
«Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista», reza la primera línea biográfica de su página web, reproducida en otros tantos medios y noticias. En esa inmisericorde petición de recoger toda una vida en unas pocas líneas, Rafael Argullol comienza eludiendo el uso del ser, aquel que según la 2ª edición del Diccionario Panhispánico de Dudas cumple la función de «afirmar del sujeto lo que significa el atributo» y que, según Aristóteles, «se entiende de muchas maneras». Lo elude porque, aunque narrador, poeta, ensayista, filósofo, articulista, viajero, investigador de y partícipe en distintas artes, como la pintura, el cine, el teatro, incluso la ópera, aunque doctor en Filosofía con una tesis dedicada al héroe trágico del Romanticismo, y licenciado en tres carreras, «es catedrático emérito de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es escritor». Que nosotros intentásemos resumir aquí el significado profundo de estas dos afirmaciones sería un desalmado acto de fusilamiento al esfuerzo que el propio Argullol lleva cuarenta años desarrollando en sus más de treinta obras, con sus decenas de miles de páginas escritas a mano, alternando la concisión poética y aforística con la extensión argumental y narrativa. Sería algo injusto para los múltiples yoes que lo constituyen, y para sus lectores del presente o del futuro, y por eso no vamos a hacerlo.
Lo que sí hicimos fue desplazarnos hasta su casa de Barcelona para continuar el diálogo abierto desde la literatura, entendida como un todo capaz de abarcar cada aspecto de la enumeración anterior. Allí, entre estanterías rebosantes de libros, cuadros, unos grandes ventanales por donde la luz nos recordaba el paso del tiempo, y bajo la —a veces curiosa, a veces despreocupada— mirada de un majestuoso gato llamado Ra, tuvo lugar esta conversación.
Vamos a empezar casi por el final, pero para regresar el principio: en tu último libro publicado, Danza humana, hablas de la pasión de tu madre y tu abuelo materno por la lectura. ¿Cómo recuerdas tus primeros contactos con la literatura?
Fue muy importante la biblioteca que tenía mi abuelo, y que luego heredaron mis padres. Mi abuelo era un militar ilustrado, de los pocos que debía haber ilustrados, y tenía una biblioteca muy buena de clásicos y de literatura de finales del XIX, principios del XX. Por ejemplo, tenía muchos autores rusos, que debían de gustarle especialmente. Para mí, en esa edad que pasas de la niñez a la primera adolescencia, el recurso a los libros de esta biblioteca fue muy importante, junto con los libros propios de la época: Julio Verne, Stevenson, Salgari… Yo, casi en un plan autodidacta, fui avanzando en esta biblioteca.
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Gracias Jot Down por traernos a este gran escritor. En sus libros me he visto siempre reflejado, sin conocer personalmente a Rafael lo tengo entre mis seres más cercanos, a los que vuelvo una y otra vez a lo largo de los años. Gracias por su obra, cada libro suyo me abre multitud de puertas, de preguntas, de hambre, de curiosidad. Aún no he terminado Danza Humana, me voy deleitando con él, poco a poco, a ratos, como quien habla con un amigo íntimo con el que comparte una forma de ver(nos) el universo.
Estoy en la misma dinámica lectora que Ángel M., con «Danza humana», mil páginas de auténtico placer. Además, Rafael Argullol escribe tan claro que sus libros se leen con deleite. Vas tomando posición de escalada, paso a paso como recorriendo un camino de conocimiento y de reflexión.
Muchas gracias por esta entrevista. He conocido a través de ella a este gran escritor. Le he comenzado a leer en La razón del mal, impresionante.
Gracias por entrevistar a un gigante. El fin del mundo como obra de arte es una obra maestra.
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Buena entrevista, enhorabuena.
Yo conozco a Argullol de sus dos libros sobre el Romanticismo: «El Héroe y el Único: el espíritu trágico del Romanticismo» (¿quizá la tesis a la que se refiere la entrevistadora, adaptada luego para ser publicada?) y «La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico». En especial me gusta que en el primero de ellos Argullol critique la opinión que Goethe tenía del Romanticismo. Son dos libros estupendos, los recomiendo.