Tristán solo quiere estar con la bella Isolda; que se detenga el tiempo, que puedan permanecer juntos, aislados del mundo, jugando al ajedrez. Lancelot se debate entre su amor irrefrenable por Ginebra y la obediencia debida a su rey Arturo; solo quiere una cosa: que al atardecer Ginebra mueva las piezas sobre el tablero y las horas se alarguen hasta la eternidad. Fernando está perdidamente enamorado de Miranda: no habrá tempestad que los separe, pasarán los días soñando juntos mientras queden casillas por explorar en el universo. Dejemos que sea el propio Shakespeare el que lo exprese:
Miranda: Mi señor, me haces trampa.
Fernando: No, mi amor, no lo haría ni por todo el mundo.
Miranda Sí, y lo harías por ganar veinte reinos,
mas yo lo llamaría juego limpio.
El ajedrez, en esas épocas oscuras donde solo aquellos que vivían intramuros sobrevivían a la miseria, era una manifestación más del orden del Universo. Obras, escritos y poemas que han sobrevivido hasta hoy muestran al ajedrez como una metáfora: ni las piezas, atenazadas por las reglas y por las casillas del tablero pueden escapar de los designios del jugador, ni la humanidad puede escapar de los designios divinos. El origen chino de adivinación y chance resuena con especial fuerza: ¡la religión sublima a la astrología!
El uso de la metáfora del mundo y de los equilibrios de fuerza entre lo divino y lo humano se expandió gracias al ajedrez, con el que se podía enseñar tanto el dogma como la moralidad cristiana, por ejemplo en los sermones de un vicario del inquisidor genovés llamado Jacopo da Cessole (hacia 1400) que fueron recogidos en el Libro de costumbres de los hombres y deberes de los nobles. En ellos, el ajedrez aparece de manera prominente como alegoría, donde cada pieza era un escalón distinto de la sociedad medieval. Pero el conocimiento medieval está amordazado por el poder de la iglesia. La imaginación reina y campa a sus anchas sobre la ignorancia. Hay mucha presión para que sea así: cuanto más ignorante el pueblo, más temeroso. Surgen los Bestiarios, recopilaciones de faunas absurdas que vivían en supuestas tierras lejanas amedrentando a los lugareños. Hasta la aparición de la imprenta, los bestiarios eran la única fuente de conocimiento de la historia natural. Se mezclaba realidad y ficción, animales posibles junto con irrealidades desproporcionadas. Aquellos que eran ciertos eran menos ciertos por compartir su ontología con los habitantes de la no existencia. Esas bestias se representaban en las columnas de las iglesias para asustar al pueblo que temían lo desconocido: el que acecha en el umbral.
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Hola. hace un par de años publiqué un libro, Sólo para gigantes, que me puso tras la pista de un zoólogo que viajó en busca del yeti. Aquella experiencia me acercó a la idea del monstruo de un modo perturbador, cambió mi vida. Ahora he emprendido un proyecto multimedia en el que sigo animales «invisibles» por el mundo. Acabo de volver de Nueva Zelanda siguiendo los pasos del moa. Si queréis saber más, encontraréis seis videos que introducen a un proyecto literario y periodístico que será difundido en varios soportes. Un saludo, y gracias por vuestro artículo.
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Esta bien el aticulo. Creo que me perdi la 2da parte. Como critica, para ser el tercer episodio contiene demasiados divagues. Al menos a mi gusto. Es momento de centrarse en lo fundamental del texto, que es la historia de las bestias imposibles (?)
Gracias Pablo por tu interés, los divagues son marca de la casa…
Estimado Diego, vivo en Valencia y conozco al meyor investigador de ajedrez, José Antonio Garzón. Te ruego que contactés conmigo para tomemos un café: [email protected] y así podés conocer el inmeso trabajo que hizo en su libro NEVEA. Un saludo.
Si, conozco el gran trabajo de José Antonio y me encantará tomar un café con él (y un pastisset)! Saludos!
¡Fantástico viaje el que nos propones, Diego! Y muy interesante el apunte sobre la emancipación de la mujer a partir de la ganancia en movilidad de la dama. Espero con impaciencia la siguiente entrega.
Gracias Irina, lo de la emancipación de la dama, era una broma… pero ilustra lo evocador que resulta el ajedrez en cualquier ámbito…
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Buen día. Excelente artículo. Solo tengo dos dudas:
1. Ruy López, en su famoso libro de 1561, dice que el ajedrez es un juego que viene de Castilla, y que su inventor es un hombre del que muchos hablan o hablarán; tal vez refiriéndose a Alfonso X.
2. La reforma del juego estuvo a cargo de judíos conversos, muchos de los cuales jamás abandonar la ley mosaica. Por tanto, me resulta difícil creer que la nueva pieza, la dama, haya sido creación de estos judíos conversos, poetas en su mayoría, en honor a la reina Isabel. Es como si en el siglo XX unos judíos se aventuraran a reformar el ajedrez creando una pieza en honor a Hitler.
Saludos desde Perú.