Arte y Letras Literatura

A las víctimas de la espera

Mañana en Cape Cod, de Edward Hopper. La espera
Mañana en Cape Cod, de Edward Hopper. La espera

No se puede renunciar a vivir medio día: o el

resto de la eternidad o nada. 

(Antonio Di Benedetto)

El 25 de septiembre de 1940 tres personas cruzaban andando la frontera franco española. El camino era largo, una antigua ruta usada por contrabandistas republicanos. Empezaba en el pueblo de Banyuls y atravesaba la montaña de Querroig hasta llegar a Portbou. Estas tres personas eran la fotógrafa alemana Henry Gurland, su hijo Joseph y el filósofo alemán Walter Benjamin, todos de origen judío. Hacía poco más de tres meses, los nazis habían entrado en París y Walter Benjamin huía en dirección a Portugal para llegar finalmente a Estados Unidos. Se dice que en su maletín llevaba un manuscrito. Se sabe que a los tres los pararon en la frontera. Se especula que Benjamin no se suicidó, que lo mataron.

Tras doce horas de camino y una vez llegados a Portbou, fueron interceptados por un grupo de paramilitares españoles. Las autoridades informaron a los huidos del nuevo decreto que obligaba a la inmediata deportación de todos los refugiados. Les permitieron pasar lo que sería la única noche en España en el Hotel Francia, al día siguiente los llevarían hasta la frontera.

El escritor argentino Antonio Di Benedetto dedicó una trilogía a la espera. Al final de su novela Zama, libro que llevaría al cine Lucrecia Martel, su protagonista se encuentra en una situación similar a la que Walter Benjamin se encontraba en su habitación de Portbou; duerme junto aquellos que, si no lo matarán, lo llevarán a la muerte. Zama, igual que Benjamin, espera un desenlace. La palabra esperar proviene del termino latino sperare y significa tener esperanza. Walter Benjamin, la madrugada del 26 de septiembre, decide interrumpir la espera, y por consiguiente romper con la esperanza. En una carta entregada a Henry Gurland escribió: «En una situación sin salida, no tengo más opción que terminar. Mi vida va a acabar en este pequeño pueblo de los Pirineos donde nadie me conoce. Le ruego que transmita mis pensamientos a mi amigo Adorno y que le explique la situación a la cual me he visto conducido. No dispongo de tiempo suficiente para escribir todas las cartas que habría deseado escribir». Horas después sufría un supuesto ataque de apoplejía, solo Henry Gurland sabía que se trataba de una sobredosis de morfina. Gurland y su hijo Joseph llegaron a Nueva York a finales de 1940. El decreto que obligaba a la devolución de todos los refugiados, incluso los judíos, nunca se aplicó y ambos obtuvieron su visado al cabo de pocos días.

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3 comentarios

  1. Tengo una duda: ¿Es Henny Gurland o Henry Gurland? Saludos…

  2. Pingback: Concierto de Patrick Watson – The Wave; La ola y la esperanza | Plein Soleil…

  3. Pingback: Borgespalooza o cómo convertir a Borges en ícono pop - Jot Down Cultural Magazine

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