Entrevistas Música

Loles Vázquez: «El repertorio de las Vulpes y su manera de expresarse eran el feminismo macarra de ahora pero muy adelantado»

Loles Vázquez Vulpes para Jot Down

La tarde no puede ser menos propicia para un encuentro como este. O sí. A lo largo de la A8, camino de la Gipuzkoa profunda, diluvia, y el ruido de los limpiaparabrisas nos impide hablar con comodidad. A la noche juega el Athletic la semifinal de la Copa del Rey y la única euforia del día se concentra en dirección contraria. Roberto Moso, exlíder de Zarama hace de puente entre Loles Vázquez y el entrevistador, y pone contexto a un fenómeno musical, el de las Vulpes, laberíntico. Fácil de entrar, complicado de salir. Cuarenta años más tarde de que RTVE despidiera a Carlos Tena, el adjetivo calificativo «zorra» vuelve a ser desmenuzado desde el plano actualidad, cerrando —o abriendo aún más— el círculo que enfrenta la ironía y la inocencia contra el feminismo, o el punk contra la libertad de expresión. Simplemente, el divertimento versus el mundo. Quedamos en el bar del Hospital de Mondragón, municipio cuna del cooperativismo y de grupos como RIP. Mientras nos aposentamos, un letrero gigante de FAGOR, a modo de ojo de Sauron, nos vigila desde el otro lado de la poca iluminada calle. Son las 18:00 y parece madrugada. El desfile de almas errantes del centro empieza a animarse y Loles Vázquez entra por la puerta. 

Tu padre era un sindicalista aguerrido en la dictadura. Cada 1 de mayo siempre entraba la policía en vuestra casa, había registros… ¿Cómo recuerdas aquellos años? 

Loles: Mi padre fue uno de los organizadores de la huelga de Bandas, y estuvo en prisión [la huelga de la empresa Laminación de Bandas en Frio (Bilbao) duró ciento sesenta y tres días, la huelga más larga del franquismo, N. de R]. La verdad es que en los años de esa huelga yo tendría un año, apenas lo recuerdo. Pero sí, respecto a la lucha sindical de mi padre, antes de cada 1 de mayo, ya el 30 de abril, venía la policía a llevárselo para que no organizara ninguna manifestación o concentraciones o cosas de estas. Mi madre los días antes tenía que quemar o a hacer desaparecer papeles, nos levantaban los colchones… «¡Los niños que no lo vean!», decía mi madre, pero mi padre «¡No!», siempre quería que los niños vieran lo que pasaba. Y bueno, pues toda una película. Mis hermanos mayores sí que han podido vivirlo más.

Ya ves, yo tengo recuerdos tontos como ir a verle a la cárcel de Basauri y que ese día estrenaba, fíjate qué imágenes tengo, un impermeable amarillo, de estos como de bombero, con el gorro y todo, de plástico, y yo más contenta que la leche, pero mi padre entre rejas. Creo que estuvo un mes o así; mi madre luego nos agarraba y nos llevaba adonde el obispo a protestar, e íbamos a todas las manifestaciones y a las encerronas en las iglesias. Mi madre y nosotros dormíamos con amigas de otros padres en la misma situación que el nuestro; recorríamos la iglesia de los Franciscanos, los curas eran como nuestros hermanos mayores. Me conocía toda la iglesia porque ellos eran curas progres en aquella época. 

Y todo ese magma repercutió de alguna manera en tu imaginario, en tu afán de expresarte que luego lo materializarías artísticamente.

L: Hombre, creo que tuvo algo que ver. Lo que pasa es que tú sabes lo que pasa. Al ser la pequeña y ver que mis hermanos actuaban de determinada forma también, pues yo lo veía normal. O sea, yo pensaba que eso era lo que había que hacer. Además, tengo hermanos todavía mayores, que vivieron los años 60, ahora tienen setenta y cinco, setenta y seis años. Entonces viví todo eso naturalmente. 

Roberto: ¿El rock cómo entró en tu casa?

L: La música entró por mi hermano, el pequeño de los mayores, Rafa, que tocaba la guitarra. Estaba en un grupo que se llamaba Los Jóvenes del Ritmo. Hacía pop. Y luego tocaba en verbenas.  

R: ¿Llevaba discos a casa?

