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Fernando Savater: «Ser malo es mucho más divertido»

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Fernando Savater no necesita presentación. Nos recibe en su casa de Madrid, repleta de lo que más le gusta: libros y monstruos. En tono risueño diserta sobre la actualidad, las -escasas- consolaciones de la filosofía, el cine actual y clásico, la literatura… Al escucharlo uno tiene la fastidiosa sospecha de que la persona que tiene enfrente es mucho más inteligente que uno mismo. Una sensación a la que ya debería estar sobradamente acostumbrado si saliera más de casa, pero que en este caso resulta flagrante.

La primera pregunta es obligada: ¿qué le pareció la legalización de Bildu?

El papel de los ciudadanos no es estar de acuerdo con la legalización de Bildu ni con ninguna otra medida de los tribunales. Los tribunales están, precisamente, para acabar con los desacuerdos; funcionan, están ahí, porque los ciudadanos pensamos cosas distintas. Los tribunales están para dirimir ese tipo de cosas; los que somos partidarios de las instituciones y las hemos defendido frente a los etarras y el mundo radical tenemos que aceptar naturalmente los dictámenes. Otra cosa es que luego te preguntes qué va a pasar, cómo nos las vamos a arreglar ahora que pululan por los ayuntamientos. Pero el ciudadano, después de que el árbitro ha pitado el penalti, no debería plantearse pitarle un penalti al árbitro.

¿Qué opina de la ejecución de Bin Laden? Quien se la cuestione, ¿tiene que hacerse mirar la cabeza, según ha dicho Obama?

No sé si tanto como dice Obama, quizá sea exagerado, pero hay que tener cara dura y una falta de conocimiento del mundo real muy notable. Las naciones no están como los ciudadanos sometidos a una ley; están entre sí como los ciudadanos estaban antes de que existiera un estado y una ley entre ellos. Todavía predomina en buena medida la ley del más fuerte. Los países que pueden defenderse, se defienden. Estados Unidos es el país más poderoso del mundo y por lo tanto es una acción de guerra: ha matado al general del ejército enemigo, lo mismo que se habría matado a Hitler si se hubiera bombardeado el bunker en el que se escondía en Berlín, etc. Cuando se dice “hombre, las leyes…” La suposición de un juicio en Estados Unidos a Osama Bin Laden mientras están estallando bombas de sus partidarios en el resto del mundo me parece una imagen escalofriante, así que me alegro mucho de que no lo haya habido. Por lo demás, en un circo no es lo mismo pegarle una patada en la espinilla al forzudo que al enanito. El enanito en este caso somos nosotros, que estamos muy orgullosos de cómo cumplimos las leyes, entre otras razones porque no podemos hacer otra cosa. Al forzudo del circo es más peligroso darle la patada. Bin Laden lo hizo y se ha llevado esta respuesta; en cierta medida es un alivio para el resto del mundo también.

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26 comentarios

  1. Pingback: Jot Down entrevista a Fernando Savater

  2. Pingback: Magazine Cultural Jot Down | Arcadi Espada: “Las redes sociales no son nada sin los medios de comunicación”

  3. Llama la atención que presuma de haber condenado en su día la muerte de Carrero (en base a que quien lo mató era tan malo como Franco pero con otra ideología) y en la misma entrevista, unos párrafos antes, haya defendido con tanta pasión la legitimidad de la muerte de Bin Laden.

  4. Cantábrico express

    Será porque el señor Savater entendió que la ideología de eta y la de Franco era ultranacionalista. Mucha gente en ese momento creía que eta era un grupo de rebeldes generosos. Así nos fue con tanta confusión…
    ¿Qué coincidencias ideológicas hay entre la democracia americana y un terrorista del islamismo totalitario más sanguinario? ¿Pesan lo mismo en una balanza?

  5. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Cerveza y Libertad en Oriente Próximo

  6. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Pepe Albert de Paco: Ratón

  7. Una puntualización. El inspector Morse sí que se emitió en España, creo que recordar que en Telecinco. Eso sí, la programaban la madrugada del sábado al domingo, a eso de las cinco o las seis de la mañana. Por eso la descubrí, al llegar a casa de juerga, sin ganas todavía de dormir.. Me alegra descubrir que Savater la conocía, porque nadie de mi entorno la vio nunca.

  8. «se está apoyando a unos rebeldes, no se está inventando una rebelión.»

