Pilar Gómez-Borrero estudió Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Periodista de calle casi desde que acabó la carrera, guarda un grato recuerdo de sus comienzos y se muestra agradecida y orgullosa por lo que tuvieron de auténtica escuela aquellos primeros años. Supo ver en seguida qué podía suponer la red para el periodismo, y se lanzó en cuanto tuvo ocasión a explorar las nuevas posibilidades que se abrían. Ha participado de forma activa en el nacimiento de muy diversos medios digitales así como en la evangelización, como a ella le gusta decir, de las personas con las que ha trabajado en los distintos medios de comunicación por los que ha pasado, desde sus inicios en el Grupo Recoletos, pasando por el Grupo Zeta, y como directora de desarrollo de negocio en Secuoyas. Considerada como una pionera y experta en todo lo que a medios digitales se refiere, es también en la actualidad profesora en el Máster Universitario en Marketing y Publicidad Digital. Habla con entusiasmo de la red y todas sus posibilidades, mostrando en todo momento un bagaje y un pragmatismo en absoluto reñidos con unas enormes ganas de seguir adentrándose en nuevos proyectos, de seguir abriendo camino.
¿Qué hace una chica como tú en un negocio como este?
La verdad es que divertirme, porque realmente es todo tan nuevo, está todo tan por hacer y es tan diferente, que me resulta muy interesante. Así que estudiando todos los días e intentando aprender y ver si puedo contribuir y ayudar a que vayamos un poco más rápido en esta transformación del negocio tradicional a lo digital.
Sin embargo, hay gente que no se está divirtiendo.
Es cierto; hay muchas circunstancias a tener en cuenta. Para entenderlo hay que ponerse en el lado de los que están ahora mismo en medios tradicionales. Es fácil criticar cuando uno está fuera. Cuando uno está dentro es distinto. Hay que comprenderles; son personas que llevan muchísimo tiempo trabajando de la misma manera, con procesos muy sistemáticos y con horarios constantes. Si a esto le sumas que un cambio nunca apetece, la importante necesidad de formación —tienes que aprender a hacer cosas de otra forma—, el componente tecnológico, el rechazo es doble e incluso triple.
Estamos además en una situación donde los cambios son vertiginosos. Si miras dentro de un medio puedes ver que hay personas que llevan cuarenta años haciendo exactamente lo mismo. El cambio en un entorno así no es fácil, mucho menos rápido. Por otra parte, lo que sí es rápido es lo que está ocurriendo, los cambios en el sector de los medios de comunicación. Cuando tienes una coyuntura de crisis, cuando no te salen los números por ningún lado, cuando bajan abruptamente los ingresos por publicidad y los costes suben, cuando ves que tu futuro inminente puede ser que te despidan con todo lo que ello conlleva, en resumen: cuando vives en primera persona la tragedia personal y eres consciente de cómo te puede condicionar, económica y socialmente, te bloqueas. Y cuando estás bloqueado no contribuyes a que las cosas vayan a cambiar, no tienes esa visión ni te planteas el necesario «venga, vamos a intentar cambiar para mejorar, vamos a cambiar el chip, a adaptarnos a lo digital». No es sencillo. Y hay también que diferenciar entre el periodista que puede y debe cambiar a nivel personal y profesional, y la visión a nivel directivo: «A ver, hago cálculos, ¿el negocio puede tirar tal y cómo está aún cinco o diez años más? ¿Sí? Pues ya está, para qué me voy a complicar yo la vida si son los que me quedan para jubilarme…».
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