L: Claro, y más que eso, también llevaba a mi hermana a la radio, a Radio Juventud, de corista. Entonces en casa la música que sonaba eran sobre todo los Brincos, los discos que entraron primero, incluso Mari Trini, cosas de estas, de mis hermanas. Y luego ya empezaron a llegar los Beatles, y de ahí en adelante, pues ya todo. Porque además al ser tantos hermanos, cada uno tiraba por un estilo musical. Porque el que era punk era punk, había quien era más rockero y traía todas estas cosas, exceptuando Kraftwerk, que le gustaba a Nico. Mi hermano Karmelo era más de Bruce Springsteen, de Dylan. Bueno, a Karmelo le gustaba todo, o sea, era el musicólogo de la familia. Compraba de todo.

R: Tendrías también etapa cantautor, canción protesta.

L: Claro, eso ya mi madre y mi padre. Todos los discos de Serrat con Antonio Machado, los de Víctor Jara, todas esas cosas. Además, cuando éramos pequeños, mi padre a veces pasaba al otro lado, a Francia, a las reuniones y nos llevaban y nos ponían a los niños a cantar las canciones de protesta para los refugiados; entonces nos las sabíamos bastante bien, incluso primeros discos en euskera. Teníamos un curso de euskera vizcaíno, así con acento gabacho, y nos hacían repetir en casa. Ya te digo, mi madre, por ejemplo, se enfadó con mi hermano Karmelo porque no le llevó a ver a Bruce Springsteen a Barcelona en el autobús. O sea, en casa la música de todo tipo, porque mi madre cantaba mucho. Yo recuerdo a mi madre todo el día cantando.

R: Sois muchos hermanos, pero no sois todos de la misma pareja, ¿no? 

L: Somos de dos padres diferentes y la misma madre. Por eso hay esa diferencia de edad. Los cuatro mayores son del primer padre. Y luego… Llego mi padre y nací con los cinco pequeños. 

Y siendo tantos en casa, seríais muy callejeros. 

L: Teníamos al lado el monte Pagasarri. Ahora está muy urbanizado, pero entre mi casa y la de enfrente había una montaña con un muro y luego debajo del muro todo zarzas. O sea que como jugabas por el muro y te dabas la hostia salías ahí ya con la antitetánica. Y muchas ratas. Menos mal que llegaron la familia de los gatos. Los gatos blancos y negros fueron los primeros que llegaron. 

Y esto también, que tú lo comentabas, Roberto, en Santurtzi, todas estas reuniones, no sé cómo se deciden… que sin querer se formaban en la calle y creaban cultura popular, ¿no? 

R: Yo siempre he pensado que sin la calle no sería lo mismo. Sin esos encuentros fortuitos en los que de repente… Sí, sobre todo la capacidad de organizarte para jugar. ¿A qué jugamos hoy? A Tres Navíos en el Mar, que se jugaba en Santurce, que luego me he dado cuenta de que no se conoce mucho fuera. Y esa cantidad abrumadora de niños que había, de niñas, pues… hacía que tuvieras que buscar la vida para organizarte. Y yo creo que eso pudo ser el precedente de que después hubiera gente que se organizara para hacer fanzines, Gaztetxes, ocupaciones, para hacer grupos de rock, para todo este tipo de cosas. Cosa que ahora, como tienen tantos extraescolares y todo se les organiza de antemano todo… a veces no se les organiza ni para dejar la luz apagada. 

L: Es el individualismo que te da estar jugando con el ordenador. 

Eso es interesante, porque hablas de alguna manera como que te autogestionabas, y lo llevasteis al punk los dos, Vulpes y Zarama.

L: Tú salías a la calle, no quedabas con nadie porque no había teléfono. 

R: Yo me acuerdo de que hubo un intento de llevarme a los Boys Scouts y tal, pero era menos libertad. Con lo bien que estás a tu aire, tú sabes. 

Zarama montasteis la banda un poco antes, ¿no? 

R: Sí, sí. ¿Tres años antes, cuatro años? Sí, nosotros la montamos en el 77. El año del punk. Al inicio era una cosa muy teórica. Luego poco a poco fuimos montando el grupo… Lo que se dice hacer la casa por el tejado. Primero éramos en plan tú vas a ser la guitarra, tú, la batería, tú tal y tal. Y luego ya íbamos rellenando, ¿sabes? Hubo uno de los miembros del grupo que quería ser batería y no pudo porque era negado para el ritmo. Pero fue un poco el conseguidor. Lo que ahora llamamos productor. El que fue consiguiendo ese amplificador, ese micrófono que nos robó de la iglesia, ese… 

Ha prescrito, ya lo puedes decir.