    Algo muy dudoso si tenemos en cuenta que las fuerzas gadafistas prácticamente habían derrotado a los rebeldes y entonces la OTAN intervino para variar el curso de la guerra. Algo que va no sólo contra el sentido común (¿demócratas en un país tribal?) sino contra la Carta de la ONU, las normas internacionales sobre la guerra y las Resoluciones ONU sobre la soberanía de los Estados. ¿Alguien duda que Tripolitania es, a día de hoy, «tierra conquistada»? Con el apoyo de la aviación de la OTAN cualquiera puede tomar por la fuerza un país con un puñado de mercenarios. Mucho ojo.

    «Todo lo que sea realismo me aburre enormemente.»

    Para gustos, colores. Pero The Wire es una maravilla para la Humanidad. Así de claro.

  9. Pingback: Cita XI « El Bigote de Zygmantovich

  10. Uno es fan de Savater, pero en esta entrevista está bajo mínimos. No le reconozco.

  11. Me gusta ese no endiosar la moral, y aceptar su relatividad, que es bastante. Entender que la noción de derecho nos la hemos dado a nosotros mismos y que para nada es universal ni divina, nada de iusnaturalismo. Sin embargo, para bien o para mal, la experiencia socio-política del maestro choca en parte con la que hemos vivido los que ahora estudiamos filosofía y mañana la haremos.

    Respecto a las cuestiones sobre ficción, parece que los criterios también cambian con la edad, y son diferentes para cada generación, que se amamantó de un gusto estético diferente, sin embargo las conexiones con la filosofía están siempre ahí, reeditadas, reinventadas … el cine es aun joven, y creo que habría que atribuirle mas que invención, solo traducción a un nuevo lenguaje de conceptos muy anteriores, y esto bajo demanda de un mundo que ahora se comunica en imágenes.

    Gracias por la lectura.

  12. Nietzsche es grande y Savater cada vez más pequeñito. Es lo que pasa cuando uno sienta la cabeza: que se empieza a pensar con las posaderas.

  13. No me gusta nada Savater. Cuando le preguntan sobre el estudio científico de las personas suelta que un cuadro tiene un sentido y la ciencia estudia el funcionamiento.

    No se que entenderá el por sentido, pero no hay más que reacciones eléctricas y químicas en el cerebro al visualizar un cuadro, es más, el sentido lo encontrará la ciencia cuando descubra que es lo que sentimos y por qué al escuchar música y como ha evolucionado el cerebro para crear eso que llamamos arte.

    Quizas savater se sorprenda cuando se de cuenta que a lo mejor si el desarrollo del cerebro hubiese ido por otros derroteros sería absurdo preguntarse por el sentido de un cuadro.

  14. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Cómo ser un buen samurái e impresionar a las chicas

  15. Sergilambrus

    Dice el entrevistado: «Ningún antropoide tiene ningún deber y, por tanto, tampoco tiene derechos».
    ¿Cuáles son los deberes de un bebé de cuatro meses?

  16. Maestro Ciruela

    Llama la atención la corta duración de la entrevista y su pobreza; me niego a creer que Savater dé el mismo juego que un Mariscal, por poner un ejemplo. Esto, ¿a qué se debe? ¿El personaje decide la duración o es el entrevistador, que ya se aburre, no sabe hacerlo mejor y decide que «adiós muy buenas»? Comprendo perfectamente la decepción entre los comentarios, porque a Fernando Savater hay que sacarle mucho más jugo, se piense de él lo que se piense.
    ¿Casablanca…? Se refiere a la serie de 1983 con David Soul o a El ala oeste de la Casa Blanca? No parece que esté mucho por las series el filósofo; algo despistadillo sobre el tema sí que me lo ha parecido, aunque tiene cosas más importantes en las que pensar. Dicho sea esto sin la menor ironía…

  17. Pingback: Jot Down, un cumpleaños ejemplar | Mass&Social Media

  18. Jesucristo

    La prueba de fuego del paso del tiempo es la resistencia a uno mismo: ni traicionarse, por exagerada fidelidad a sí mismo, ni traicionar a otro, por excesiva veleidad. Doy en interpretar de esta condensada manera unos aforismos de Rafael Sánchez Ferlosio que dan fe de su propia personalidad, con el fin de comunicar esa impresión compartida de alguien que resulta apreciable tanto por su faceta de escritor como por su persona. Es una característica que le retrata tanto a él como, por ejemplo, a Agustín García Calvo: esa entereza moral, que no se deja sobornar por el más constante de los enemigos, el paso del tiempo, con todo su peso, junto a su aliado más fiel, que no es otro que uno mismo.

