Contemplar un paisaje conlleva entablar un diálogo entre lo visible y lo invisible y es en esta dicotomía donde se sitúa la atracción reciente por la incertidumbre del patio interior, como ejemplo de las mil y una imágenes vinculadas a la ‘parte trasera’ de la ciudad, una especie de veto doméstico cuya visibilidad no es recogida por ninguna guía turística, escenarios de la vida cotidiana que funcionan de soporte para múltiples posibilidades, una estética del descampado que ilustra la cualidad contemporánea de lo que todavía está por hacer. El no-lugar nace como concepto que encierra esta nueva subjetividad y se presenta como aquello que no sabemos nombrar, al igual que la ruina poética de Piranesi para los románticos, o más adelante la reivindicación del suburbio como localización literaria para Baudelaire. Una lírica de extrarradio que se ha colado casi a hurtadillas en nuestra imaginería, a modo de concepto líquido que trata de definir el lugar de la incerteza.
A principios de los noventa, el antropólogo Marc Augé define por primera vez el no-lugar (1), acuñando un término celebrado de inmediato por la crítica. Para Augé el no-lugar se define en contraposición al lugar antropológico, de la memoria. El espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni de relación, ni histórico, sería el no-lugar, un espacio de anonimato ligado al zeitgeist.
La experiencia dadá
Pero el origen del no-lugar como concepto lo encontramos bien atrás en el tiempo: se podría datar un primer rastro en 1921 cuando el grupo dadaísta, aún con André Breton, inicia una serie de incursiones urbanas a los lugares más banales de la ciudad de París. Se trata de una operación estética consciente y supone además el paso de la exposición en salas a una acción al aire libre, entendida como una forma de anti-arte. Con estas acciones urbanas la reunión dadaísta pretendía superar la representación de la velocidad reivindicada por los futuristas, para ello Tzara declaraba estar “decididamente contra el futuro” ya que el presente está dotado de la inmanencia deseada y ofrece todos los universos posibles.
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Magnífico.
Es probable que hoy sea el mejor día de publicaciones en la historia de Jot Down.
Enhorabuena.
Buen artículo. Augé tiene Otro buen libro: El viaje imposible
Y Alain de botton ha ido mas allá en su ensayo sobre la vida en un aeropuerto.
Gracias por la información.
-¿Pero ésto es la posmodernidad, o la tardomodernidad?
-Esto es el baño de la estación de buses, y el señor del urinario colindante te mira de reojo.
Sin duda es lógico el éxito del término «no-lugar», su uso de la negación para una descripción positiva puede resultar paradójica, pero en esa paradoja (¡¿engaño?!) está el secreto de que pudiese desplazar a «Bad» [Michael Jackson] del número uno.
Se podría protestar porque un antropólogo estudie un espacio y decida llamarle no-espacio, porque esas cosas son propias de metafísicos que no sólo aborrecerían un trabajo de campo, sino que desprecian el descanso en tienda de campaña, porque se clavan piedras, y las piquetas no tienen argumentación posible.
Un artículo extraordinario. Gracias.
Los artículos que exceden a su propio contenido enriquecen al que lo lee al hacerle pensar en lo que creía que sabía para descubrirle lo que no sabía. Un espléndido ojo de buey para contemplar como vamos permutando, entre la sintonía y la asintonía con nuestro entorno, del que precisamente somos eso, entorno. Uno de los mejores textos de la página, y mira que no hay pocos… enhorabuena y gracias.
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O sea, que el no-lugar, al ser aprehendido (siguiera sea de manera artística), transmuta inmediatamente en lugar.
O dicho de otro modo: experimentar el no-lugar es lugarizarlo.
Ergo el no-lugar, en realidad, no existe como experimento repetible, y por tanto el no-lugar sólo puede existir como hipótesis (en el futuro), como recuerdo (en el pasado), o como experiencia virginal (en el presente).
Es por tanto claro que no se puede retornar nunca al no-lugar. (Lo cual es tan evidente, siendo un no-lugar, que podía haberme ahorrado todo este discurso.)
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Gran artículo
Yo hubiese incluido también a M. Antonioni como un sofisticado situacionista de la heterotopia no institucionalizada.
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Buenos días,
Soy artista y acabo de inaugurar un exposición en 11 espacios singulares. Me interesaría contactar con el autor de este texto para pedir permiso para publicarlo en mi página web, pues pretendo que el primer tema en contraposición sean los no lugares.
Os agradezco de antemano vuestro tiempo.
Saludos cordiales,
Kharma Estrany
hola, mi mail de contacto es [email protected]
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Muy bueno. Enhorabuena. Escrito como los ángeles estructurado ingenierilmente pero sin instrucción de referencia. Gracias por el buen rato de poética arquitectónica
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