R: Bueno, son cosas que tampoco es que saque el pecho con ellas, pero te tienes que buscar la vida. Y sí, así fue. Y luego pues lo de las Vulpes empezó cuando nosotros estábamos ya un poco… yo creo que estábamos más en marcha, sí.

L: Sí, nos formamos en el 80, por ahí, yo por ahí, porque me acuerdo de ir a ver a Snoopy y a esos que tocaban ahí en la Escuela de Ingenieros, había conciertos y eran esos grupos los que estaban. De hecho, a mí me moló mucho ir a ver a Snoopy.

R: Me acuerdo un día de que estaba en la radio, en Portugalete, vino Bolo, que es uno de las grandes almas del rock’n’roll en Bilbao, y con su novia, que era Estibaliz Markiegi, y me dijo: vamos a montar una banda de chicas, se van a llamar las Vulpes, que es Zorras en latín; yo justo iba por letras, sabía que era Zorras en latín, y pregunto alucinado: ¿y vais a montar una banda de chicas? Las cosas como son, Estibaliz estaba cañón. Se hacia ella la ropa. Y además salía con minifalda… Como salgan las cuatro así, ¿qué va a ser eso? ¿Sabes? Una época en la que estábamos todavía más salidos que ahora. Y a mí me llamó mucho la atención la idea esa. Y ahí quedó la cosa, yo no volví a saber del asunto. Y luego hubo un concurso en la discoteca Tope, en Bilbao. Ahora es un gimnasio. Y tocaron ellas y nosotros. Nos clasificamos para la final, ambos inclusive. Pero esa final no se celebró nunca. Se quedó ahí, era una de esas cosas que pasaban entonces en Bilbao. Y luego ya, la siguiente vez que las vi, ya me había enterado de que habían cambiado de formación. En la revista Muskaria ya se hablaba de ellas. Y las vi en Leioa, un día a las doce de la mañana, en un concierto en el que no iban a tocar, pero de repente… Los NO, que era el grupo que iba a tocar, no se presentaron. NO no se presentó. 

L: Y estábamos allí nosotras a ver a los NO. 

R: Ese día caí rendido a los pies de ellas, porque me pareció la bomba, la bomba total. Fueron divertidísimas. Yo creo que le habíais pegado un poquito al pimple y tal. Y entonces estaban todo el rato vacilando con los gilipollas de los estudiantes que las decían ¡vaya culo que tienes!… Estuvo divertidísimo. Y entonces, a partir de ahí, siempre que podía, las iba a ver. 

Loles Vázquez Vulpes para Jot Down

¿Tú cómo recuerdas lo previo a todo eso? ¿A la formación del grupo? 

L: Pues así, como ha dicho Roberto, primero lo compartía con las amigas con las que jugaba. Luego te das cuenta de que esas amigas no les gustaba la música. Eran amigas del barrio. Y luego empecé a salir. Empiezo a ir a Santurce, a discotecas, a Barakaldo… A bailar Status Quo. Y entonces comienzas a conocer gente de fuera, y a todas los que íbamos conociendo les iba diciendo, oye, aunque no sepas tocar, quiero que lo hagas en mi grupo, y todas te decían que sí de primeras, pero luego había que ir a casa y decir a los padres que me tenían que comprar un bajo, una batería, o lo que sea. Y también tenemos que buscar un local, hay que pagarlo y tenemos que ensayar. O sea, nadie tenía dinero. Y bueno, encima una mujer era la que tenía que gestionar todo eso. A mi padre no le sorprendió que le pidiera una guitarra con quince años, porque todo eso estaba ya en casa, la guitarra de mi hermano. El del grupo Zanahoria Eléctrica, que tenía una Framus que había montado él con una pila de 12 voltios, con una distorsión, con un botoncito, me la vendió, me acuerdo, por cinco mil pesetas. Y esa fue mi guitarra.

R: En el surgimiento de las Vulpes influyó M.C.D, el grupo de tus hermanos que estaba ya en marcha.

