Arte y Letras Historia

El asedio de Escipión a Iliturgi íbera: las pruebas del episodio bélico

La clemencia de Escipión. Cuadro de Sebastiano Ricci en la Royal Art Colection de Londres.
La clemencia de Escipión. Cuadro de Sebastiano Ricci en la Royal Art Colection de Londres.

Las guerras púnicas entre Roma y Cartago siguen despertando fascinación entre las legiones de amantes de la Antigüedad clásica, y resulta imposible abordar la segunda de ellas sin hacer especial mención al famoso general Escipión el Africano, protagonista indiscutible del giro acontecido en la contienda en favor de las fuerzas romanas.

No en vano, se puso al frente de las tropas romanas en Hispania con apenas veinticuatro años de edad, con el rango de procónsul, poco después de que en el año 211 antes de nuestra era (a. n. e.), su padre Publio Cornelio Escipión y su tío Cneo Cornelio Escipión, por entonces jefes militares de Roma en la península, falleciesen en el conocido como «desastre de los Escipiones», al fracasar su ofensiva contra los ejércitos cartagineses de Magón Barca y Asdrúbal Gisgo.

Pese a su juventud, por aquel entonces Escipión ya había salvado la vida de su padre con solo diecisiete años de edad en la batalla de Tesino (218 a. n. e.) y había participado en la célebre batalla de Cannas (216 a. n. e.), enfrentamientos ambos saldados con victoria cartaginesa sobre las tropas romanas.

Toda una serie de reveses que el entonces joven Publio Cornelio Escipión logró revertir desde que asumió el mando de las tropas romanas en la Hispania que había visto morir a su padre.

Entre sus notables victorias en la segunda guerra púnica figuran así la toma por sorpresa de Cartago Nova (209 a. n. e.), la batalla de Baecula (208 a. n. e.) en el actual término municipal de Santo Tomé (Jaén), la batalla de Ilipa en el año 206 a. n. e. cerca de Hispalis, poniendo fin a la contienda en Hispania; o la de Zama (202 a. n. e.) en África, con la derrota final del general cartaginés Aníbal Barca.

Fue precisamente su exitosa ofensiva final sobre los dominios de Cartago en África, en la actual Túnez, con el sometimiento de Aníbal, lo que le valió el título de el Africano.

Porque si algo define su trayectoria en el plano militar, es la predilección por la iniciativa propia, como refleja la cita que le atribuyen las fuentes clásicas, según las cuales Escipión enarbolaba la máxima de que «se demuestra más valor al atacar que al repeler los ataques».

Hablamos, en cualquier caso, de uno de los mayores genios militares del mundo antiguo, junto a otras figuras como su adversario Aníbal Barca, Julio César o Alejandro Magno.

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5 comentarios

  1. Densha Otoko

    ‘Escipión enarbolaba la máxima de que «se demuestra más valor al atacar que al repeler los ataques»’. También se producen muchas más bajas en el bando atacante. Guderian o Zhukov, otro par de carniceros, habrían estado de acuerdo con él.
    ‘Hablamos, en cualquier caso, de uno de los mayores genios militares del mundo antiguo…’
    Ni hablar. Decía Woody Allen que la «inteligencia militar» es un contrasentido. Aupar a esta clase de personajes a la categoría de «genio» es blanquear sus mataderos.
    Fidias, Praxiteles, Aristóteles o Arquímedes fueron genios. Leonardo, Darwin, Einstein, también. Karl von Linde y Alva Fischer, que inventaron el frigorífico y la lavadora respectivamente, fueron geniales. Mejoraron la vida de millones de personas.
    Decían Berlusconi y Trump que Putin es un «genio». Por ese camino Eichmann también lo sería a su manera. Al parecer, también está «en lado bueno de la historia».
    Reconozco que toda esa gentuza son personajes cargados de poder y, sin embargo, es claro que la humanidad estaría bastante mejor si ninguno de ellos hubiera nacido.
    Si a tu paso sólo dejas cadáveres no eres un genio, sino un carnicero por mucho que haya quien te blanquee mediante la lengua.

  2. Snowpiercer

    Hablar en esos términos es muy idealista, metafísico, sin conexión con la realidad histórica humana. «La humanidad estaría bastante mejor…» La humanidad no estaría donde está (para lo bueno y lo malo) si no hubiera existido el imperio romano o Isabel la Católica o Napoleón o Churchill. Otro tipo de consideraciones es simplemente hablar del olor de las nubes.
    También demagógico. Escipión gentuza porque Trump, Berlusconi y Putin… Hombre…

    • La aniquilación que practicó Escipion Africanus sobre Iliturgi, que borró físicamente del mapa por pura venganza, no debería ser motivo de orgullo.
      Somos herederos del pasado, en efecto, pero el relato de ese pasado debe ajustarse a principios y valores morales defendibles. Denunciar lo indefendible es una necesidad ética obligada, por muy herederos que seamos, más que idealismo metafísico o demagogia.
      Pienso.

    • «La humanidad no estaría donde está (para lo bueno y lo malo) si no hubiera existido el imperio romano o Isabel la Católica o Napoleón o Churchill.»

      Efectivamente. Y como no sabemos si la humanidad sería mejor o peor, defenderlos o atacarlos es un sinsentido, ya que nunca sabremos qué habría ocurrido sin ellos.

      Dicho esto, Churchill fue un hijo de la gran puta con todas sus letras…

    • Densha Otoko

      Para demagogia la tuya, pues el hegelianismo de derechas que empleas es metafísica: «Si Hitler no hubiera existido otro habría tomado su lugar». Fatalismo en estado puro. ¿También hablando del olor de las nubes?
      A mi entender los seres humanos tenemos libertad de decidir. No estamos sujetos a tropismos, ni a taxias. Y no todos los gobernantes son iguales. No es lo mismo Napoleón que Macron, ni éste que Marine Le Pen, Victor Orban o Erdogan. Ya nos contarás que cosas buenas tuvieron de buenas para sus víctimas unos genocidas como Isabel la Católica o Napoleón o Churchill.
      No es lo mismo un gobernante que otro. Ni de lejos.

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