
En ocasiones ocurre, algún producto te hace alzar la ceja y pensar que quizá eso no tenía derecho a ser tan bueno. Y no siempre porque estuviese predestinado a ser malo o mediocre, sino por muchos otros factores: que se tratase de jugarretas de marketing corporativas, que fuesen experiencias efímeras que ya no pueden catarse, que convirtieran un prejuicio en pedazos, que supieran zafarse de su género con arte o que sorprendieran haciendo algo inesperado. Artefactos modernos que resultaron fascinantes, juguetes pop que, en principio, parecían no tener derecho.
La banda sonora de Batman Forever
Tenemos que hablar de la banda sonora de Batman Forever. Pero no del score musical compuesto por Elliot Goldenthal para ambientar la película, una partitura competente cuya pega era no llegar al nivel de un Danny Elfman que antes había dejado el listón flotando allá por el espacio profundo, sino del álbum recopilatorio con las canciones de la película. Un disco que de entrada es tramposo al anunciarse en su carátula como «Batman Forever: Music From the Motion Picture», cuando en realidad solo cinco de sus catorce pistas se escuchaban realmente en la película. Con el agravio añadido de que dichas canciones tan solo sonaban durante unos escasos segundos en el film, o como acompañamiento de los créditos finales. Las recientes reediciones en vinilo del disco han corregido la desfachatez limpiándose el cemento de la cara y presentándose como «Batman Forever: Music From and Inspired by the Motion Picture». Lo de «música inspirada por la película» es otra etiqueta que tiene tela, pero bueno.
Tretas de marketing aparte, la banda sonora de Batman Forever no tiene sentido. Porque es un disco —nacido de una película donde Jim Carrey brinca embutido en licra verde y Tommy Lee Jones actúa poseído por un Looney Tune— que logró capturar con asombrosa eficacia el tejido musical de los noventa. Un recopilatorio que en lugar de ceñirse a un género o estilo de su época decidió agarrarlos todos: el rock, el rap, la balada, el indie, el rythm and blues contemporáneo, el trip hop, lo emo, el punk californiano, la cover industrial, el pop meloso, el folk rock, el guitarreo alternativo, el blues o incluso las ocurrencias góticas de Nick Cave.
Y lo de este último es llamativo, porque Batman Forever contiene una canción del músico australiano que tampoco tiene sentido. A Cave le encargaron un tema para esa peli de superhéroes llena de brillis y colorines, y el hombre podría haber entregado cualquier cosa sin mucho esfuerzo. Pero el muy cabrito no tiene remedio y sí buenas musas, y optó por alumbrar un temazo. Aunque Cave no es lo único destacable en la alineación de un disco que combinó fenómenos del momento (U2, The Offspring, Seal, Method Man), con artistas que estaban a punto de convertirse en leyendas (PJ Harvey, Massive Attack, The Flaming Lips) y rarezas interesantes (Michel Hutchence, Mazzy Star, Sunny Day Real estate). Batman Forever fue un álbum visionario, pero nació como resultado de una decisión meramente ejecutiva entre señores encorbatados. Así que es mejor empezar por el principio.
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