L: Los ensayos empezaron en casa. De hecho, yo tengo los primeros recuerdos, sobre todo Nico y Bernar, que sí que tocaban en casa y Karmelo se ponía a hacer el bobo. Se veían obligados a tocar conmigo, era su hermanita, yo con mis quince años, los otros con veinte y veintiuno. Y así fue poco a poco, al principio no tenía chicas, era Nico que me apoyaba en los conciertos, Bernar, que se ponía una peluca… Al principio, mi hermana Lupe iba a cantar, no iba a tocar la batería, pero se fue a Inglaterra a trabajar y Bernar se puso a tocar la batería. No tenía ni el apoyo de mi hermana. 

Entonces empiezo a buscar, y la primera bajista que encontré fue Susi, que ya tocaba en un grupo, Fase. Fui yo a un local en Deusto con mi guitarra a que me enseñaran cuatro acordes. Tampoco me hacían mucho caso, es normal. Me enseñaban tres acordes, y pasaba la tarde ensayando. Y Nico, que siempre ha sido muy independiente, respiró aliviado por que no tuviera que contar con él todo el rato. Entonces mi hermano Bernar empieza a preparar un poco como batería a mi hermana Lupe, que vuelve, y encontramos a Estíbaliz. Susi fue madre demasiado pronto. Ahora creo que tiene igual como cuatro o cinco hijos. Y claro, ya no podía. Además, ella vivía en Santurce y nosotras ensayábamos en Bilbao. No tenía con quién dejar al hijo. Lo que son las cosas. Y ahí fue cuando entró Ruth, que estaba en Ortopedia Ocular, y también estuvo bastante tiempo. Creo que el concierto de Tope lo hizo ella y Bernar, con Estibaliz cantando, y conmigo a la guitarra. Esa formación sí que hizo actuaciones en directo. Una vez vivieron unos mánagers a nuestro local a hacernos una prueba en el local, que era de 091. Y lo compartíamos con M.C.D. Luego llega Mamen, que ensayaba arriba, Estibaliz se va a estudiar Filosofía… Me dijo que a sus padres no les gustaba nada la banda.

Y solíamos ir a la discoteca La Jaula, y Begoña, que iba mucho por allí, y entonces era hippy, se unió al grupo. Me acuerdo cuando empezamos, que yo le pintaba el bajo. Bueno, ella se pintaba con pintauñas los puntitos del bajo. Y yo le ponía este acorde en rosa, este en azul. Nos divertíamos, era un juego, era una forma de pasar el día.

R: Pero una cosa que ya desde el principio llamaba la atención eran las letras, muy distintas a otros grupos. O sea, el hecho de que fuerais chicas y que las letras básicamente eran tuyas, y que hablaban de conflictos entre madre e hija, de que «No me vengas hablando de amor». Antinovia es un concepto genial:  «No solo soy tu antinovia, solo soy tu antiamor»… en una época en la que era todo muy romántico, y esto indignaba a todos. Tú veías las listas de venta de la música y era todo Camilo Sesto, Juan Bau… y entonces eso era un contraste absoluto con el mainstream musical. Entonces eráis absolutamente originales, también en eso, ¿no? Había también alguna canción de rivalidad con niñas pijas de Getxo. Sí, un poco como marcando clase, ¿no?  Y la de «Andy es un punk», al fin y al cabo, también se enamoraban las chavalas. 

L: Sí, esa fue la crítica de las feministas, porque hablábamos de nuestros novios. La frase esa de «Sexo por la cara», ahí participó Bolo. Es de él, y no mía. Fue un regalo. El repertorio de Vulpes y su manera de expresarse para mí eran el feminismo macarra de ahora, de los, por ejemplo, podcast de Henar Álvarez, pero  muy adelantado. Realmente cuando hablaban de ese tipo de cosas, de esa manera no lo hacía nadie más.

R: El feminismo era otro rollo, la Asamblea de Mujeres, por ejemplo, hablaban de cosas muy justas, pero no, no se expresaban así. De hecho, cuando os pasó lo que os pasó, con la Fiscalía, yo creo que la única gente que os pudo apoyar un poco fue la gente de la música y en concreto, de la música de Euskadi. Poco más, alguno también de la UVI. Pero hubo gente de la música también que se puso muy en contra de ellas. Incluso había alguien que decía que era una canción mala, siendo de Iggy Pop.

