Arte y Letras Cómics

Volver a nacer: el Daredevil de Miller y Mazzucchelli

Daredevil Born Again. Imagen Marvel Comics.
Daredevil Born Again. Imagen: Marvel Comics.

«Daredevil necesitaba un renacimiento completo. Despojado de su esencia, luego revivificado. Limpio. Purificado. Un hombre más tranquilo. Un hombre más fuerte. Un hombre feliz». (Frank Miller)

Born Again, escrita por Frank Miller y dibujada por David Mazzucchelli, es uno de los tótems del cómic contemporáneo. Nacida en un género vilipendiado por ser excesivamente popular y comercial, el de los superhéroes, la obra se eleva sobre la marea de mallas, músculos y superpoderes para demostrar, una vez más, que el género no hace la obra, sino que la obra hace el género. Es decir, que lo importante es el autor —los autores, en este caso—, lo que quiere contar y su capacidad creativa para llevarlo a cabo. Y de creatividad ambos iban sobrados cuando comenzaron a hacer este cómic.

Frank Miller se había construido un pedestal en el cómic norteamericano con su primera etapa al frente del personaje de Daredevil, que dejó para lanzar con DC primero Ronin y luego la monumental El regreso del caballero oscuro, protagonizada por un Batman ya anciano. Esta última vio la luz en 1986, el mismo año en que apareció nuestra Born Again. Al año siguiente, y también con dibujos de Mazzucchelli, publicó Batman: Año uno, donde recreó el origen de Batman. Cualquier otro autor que solo hubiera publicado estos tres últimos cómics ya tendría asegurado un papel protagonista en el parnaso de los historietistas. Miller siguió publicando obras maestras, pero esas son ya otras historias que no nos van a ocupar hoy.

Estamos, pues, en un momento de efervescencia creativa de Miller y del cómic de superhéroes en general. No se puede olvidar que en el mismo año bendito de 1986 comenzó a publicarse Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons. En este entorno creativo, tras lanzar el experimento narrativo, gráfico y editorial de Ronin y en paralelo a El regreso del caballero oscuro, Miller decide volver al personaje que le abrió las puertas del cómic, Daredevil, pero lo hace con la intención de cerrar el ciclo, de concluir su etapa contando el final del personaje, del superhéroe.

Confía los lápices al autor que estaba dibujando en aquel momento la serie regular del personaje, el citado Mazzucchelli, quien había terminado de decidirse a trabajar profesionalmente en los cómics después de leer la primera etapa de Miller con el personaje. El interés de Miller era contar una historia única en la que el héroe renaciera de sus propias cenizas, una historia de redención como nunca antes se había leído en el género. Y así comenzó el viaje de Matt Murdock a los infiernos.

Luego Miller volvió en varias ocasiones tanto a Daredevil como a su némesis y amante, Elektra, pero sin modificar el arco que cierra con este cómic.

Resumiendo mucho, Murdock es un abogado ciego que, durante su niñez, adquiere poderes tras sufrir un accidente: en concreto, un sentido de radar y unos sentidos hiperdesarrollados, sobre todo el oído. Así, durante el día ejerce de abogado y por las noches, de superhéroe. En su primera etapa, Miller orienta las historias de Daredevil hacia el género negro, hibridando lo superheroico con el noir y siguiendo la maravillosa estela de Will Eisner y su The Spirit. Crea además a Elektra, el primer amor de Murdock, que vuelve convertido en una asesina profesional, y convierte a Kingpin, el rey del hampa neoyorquina, en la principal némesis del héroe.

Al inicio de Born Again, Murdock vive un buen momento como abogado y se siente realizado en su papel de superhéroe, o al menos eso cree. Miller comienza la historia con una carga de profundidad que va a poner patas arriba la vida tanto del abogado como del héroe. Karen Page, una antigua novia enganchada a la heroína, vende la identidad secreta de Daredevil a cambio de unas pocas dosis. Esa información llega a Kingpin, quien, poco a poco, en silencio, con una paciencia casi infinita y deleitándose con aquello que va a provocar, teje la red de desgracias que convertirá la vida del héroe en un infierno.

El primer descenso de Murdock a los infiernos se produce a causa del plan de Kingpin para arruinarle la vida, tanto la personal como la pública, pero poco a poco vamos viendo cómo hay algo más roto en el abogado. Miller y Mazzucchelli nos muestran que el personaje, tanto Murdock como Daredevil, está roto por dentro. Los años de llevar una doble vida —la de un abogado que defiende a los delincuentes que captura con su otra personalidad— y la profunda inconsistencia de sus dos facetas lo han quebrado. El caos que provoca Kingpin en su vida solo consigue desbordar la precaria estabilidad psicológica de Daredevil. Y es ahí cuando comienza realmente su viaje al infierno. Y su redención, de la mano de la misma Karen Page que causó su primera caída.

Miller y Mazzucchelli hacen una de las cosas más difíciles que se pueden hacer en la narrativa de ficción: recrear un personaje y dejarlo instalado en la felicidad. Hacer de un héroe una persona feliz. Construyeron una historia en la que el conflicto no domina la historia, sino solo la narración. Consiguieron no ya extirpar el sufrimiento del héroe, sino integrarlo y, por ello, hacerlo humano; y es en esa humanidad donde encuentra la felicidad.

Existen muy pocas historias en las que la felicidad sea el destino final del héroe, donde Ítaca sea realmente el lugar del descanso. Miller y Mazzucchelli lo consiguen en este cómic con una maestría argumental, narrativa y gráfica esplendorosa. El lector que acompaña a Daredevil en su viaje de ida y vuelta al infierno termina reconciliado con el sufrimiento pasado al contemplar la viñeta en la que Murdock y Karen Page simplemente pasean por Nueva York, con sendas sonrisas en los labios, en un homenaje nada velado a la portada del disco The Freewheelin’ Bob Dylan, del músico fetiche del guionista.

En su libro Push the Wall, una emotiva, motivadora y maravillosa mezcla de biografía y manual para contar historias, Miller apunta que, para construir una buena historia, primero hay que tener el final y que este es uno de los puntales de sus trabajos. No sé si Miller ya tenía en la cabeza esa última página con los dos enamorados paseando por una Nueva York, en el fondo, tan redimida como el propio personaje. Pero Born Again cobra sentido —se entiende mejor la propia evolución del cómic, los tormentos que Murdock va atravesando casi en cada página— con ese final en mente. Puedes torturar así al personaje porque sabes exactamente hacia dónde

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