Nyotaimori - Jot Down Cultural Magazine

Nyotaimori

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Fotografía de Albert Jodar

En la escena inicial de la película Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet, puede verse a una hermosa joven rubia casi desnuda sobre una mesa, apenas cubierta por unas anchas hojas de banano… Sobre ellas se encuentran varias piezas de sushi y sashimi degustadas por un grupo de ejecutivos japoneses de alto nivel. Así es como suele representarse en la ficción el nyotaimori (女体盛り) o “presentación del cuerpo femenino”, también llamado body sushi o sushi corporal… O nantanimori (男体盛り), “presentación del cuerpo masculino”) cuando el modelo que hace de bandeja humana es un hombre.

Este ritual gastronómico puede ser un auténtico placer para los sentidos, además de un juego erótico de primer orden del que pueden disfrutar tanto los comensales como la persona que ofrece su cuerpo para ser embellecido y simbólicamente devorado. Supongo que al ser yo un ferviente niponófilo, aficionado a la comida japonesa e interesado en todo tipo de sexualidades alternativas, era bastante inevitable que me sintiera lo suficientemente atraído por este tipo de cenas como para querer investigar más sobre ellas.

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Del underground a Sunset Boulevard

Fotografía de Ramón Raluy

Nadie parece tener realmente claro ni dónde ni cuándo ni cómo se empezaron a realizar nyotaimoris. La información disponible es contradictoria y escasa, y las opiniones suelen moverse entre dos extremos: quienes afirman que es una disciplina gastronómica centenaria que se enseñaba tradicionalmente a las geishas y quienes sostienen que no es una práctica japonesa en absoluto, sino fruto de la imaginación calenturienta de los decadentes occidentales. Como suele ocurrir, ambas teorías son falsas y la verdad se encuentra en un punto intermedio.

Las geishas tradicionales ya tenían bastante con sus agotadoras clases de danza, música, literatura y estética, y no hay constancia alguna de que se incluyera el nyotaimori entre sus habilidades (ni tendría demasiado sentido: ya llegará el momento de un artículo más detallado sobre el mundo de las geishas). Tampoco hay constancia, hasta donde yo sé, de ninguna pintura, ukiyo-e o testimonio antiguo sobre nyotaimoris… A diferencia del shibari, cuyas raíces históricas en un arte marcial medieval pueden rastrearse fácilmente, debemos concluir que el nyotaimori nació como una práctica subterránea en una época relativamente reciente, probablemente a mediados del siglo XX.

Lo que no tiene sentido es afirmar que es una práctica exclusivamente occidental: no sólo porque es relativamente sencillo rastrear la realización de nyotaimoris en Japón, sino también porque la relación entre comida y erotismo (entre gula y lujuria, si preferís) es universal, y se plasma en cada cultura de una forma diferente… Tiene lógica que en Japón se reflejara a través del arroz y el buen pescado, incluso sin tener en cuenta el cortocircuito nipón entre animales marinos y sensualidad del que ya dimos cuenta en otro artículo.

El porqué de su carácter underground en Japón vs. su mayor extensión y respetabilidad en Occidente (el barrio rojo de Kabukichō frente a un restaurante de hiperlujo en Sunset Boulevard) es sencillo de entender… En el antiguo Japón sintoísta la desnudez no se veía como un tabú sino que la relación con el cuerpo desnudo era bastante natural y abierta (pensemos en las campesinas en casi permanente topless o en festividades sintoístas en que la desnudez juega un papel importante, como el Hadaka Matsuri o “festival desnudo”). Sin embargo, en tiempos recientes la visión de un cuerpo desnudo, especialmente de mujer, se ha convertido en un fuerte tabú que se refleja tanto en la absurda pixelación de los genitales (¡incluso en películas pornográficas!) como en la automática y pacata conversión en subterránea de casi cualquier práctica que incluya desnudez.

La actriz Miho Wakabayashi, que durante varios años fue modelo de nyotaimori en un local de Shibuya, en Tokio, lo resume perfectamente: “En la sociedad occidental, si existe una manifestación artística que contiene desnudez, puede ser considerada como una forma legítima de expresión. En Japón, se considera tabú antes de cualquier otro análisis que pudiera llevarla a ser considerada artística”.

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Nyotaimori del Escorpión

Fotografía de Wicked Enemy

Desgraciadamente, no es fácil encontrar en España lugares en que degustar un buen nyotaimori… Lo que sí abundan son los organizadores de despedidas de soltero más preocupados por la juerga que por el buen gusto o la calidad gastronómica: no es raro ver fotos de bandejas humanas con cuatro sushis congelados mal repartidos. Sin embargo, sí existen buenos cocineros que incluyen nyotaimoris (y nantaimoris) en sus propuestas culinarias: por ejemplo el chef malagueño Benjamín de la Mata, que organiza desde hace años hermosas demostraciones de body sushi en el Toulouse Sushing Club. Anunciados como “eventos erótico-gastronómicos”, son encuentros presididos por el talento culinario de este experimentado sushiman, que se encarga de promover y mantener un aire de exclusividad, respeto y simpatía.

