Hace tan solo unos meses se oyó un fuerte golpe en una de las tumbas del cementerio Magnolia, en Leakesville, Mississippi. Era la cabeza del cadáver del humorista Bill Hicks al chocar por dentro contra el ataúd. Arañaba la madera, trataba desesperadamente de salir un rato de su cobijo para registrarse en Twitter o Menéame, para comentar en un puñado de blogs. Ansiaba tablet. Ansiaba smartphone. Numerosas personas acosaban a un publicista y deseaba estar con ellos, guiándolos, aunque fuese tan solo por una horas. Algunos querían que recibiese literalmente su merecido. Otros llegaban a amenazar con quemar su oficina. El sueño dorado de quien desde el escenario espetaba: «Si alguno de los que están aquí trabaja en publicidad o marketing… suicídese».
¿Qué había sucedido para que los enterradores de esa pequeña localidad americana se sobresaltasen? ¿Qué había ocurrido para que ni siquiera hiciera falta el suicidio porque había pirómanos voluntarios? Sencillamente se había anunciado la puesta en marcha de la SCPF Academy, vinculada a la agencia publicitaria del mismo nombre e impulsada por Toni Segarra, su director creativo, considerado por muchos como el mejor creativo de España.

En multitud de foros se tomó a dicha academia como algo parecido a pagar veinte mil euros por hacer prácticas. Esa confusión unida a la situación económica actual en una profesión además con escasas salidas laborales y unos estudios reglados puestos muchas veces en solfa crearon el caldo de cultivo necesario para que se produjese uno de los cada vez más habituales «linchamientos» en las redes sociales. Cientos de personas se unieron a ese tipo de críticas al estilo «bola de nieve». Los más elegantes hablaron de mitos caídos. Los menos escogieron entre la numerosa gama de insultos que ofrece el idioma español, aunque también hubo insultos en catalán. En esa situación, las propias explicaciones de Segarra avivaron el fuego como quien echa agua en una sartén con aceite ardiendo, mostrando que el tratamiento de las redes sociales aún resulta complicado por su reciente implantación y por la fuerza que pueden cobrar determinados asuntos al margen de su grado de acierto, justicia o análisis.
Una vez llegada la calma y vueltos a sus hogares los diez mil hijos de Bill Hicks, nos podemos aproximar a los orígenes de la SCPF Academy y al debate que suscita en torno a la necesidad de determinados estudios para algunos sectores profesionales. De hecho esta escuela surge por una realidad calificada de «dramática» por parte de su director ejecutivo, Enrique Baeza. Con ese calificativo se refiere a la falta de práctica: «Hay jóvenes que llegan después de cuatro años de carrera y no tienen ni un anuncio. Nunca hemos hecho nada, nos dicen». Baeza continúa: «Así que lo que hacemos es evaluar el trabajo creativo más que fijarnos en los estudios. Me refiero a todo lo que hayan podido hacer, desde cine a poesía. Incluso a veces buscamos perfiles algo peculiares. La puesta en marcha de la SCPF Academy responde precisamente a la necesidad de buscar determinado tipo de talento cada vez más difícil de encontrar». De la misma forma que en el trabajo, los alumnos pueden proceder de cualquier sector laboral, académico o incluso no tener ningún tipo de estudio previo o trabajo ni lejanamente relacionado con el mundillo, pues pasan una suerte de examen donde el único baremo es la creatividad.
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Interesante reflexión… habría que extenderla a otras carreras. El sistema universitario español necesita un cambio radical. Básicamente, que los 4 ó 5 años que dura una carrera sirvan realmente para formar a la gente. Y eso concierne a todos, incluídos los alumnos.
Curioso. Todos los profesionales ponen en duda el valor de la carrera o señalan que no sirve o hay que reformarla. Y todos los que tienen cierto interés en ella (universidad, asociaciones, colegios) la defienden de una u otra manera.
Yo estoy estudiando el segundo curso de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la URJC de Madrid. Casi todos los días se plantean debates sobre el futuro del Periodismo, la destrucción que está sufriendo el cine en España o la más que dusosa ética de los medios de comunicación. Algunos de mis compañeros han empezado ya a hacer sus primeros pinitos, muchos desde el primer año: hacen programas de radio pagándose las horas que utilizan el estudio de grabación o colaboran en webs desde su casa. Siempre sin cobrar absolutamente nada.
