Ocio y Vicio Eros

Strip/Tease: una historia del striptease descubierta velo a velo (1)

striptease 1
Salomé. Franz von Stuck, 1906.

Me encanta observar cómo una mujer se desnuda. 

También me gusta quitarme la ropa, irme librando de la opresión del cinturón, la incomodidad de la corbata y los antiestéticos calcetines… Pero un striptease es mucho más que eso. Es un espectáculo ritual, un acto privado traspasado a un espacio público, una exhibición orgullosa del propio cuerpo, una celebración del disfrute de ver y ser visto frente a la presión social por ocultar y esconder. Un striptease combina sensualidad con humor de bacanal, provocación y alegría de vivir. 

El acto del striptease se ha movido siempre en los márgenes, en la delicada línea entre lo que está socialmente aceptado mostrar en público y lo que no. En las próximas páginas repasaremos desde el glamur aristocrático de Dita Von Teese y sus cientos de zapatos Louboutin, hasta el proletariado de las despedidas de soltero de Las Vegas. En los años treinta, Jean Cocteau sugirió que el deseo de idolatrar a stripteasers «más grandes que la vida» respondía a un ansia oculta por lo sagrado, por lo colosal, por contemplar a una diosa más que una mujer de carne y hueso. Pronto veremos también cómo esta ansia tiene una base mitológica más profunda de lo que parece. 

He dividido esta narración en siete secciones, siete velos que repasan la historia del striptease como necesario punto de partida para una conclusión en la que espero contestar a una pregunta: ¿cómo podremos sobrevivir al gris siglo XXI reinventando la sensualidad desnudista del pasado? Los lectores y lecturas apresuradas que acostumbréis a empezar los libros por el final podéis esperar a la publicación completa de la serie y saltar entonces a la última sección a leer mi respuesta.

Pero si aún sigues aquí, lector o lectora paciente, tengo una propuesta que hacerte. La mejor manera de leer esta historia del striptease es quitándote una prenda de ropa distinta en cada una de las secciones del artículo. Tengas o no alguien que te esté mirando, y a no ser que te encuentres en el transporte público o algún otro lugar en que pueda detenerte la policía por exhibicionismo, ya puedes empezar… Yo haré lo mismo. 

Primer velo: cómo ahuyentar al mal levantando la falda 

Inanna lanzó gritos de júbilo por su vulva, tan hermosa de contemplar, y se felicitó a sí misma por su belleza. (Himno a Inanna)

El primer striptease lo hizo una diosa: la mesopotámica Ishtar, llamada Astarté por los semitas e Inanna por los sumerios. Inanna era la diosa madre del amor y la guerra, dos dominios íntimamente relacionados, como puede atestiguar cualquiera que haya estado enamorado. Los Himnos a Inanna, de más de cuatro mil años de antigüedad, narran el descenso de la diosa al reino de los muertos para desafiar a su hermana, la terrible Ereshkigal, reina del inframundo. Inanna se presenta ante las puertas del reino de los muertos ataviada con su armadura de combate: un despliegue de medios probablemente imprudente, ya que Ereshkigal la ve venir y da instrucciones muy concretas a Neti, portero del inframundo. Cada vez que Inanna intenta cruzar una de las siete puertas del infierno se ve obligada a desprenderse una de sus siete prendas de ropa (siete chakras, siete habilidades mágicas, siete velos), hasta llegar completamente desnuda e indefensa ante el trono de su hermana. En ese momento Ereshkigal ordena matar a Inanna, que resucita al tercer día iniciando un nuevo ciclo de muerte y renacimiento como los presentes en la mayoría de las mitologías del mundo. 

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