Y por supuesto, puedo hablar de primera mano de los nyotaimori que organizamos en Barcelona mi pareja Françoise y yo mismo, como eventos de la Asociación Cultural El Nido del Escorpión (de ahí son las fotos que ilustran este artículo). En 2009 y 2010 celebramos unos cuantos (tanto con modelo femenino como masculino), siempre exclusivamente para miembros de la asociación y en petit comité: tal como lo entendemos nosotros, el nyotaimori debe ser un acto íntimo y relajado, para ocho o nueve comensales como máximo. Actualmente organizamos muy pocos nyotaimori, ya que traen una cantidad increíble de trabajo: tan sólo en ocasiones muy especiales o cuando nos lo pide nuestra niponofilia. Lo que no resulta difícil en el ambiente abierto del Nido es encontrar tanto comensales como personas dispuestas a hacer gustosamente de bandeja humana.

El primer nyotaimori que celebramos en el Nido marcó la pauta para los que vendrían después. Para abrir boca, una pequeña demostración de shibari: las cuerdas de cáñamo abrazan y realzan las curvas del cuerpo de una geisha… Dando mientras tanto tiempo al cocinero y a Françoise de terminar los preparativos de última hora. Una vez todo listo, corremos la cortina y dejamos que los comensales se sienten alrededor de la mesa: una bandeja humana decorada con flores, hojas de banano entretejidas (para evitar el contacto directo de la comida con la piel) y los sushi y sashimi elegidos por el cocinero presente en cada ocasión (california makis, teppamaki de atún, nigirizushi variados…). Como acompañamiento, pequeños boles de ensalada de algas wakame o algún otro tipo de entrante.

Al tomar asiento los comensales intentamos romper el hielo y crear un ambiente distendido, cordial, abierto y sensual… Aunque dejando bien claro antes de empezar la ceremonia que no está permitido propasarse con las modelos o molestarlas de ninguna manera: en otro tipo de cenas (de las que ya hablaremos al final del artículo) se puede “jugar con la bandeja”, pero en los nyotaimori tratamos de crear un ritual gastronómico más estético, culinario e insinuantemente erótico que abiertamente sexual.

A medida que se degusta la comida que cubre la bandeja humana, va quedando al descubierto una mayor cantidad de su cuerpo: un elegante strip-tease gastronómico. Cediendo la palabra al gran escritor Juan Abreu (uno de los comensales que pasaron por el Nido): “Estamos bien instalados en torno al cuerpo bandeja, que reposa sobre una mesa baja. (…) Manjar al que le crecen manjares. No puedo resistirme y lo primero que hago es levantar una empanadilla de verduras que oculta un pezón. Y ahí tropiezo con los límites de la vida. Porque lo que corresponde es seguir comiendo. Ese pezón humoso y empinado. Pero no se puede. Ay.”

Fotografía de Ramón Raluy

Las hermosas “bandejas” con las que hemos tenido la enorme suerte de contar han permanecido siempre imperturbables: no es poca la concentración necesaria para mantener la posición y que no caigan los sushi mientras dura la comida. Muchos comensales buscan (y encuentran) sutiles puntos de complicidad con las bandejas. De nuevo oigamos a Juan Abreu: “Ah, un punto de cosquillas a la entrada del canal de la pelvis… Lo descubro cuando atrapo una gyoza rellena de ternera y mis palillos tocan la piel y ¡no puede evitarlo!: la bandeja sonríe”.

Una vez ahítos de sushi cambiábamos de sala, llevando a los comensales a la pequeña habitación del sótano del Nido que antiguamente fue un horno de cerámica. Ahí les esperaba una nueva bandeja humana cubierta de comida caliente: para este segundo plato solíamos contar con algún modelo masculino o, en la mayoría de ocasiones, con la conocida performer Lady Pain. Cediéndole la palabra a la escritora Amanda Manara, otra comensal: “La modelo había pedido que le atasen brazos y piernas con un bondage de cuerdas para sobrellevar mejor la inmovilidad: realmente morboso. Hojas de banano, sabiamente dobladas sobre su piel con el fin de evitarle quemaduras, presentaban unas delicadas brochetas de carne y unas tiernísimas y sabrosas costillas asadas a las siete especias (ocho horas de horno, me contó después el cocinero)”.

Un té de jazmín, un postre ligero y un rato de buena charla entre invitados, bandejas, cocinero y anfitriones ponía fin a la velada.

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Sobre tu cuerpo serrano

Fotografía de Jesús Llaría

En marzo de 2008 el fotógrafo barcelonés Tentesion presentaba en la desgraciadamente extinta galería Desig una muy comentada exposición de imágenes fetichistas. El pica-pica que suele acompañar este tipo de eventos fue muy especial: un body fruit que permitió al público coger cerezas, arándanos y fresas con nata del cuerpo desnudo de una bella modelo.

