Tecnología

La capacidad de la IA para resolver adivinanzas: un método casero para medir los avances en inteligencia artificial

Un experimento casero pone a prueba a la inteligencia artificial con adivinanzas absurdas, humor y dobles sentidos.
Un experimento casero pone a prueba a la inteligencia artificial con adivinanzas absurdas, humor y dobles sentidos.

Como en tantos otros casos, la irrupción de la inteligencia artificial está enfrentando a los que creen que es una tecnología rompedora y a los convencidos de que se trata de un bluff, de una enorme burbuja comercial que nos traerá más decepciones que triunfos en los próximos años. En realidad, estas dos visiones se pueden resumir en una sola: no tenemos ni idea de lo que hay detrás de este arrebato técnico y sospechamos que nos están engañando, ya sea porque exageran sus capacidades o exageran sus debilidades. Parece un dilema heredado de los tiempos del pensamiento mágico, ¿verdad? Pues sí, lo es.

Esto parece muy frecuente en los últimos tiempos: las teorías conspirativas se enfrentan entre sí, achicando el espacio a la lógica de lo más probable, porque en eso consiste la mecánica del marketing: o eres el primero, genial, incomparable y único, o no eres nada en absoluto, porque el término medio no levanta ni pasiones ni rondas de inversión. Y en eso estamos: o todo o nada. O revolución o estafa, sin medias tintas, sin modulaciones que nos alejen del pensamiento único. El monolito parece ser el futuro.

Y, sin embargo, nos vendría muy bien saber qué pasa con la inteligencia artificial y hasta qué punto es de veras inteligencia o simple mecanismo emulador y repetidor de conocimientos ajenos. A mi entender, queda ya superado aquel debate, tantas veces mantenido, sobre si la IA era en realidad capaz de generar algo distinto a lo que había recibido en su educación o entrenamiento, o si se trataba de una especie de Google gigantesco que solo podía utilizar los datos conocidos para ofrecer sus respuestas. Queda superado porque nadie se gasta la pasta que se están gastando en mantener una base de datos enorme. Queda superado porque una base de datos, caray, es una cosa que casi todos sabemos identificar, aunque la vistan de seda.

La duda, no obstante, tenía sus razones para sustentarse: durante bastante tiempo, los distintos modelos de IA dieron la impresión de ser simples intentos charlatanes de superar el test de Turing, es decir, ser capaces de engañar a un humano respecto a su propia naturaleza, imitando la inteligencia humana —que no la mejor inteligencia posible—. Ojo a ese detalle. Luego, poco a poco, aparecieron los modelos que reconocían gatos, los que los dibujaban y, finalmente, los que los hacían moverse —casi como gatos— en vídeo. Pero eso no deja de ser una ramificación del mismo tema, muy conveniente para la captación de fondos, pero poco relevante para cualquier estudio sobre el rendimiento real del producto.

Respecto a la resolución de problemas, los modelos fueron también avanzando poco a poco, abandonando alucinaciones, depurándolas y eliminándolas hasta dejar sus respuestas libres de estos fenómenos en un promedio estadísticamente aceptable. Imaginaos a una persona real… Cuando la mitad del tiempo dice genialidades y la mitad del tiempo dice gilipolleces, ¿cuánta gente la consultaría? La respuesta es que mucha, pero que el riesgo es alto. Esa es la verdad.

Y ahí fue donde a un pequeño grupo de gente se nos ocurrió poner a prueba la IA con un ejercicio tan estúpido como eficaz: poner a prueba la destreza de la inteligencia artificial con adivinanzas recién creadas. Eran adivinanzas originales, inmediatas y generales.

El proyecto lo inicié yo mismo en compañía de un par de amigos leoneses y lo llevé luego a Meneáme, a la Comunidad del Diccionario Pirata, donde otras personas se animaron a participar, ya fuera intentando dar respuesta a las adivinanzas o proponiendo otras nuevas. De las cuarenta y tantas que hemos probado hasta ahora, tengo el honor, o el bochorno, de ser el autor de más del ochenta por ciento.

La idea estaba clara: generar adivinanzas al estilo de las viejas charadas o definiciones de los crucigramas piratas de los años ochenta y poner a prueba la capacidad de las inteligencias artificiales para resolver estas definiciones o, por lo menos, acercarse a ellas.

