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Parques Nacionales: La evolución disecada

parque nacional de doñana

El guía-conductor les ha advertido que, al pisar las dunas, sólo se puede caminar en la dirección del viento para no entorpecer el flujo natural de la arena, así que los visitantes se desplazan como alfiles en un tablero de ajedrez donde todas las casillas son del color que surge del coqueteo inestable del blanco con el dorado. El atardecer comienza a alargar la sombra de los pinares que asoman por detrás.

El todo-terreno Mercedes, de color verde aceituna y con capacidad para 21 personas, vuelve a arrancar el motor. El grupo de visitantes capta la señal y regresa a sus asientos. Un niño permanece durante un instante sobre la duna, hundiendo el pie de atrás en la arena para removerla maliciosamente. Espera que, durante ese momento de intimidad, la naturaleza se manifieste al fin. Después de casi cuatro horas escudriñando arbustos a través de su ventanilla, no ha visto un solo animal de los que aparecían en el folleto: ni ciervos, ni tortugas, ni flamencos, ni linces.

Así es la naturaleza, le replica el guía de vuelta en el vehículo: caprichosa, ingobernable, aburrida. El niño aprende que no han venido a ver al lince ibérico, sino a pasear de forma controlada por el único escenario en el que éste no moriría inmediatamente de hambre, atropellado o envenenado accidentalmente. En el centro de visitantes El Acebuche, los turistas ven en unas pantallas imágenes en directo del programa de cría de linces en cautividad, algo que el niño vislumbra como un riego por goteo de linces en la naturaleza. El Parque Nacional de Doñana es un museo, como demuestra el hecho de que la visita termine en la tienda de regalos, donde es posible adquirir peluches de los animales que nunca viste.

Congelar la naturaleza en el momento en que vivimos, como una fotografía, ha sido siempre una obsesión de nuestra especie desde que el hombre del Paleolítico utilizara sus propias heces para pintar bisontes en la pared de una cueva. Los medios técnicos y los reparos morales han ido moldeando este deseo a lo largo de los siglos. Cuando capturar y disecar animales exóticos para exhibirlos en museos europeos fue considerado una atrocidad, esos animales pasaron a llenar las jaulas en parques zoológicos hasta que el sentido común volvió a recomendar algo más de precaución. La forma última de esta ambición son las reservas y parques nacionales, jaulas naturales de miles de hectáreas de tamaño con la forma de un ecosistema prácticamente inalterado.

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4 comentarios

  1. ¿Alguien me puede explicar qué pinta un surrealista alegato en favor del tabado en medio de un artículo que teóricamente trata de la protección de la naturaleza pero realmente no queda claro qué narices propone?

  2. Si, muy curiosa la digresión acerca del tabaco.

    El artículo plantea cuestiones interesantes pero poco realistas. Pensar en modelos de protección como los que se plantean requeriría de enormes cambios a todos los niveles. Lamentablemente, y tal y como están las cosas no creo que nuestros queridos políticos estén por la labor, así que de momento me temo que lo más a lo que podemos aspirar a nivel de protección de ecosistemas y especies es que por lo menos se mantenga el actual sistema de Parques Nacionales.

    Al menos una buena noticia (espero): ayer se anunció la creación para 2013 del nuevo Parque Nacional Cumbres de Guadarrama.

  3. El 80% de las especies protegidas están en propiedades privadas de gente que las conserva con el mínimo daño y el mínimo coste para la administración. Doñana, El Pardo o La Almoraima son ejemplos clarísimos de sitios que las administraciones publicas han estropeado y donde se han enterrado decenas de millones de euros en proyectos ridículos.

    En España sobran las miles de hectáreas donde criar estos animales, lo que se necesitan son políticas de ayuda a los propietarios, no de millones de euros, de miles en muchos casos.

    Y construir cortafuegos para que los incendios no sean de 50.000 hectáreas si no de 500.

    En el tema del conservacionismo casi todo esta inventado.

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