    No obstante, nada queda claro todavía. Lo dicho proclama un enigma. Para echar algo de luz sobre el juicio emitido no se deben considerar contenidos específicos, ideas concretas, en cuyo caso la admiración suscrita no pasaría de ser doctrinal, sino una actitud general, un carácter, como prefiere decir el propio Rafael. El asunto se puede sopesar desde dos perspectivas convergentes al objeto de dar con las pistas de la interpretación correcta: la primera incide en la relación entre verdad y amistad, la segunda en la que haya entre las palabras y los hechos. En ambos sentidos la antigüedad procuró criterios ejemplares.

    El tópico alusivo al primer punto de vista es bien conocido, y reza que se debe mayor fidelidad a la verdad que a la amistad ―lo dijo el filósofo Aristóteles en relación a su maestro Platón. Da a pensar, de hecho, que la disensión, estando estimulada por la búsqueda de la verdad, debiera presentarse como garantía de autenticidad, tanto del juicio, como de la propia amistad: o pasa ésta dignamente por esa prueba, o no es lo que parecía ser. Posteriormente, idéntica presunción comparecerá con entidad propia dentro del discurso histórico, en su apartado metodológico, donde encontrará acomodo ese principio ético que define la actitud filosófica o, dicho sea con mayor rigor, la aptitud dialéctica. Polibio fue tajante al respecto, y si en aquella primera versión, débil por implicar relaciones meramente privadas, dicho principio implicaba compromisos de índole personal, en su segunda acepción quedará convertido en principio político, combatiendo opiniones muy arraigadas y devotamente estimadas por la tradición. Cuando el historiador se compromete a ser fiel a la verdad, por encima de la amistad, atenta contra aquel prejuicio consuetudinario según el cual se ha de favorecer al amigo y perjudicar al enemigo. Dirá Polibio que es obligación del historiador, por el contrario, alabar al enemigo y censurar al amigo si la naturaleza de sus actos así lo requiriese.

    Caer en contrariedades por decir una cosa y hacer otra, fue también una actitud denostada éticamente, aunque practicada sin pudor: el graeculus es un personaje típico de la latinidad; pero no por ello dejó de ser una actitud denunciada, cuánto más si se delataba como aptitud. Como principio ético se reconoce tempranamente la voluntad de sujetar las acciones a la palabra dada, considerando que, cualquiera que sea la intención que pueda avalar la doblez en la práctica, caer en ella conlleva una tara moral, es decir, que por muy justificable que se pudiese considerar a otros efectos, nunca quedaba a salvo de una apreciación negativa. No cabe duda de que la diferencia se muestra con toda su fuerza una vez que, como en el caso anterior, se pasa de la contemplación del principio en su acepción privada a hacerlo en otra más política. Era experiencia probada que las guerras se ganaban con la mentira, maguer fuese a costa del honor de la victoria. De tal calibre son las posiciones encontradas.

    Creo que desde ambas perspectivas, desde su convergencia, se puede a la postre dar por convenientemente explicada la veracidad de la afirmación de partida, y que a mi modo de ver justifica esa sensación de entereza y autenticidad éticamente decisorias. Contra el fondo de esa suerte de nota generacional, contrasta la que caracteriza a la generación que la sigue inmediatamente, que por muy empeñada que pueda presentarse en atenerse a esa coherencia vital, de ningún modo lo hace de manera tan resuelta y acreditada: demasiado pesa la defensa a ultranza de los comparsas, demasiado pesa la tentación odiséica… en reconocerlo se juega su dignidad, pero una dignidad más auténtica que esa que se vende como retórica del espectáculo para fomento del narcisismo más desmandado y pagado de sí mismo. Traidor a la verdad y a la palabra.

  19. Jesucristo

    Al Pin le iba la cosa de sentirse admirado para sentirse inspirado y motivado. Por fin lo confesó: se sintió como un Proust que amaba cruelmente a sus jovencitos para que le sirviesen como materia de recreación literaria… y redención por la palabra. El Pin sufría de amor, sus cachorros olían su dolor… y mordían, como diría Meo Tsu Tung. Y sufría y gosaba el Pin mirando al espejito mientras le llegaban las ideas filosóficas sin espanto.

