Antes que nada, tengo que pedir disculpas a los seguidores de este blog por lo poco que avanza últimamente. Este verano (y me temo que este otoño) no consigo dilatar relativísticamente mi tiempo tanto como me gustaría.
Pero volvamos a la ecuación de Drake. En la última entrega estimamos un número para el producto de los tres primeros factores:
Ns x fp x fe= 2 x 1011 x 0.5 x 0.3 = 3 x 1010
Así pues el número de Civilizaciones Avanzadas que se Comunican (CAC) en la galaxia viene a ser:
N = 3 x 1010 x fl x fi x fc x L/Tg
Donde:
fl = La fracción de esos planetas donde se desarrolla vida.
fi = La fracción de esos planetas donde se desarrolla la inteligencia.
fc = La fracción de esos planetas capaces de comunicarse mediante señales de radio.
L = El tiempo durante el cual la civilización emite señales al espacio.
Tg = La edad de la galaxia.
Por otra parte, la edad de la Vía Láctea es de unos diez mil millones de años, Tg = 1010. Esto nos permite escribir una fórmula muy sencilla:
N = 3 x fl x fi x fc x L
Desafortunadamente, es complicado estimar valores para los términos que nos quedan, ya que carecemos de datos empíricos para ello. No hemos observado vida (ni mucho menos inteligencia o tecnología) en ningún otro planeta fuera de la Tierra. En ausencia de esas observaciones, tenemos que contentarnos con modelos y especulaciones, más o menos plausibles.

¿Cuál es la probabilidad de que se desarrolle vida en un planeta que está en la zona idónea de su estrella para que eso ocurra? La existencia en la Tierra de extremófilos, bacterias y otros animales menos simples que sobreviven (e incluso prosperan) en condiciones extremas de frío, calor, acidez o falta de luz, sugiere que la vida es extremadamente versátil, capaz de aprovechar cualquier ocasión para desarrollarse y florecer.
Por otra parte, el famoso experimento de Urey y Miller —y decenas de experimentos posteriores en las mismas líneas— sugiere que la vida puede aparecer de forma espontánea mezclando los ingredientes apropiados y añadiendo una fuente de energía. El experimento original se concibió como una simulación en el laboratorio de las condiciones de la Tierra primitiva. Los elementos de partida fueron agua (H2O), metano (CH4) amoniaco (NH3) e hidrógeno (H2). Estos elementos químicos se introdujeron en probetas conectadas entre sí. A la red de probetas se le añadió otra con agua y una última con un par de electrodos. El agua se calentó para provocar su evaporación, los electrodos hicieron saltar chispas (simulación del efecto de los rayos en la atmósfera de vapor de agua) y finalmente la atmósfera se enfrió de nuevo. Al analizar las moléculas presentes en la disolución, Urey y Miller encontraron, al cabo de dos semanas un gran número de moléculas orgánicas (aminoácidos) esto es, los ladrillos de los que está hecha la vida.
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Pues puede ser que Urey-Miller hicieran un genial experimento, pero hace décadas que algunos grandes científico pretenden conseguir crear vida y no lo consiguen. Como la «inteligencia» artificial, que no hay manera.
Hace mucho tiempo (unos cuarenta años) que los ingenieros han dejado de intentar imitar un cerebro humano, aunque hagan lo posible por crear sistemas que emulen los resultados del razonamiento, con bastante éxito.
La razón es precisamente que se ha admitido que hasta que la neurología y la psicología creen modelos mejores de nuestra inteligencia es absurdo intentarlo.
Así que ni es tan cierto que «no haya manera» ni que se «haya intentado tanto». Y no le quepa duda, tarde o temprano se hará, si no nos destruimos antes a nosotros mismos; hipótesis muy probable como dice el autor.
Respecto a la creación de vida… defina crear vida. Cualquier modificación genética es una forma de creación de vida, desde luego no muy original. Pero esa es una de las pocas características que sí comprendemos de nuestra mente: no sabemos ser tan originales.
Es difícil definir «crear vida», pero desde luego no es «realizar una modificación genética», para eso basta con estar vivo; la naturaleza sin más, los rayos cósmicos o un poquito de uranio enriquecido se ocuparán del resto. En cuanto a lo de la inteligencia artificial, lo de «más tarde o temprano» ya lo decían en los años cincuenta del siglo XX. Parece que, como mínimo, va a ser «más tarde».