Destiempos Opinión Sociedad

Borja Ventura: Nuestra demagogia, nuestro populismo

Beppe Grillo en Nápoles

En esta sociedad las cosas suceden a una velocidad vertiginosa. Costó siglos descubrir y controlar la electricidad, pero apenas décadas instaurar la energía nuclear como una fuente energética segura. Tardamos 20 siglos en inventar y universalizar el coche y los botes a presión, pero apenas unas décadas en abrir un descomunal agujero en la capa de ozono. Siguiendo con el esquema, ha costado muchos siglos tener una democracia representativa, universal e igualitaria y apenas unas décadas cansarnos de ella.

Si había algo más que se podía sumar a la ecuación para hacer que todo fuera aún más vertiginoso es exactamente una crisis económica de proporciones épicas. Tanto que ha trascendido la épica y se ha metido de lleno en el terreno de la ética, ahondando brechas sociales y diferencias entre grupos de gente que costó muchos siglos igualar. Aquellas instituciones que el Estado garantizaba y sostenía con nuestro dinero para garantizar determinados servicios mínimos a la gente están en cuestión: ya no hay dinero para una sanidad gratuita y de calidad, ni para una educación de garantías.

Nuestro dinero va a pagar intereses por deudas, para evitar rescates bancarios y, visto lo visto, para llenar los bolsillos de algunos políticos corruptos. El efecto es devastador: mete en un cesto de brillantes y jugosas manzanas una sola fruta podrida. En pocas horas todas se habrán echado a perder.

Pero no siempre fue así, o no siempre fuimos conscientes. Hubo un tiempo en el que los políticos nos ilusionaban, nos esperanzaban con futuros mejores. Incluso aquellos que eran herederos del régimen franquista. Adolfo Suárez y el rey se convirtieron en mitos incuestionables, pilares y garantes de un sistema democrático que nos metía en el mundo moderno. El primero duró pocos años en el Gobierno, acosado hasta la persecución por una oposición que le acorraló y le hizo caer. El segundo ha sufrido en una década el profundo desprestigio en el que todos caemos cuando te mantienes demasiado tiempo en un cargo, especialmente cuando manejas ingentes cantidades de dinero sin un trabajo que lo merezca y tus errores están expuestos a la vista de todos.

Vivimos intensamente cada parte de nuestra existencia, exprimiendo vivencias y reaccionando airadamente. Es un problema social, quién sabe si causa o consecuencia de lo que pasa en nuestro día a día: siempre corriendo, siempre atrincherándonos en posiciones ideológicas, siempre siendo «mouriñistas» o «guardiolistas». Parece que no hay punto medio posible en un mundo tan extremo, rápido y letal. Devoramos horas, comemos emociones, escupimos enfados y frustraciones.

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19 comentarios

  1. joder¡¡¡ sin aliento lo he leido…y me ha dejado sin esperanza….

  2. Le atiza usted a tantas cosas que es difícil estar plenamente de acuerdo con usted. No obstante, su texto es refrescante.

    Me quedo con el recuerdo a Adolfo Suárez y con la aclaración de que los dictadores no permiten elecciones democráticas, cosa que sí ocurre en Venezuela.

  3. Añado el cierre de TV3 en Valencia, que seguramente se hizo de manera legal, pero estoy seguro que un caso similar en ciertos países de Latinoamérica hubiera generado ríos de tinta e indignación en El País y El Mundo.

    Siempre me sorprende la facilidad que tienen algunos para juzgar la política y sociedad de ciertos países sudamericanos y cuando les preguntas el nombre de las 3 principales regiones/provincias/ciudades del país que tanto «conocen» se quedan en blanco.

    Yo he leído noticias casi apocalípticas sobre mi país de origen en la prensa española y luego al llamar preocupado a casa me he enterado que la noticia estaba sobredimensionada.

    • «El País», como parte del grupo Prisa, tiene inversiones en América Latina. Los ríos de tinta e indignación son proporcionales a sus intereses comerciales en la zona. Si el gobernante de turno comulga con esos intereses, sus formas y modos serán totalmente irrelevantes. Si no es así, empezará una interesante campaña de acoso y derribo donde cualquier parecido con eso que llamamos información es pura casualidad. Las conexiones de ciertos gobernantes con el narcotráfico pueden aparecer o desaparecer de las páginas en función del desarrollo de dichos intereses. «El Mundo», con la excepción de algunos grandes columnistas y periodistas, coquetea peligrosamente con lo que vienen siendo los tabloides. Lo mejor es confiar en varias fuentes, preferiblemente de diferentes países, que pertenezcan al lugar o lleven años en el terreno y se hayan ganado su credibilidad. Desafortunadamente, el receptor medio tiende a repetir lo que le dicen en la radio, periódico o televisión de su país sin cuestionarse lo más mínimo dicha información. Está pasando ahora con Beppe Grillo. De repente el mundo está lleno de expertos que definen en cuatro trazos el origen, la trayectoria y las intenciones de este cómico y actor italiano, del que prácticamente no sé nada. Intento buscar las fuentes in situ que llevan años formándose una imagen de este personaje y tengan mi confianza.

