Jot Down Cultural Magazine – Magic & Bird (HBO): La realidad patea la ficción

Magic & Bird (HBO): La realidad patea la ficción

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“En el verano de 1985 la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird rozaba cotas enfermizas. Una vez decidido el campeonato de ese año a favor de los Lakers, el agente de Magic vino a comunicarle una proposición. El 32 angelino respondió con sorna: “¿Estás loco? No voy a hacer ningún anuncio con Larry”. Bird, por su parte, puso una condición: “No voy a grabar nada en L.A. ¿Quieres hacer un anuncio? Vale, pero ven a mi casa”. Johnson aceptó la idea sin tenerlas todas consigo, en gran parte porque le divertía mucho ponerse delante de la cámara fuera donde fuera. El flamante nuevo comercial de Converse se grabaría en French Lick, Indiana, tierra de origen de Larry Bird. Se vistieron de corto y jugaron un uno contra uno simulado. Hicieron un esfuerzo por no competir de verdad, pero aquello fue embarazoso. Acabaron por relajarse, sonrieron, hablaron un poco. A la hora de la comida Magic se dirigió a su caravana pero Bird tenía otra idea: “Mi madre ha preparado el almuerzo”. Comieron con la familia de Bird, que admiraba a Magic. “La madre de Larry era encantadora, me recordó mucho a mi madre. Se preocupó de que no me faltara de nada”. “Aquél día conocí a Earvin Johnson; me cae bastante mejor que Magic” confiesa Bird. “Fue un día realmente bonito” En las siguientes temporadas, sin embargo, seguirían matándose en la pista.”

La fertilidad del guionista no está en su imaginación sino en su experiencia. Su potencia creativa reside sobre todo en su bagaje de mundo, no tanto en su ingenio o en su capacidad para alumbrar ideas. Es por ello que la fórmula idónea para parir grandes historias sea, probablemente, una mezcla de personalidad, punto de vista y búsqueda. Se trata de observar, metabolizar y elaborar, un trabajo de reconocimiento y manipulación más que de eurekas de media noche. Se recrea más que se crea, así que la realidad patea la ficción.

Magic Johnson y Larry Bird sólo compartieron asistencias con la camiseta de Estados Unidos. Todo lo demás fue la guerra de las galaxias, una confrontación encarnizada con el baloncesto como coartada. Ni en los mejores sueños de ningún productor de Hollywood se podría imaginar una historia mejor. Eran los Lakers contra los Celtics, la costa Este contra la costa Oeste, la sonrisa del Pacífico frente al recio bigote del chico tímido de Indiana.

Seamos honestos: si Larry hubiera sido negro y de Chicago, apenas hubiera importado. Es que eran polos opuestos: uno negro, otro blanco, uno tímido y otro extrovertido. Ése era el encanto de aquello”

Brian Gumble lo deja claro. Hasta los colores de los equipos parecieron ponerse de acuerdo, pues el verde trébol no podía lucir más contrario que el dorado amarillo de Los Ángeles. Dados estos mimbres, inmejorables, podría pensarse que el trabajo de HBO ya estaba más que encaminado, pero nada más lejos. Cuanto más fértil es el filón más fácil es malgastarlo.

Sucede que en HBO están los tipos más listos del sector. La industria de las series ha adelantado por el carril de en medio al género del largometraje —que no se derrumba, pero que sí palidece en comparación— y ahora la vanguardia audiovisual se vende por temporadas. Los de HBO no son sólo listos: también son los mejores, y a las pruebas podemos remitirnos (The Wire, Los Soprano, Deadwood, Treme…). Con la primera cualidad, el olfato, advirtieron que en la legendaria rivalidad entre Celtics y Lakers había materia prima de calidad tiple A. Con la segunda, que es talento, llevaron a puerto un documental sobre Magic Johnson y Larry Bird que no puede ser considerado sino como obra maestra. Y el que tenga ojos, que vea.

Eran dos estrellas lanzados por el cosmos para competir (…) Esa competitividad surgía de una gran verdad: en la cancha eran iguales”

A nivel de baloncesto estricto su desempeño en la pista era claramente diferente, pues Magic era base y Bird alero. Pero su impacto en el juego era realmente parecido. Magic y Bird eran el centro de gravedad del nervio del partido. “Controlaban un encuentro haciendo sólo 12 tiros a canasta”, recuerda Kevin McHale. El baloncesto giraba a su alrededor, como dispuesto a voluntad de quien fuera capaz de absorber más influencia en el juego. Por supuesto, las similitudes les resultaban insoportables, de pleno inaceptables: “Por eso también nos odiábamos, porque sabíamos que éramos un espejo el uno del otro”. Y Magic remata: “Detestaba lo que decían de que él era mejor que yo. Los primeros años me molestó mucho. No se lo dije nunca a nadie, pero así fue”. Fuera o no fuera un secreto a voces que ambos jugadores se miraban obsesivamente, la Liga y la CBS utilizaron el discurso de la guerra de los mundos (Magic VS Bird) para impulsar una competición poco menos que moribunda y darle sus mejores datos de seguimiento. Antes de ellos, la NBA se moría por falta de alicientes.