El interés del asunto estriba en que se trata casi siempre de definiciones irónicas, basadas en el humor, en los juegos de palabras y en los dobles sentidos, con lo que no cabe sospechar que la IA las resuelva tirando de su base de datos, de su aprendizaje o de su entrenamiento. Si las resuelve, es porque ha conseguido depurar su razonamiento —matemático, por supuesto— hasta la profundidad necesaria para comprender el pensamiento irónico y el humorístico. Algo siempre un paso más allá de la simple lógica.

ChatGPT se lanzó públicamente en noviembre de 2022. La primera prueba de las adivinanzas se realizó en algún momento de abril de 2023.

La pregunta fue: «Trata de resolver esta adivinanza, al estilo de las charadas o los crucigramas piratas de los años ochenta: “Acto violento consistente en silbar diez veces”».

Recibí todo tipo de respuestas, pero ninguna correcta.

En octubre de 2023 volví a probar, con la misma pregunta y varias más de la primera hornada del diccionario:

  1. «Acto violento consistente en silbar diez veces».

  2. «Material que, en forma gaseosa, se niega a sí mismo».

  3. «Cagadero tipográfico».

  4. «Felino leonés, no tan peligroso como el de la capital».

  5. «Mal olor con gafas».

De todas estas, la IA no fue capaz de resolver ninguna en octubre de 2023 ni en marzo de 2024. En octubre de 2024 añadí a estas cinco preguntas cinco más, intentando variar el tono y hasta el mecanismo irónico:

  1. «Insecto calentito».

  2. «Insecto sucio y desastrado».

  3. «Consonante lenta, molesta y explosiva».

  4. «Verdura poligonera que ayuda a conciliar el sueño».

  5. «Da empleo a los colegas a la vez que hace horchata».

Teníamos, por tanto, diez definiciones chorras, de las que los humanos habían llegado a acertar ocho, demostrando que no eran simples piraduras mías, alentadas por el aburrimiento y el Jägermeister. En octubre de 2024 ninguna IA fue capaz de acertar ninguna de las adivinanzas propuestas.

De todas maneras, la cosa tenía su gracia y su punto de diversión, y como seguí escribiendo este tipo de definiciones, y hubo gente que se animó a intentar resolverlas y a escribir las suyas propias, en marzo de este año añadimos una nueva batería:

  1. «Dispositivo electrónico que se suicida nada más ser fabricado».

  2. «Engaño urdido para burlar un deseo vehemente y arbitrario de una mujer embarazada».

  3. «Insecto que devora los coches británicos».

  4. «Acobardarse visitando Italia».

  5. «Político que lee el periódico en la cárcel».

Y aquí, por primera vez, en marzo de 2025, ChatGPT adivinó una: la número seis, mientras DeepSeek, Gemini, Copilot y Claude siguieron sin adivinar ninguna.

A finales de septiembre de este año añadimos unas pocas más:

  1. «Ventosidad divina que puede hundir un barco».

  2. «Intérprete de instrumento musical al que, cambiándole una vocal, se le llamaría soplapollas».

  3. «Ave envejecida».

  4. «Dulce que no te dice nada».

  5. «Hacer que el dinero se refleje y crezca».

Y en octubre —atención al asunto— ChatGPT resolvió doce, DeepSeek nueve, Gemini siete y Claude tres. No he probado con más modelos, pero la mejora es notable y resulta muy evidente que los nuevos modelos han llegado a penetrar en la capa irónica del mensaje, o dicho de otro modo, en el significado informal de las palabras.

Por supuesto, los resultados de este experimento pueden haber sido sesgados por múltiples factores, como las variaciones en el prompt utilizado, la posibilidad de que en algún momento la IA me haya sacado a mí, o a otra persona, alguna pista útil, o cualquier otra vicisitud que se me haya pasado por alto.

Lo que sí tengo claro es que, de manera constante y consistente, las inteligencias artificiales de última generación son capaces de resolver acertijos originales que no pueden haber encontrado antes en ninguna parte, y que la generación de sus respuestas implica un nivel de comprensión del lenguaje y de los dobles sentidos muy superior al que mostraban hasta fechas muy recientes.

En los comentarios a este mismo artículo, en siete días, se publicarán las soluciones a las veinte definiciones piratas. Entre tanto, por favor, espero vuestros intentos, en el entendido de que la cosa no es seria. No puede ser seria. No está permitido que sea seria, porque en la seriedad, en el aburrimiento, en la frialdad… Sé muy bien que no podemos vender a las inteligencias artificiales.

Solo la risa nos salvará. Solo la risa y la cosecha del sol negro.

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