  4. Buenísimo.

  5. «¿Es antipolítica lo que hace Beppe Grillo? ¿Era Chávez un demonio socialista? Las formas, en los tres casos, pueden no ser las mejores (…) El problema es que los matices se interpretan como críticas, las alternativas como demagogia y las propuestas como populismo.

    Los otros, los caudillos, dictadores, terroristas y antisistema, son los malos.»

    RETROCEDE, DEMONIO!!

  6. Hace tiempo en «El Jueves» leí una viñeta muy acertada que me ha recordado este tema. En ella (Juraría que Manel Fontdevila y Monteys en «Para tí que eres Joven») hablaban de distintos perfiles: El monárquico, el republicano (creo)… y el franquista. A ese último le ponían un texto donde el hombre en cuestión decía «Bueno, Franco era malo, pero… ¿Hitler? ¡Hitler era mucho peor!». Y ellos, debajo, subrayaban: ¿Qúe argumento es ese? ¿Es el hombre lobo menos malo porque dráculo mate a más gente?

    Este artículo es igual. Justifica unas decisiones por otras que se han tomado. Como aquí hacemos las cosas mal (Que las hacemos) Chávez está legitimado para hacerlas peor allí. Pues oye, si les vale… A mi no.

    • No es eso. Es que antes de juzgar a la ligera otros sistemas políticos debemos tener en cuenta los fallos del nuestro. Lo que no quita que se pueda criticar el autoritarismo y la demagogia de Chávez, por ejemplo, pero antes tenemos que mirarnos un poco al espejo y ver si no somos más parecidos a Venezuela de lo que queremos admitir.

  7. Yo me quedo con lo de «Posiblemente el principal problema de la democracia es que se ha convertido en un sistema que, por querer blindarlo de reforma alguna, se ha convertido en poco democrático.»

    Es totalmente cierto, el populismo, los intereses políticos, el miedo a que determinadas políticas penalizacen electoralmente, etc frustra cualquier intento de reforma profunda en parcelas sociales que las necesitan con urgencia.

  8. La traca final de preguntas no puede ser más torticera y cogida por los pelos (nótese que evito el adjetivo «demagógica»). Comparar la censura China con lo del metro de Valencia es de pandereta. Efectivamente, fue una cacicada, pero que yo sepa, en Valencia esos días se seguían viendo el resto de cadenas, se vendían todos los periódicos, etc. Así que, al margen de la cacicada cateta (e inmoral) la comparación no se sostiene. Y lo mismo con las Malvinas (territorio de soberanía británica, es decir, fuera del alcance del doble de carmen de mairena peronista) y perejil, y lo mismo con la nacionalización de Repsol y ¡la venta de Endesa a enel, empresa italiana! (de todas las comparaciones, esta es la más ridícula, por cierto). Hay muy pocas comparaciones que aguanten un contraste sosegado serio, o que no sean opinables (en lo de Batasuna me temo que no nos pondremos de acuerdo nunca, pero está claro que es un tema más subjetivo que os que acabo de comentar).

    Está muy bien lo de apuntarse a la ola de desmoralización del personal, es muy comodo y la parroquia suele celebrar mucho todos estos textos. Pero lo de intentar colar pildoritas a martillazos aprovechando que andamos bajos de ánimo está feo. Y tratar de hacernos comulgar con ruedas de molino, aún más.

  9. «El voto en blanco empezó a dispararse, convirtiéndose en la segunda masa de votos, en ocasiones en la primera fuerza política». ¿Qué leches es esto?

    • Metal & Troll

      Eso me pregunto yo también. Debe ser eso que el autor llama populismo o demagogia. Y también mentira, burrada o hiperbólica tontá. Además de una muestra del nivel, Maribelbelbel, de este prescindible e inane artículo.

      La evolución del voto en blanco ha sido ascendente, de los 46.248 de 1977, un 0,25% del total, ha llegado a los 333.095, el 1,37%. Primera fuerza política, ojú.

  10. Por casualidad, me tocó estar de viaje en Caracas la semana de la muerte de Chávez y desde luego las cosas se ven muy diferentes aquí que allí. Eso sí, me volví con más dudas de las que tenía antes. Lo cuento por aquí: http://notasdekar.com/2013/03/06/el-viajero-profesional-desembarca-en-venezuela-pt-3-y-al-final-se-murio-chavez-y-yo-sigo-por-aqui/

  11. Me he perdido A ver si otro día entiendo qué quiere decir este artículo.

  12. Gran articulo, como bien dijeron antes no se puede estar de acuerdo en todo pero cuentas verdades incomodas sobre lo de la viga en el propio ojo

  13. Señor Ventura, trate alguna vez de leer(dudo de que entienda el euskera)eso que antes se llamaba EGUNKARIA(ahora BERRIA), antes de dar opiniones tan burdas y populistas. Soy de San Sebastián y de vez en cuando, por masoquismo, llevo años echándole un vistazo a ese panfleto(es lo más educado que se me ocurre). Podríamos discutir si judicialmente las medidas fueron las correctas, pero que se atreva usted a decir de que Egunkaria lo cerraron por estar escrito en euskera…
    Que usted nos quiera alumbrar con su mente preclara sobre el populismo y la demagogia…manda huevos.

  14. Pingback: La receta contra el populismo lleva un poco de sardina - Blog de Notas

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