Ciencias

¿Quién encargó esto? (y 3): Anomalías en física de sabor (esto no es un artículo sobre nueva cocina)

(Viene de la segunda parte) física de sabor

Cuando los científicos de nuestro gremio oyen la frase «nueva física», se ponen tan contentos y esperanzados como cualquier banda de creyentes a los que se les anuncia la llegada del mesías… y eso que también en nuestro caso y desde hace ya bastantes décadas, el dichoso Mesías no llega. Algún profeta sí hemos tenido, en particular el neutrino. Uno de los autores de este artículo, el más viejo, anduvo años en Japón, participando en experimentos que demostraron que el neutrino tiene masa, cosa no prevista por nuestros Evangelios —también llamados Modelo Estándar— y sigue empeñado en realizar experimentos, en el laboratorio subterráneo de Canfranc, para demostrar que el neutrino es su propia antipartícula, algo que, caso de ser cierto, nos daría alguna pista de por qué existe nuestro universo —ahí es nada—. Pero en los últimos tiempos, como hemos contado en nuestros artículos anteriores, la partícula de moda que despierta fervores y pasiones es el muón, ese primo masivo del electrón cuya aparición vino a señalar que la naturaleza era mucho más misteriosa de lo que nos imaginábamos (de ahí la célebre frase de I. Rabí cuando le explicaron el descubrimiento de una copia de electrón que no parecía venir en absoluto a cuento: «¿pero quién encargó esto?»). En esta última entrega, vamos a presentar la crónica de las graves acusaciones que pretenden culpar a nuestro díscolo electrón masivo, acusándolo nada menos que de ser un violador. Y no un violador cualquiera. Sospechamos que el muón podría estar violando nada menos que la universalidad leptónica.

Pero vayamos por partes. En física de partículas nos gustan los nombrecitos caprichosos. Así, por ejemplo, hablamos de que los quarks (las partículas subatómicas de las que están hechos protones y neutrones) tienen color. Aseguramos que hay quarks rojos, azules y verdes y nos quedamos tan anchos. Decimos, además, que la teoría que los estudia, es la cromodinámica cuántica, o en otras palabras la teoría cuántica del color. Por supuesto, con color, nos estamos refiriendo a un tipo de carga que poseen los quarks. Al igual que los electrones pueden venir en versión electrón (carga eléctrica negativa) o positrón (partícula de antimateria, idéntica al electrón excepto por su carga eléctrica positiva), los quarks poseen además de carga eléctrica otra carga asociada con una interacción que llamamos «fuerza fuerte» y cuyo efecto es confinarlos de manera perenne en el interior de neutrones y protones. Esta carga fuerte en lugar de tener dos estados (+, -) como el caso de la carga eléctrica, tiene tres, que podríamos haber denominado (1, 0, -1) o (a, b, c), pero que, caprichosos como somos, decidimos bautizar con rojo, azul y verde.

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Un comentario

  1. La parte negativa del reconocimiento por parte de los físicos de que el modelo sea erróneo, es que da alas para que gran número de religiosos señalen que la respuesta no está en la ciencia, sino en una deidad.

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