L: El otro día en mi muro en Facebook alguien decía sobre «Me gusta ser una zorra» que es una cover mala, corta, que la hacen igual que los Stooges. Y le contesto, o sea, a ver, los covers son eso. O sea, estás diciendo que la canción original es la mala porque estas chicas la copiaron exactamente. ¡Que hasta los coros eran igual! Pobre Iggy (risas).

¿El grupo cuánto tiempo duró? ¿Como cuántos conciertos daríais?

L: Conciertos, en total, unos veinticinco o treinta.

Y no ha sido tu único grupo.

L: También estuve en Gazte Hilak, con mi hermano Nico, Estibaliz y Jon Zamarripa, de Cancer Moon. Nico le apagaba el amplificador a Zamarripa cuando se ponía a hacer punteos (risas).

R: Después del escándalo y antes de esa vuelta que tuvieron con el Me gusta Ser (Oihuka, 2006), hubo una actuación también, que estuvo muy bien. Un bolo en solidaridad con la sala El Garaje. Tocaron Kortatu, M.C.D… 

L: Nos separamos el día de las riadas. La habíamos pasado canutas, todo fue muy intenso. De hecho, vivíamos en Madrid en una pensión de jueves a domingo. En todos los conciertos hubo problemas. No cobrar, dormir cuatro días en la playa buscando al organizador para que aunque sea nos diera dinero para la gasolina, para echarle al Ford Fiesta y poder volver a Euskadi. Broncas, militares, fachas… Hacíamos bolos en la plaza de toros, conciertos con gente con la que no teníamos nada que ver, con Charol, Azul y Negro… Y la gente pensaba que iban a ver a cuatro tías en bragas, y cuando salíamos cagándonos en todo…

Loles Vázquez Vulpes para Jot Down

El mensaje o el sentido con el que conformasteis vuestra banda no fue entendido.

L: No, no fue entendido. Hubo mucho tejemaneje. Las productoras interesadas nos ofrecían conciertos en campos de fútbol pequeños, pero no nos veíamos ahí, en macroconciertos, nos veíamos más con M.C.D o con La UVI. Nos quedamos al final con el formato de tocar en discotecas. El contrato era de junio a septiembre, nos daban conciertos todos los fines de semana. Vamos a suponer que el 1 de junio tocamos en Zaragoza. Pues hasta que pasara ese concierto, yo no podía aceptar otro concierto a 100 kilómetros de Zaragoza. Además, cuatro conciertos a la semana eran muchos. Fuimos a firmar el contrato a un despacho de Bilbao, el año de las inundaciones. Y tuvimos la mala que suerte de que todos nuestros contratos, que los tenía Andy Montón (mánager) almacenados en un sótano, se los llevó la riada. Y eso con dieciocho años. ¿Tú qué sabes de contratos? ¡Yo qué sé de eso!

Y luego la discográfica quería que grabáramos un elepé, y cuando íbamos a tocar pasaban cosas como… me acuerdo en Cintruénigo, en Navarra, llegábamos y la discoteca estaba cerrada, estaba en obras y nos dicen que no había actuación, y claro, ahí no había móviles para avisar. No sabías nada hasta que llegabas al sitio, no tenías ni idea. Primero dijimos, bueno, habrá sido un error. Pero no, vas al segundo y es lo mismo, vas al tercero y es igual. Y ya dices, ¿qué coño es esto? ¿Y luego qué pasa? Que tampoco podíamos aceptar ya más bolos a 100 kilómetros, nos tenían cogidas con caña. Y eso lleva a fricciones. Y encima los pocos conciertos que conseguimos tocar coincidía que no nos pagaran. 

R: El asunto de la Fiscalía y todo eso te hizo tener que presentarte en el juzgado cada poco.

L: Sí, bueno, yo me tenía que presentar cada poco y subía al juzgado, venía mi padre y entraba conmigo. Entonces me preguntaban por Carlos Tena, querían que atacara a Carlos, y yo no, no, para nada, que si fue una provocación… él nos ayudó y fue una putada lo que le hicieron. Yo creo que le dábamos pena al juez, se querían cargar al Tena y listo. Mi padre me había dicho que dijera que la canción la habíamos hecho todos los hermanos, no yo sola. Que era de toda la familia y que, si íbamos a la cárcel, vamos la familia. A Mamen la llamaron a declarar como interprete, y a mí como autora de la letra, pero yo nunca la coincidí con ella y como nos habíamos separado y no hablábamos, no teníamos contacto. Se fue a Londres y las cartas igual nunca las recibió.