    Avasallador como las oleadas humanas en marcha de la revolución de octubre
    Inamovible como las barricadas a fuego y sangre frente al cuerpo de los amotinados
    Imperturbable como el rostro inspirado por razones cargadas de razones del revolucionario, como Lenin y los otros sin nombre
    Educado y exquisito como el universitario apiadado de la miseria ajena y compasivo con toda imagen de miseria compartida emocionalmente: yo que me enriquezco padezco tu penosa indigencia, tu que sufres gozas mi regalada y azarosa existencia en la beatitud de la promesa cumplida porque por ti me acongojo y por mi te has de congratular tú, que por ti yo soy sacrificio y tu por mi eres redención
    Por las madres que nos parieron y por el tiempo que nos da hijos
    Por los aires de libertad que soplan por doquier para quien quiera orearse en ellos, porque no puede quien no quiere, y quien no quiere no es humano en esencia: quiere querer y tendrás poder, nacerás pianista o maestro de orquesta o literato proustiano
    Sus y que la suerte todopoderosa te acompañe (por si acaso a mí no me tosas)

    El recurso sofístico a la audiencia es tan viejo como la propia prostitución, que, no se olvide como habitualmente se hace, empezando por esta evocación del The Boss, no hace distingos de género: tanto la ha habido, la hay y la habrá, de mujeres que se venden, como de varones que se venden. El venderse me parece a mí lo definitivo, sea mediando el cuerpo o sea mediando las ideas. Prostituirse significa a estas alturas algo más genérico que lo que propiamente ha venido significando. Quien denuncia la propiedad privada sin privarse de incrementar la propia se está prostituyendo; quien abjura del capital sin dejar por ello de enriquecerse todo lo que pueda, embolsándose todos los sueldos posibles en connivencia con la pareja, por ejemplo, se está prostituyendo… y los casos similares se podrían multiplicar, no sólo de cara a la galería del enemigo, sino a la de la propia. La desvergüenza es otra forma de prostitución, moral esta vez.

    Veía el obispo de Avignon postrado al discípulo, al acólito que aseguraría la permanencia de la Orden. Esperaba genuflexo la ostia consagrada y se acercó el obispo con el copón bien lleno de ostias. Tomó una… y ocurrió lo indecible: el discípulo se puso de pie inopinadamente y, contra la costumbre, le propinó al obispo de Avignon un tortazo que te cagas.

  20. Habiendo caminado tanto, con etarras durante aquellos inicios (y conviene recordarlo porque para Fernando Savater aquella etarra fue y sigue siendo la vasca ejemplar: últimamente ha fertilizado su campo de actuación revolucionaria a la soldada gubernamental, pero aquí no pasa nada, porque semos los güenos), después con los antietarras, ¿qué fin le cabe a una vida tan acabadamente perfeccionista que, por ser igual todo el mundo, como él mismo afirma, le cae la feliz suerte de que le ingresen de un día para otro 600.000 euros del ala, como si fuesen de la Lotería Nacional?

    • ¿Cuándo han pedido perdón los poli-milis, conmilitones de la época aquella permisiva de los luchadores antifranquistas en el risueño exilio? ¿Será a consecuencia de esta última condición como aquellos revolucionarios se caracterizarán después debid sobre todo a su risa fácil? ¿Corolario o motivo de dorada vida fácil postfranquista, o sea, transicional?

  21. Savater es uno de los pocos -poquísimos- intelectuales de talla de nuestro país, y sus reflexiones son siempre interesantes y estimulantes.

    Por ello coincido en que la entrevista se me ha hecho corta. Otros personajes sin fuste nos aburren o disparatan en entrevistas más largas que esta. Una pena.

  22. Hablando de otra cosa: Cameron no dirigió Alien; fue Ridley Scott. :)

    • No habla de Alien (1979), habla de Aliens, la segunda parte, dirigida, como él bien dice, por James Cameron en 1986.

  23. Pingback: La cerveza y la libertad | Sed de Cervezas

  24. Rockandhell

    Aunque llego un poco tarde, quería manifestar que, sin querer refutar en su totalidad su postura frente al derecho animal, es falso que algunos no tengan sus obligaciones. Cuidar rebaños, tirar del arado, trasladar cargas, etc.

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