Y es que el hecho de utilizar sushi para los nyotaimori no deja de ser una convención gastronómica como cualquier otra: a Françoise y a mí nos encanta la comida japonesa y por ello la elegimos para nuestros eventos… Pero cualquier variación sobre el mismo tema está permitida, y da pie a dinámicas completamente diferentes. Por poner un ejemplo: en 2010 organizamos una “cena del cuerpo serrano”, que cambió la gastronomía japonesa por productos de honda raigambre ibérica. Y siendo conscientes del expansivo carácter mediterráneo, enfocamos el evento de forma más lúdica y participativa: ahí sí que estuvo permitido jugar con la comida… Y con las “bandejas”, dos mujeres y un hombre que vivieron una experiencia bastante más agitada y juguetona que las reservadas usualmente a los modelos de nyotaimori.

Y qué mejor manera de despedir este artículo que con un breve repaso a alguna de las delicatesen que degustamos en esa ocasión: será una buena manera de abrir el apetito. Taquitos de Idiazábal con membrillo, sobrasada de Mallorca con alcaparrones y miel, longaniza de Aragón, jamón serrano de Guijuelo, paté artesanal de avellana, montaditos de lomo, confitura de higos y pimientos del Padrón… Unos pican y otros non.

Fotografía de Ramón Raluy


28 comentarios

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  4. menuda gilipoyez comer en el cuerpo del otro… parecen putas baratas o esclavas;; pero eso si, todo muy chic

    • Ignoro qué clase de “putas baratas” frecuenta, pero ya puedo adelantarle que no es un concepto que cuadre con el de bandeja de nyotaimori. Por otro lado, le animaría a probar un juego erótico antes de criticarlo, más que nada para no quedarnos limitados al misionero…

      (Cada vez que alguien escribe “gilipoyez”, Dios mata a un gatito).

    • En última instancia quien decide el precio de su cuerpo es la propia modelo. Cuestionar la integridad moral de las mujeres que aparecen en el reportaje me parece inadecuado.

  5. ‘O nantanimori (男体盛り), “presentación del cuerpo masculino”) cuando el modelo que hace de bandeja humana es un hombre’

    ¿Y ya que los nombrais, por qué no poner alguna foto de ‘presentaciones del cuerpo masculino’?

  6. Me parece estupendo. Comida japonesa con un toque erótico.
    La verdad que soy una autentica fan de los Nigirisushi, Makis, Uramakis y todas las formas conocidas de comer Shuhi, pero encima de un cuerpo humano me parece muy excitante.
    Solo puedes decir “ Gochisousama deshita” (gracias por la comida).

  7. Qué excitante, y qué hermosa la presentación. Sin embargo me sorprende no encontrar comentario alguno sobre las evidentes connotaciones antropófogas de esta práctica!

    Un artículo muy interesante, gracias y enhorabuena.

  8. ¡Gracias por las felicitaciones! La vertiente antropófaga (¿sabías que en Japón hay un ex-caníbal presentando un programa de cocina, y no es broma?), queda para otro momento. :-)

  9. Siempre me ha gustado mezclar estos dos placeres, y hace poco me enteré de que en un lugar de Tenerife organizan estas ceremonias, os paso la noticia para que lo añadáis a vuestra agenda :)

    http://www.diariodeavisos.com/2011/11/18/actualidad/%C2%BFte-apetece-un-body-sushi/

    Genial artículo!

  10. Como siempre leerte es un placer. Sin embargo, soy una cerdita tanto del sushi como de los cuerpos desnudos. No creo que me comporte muy civilizadamente en este tipo de ‘rituales’ erotico-gastronómicos… Yo cerdita, me imagino hundiendo mi hocicote en los cuerpos mientras devoro mi comida preferida…. ¿se puede hacer eso con el nyotaimori? ¿o hay que ser muy propio, respetuoso y modosito?
    ; )

  11. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Fernando Sánchez Dragó: “Lo que más me ha enseñado en la vida han sido las ingestas de LSD”

  12. A mi me parece excelente, un poco freaak, pero a nivel empresarial lo encuentro cojonudo. Cubre un nicho de mercado hasta ahora nunca cubierto.

  13. Me temo que desde el punto de vista empresarial nunca será una bomba : ). Como muy bien ponía de relieve el autor del artículo, la preparación ritualizada del Nyotaimori es demasiado compleja para eso: la música, la decoración, la preparación de la “mesa”: en New York esos eventos para un máximo de 12 personas cuestan unos 250 euros por persona…un nicho de mercado esencialmente estrecho :) . Yo habré realizado unos 20, y no recuerdo que en ninguno el éxito económico fuera el objetivo. Gran artículo.

  14. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Juan Abreu: Body Sushi

  15. la verdad es algo interesante y que me gustaría probarlo como aficionado a la cultura japonesa, sea o no underground. Tiene su punto erótico-kitsch, pero es más como una experiencia que algo realmente común (hablo de la extensión de la práctica). La extrañeza del hecho supera la excentricidad del mismo, no obstante, es atraiente.

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