Palidecería de envidia hasta la propia biblioteca de Alejandría si se conociera la existencia de las librerías subterráneas de La Habana, probablemente una de las más soberbiamente bien surtidas de todo el planeta, catacumbas de casi todo cuanto se ha escrito, más propiamente en español y aún más de la toda literatura excomulgada por atentar contra la pureza ideológica de la revolución.
No poseen un sitio exacto. Dicho con propiedad, estas librerías se trasladan en silencio y un día pueden que estén aquí y otro allá, pero tienen sus puertas de acceso, esas sí se conocen —aunque solo algunas, claro está—, y la más notoria de esas entradas está en la de la Plaza de Armas, centro de la ciudad colonial, curiosamente enfrente de donde, hasta hace poco, existió el Instituto Cubano de Libro (ICL), algo así como lo que sería para los católicos un Vaticano de obras literarias, ya que de inquisidores y de proteger la fe se trata.
Los libreros rodean las cuatro esquinas de la plaza. Desde temprano levantan sus estantes, se sientas en sillas de tijera a esperar que caigan los clientes. A su alrededor pasan tríos con “sones para turistas”, al decir del poeta cubano Nicolás Guillén, y muchachas que pretenden ir vestidas muy a la usanza criolla, con el propósito de ser retratadas, pago mediante, caminando del galante brazo de los visitantes.
Lo que más abunda son libros, pero también se puede adquirir postales de peloteros, álbumes de fotos, revistas y periódicos viejos, discos de acetato y hasta misales.
Nostálgicos del comunismo
Los extranjeros de cualquier latitud, que aún anhelan la estrella roja, la hoz y el martillo se dan banquete en esa plaza. Se les ve embobecidos hojeando El diario del Che en Bolivia y La historia me absolverá, de Fidel Castro, que son los más vendidos, y que comparten anaqueles con las obras completas de Stalin y Lenin y, si uno le dedica más tiempo, todo el que se pueda almacenar por doradas épocas pasadas, hasta logra dar con volúmenes de Mao, el sol rojo en nuestros corazones; Kim IL-Sung o del olvidado ortodoxo Enver Hodja, en portada dura, que la embajada de Albania enviaba por cajas a quien se lo pidiera a vuelta de correo, cuando aún estaban en su lugar todos y cada uno de los ladrillos el muro de Berlín.
Lo mismo ocurría con la sede diplomática de Corea del Norte y quienes deseaban correrle una broma a un conocido, escribían a esa embajada, decían que desearían tener todo lo escrito por el Gran Líder y su doctrina Juche, daban el nombre y la dirección de aquel incauto que luego maldecía por todos los rincones contra aquel desconocido que le llenó la casa de cajas repletas de tomos de Kim Il.
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Ya me gustaría a mi poder acceder al material de esos libreros…….
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Me gusto su analisis, extenso pero retrata lo que pudieramos decir o resumir en una verdadera y real palabra una DICTADURA, si, en mayuscula como para definrla lo terrible que fue, que es y que sera no solo en el campo cultural sino en toda manifestacion de la vida.
En el trayectio de su analisis hay cosas que expone y la cual difiero de ellas en su conclusion, quizas sean los annios de diferencia o la experiencia vivida pues los anos que vivi en Cuba los vivi sin perderme un instante de sus manifestaciones tenebrosas y represivas contra un pueblo noble, emprendedor y trabajador y para que me entiendan las nuevas generaciones, un pueblo luchador en todos los sentidos. Lo felicito por ser uno mas que abri sus ojos ante la ignominiosa y salvaje revolucion que nos ha tocado vivir, aunque no es nada nuevo desde la primera revolucion hasta la ultima todo lo unico que han traido es, destruccion desolacion y muerte, me aterra escuchar esa palabra aplicada a cualquuier cosa.
necesito el libro secreto de la naturaleza que contiene 7000 pagina o mas
padre mio, es un exelente articulo y nos hace reflexionar, al igual que los comentarios de otros amigos, sobre la realidad, mescalda en la cultura, historia y sabiduria que solo tu sabes contar.
un gran abrazo de tu hijo Boliviano
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Juguemos a una cosa, amigos de JotDown.