R: Hay una cosa que no sé y que tengo curiosidad, ¿cómo te enteraste de repente de la querella de la Fiscalía General del Estado? Habías estado en la tele, habías actuado en el programa de Carlos Tena y no había pasado nada, a priori.

L: No pasó nada, y ahí quedó la cosa, pero quince días después empezamos a salir en las noticias, el teléfono no dejaba de sonar para pedirnos entrevistas desde todos los medios… A nadie le había asustado gran cosa, pero de repente alguien decidió que sí, que eso era algo escandaloso. Mi padre entonces iba mucho a Madrid a reuniones sindicales y claro, un día se levanta a la mañana sus amigos le decían, ¡Bernardo, tus hijas la han liado! Mi padre empieza a ver en los quioscos, que compraba todos los periódicos, me vio el ABC y encima en portada.

Sí, yo nunca tuve problemas. No en en ese aspecto, mi familia me ayudaba. Por ejemplo, Begoña sí que tenía grandes problemas. Y creo que Mamen también. Entonces, por ejemplo, lo que tú comentabas de tu madre oyendo esas letras y tal, o sea, sí que había diferencias, pero por el seno de la familia que vivimos. Quizá más combativos y con una mentalidad, pues bueno, como la del padre de los Vázquez, más combativa.

R: O sea, un día, un día concreto, te levantas de la cama y te encuentras con este cristo. Si hacéis una película tenía que empezar así.

L: Ahora que lo dices, tengo que contestar a un productor de Madrid que quiere hacer un documental sobre aquello. 

¿La acusación de la Fiscalía, cuál era exactamente?

L: Escándalo público e incitación a la indecencia, creo.

Andoni (fotógrafo): Mi tía y sus amigas, en el Gaztetxe de Urretxu, hicieron camisetas de apoyo cuando aquello, con el lema «Viva las Vulpes». 

R: Ya hace cuarenta años y sigue al tras la movida. Esto, si fuera rollo anglosajón, lo habrían sacado chispas.

L: Se han puesto en contacto conmigo productoras para hacer una serie, pero todo va muy lento. Tengo varios frentes abiertos. Igor Legarreta, de Handia o Altsasu, querían hacer una serie. Llevamos un año trabajando. Le pasaron el guion a una productora gallega, en el que había que atacar al PP de Galicia. Pero bueno, ahí todavía sí, parecía que iba adelante, pero han tenido más problemas. Pero es que ya no vamos a esperar. Hay otra productora vasca interesada… Va muy lento, así que, si me muero y sale la peli, pues que hablen con mi sobrino (risas).

R: Para mí la movida fue una putada. Probablemente hubieran sido un grupo como M.C.D, como Eskorbuto o como Zarama, que hubieran tenido una trayectoria y hubieran tenido buenos discos, cambios de formación, etc. Seguramente habrían crecido en cuanto a público. Pero en vez de servir de acicate, fue un petardazo. Luego las pudimos ver en el 85, como hemos dicho antes, y más tarde, con Lo de Me Gusta Ser, pero ya no era lo mismo porque no estaba Lupe (fallecida en 1993).

L: Se va a reeditar todo.

R: Yo tengo una maqueta maravillosa que hicieron con un casete en el local, puesta. Ahí, en medio local, con Lupe como maestra de ceremonias. Me acuerdo de escucharla en casa, con mi madre, haciendo las cosas del hogar y tal, «Soy el sexo por la cara»…Y mi madre en plan, ¿qué ha dicho? Las Vulpes fueron demasiado, demasiado pronto, como Johnny Thunders

Y tú no tuviste problemas con tu familia, pero el resto del grupo sí.

L: A mí me ayudaban, pero Begoña y Mamen tuvieron problemas.

¿Y tuvisteis contacto con Carlos Tena después de esto?

L: Desgraciadamente no. Siempre quise estar con él después de aquello. Ahora sacan un especial Carlos Tena en RTVE, en Imprescindibles, en el que me grabaron, con periodistas de aquella época. A él le debieron decir que nosotras les criticábamos, que estábamos en contra de él, y era mentira. Para mí era un profesional. 

