«La mente es su propio lugar», escribió John Milton, «y en sí misma puede convertir un cielo en infierno, un infierno en cielo». Pero en una época en la que las máquinas pueden simular, con la mera fuerza del cálculo, cosas mentales como poemas, ¿sigue siendo la mente un lugar preponderante? ¿Qué creaciones celestiales e infernales puede hacer la mente sola que ningún algoritmo pueda reproducir o imitar?
Leo en las palabras de Milton la insinuación de que la mente crea significado, y el significado — que es diferente de la información, incluso diferente del conocimiento— es incalculable. El significado podría ser el último baluarte de la conciencia humana en la era de la IA: el anhelo existencial supremo irreducible a cálculo, la gran inquietud creativa que fermenta todos nuestros poemas y nuestras pasiones.
El neurólogo poético Oliver Sacks (9 de julio de 1933–30 de agosto de 2015) aborda estas preguntas en un ensayo premonitorio de abril de 1993 en el New York Review of Books, provocado por el libro del neurocientífico ganador del Nobel, Gerald Edelman, Bright Air, Brilliant Fire: On The Matter Of The Mind pero, como toda gran reseña de libro, elevándose mucho más allá del libro en sí y hacia preguntas más amplias sobre la conciencia, la naturaleza de la mente y lo que significa ser humano.

Revisando el auge de la literatura sobre la ciencia de la mente y la materia, Sacks lamenta que «debajo del entusiasmo por los desarrollos científicos, hay una cierta delgadez, una pobreza y una irrealidad en comparación con lo que sabemos de la naturaleza humana, la complejidad y densidad de las emociones que sentimos y de los pensamientos que tenemos». En un sentimiento que nos recuerda lo milagroso que es que un gélido cosmos haya encendido la la llama de la conciencia, él escribe:
Leemos con entusiasmo sobre la última teoría química, computacional o cuántica de la mente, y luego nos preguntamos «¿Es eso todo lo que hay?»
Con un ojo en su propia emoción al encontrarse por primera vez con la pionera cibernética de Norbert Wiener a finales de los años 1940, con su asombrosa insistencia en que «no somos materia que perdura, sino un conjunto de pautas que se perpetúan a sí mismas», y la generación de reflexiones sobre autómatas lógicos y redes neuronales que inspiró, él relata haber pensado, como muchos lo hicieron, que la humanidad estaba al «el umbral de la traducción informática, la percepción, la cognición; un mundo nuevo y desafiante en el que ordenadores cada vez más potentes serían capaces de imitar, e incluso asumir, las principales funciones del cerebro y la mente». Y sin embargo, como neurólogo que ha dedicado su vida a los mecanismos internos de las mentes humanas encarnadas, él advierte:
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Enhorabuena por este artículo. Ya era hora de que alguien aportara algo de sensatez y no se subiese al carro triunfal de ChatGPT, en nuevo crecepelo milagroso del siglo XXI, como hace unos años lo fue el grafeno. Tratan de hacernos creer que la mente y la conciencia pueden reducirse a un algoritmo, de la misma manera que tratan de convencernos de que biológicamente no somos más que un conjunto de reacciones químicas. Leí hace poco en XL Semanal a un prestigioso científico afirmando que no existe el libre albedrío. En fin…
Lo dicho, ya era hora de que alguien enfocara el asunto de la IA desde el punto de vista filosófico y no meramente matemático. Reciba mi agradecimiento por ello.
2000 años y seguimos en lo mismo: somos lo mejor y el centro de la creación, el sol nos da vueltas… El problema es que hay quien no acepta que no, que no somos materia mágica. Si un sistema de maquinaria bioquímica tiene eso tan especial de lo que hablamos, ¿por qué no iba a tenerlo otro fabricado por nosotros? Corrijo, por algunos de los más avanzados de nosotros. Que uno no entienda de maquinaria biológica o de cómo funciona una ia (cuyos algoritmos y cálculos se hacen de forma analógica en un sistema natural, no sé qué piensa alguno cuando dice esas palabras) no significa que, quizá, tarde o temprano, quienes sí lo hacen terminen creando una mente comparable en esa esencia mágica (…) cuya exclusividad tanto ansiáis proteger y, más tarde, una mejor que ella. Y no hay más. A llorar y a seguir con la fé cada uno en su casa y no quemando Copérnicos ni Galileos…
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Tercer artículo en poco tiempo en JD contra la tecnología. Al menos este no tiene tintes apocalípticos como los anteriores, pero creo que su premisa («nada puede igualar el espíritu humano que está por encima de la materia inerte») parte de un enfoque religioso, el de la supuesta existencia de algo inmaterial, inherente al ser humano que no se puede igualar con medios artificiales. Vamos dios, el alma o cualquier otro cacharro por el estilo. Yo no tengo conocimientos en filosofía ni neurociencias como la autora o Mr. Sacks, pero me atrevería a recomendar una lectura: Microcosmos de Lynn Margulies donde la autora explica, creo que satisfactoriamente, como al principio de nuestro planeta la materia empezó a agruparse y formar moléculas por el simple mecanismo del azar, la repetición y unos cuantos miles de millones de años, sin necesidad de ningún dios. Y luego esas moléculas siguieron combinándose por azar y millones de años más hasta construir organismos unicelulares y estos con muchos millones de años más acabaron convirtiéndose entre otras cosas en neuronas. Y cuando estas fueron muchos miles de millones empezaron a producir consciencia, mente, conciencia. No veo ninguna razón por la que este proceso no pueda repetirse artificialmente y mucho más deprisa por esas mismas neuronas organizadas sin necesidad de apelar a ningún espíritu externo al ser humano y al universo. Sospecho que detrás de este miedo a la IA está gente con una vida maravillosa que teme perder a manos de un robot maligno, pero como la mía es bastante aburrida e insustancial estoy dispuesto como diría Sheldon Cooper ha convertirme en la mascota de alguna inteligencia artificial muy bondadosa. Seguramente estaré equivocado pero espero que en las posibles réplicas se me insulte lo justo. Saludos cordiales y perdón por no permanecer callado y parecer tonto en lugar de resolver la duda hablando.
Totalmente de acuerdo. En filosofía parece que todo lo que uno para tiene validez. Gracias por el comentario, me ha permitido leer algo razonable antes de salir de la página… Sobre la mente, desde distintos enfoques más científicos, quiero recomendar leer ademas de a Sacks, a Penrose, a D. Dennet, a Hofstadter…
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