
(Viene de la primera parte)
Existe una melodía concebida para no molestar que no tenía derecho a colarse en nuestras cabezas. Existe un director amateur de terrores modernos que por su perfil no parecía tener derecho a ser tan eficaz. Existe un programa que no tenía derecho a ser tan divertido alimentándose de las desgracias ajenas. Existe un anuncio de juguetes en forma de película que no tenía derecho a ser tan entretenido. Todos ellos son artículos inusuales, que nos hacen pensar «de primeras no tenías derecho a ser tan bueno».
Los backrooms de Kane Pixels
Kane Parsons, conocido también por su alias Kane Pixels, es un chico que sube vídeos a internet. Y hasta aquí todo parece normal hoy en día. Pero Parsons-Pixels no es un youtuber al uso de los que se dedican a hacer playbacks gilipollas, a regalar Oreos rellenas de pasta de dientes a los sintecho, a corretear por Minecraft pegando gritos como un demente o a plagiar todo su contenido de otros y justificarse diciendo que ser del Opus Dei es lo que tiene. Parsons es otro tipo de youtuber, el bueno, aquel que utiliza la plataforma de vídeos para demostrar su talento. Porque Parsons es responsable de haber agarrado el mito moderno de los Backrooms para convertirlo en una experiencia visual aterradora.
Los Backrooms son un creepypasta, ese nuevo tipo de leyendas urbanas nacidas en la época actual, cuentos fantásticos que toman como base las nuevas tecnologías y las perspectivas modernas, historias retorcidas que saben expandirse rápidamente por internet a través de foros, webs, chats y redes sociales.
El origen de los Backrooms se encuentra en el lugar de donde sale todo lo turbio en estos días: la página de 4chan. En aquel tablón virtual, una tarde de 2019, un usuario invitó al resto a postear «imágenes de lugares inquietantes, donde algo pareciese estar fuera de lugar». Entre todas las estampas recibidas por la llamada, apareció una que parecía crear un profundo desasosiego a la mayoría de la gente: la imagen de un pasillo amarillento, enmoquetado, vacío, con luces fluorescentes encendidas y unas paredes recubiertas de estampados que no hacían juego entre sí.
Uno de los usuarios de 4chan no tardó en imaginar la historia qué existía detrás de aquella instantánea: según él, se trataba de una fotografía de los Backrooms, un lugar extraño e infinito en el que podías aparecer si tenías la desgracia de hacer noclip en alguna zona peligrosa de la realidad. Ese «noclip» era un término originado en el mundo de los videojuegos, una expresión que se popularizó bastante con el Doom del 93, y que para lo que nos compete se traduciría por algo así como salirse de los límites del mapa de juego.
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Regalar Oreos con pasta de dientes a los sin techo. Ahí he dejado de leer.
Eso lo hizo un youtuber una vez, por eso se le está criticando en este artículo. Y por eso se menciona, para que entendamos que el youtuber del que habla el artículo NO es como ese youtuber de las oreos.
Dios me libre de decirle a nadie cuándo dejar de leer un artículo, pero no entiendo por qué tú lo haces en ese momento precisamente.
Podría mencionar al caraanchoa capaz lo conoce jajajaja
Venga, que nos despitamos.
Chapter 3 de No teníais derecho a blablabla
Richard Marx! «Hazard»
Aun recuerdo intentar conectar con la rubia buenorra del instituto. A mi tambíen me gusta! Enorme la canción en la que es un asesino en serie! Y la ahoga en el rio! Y eso que sólo vi el capitulo 2!
«Right here waiting… ¿Que»?
Pingback: Guía para una maratón de cine insufrible - Jot Down Cultural Magazine
La verdad es que no hay derecho a que esta revista y en particular artículos como éste sean tan buenos.