En mi carrera nada es blanco ni negro. Hay profesores nefastos y los hay brillantes, sí, pero muy pocas veces llegamos a esos extremos. Lo peor es cuando hay apatía. A mí me han dado una cámara, dos hojas fotocopiadas y me han mandado a buscarme la vida. En dos años aún no he conocido ningún profesor que me haya animado personalmente a seguir escribiendo. Pero también es cierto que solo en mi clase estamos matriculados más de 100 alumnos.
La Universidad aporta un bagaje cultural y un pensamiento crítico que me cuesta imaginar puedan recibirse en otro sitio. Pero el mundo está hay fuera. Yo estoy orgullosa de esos compañeros que compaginan pequeños trabajos o proyectos propios con los miles de trabajos (muchos, tantos, de relleno de la carrera) de la carrera. Pero el orgullo se convertiría en optimismo si las salidas laborales fueran un poco más esperanzadoras. De momento, todo está quedandose en lecciones recibidas por amor al arte.
«el mundo está hay fuera»
MIS HOJOS!!!
El plan de estudios de Periodismo de la UCM, que entró en el año 1996 y desapareció en el 2004, se configuró a partir de una guerra entre departamentos y el ya consabido tráfico de influencias. Tú votas mis asignaturas y yo voto las tuyas. Resultado: alumnos con clases de 8 a 16 horas; 15 asignaturas o más por cuatrimestre, decenas de asignaturas optativas y de libre configuración (de las que elegías las que podías) y, entre todas ellas, no salvaría ni 5. Cinco años de despropósitos que ni siquiera están reconocidos porque, quien yendo a una universidad privada hizo cuatro años de carrera, tiene el mismo título que tú. El plan de estudios se hizo para los profesores, no para los alumnos.
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Estoy en parte de acuerdo con Lucía. Terminé periodismo hace unos años. Y creo que tanto para periodismo como para publicidad hay que tener una base cultural amplia que difícilmente va a buscarse sin unos estudios universitarios. Pero esa base está mal planteada. Bastan conocimientos de historia, historia del arte, derecho o economía por una parte. Pero brillan por su ausencia los conocimientos de «ciencias». Y así los periodistas en su trabajo suelen ser incompetentes ante las estadísticas o porcentajes. Pero tampoco tienen ni idea de cosas que creo deberían salir sabiendo sobre física o biología, aunque fueran cosas relativamente sencillas. Yo pondría un curso de letras con derecho, historia, historia del arte, literatura y lengua (bien aplicadas), y otro con economía, estadística, probabilidad y porcentajes, y asignaturas que englobasen la enseñanza que permitiera una divulgación científica seria. Y luego dos años prácticos, pero empezando la práctica también por la base. Antes de hablar en la radio o en la tele tendrás que hablar bien en público. La antigua y utilísima taquigrafía para que no se escape nada, técnicas de vocalización y respiración, escritura creativa (bien dada, y no al contrario, que desde el principio te enseñan a escribir con la pirámide invertida y luego en tu trabajo tienes que desaprender para darle a los textos algo de interés aunque sigas unas pautas). Y en el último año te centras en escribir para diarios, hacer radio y tele y, por su puesto hacer fotos, manejar una cámara sencilla, saber manejar programas informáticos etc.Pero es que todo esto es de sentido común. Y ahí seguimos teniendo una carrera que parece pensada no se sabe muy bien para qué.
Galahat lo explica diáfano, justo antes de su comentario, Plumier:
«El plan de estudios se hizo para los profesores, no para los alumnos»
¡Y no le den más vueltas, porque aquí está el tuétano o meollo de la cuestión, hijos de mi vida…!
«No concebía iniciar sus estudios universitarios de imagen sin haber tocado antes una cámara. Por eso, cuando entró en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y vio la poca práctica que tenían los alumnos con las cámaras decidió emprender su aprendizaje en solitario»
Copio y pego de la página de Wikipedia sobre Alejandro Amenabar, creo que ilustra a la perfeccion la situacion de la universidad en carreras como cine, periodismo, publicidad, arquitectura…
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