Es que es curioso porque en esos años La Edad de Oro era un programa que era la hostia, incluso viéndola ahora dices, ¿cómo se atrevían? 

R: También acabaron en tribunales. Hubo alguien que empezó a mearse en un crucifijo. 

L: Esto (nuestra actuación) en Caja de Ritmos fue una apuesta. Carlos Tena en teoría tenía libertad, llevaba allí lo que quería 

Entonces, por ejemplo, lo que tú comentabas Roberto de tu madre oyendo esas letras, sí que había diferencias generacionales. 

L: Mi madre, que estaba en la Asamblea de Mujeres de la asociación del barrio… Antes, cuando me has preguntado por qué cantaba yo esas cosas, tan enfadada con el amor, tenía que ver también con que hasta entonces nunca había tenido pareja, el primer novio fue Rokan —cantante de M.C.D— y también con la separación de mis padres. Mi madre ayudaba a las mujeres del barrio que estaban separadas, iba a sus casas, con sus hijos, les llevaba comida… y al otro lado, en mi casa, mismo veía problemas entre mis padres. Mi padre tuvo que quererla. Conocer a una viuda con carga familiar y enamorarse… Y entonces el divorcio me llegó con quince años. Escuchar cuando se enfadaban y te obligaban a posicionarte a ver con quién querías vivir… Yo que idealizaba esa relación, ese amor, y que se fue a la mierda por la política… Pienso que eso me hizo ser así con el amor.

R: Yo creo también, aparte de eso, que el número de mujeres de entonces, de incluso de chavalas jóvenes que podían identificarse con el mensaje de Vulpes, era muy, muy escaso. Mi novia de la época no entendía nada. Nos podríamos identificar más los tíos porque nos gustaba su parte musical y porque nos divertía esa parte de letras sin ninguna reivindicación, cómo decirlo, una identificación seria. 

L: Fíjate lo que son las cosas, que cuando yo volvía de Barcelona a Bilbao, y me juntaba en fiestas con amigos, las novias de ellos creían que me los quería follar a todos… ¡qué fama! Además, mi novio de entonces era el típico rocker machista.

Loles Vázquez Vulpes para Jot Down

Ya sé que es complicado especular, pero con la perspectiva que da el paso del tiempo, no sé si es que esta última década ha sido más rápida que la anterior, en tecnología, en pensamiento, en aplicación, en todo, pero, ¿cómo envejecen estas cosas? ¿Crees que se podría repetir hoy en día? Porque estaba pensando en Willy Toledo. O en Javier Krahe, treinta años más tarde, la historia que tuvo por lo del crucifijo.

R: Hombre, yo creo que el ejemplo más rotundo es Pablo Hasel, que está en el maco.

L: Yo creo que la generación de ahora es más combativa que la anterior. Mi hijo pequeño está muy orgulloso de mí, de sus tíos, pero la mayor pasa de todo. Con nosotros ya tenían todo, a nuestros hijos mayores les dimos todo. Yo a mi hijo vamos, le compraba de todo, no sé… Cuándo lo que tú has tenido no ha sido ni una la bicicleta; en mi casa solo había una y era de los chicos. Pasó una época más tranquila, pero ahora hay un rollo más combativo, los chavales tienen ganas, con el Gaztetxe a tope. O sea, yo lo veo así aquí en Mondragón. 

¿De cara al feminismo, crees que ese mensaje hubiese sido más defendido ahora o también hubiese causado malestar en algunos sectores como está pasando con la canción de Eurovisión? 

L: A ver, es que las feministas que la están atacando porque digan que las denuncias de maltrato se dice la palabra zorra… Mira, en un maltrato lo que menos te puede doler, pienso yo, es que te llaman zorra. A mi zorra no me ofende. Parece que debes tener odio a quien tenga rabo entre las piernas.

El odio, como sucedía con el punk aquí y en todas partes, te posiciona, genera cierta comunidad, cualquiera puede sacarle punta a todo. 

L: Es muy fácil. Además, igual en la calle eres el máximo exponente de la defensa de la mujer y escribes todo lo contrario en redes.

R: Yo personalmente y ahí igual no estamos de acuerdo, veo una diferencia bastante clara entre el rollo de «Me gusta ser una zorra» y la canción de Eurovisión. Que Vulpes dijeran que querían meter un pico en la polla a Lou Reed nadie se lo podía creer. Lo otro me parece más pretencioso. Los tíos coreábamos esa canción y no queríamos ser su perro, obviamente.

