los barcos, llovía sobre el 124 de mi padre en el que íbamos 6 personas, y esperábamos a que bajara el puente, pero llovía cada vez mas y era atronador.
    Pero lo peor fue después, no regresamos por Altube, mi padre decidió ir por barazar, la lluvia no dejaba ver, los rayos eran ensordecedores y solo se veía agua y tierra de las montañas caer en la carretera, no se como llegamos a casa, no se la hora, solo recuerdo los rayos y agua golpeando contra el coche. Y recuerdo la angustia la dia siguiente por nuestra familia en Bilbao….
    Después de aquello nunca quise ir a Bilbao por barazar (me tuve que aguantar, mis padres eran animales de costumbres), y aun con 41 años si me mencionan ese puerto no puedo evitar acordarme de aquellos días.
    Gracias por el artículo.

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