
El brillo de sus ojos no parece, desde luego, el de una persona de ochenta y cuatro años. Ni rastro de cansancio, ni de desapasionamiento: por el contrario, todo en Dacia Maraini (Fiesole, 1936) transmite vitalidad, entusiasmo y fe en que las cosas pueden cambiar a mejor. En su casa romana, con una terraza desde la cual se puede contemplar todo el skyline de la Ciudad Eterna y El Vaticano, los libros proliferan por todas partes entre pinturas y recuerdos de una vida prolongada e intensa.
Fue descubierta en el mercado internacional con su novela —recientemente recuperada por Altamarea, junto a otros títulos— Los años rotos, que obtuvo el Premio Formentor, a la que siguieron títulos como Memorie di una ladra, Donna in guerra, Isolina, Lettere a Marina o Il treno per Helsinki. Sin embargo, su mayor éxito llegó con una novela histórica, La larga vida de Marianna Ucrìa, que obtuvo el Premio Campiello, fue llevada al cine por Roberto Faenza y ha vendido más de un millón de ejemplares desde su salida a la luz.
Pero la trayectoria vital de Dacia Maraini va mucho más allá de sus hitos literarios, que le han hecho figurar reiteradamente en las quinielas del Nobel. En su persona confluyen la fundadora del Teatro della Maddalena, gestionado por mujeres, la activista feminista y la mujer de cine: escribió para Marco Ferreri el guion de Historia de Piera (1983) y El futuro es mujer (1984); Yo soy mía (1978) para la directora Sofía Scandurra; para la alemana Margarethe von Trotta, Amor y deseos (1988), y para Pier Paolo Pasolini Las mil y una noches (1974), entre otras faenas.
Una aventura única, la vida de Maraini, que comenzó con una niñez marcada por los dos años de internamiento junto a su familia en un campo de concentración japonés, donde sufrieron las mayores penalidades. Y, sin embargo, al recordar aquellos hechos terribles, ni la sonrisa ni el brillo de los ojos la abandonan.
Siempre he tenido una duda: el hecho de crecer en un campo de concentración ¿es para usted un trauma, o lo que le hizo ser como es hoy?
Después de esta experiencia, me siento en condiciones de afrontarlo todo. Porque la guerra, las bombas, el hambre, las enfermedades, los parásitos, el miedo, los terremotos… Todo lo que pasó en aquellos años me hace pensar que, si superé aquello, no hay nada que no pueda superar.
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Qué incómoda la transfobia del entrevistador, insistiendo e insistiendo para que Maraini se posicione en contra de una causa con la que simpatiza…
Desde mi modesto punto de vista, han quedado sin pregunta muchos asuntos que solo Dacia Maraini podía contestar. El entrevistador se ha centrado en lugares comunes y temas que implican respuestas poco menos que consabidas. Soy incuestionablemente feminista, pero en las sucesivas respuestas sobre el tema hay aspectos interesantes y bastantes lugares comunes. Quiero decir que mí me gustaría conocer más sobre el mundo personal y la ejecutoria cinematográfica de Pasolini (supongo que podía proporcionar declaraciones jugosas), sobre un personaje irreverente, histriónico y a menudo tan poco feminista como Marco Ferreri (incluso sobre el personaje de Piera), sobre el trabajo con von Trotta, sobre la personalidad íntima y real de Moravia detrás de su máscara, etc. Me da la sensación de que toda la entrevista es un preludio o introito y que lo interesante vendría justo cuando ha acabado. Mala sensación desde luego.
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