
Esta entrevista es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 46 «Rupturas»
¿Es la historia de la humanidad una flecha que ha sido lanzada hace miles y miles de años y avanza, inexorable, hacia algún lugar que llamamos futuro? ¿Es eso o es otra cosa? Le vamos a preguntar a una historiadora. Camila Perochena (Rosario, 1987) se recibió de profesora de Historia por la Universidad Nacional de Rosario, luego obtuvo el doctorado en Historia por la Universidad de Buenos Aires y es magíster en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella. Allí da clases de Historia de Argentina, de América Latina y también de Europa. Se nota su faceta pedagógica al hablar, explica hasta sentir que su interlocutor ha comprendido, gesticula y se apasiona, le gusta lo que hace. Hace un tiempo que Camila es una referente en la divulgación histórica en Argentina: ha escrito para diarios, ha hecho pódcast y lleva adelante una columna semanal sobre historia en el programa político de la televisión argentina más reconocido de la última década, Odisea Argentina. En 2022 publicó Cristina y la historia. El kirchnerismo y sus batallas por el pasado, un libro donde analiza el modo en que la historia ocupa un lugar político central en el discurso de la dos veces presidenta y una vez vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.
En esta charla vamos a volver una y otra vez sobre la permanente relación entre rupturas y continuidades que hay en los modos de mirar el pasado e interrogarlo.
En principio, me interesa saber cómo se ha pensado la historia a lo largo del tiempo con relación a rupturas o continuidades. Leí alguna vez que Jacques Le Goff lanzó una pregunta a los historiadores: «¿Es realmente necesario, en verdad, contar la historia en rebanadas?».
Quizá se refería ahí más a la idea de una historia social, una historia política o una historia cultural y no solamente a la idea etapista de la historia, de cómo avanza la historia. Esta idea etapista y de rupturas en la historia está relacionada con una idea bastante decimonónica, ¿no?, que es el momento en que empieza a pensarse la historia, y es también una idea teleológica. En el siglo XIX estaba la idea de que la historia tenía un sentido, de que iba hacia algún lugar y de que, en ese sentido que tenía la historia, había etapas para pensarla. Etapas de rupturas. Era lo que estaba en boga. Y, a su vez, esta idea de ruptura estaba alimentada también por los acontecimientos de ese mundo contemporáneo. Pensemos que uno de los acontecimientos centrales de esa Europa, donde se empieza a pensar así, es la Revolución francesa. La Revolución francesa es el acontecimiento por excelencia que se piensa a sí mismo como una ruptura, que abre algo completamente nuevo y que trata de cambiar todo lo que llaman el Antiguo Régimen. Ellos inventan la idea del Antiguo Régimen. Hay que romper con lo que hay, cambiar para crear algo completamente nuevo. Ahí nace algo muy fuerte: la idea de romper con el pasado. Una ruptura con las ideas, con lo político, con lo social; una ruptura que llega a un punto tan grande que los tipos inventan un nuevo calendario, una nueva forma de pensar el tiempo. Dicen «ya no vamos a hablar de enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio; vamos a hablar de brumario, de vendimiario, vamos a cambiar la forma en que se entiende el tiempo, no va a ser igual a como se pensaba el calendario gregoriano». Inauguran la idea de que hay que pensar algo nuevo, que hay que romper.
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