
Un hombre cruza la puerta de entrada de un local que vende café a precio de caviar. Tiene el pelo naranja y la cara a juego. Es noviembre de 2015. «Quiero un café» —ordena—. Tras varios minutos de espera, lo recibe y no da crédito. Los vasos son rojos, pero no tienen ningún símbolo navideño. Una cuestión anecdótica para muchos, pero que el personaje con apariencia de pelotazo, afectadísimo, no pudo dejar pasar por alto. «No hacer alusión a la festividad navideña supone una falta que debe ser castigada de algún modo», espetó en un mitin en Illinois días después el por entonces precandidato presidencial republicano, Donald Trump, poco antes de promover un boicot abierto a la empresa. «Si llegara a ser presidente todos vamos a volver a decir «Feliz Navidad»». No fue el único. El expastor Joshue Feuerstein también acusó a Stabucks de «odiar a Jesús» por «quitar la Navidad» de sus vasos. Lo hizo a través de un vídeo en Facebook, que fue visto por más de catorce millones de personas y compartido medio millón de veces.
Mentiría si digo que no me habría fascinado ver a Rajoy quejarse de la poca cantidad de patatas fritas que sirven en un restaurante de comida rápida. «Cuanto peor mejor para mí, menos en este sitio, que menuda ración de patatas más pequeña». O a Pedro Sánchez protestar, en esa época canalla que los usuarios de Twitter se preocupan por rescatar día tras día, por una pizza en su restaurante de confianza que no estuviera tan «cojonuda» como siempre. Pero es pura ilusión, porque en España esas cosas no pasan. Al menos no de manera abierta. ¿Acaso sería alguien capaz de demandar a Red Bull por no dar alas como dice la publicidad? No, aquí estamos a otras cosas. Por cordura, falta de ocurrencia o sepa Dios qué. Sin embargo, en Estados Unidos sí. Porque son diferentes y porque pueden.
Por pedir que no sea
Si algo no se le puede negar a la sociedad estadounidense es la imaginación. Tanto para inventar recetas gastronómicas que harían retorcerse de dolor a cualquier chef y a personajazos como Alberto Chicote decir eso de: «No me como yo eso ni harto de vino», como para, al estilo Trump, convertir absurdos en motivos para hacer excursiones a los juzgados. Eso explica que, el ahora gobernado por un señor de casi ochenta años, sea el país con la mayor ratio per cápita del mundo en cuestión de letrados: trescientos por cada cien mil ciudadanos.
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Aún nadie demanda a algún restaurante de comidas rápidas porque las comidas no se sirven rápido?
Estas insensateces me llevan a reflexionar sobre el significado de la palabra libertad, sacrosanta para la América, y por lo leído motivo principal de su declaración de independencia. Me parece que se referían a la libertad personal, que es muy distinta a la libertad de una comunidad, la libertad de buscar la riqueza desenfrenada que, lamentablemente conlleva el sometimiento de otros.
Son restaurantes de comida rápida porque la comida se hace rápido, no porque te la sirvan rápidamente jajajajaja