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Hay momentos en los que la historia nos mira y hay que devolverle la mirada, y este es uno de ellos. Este fin de semana, mientras Black Sabbath regresaba a Birmingham para ofrecer el último concierto, el cierre definitivo, la última ceremonia pública de su existencia, uno no puede evitar pensar que no hay mejor instante que este para volver a ellos, para volver al principio. No por nostalgia ni por esa pereza conservadora que a veces convierte las despedidas en rituales de museo, sino porque todo —absolutamente todo— empieza allí. En Black Sabbath. En esos seis primeros discos fundacionales, los que levantaron el andamiaje de todo el metal posterior. Los que sostienen aún hoy y para siempre la arquitectura completa del género, porque como bien advertía Henry Rollins —y vemos revelado como la gran verdad en las camisetas de Branca Studio— «You can only trust yourself and the first six Black Sabbath albums».
No es que lo que vino después no importe, no vamos a caer en ese desprecio torpe ni en ese elitismo de bar, al contrario: la discografía de Sabbath después de Sabotage tiene sus himnos, sus mutaciones, sus pasajes gloriosos y sus errores redimibles. Pero lo que intenaré hacer aquí no es un homenaje perezoso con un recorrido cronológ y su lista para rellenar huecos, sino trazar una genealogía salvaje, montar un árbol herético y fracturado donde cada rama, cada subgénero, cada criatura bastarda que el metal ha parido en las últimas cinco décadas puede rastrearse —con mayor o menor fortuna— hasta una canción concreta de Blacks Sabbath, hasta esos seis primeros discos donde ya estaba todo.
Allí estaban las baladas que más tarde serían power, las cadencias que después serían groove, los ambientes que después serían drone, las velocidades que después serían thrash y las lentitudes que después serían doom, allí estaban los sonidos que después serían post-metal, los susurros que después serían goth y los himnos que después serían profecías, allí estaba incluso el germen del nu metal, aunque a algunos nos joda admitirlo.
Todo estaba allí. Todo estaba ya en Sabbath. Y si el metal ha seguido multiplicándose como un linaje descontrolado no ha sido para desmentirlos, sino para confirmarlos, porque todo —desde la pureza hasta la aberración— ya había sido estarcido en un monolito gigante por ellos antes de que nadie supiera nombrarlo.
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Exelente análisis dela y magnificencia de black sabbath añadir la influencia en el sinfónic metal género puesto en conocimiento por parte de Therion y específicamente en la canción superzart del tremendo. sabotage
They said to play it louder than hell
We promised that we would
Con todo el respeto a Black Sabbath, la peña se pasa siete pueblos. No son el origen de tooodo el metal, ni los únicos que lo parieron. De hecho, puestos a hacer estas relaciones canción-futuro subgénero, hasta diría que es más fácil hacerlas con otras bandas.
Lo que tú digas Bro.
¿Y si nos olvidamos de tanta etiqueta?
Solo H-E-A-V-Y M-E-T-A-L.
Como decía Juan Ramón:
«Poesía pura, libre de ropajes, mía para siempre»
Y punto.
Es que tiene que haber etiquetas. Todo género musical tiene sus subgéneros. En el caso del Metal hay un nexo de unión entre el Heavy Metal y el Black Metal, por ejemplo, pero las diferencias también saltan a la vista. Saxon (Heavy Metal) interpretan el Metal de una forma claramente distinta a como lo hace Dark Funeral (Black Metal). Y eso se da cuenta cualquiera que tenga un mínimo oído. No utilizan los mismos recursos (En uno falta el tremolo, en otro el palm mute); rítmicamente no se parecen en nada, y la voz está tratada de una manera distinta e inconfundible para cada estilo. Y no digamos ya el Slaming o el Death Metal. Nadie diría que Saxon hace la misma música que cualquier banda de esos géneros. Saxon hacen Heavy Metal, que no deja de ser otro subgénero de la gran familia del Metal. Todos los géneros de este mundo tienen sus subgéneros, desde el Pop, el Jazz etc.