Magic y Bird llegaron a la NBA el mismo año, en la 79-80. Ese año los Lakers llegaron a las Finales pero Boston se quedó a las puertas. En la mañana del crucial sexto partido en Filadelfia, Magic esperaba con impaciencia el resultado de la votación del Rookie del año. Todo el mundo sabía quiénes eran los dos máximos candidatos. El responsable de relaciones públicas de los Lakers entró y le dije a Johnson que ya habían anunciado el ganador. “¿Quién ganó?; Larry Bird —respondió; ¿Estuvo ajustado?; 63 votos contra 3 a tu favor”. Esa misma noche Magic protagonizó su mejor actuación individual en la NBA. Con Abdul-Jabbar lesionado Johnson tuvo la magnífica idea de suplirle jugando de ‘5’, y se salió. Alternó las cinco posiciones en la cancha y firmó unos impresionantes 42 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias y 3 robos de balón. Fue nombrado MVP de las Finales y le dio el anillo a su equipo. Sin el acicate de Larry Bird, hubiera sido imposible. “Aunque tenía el campeonato, también quería el Rookie of the Year”.

La complejidad de la relación entre los dos jugadores está en el oxímoron. El subtítulo del documental, “a courtship of rivals”, que se traduce como “el cortejo de los rivales”, recoge perfectamente el contrasentido de encuentros y desencuentros que fue la relación entre Bird y Magic, un verdadero carrusel de amores y odios. Cuando, a propósito del anillo ganado por los Celtics en 1984, Bird dice que “esperaba que [Jonhson] estuviera sufriendo, que ojalá estuviera acabado (…), no podía ser más feliz con eso”, ímplícitamente está reconociendo que le importaba mucho todo lo que hiciera Magic. Cuando Johnson reconoce que “no se sintió tranquilo” hasta que no cortó la racha de 3 MVP de la Regular Season que ostentaba Bird, aparte de ambición personal, estaba reconociendo implícitamente que le importaba mucho todo lo que hiciera Larry. Se espiaban de reojo, como dos amantes orgullosos. El cénit de la disputa explota en la cumbre competitiva de ambos jugadores, sobre todo entre los años 1984 y 1987. En contrapartida, la madurez de la relación vendría con la caída de ambos.

Larry tuvo dos trabajos en los siete últimos años que jugó en la NBA: jugar al baloncesto y cuidar su espalda”

Lo dice su doctor con la libertad que dan los años de distancia. Muy pocos supieron el calvario que Bird sufrió con su espinazo en el declive de su carrera. Padeció en silencio toneladas de dolor para poder prolongar su carrera y volver a enfrentar a Magic en unas Finales. “Pero aquello nunca sucedió (…) Probablemente debí haberme retirado en el 88 u 89”. Por supuesto, la imagen de Bird tumbado bocabajo en la banda no pasó inadvertida para Magic. Johnson atravesaba su mejor época con los Lakers pero no podía dejar de apiadarse de la imagen de su colega. La fatalidad, no obstante, no tardó también en alcanzar a Magic. En Noviembre de 1991 la notica de su retirada forzosa de la NBA dio la vuelta al mundo. Muchos no lo entendieron. La camarilla de parásitos que rodeaban a la estrella Earvin Johnson voló en desbandada. Lo tacharon de homosexual, de depravado, de peligroso para la salud pública. Larry Bird se apresuró a saber de él nada más supo la noticia. No fue impostura ni diplomacia: el poso de los años le había marcado para siempre.

Voy a seguir, voy a vencer al SIDA y me divertiré”, dijo Johnson en la multitudinaria conferencia de prensa del 7 de noviembre de 1991. Los periodistas lloraban como magdalenas. El 33 de los Boston Celtics miraba la televisión y llegaba a la conclusión de que su retirada era inminente. Su razón de ser en la Liga se marchaba. “Seguí aquel año, pero sin Magic no era lo mismo”. La increíble amistad entre Magic Johnson y Larry Bird, consumada al fin, forjada durante años de lucha aunque ellos mismos no lo supieran, tiene su homenaje con el sueño de Barcelona 92. Allí volverían a jugar juntos por última vez. La Olimpiada del Dream Team cerró el círculo de una historia maravillosamente real que poco o nada tiene que ver con la ficción. Por momentos hay que frotarse los ojos para recordarse que ningún guionista se ha inventado nada de lo que estamos viendo.

Magic & Bird: a courtship of rivals (2010) HBO Sports

 

10 comentarios

  1. Nada como aquellos Lakers contra Celtics de los ochenta, las finales de 2009 y 2010 estuvieron bien pero no hay color. Como dicen en el documental Jordan no salvó la NBA, fueron Magic y Bird.

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  3. En cuanto pueda lo veré. Buen texto, gran relato.

    Gracias al autor.

  4. Hasta tal punto quedó el poso de una buena relación, que en la retirada de Bird, apareció Magic para decir que nunca habrá otro Larry Bird, e incluso se desabrochó la chaqueta de los Lakers para revelar una camiseta de los Celtics debajo de ella.

  5. He is very private but if he’s your friend… man you’ve got a friend for life.

  6. Desde http://www.basketandtalent.com siempre con Bird, ejemplo de todos los valores de nuestro blog.

  7. ¡Cojonudo! no sabía de este documental, tengo que verlo como sea

  8. Otro que ya está buscando el documental para verlo. Jugones

  9. Es uno de esos documentales que te marcan. El día en que lo vi supe que estaba presenciando algo grande.

  10. Pingback: Magic y Bird, dos leyendas del básquetbol | Web Enlatada

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