Imaginemos, incluso -si os es necesario- que existió algún albanés llamado Hodja. Y que escribir Enver Hoxha es demasiado pedir para vosotros, ¿vale? Imaginemos que por un momento dejamos de lado el símil comunismo-religión. Que vende mucho, pero que justamente (será que no todos los comunistas son eslavos) en el caso cubano no es fácil de conciliar, pese a que le de un aire a novela policiaca.
Ahora, por ejemplo, podemos pensar en Conrad Gesner. En Antonio Possevino. En Erasmo de Rotterdam. En los cánones bibliográficos. Y, si somos listos en toda esta ilusión, recordemos por un momento que las tareas de alfabetización más ideologizantes han tenido a buen recaudo la enseñanza de la escritura, escondida. No tanto así, la de la lectura, que con un canon previamente instaurado, hará que el lector no se desvíe. Y lo que es más importante, que no sea capaz de crear algo, como estamos haciendo ahora nosotros.
Y al parecer, con la cantidad de «pensamiento crítico» nacido en la isla… este no es el caso.
Imaginemos que la homosexualidad no ha sido perseguida en ningún rincón del mundo, ni que hasta mayo de 1990 no fue aceptada por la OMS.
Ahora, si os parece bien, podemos hablar de cuántos autores africanos conocemos a parte de Coetze -si no es mucho pedir, que sea negro-, a cuántos autores chinos habéis leído a lo largo de vuestra vida. Incluso, con vuestro permiso, os preguntaría cuántas películas sobre la guerra de Vietnam conocéis rodadas por directores vietnamitas. O cuántos habéis leído «Así se templó el acero».
Supongo que como todavía estáis imaginando, imagináis que no existe ningún problema en el Estado español para leer a Alfonso Sastre (un dramaturgo celebrado en Cuba y, como lo fue su mujer, perseguido y acosado en su país de origen). Por ejemplo.
Sigamos pensando que nuestro mercado editorial abastece las estanterías de las librerías y bibliotecas «occidentales» (¿acaso el Caribe es otra cosa?) sin distinción de raza, sexo o condición social. Pero, sobre todo, no olvidemos creer eso que es imposible de tragarse: que si no hay libros que no aparecen, es porque somos superiores y sabemos lo que es infumable, y lo que es digno de liar para consumir.
Ahora despertemos, zas! Ya está.
Podemos volver a hablar de dictaduras (en mayúsculas, si os gusta más), y compararlas con nuestros benditos sistemas parlamentarios. Y de las tasas de alfabetización, de lectura, de las tasas universitarias también, o de cómo se solicita al estudiante de clase obrera en (España, año 2013) la excelencia para optar a becas de un Estado que en Cuba ¡oh, contradicción! lo paga todo.
Menos mal que nosotros sí que somos emprendedores. Y postmodernos. ¡Incluso bankeros, de Bankia! Fabulosos, en definitiva: Mañana cuando abra Carrefour voy a por un par de obras libres de censura.
No me lo leo ni con tus ojos.
Deja a los mayores que hablen de sus cosas, entonces.
Estoy de acuerdo con la crítica de Micamicalet,somos asquerosamente occidentales superiores a la hora de valorar la castración ideológica de las dictaduras y democracias,cada día estoy más convencida que la castración de los países libres es más dañina,la criminalización,las inducciones a la autoculpabilidad,la normalización de las crisis,la instrumentalización del periodismo para fomentar juegos de guerra en una paz carnivora de neoliberalismo no se arreglan con decir comunismo puaj!
Como se nota que ninguno ha pasado hambre. Lo de leer viene despues.
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las inducciones a la autoculpabilidad,la normalización de las crisis,la instrumentalización del periodismo para fomentar juegos de guerra en una paz carnivora de neoliberalismo no se arreglan con decir comunismo puaj!