L: Cuando hice esa letra tenía quince años, no lo hice para empoderarme, no tenía cincuenta y ocho años. 

En el arte siempre ha existido la provocación, para generar conciencia, para removernos. 

L: He conseguido El Jueves de 1983, os lo tengo que pasar.

Loles, viviste en Irala, barrio populoso de Bilbao. Y luego te fuiste a Barcelona, viste mundo y has vuelto a una ciudad industrial similar al Bilbao de aquella época. Tú, Roberto, de la fabril y naviera Santurtzi, te fuiste a la soleada Sopelana, en la costa, donde todo te sonríe y te saluda por la calle. ¿Creéis que todo esto también influye más que la música en a la hora de expresarse? 

L: Yo estudié en Deusto, la carrera de Turismo en aquel entonces, y el profe me llamaba señorita Madona, porque llevaba mis pelos y tal. Entonces empecé a trabajar en el hotel Ercilla de Bilbao como recepcionista, con mi uniforme, que luego me esperaban los RIP, que me montaban en su camión y me cambiaba de ropa. Empecé a vivir ese mundo, incluso he sido directora de hotel; también he estado trabajando para el IMSERSO, he tenido cargos, he estado en las ferias de Andalucía con los hombres poniéndome la chaqueta. Y luego llegaba a mi habitación del hotel y me hacía mis rayas de caballo porque no soportaba interpretar. No era yo. En las Vulpes no interpretaba. A mí me gustaba montar los espectáculos de animación. De hecho, llevé a M.C.D una vez como mi orquesta. En el hotel del que yo era directora y me vino la guardia civil, porque se oía desde Lloret el ruido (risas).

O sea, me encantaba montar espectáculos, eso sí me gustaba. Pero claro, luego vas como ascendiendo, ¿no? Y te van dando cargos, te van dando responsabilidades. Tienes que ir a ferias, tienes que atender a todos, tienes que sonreír y, sobre todo, en un mundo de hombres, porque el turismo era así. De hecho, yo me fui del Ercilla porque hubiera acabado al final en la esquina cogiendo el teléfono; todos los cargos del Ercilla eran de hombres. A mí me gustaba más el rollo de relaciones públicas. No estar con las uñas pintadas en una esquina. Pero el amor por Vulpes me hizo volver al homenaje a mi hermana, y después de diecisiete años, en los que no había hablado con Mamen y Begoña, vuelvo, pero me enamoro de una persona y me quedo aquí.

¿Y qué ves ahora en Arrasate

L: Yo tenía otra idea de Mondragón. Me he llevado una hostia. Ha estado de capa caída. Creo que otra vez están los jóvenes saliendo, pero ha habido una época en Mondragón que el que menos ganaba eran dos mil y pico euros. Y han vivido sin paro, con cobertura… Y el activismo cayó, pero de repente Mondragón y su cooperativa empieza a caer. Ahora hay mucha gente extranjera, saharauis, latinos de todos los lados. Hay otra vez un paro alto, se acabó el dinero, pero hubo años asquerosos en que todos competían también para ver que tenía la mejor casa, a ver quién tenía tal… Mi hijo mayor ha echado el CV en la cooperativa, y mi marido que ha cerrado el bar, el día 31, también ha echado. 

¿Y Santurce? 

R: Santurce se convirtió en una pesadilla cubista. Crecí en una casa con terreno alrededor y cuando me fui ya todo construido. Mi primera palabra, según mi madre, era el sonido de la hormigonera de al lado de mi casa.

Loles Vázquez Vulpes para Jot Down

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3 Comentarios

  1. Súper interesante la entrevista, pero ¿hace falta editarla un poquito, no?

  2. Por ejemplo, las preguntas/intervenciones de Roberto a veces en negrita y a veces sin negrita; hay referencias a preguntas anteriores que creo que no han pasado el corte; la respuesta sobre El Jueves queda como colgada sin más explicación; las referencias a que las familias de las otras integrantes sí dieron problemas pero la suya no están repetidas, en dos párrafos distintos… en general da la sensación de ser un borrador sin revisar.

  3. Pingback: Type O Negative y Peter Steele: bajarse de la vida - Jot Down Cultural Magazine

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