Arte y Letras Literatura

Un whisky para don Gonzalo

Gonzalo Torrente Ballester

Se me presentó en la cubierta del libro, rotunda y bestia y mujer, con el pelo como un ciclón, un cuerpo adivinado bajo lo que recordaba como un frágil vestido negro y unos ojos que cabalgaban entre la angustia y el desafío. Yo la miraba con escepticismo, tratando de recordar alguna escena de la serie de televisión que protagonizaba mientras sostenía el volumen en mis manos sin llegar a abrirlo. Cuando me atreví con los primeros párrafos quedé atrapado por aquella presentación magistral de un mundo que, apenas esbozado en unas líneas, ya era mío, como lector y espectador privilegiado. Los gozos y las sombras pasaba a ser un libro iniciático.

De esta forma casual, vagando aburrido entre libros en busca de lectura, como el borracho que brujulea por los bares mendigando la invitación a un trago, me hice con la literatura de Torrente Ballester. Hice acopio de sus obras en aquella Barcelona de los noventa que, a pesar de sus intentos por lavarse la mugre, mantenía sus esquinas malolientes, su provincianismo infatuado y sus librerías de viejo regidas en general por mal encarados cancerberos, seguramente traumatizados por unas madres intransigentes y violentas y una infancia de sospechosas reminiscencias anales.

Me dejaba caer los sábados en un bar junto a la estación del Norte, la puerta a un mundo cuya realidad, hasta el momento, sólo conocía por las novelas de Marsé o Casavella. He visto policías acodados en la barra, tomando café, que han terminado corriendo detrás de un hombre desnudo que paseaba a su perro por la calle, armados con una manta que Paco, el dueño del bar, había sacado de no sé dónde, como un Inspector Gadget manchego. He visto a Rafa el Conseguidor, un viejecito de mandíbula trotona que llegaba de vez en cuando con un par de botas viejas para vender, o las llaves de un panteón, sacado todo de los contenedores de basura. Los parroquianos, ante la visión de estas últimas, tocaban madera y todo era escándalo y gritos y ojos elevados a los santos cielos. Rafa comía monchetas junto a un travestí pequeño, rechoncho y con bigote que, al parecer, venía de vez en cuando sin disfraz. Por las noches asomaba con vestido, falda corta, zapatos con tacón, peluca y bolso. Desconocía, por lo visto, la existencia de las maquinillas de afeitar y lucía piernas negras y velludas y bigote de comisario Gutiérrez. Rafa era su amigo y se tomaba confianzas sorprendentes: le insultaba y le reprendía entre cucharada y cucharada, mientras el otro hacía mohínes y aspavientos. La parroquia, taxistas que aguardaban turno en la estación del Norte, prostitutas que hacían del parque su cama, policías nacionales que mataban el rato y quidams de toda laya y condición, asistíamos divertidos a aquellas fábulas morales. Aquellos días conformaron mi modesta experiencia de crápula y de canalla, afortunadamente reducida a la del mero espectador de un mundo que ahora se me antoja triste y fascinante.

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9 comentarios

  1. Pingback: Un whiskey para don Gonzalo « La biblioteca fantasma

  2. Lo de «defender lo que es vuestro por legítimo derecho de conquista” proclamado desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca no parece muy demócrata ni mucho menos liberal.

    • Aquella polémica la zanjó con un artículo en El País explicando cuáles fueron sus palabras exactas y su opinión respecto al tema del archivo. Demócrata y liberal, sí.

  3. Buen artículo.

  4. A GTB, desgraciadamente, ya se le ha olvidado, y es una lástima. Como mucho quedará de él la última gran novela del s. XIX, «Los gozos y las sombras», pero en su versión para TV. A finales de los 80 me tragué como una boa casi todas sus novelas publicadas por Destino y Plaza & Janés. Entre todas ellas me quedo con 3: «La isla de los jacintos cortados», con sus paisajes mediterráneos y sus parcas; «Fragmentos de Apocalipsis», tan mágica y gallega; y «La saga/fuga de J.B.»: sobran comentarios. Guardo un recuerdo especial de «Las sombras recobradas» y unas Navidades muy especiales.
    Me ha encantado el artículo. Enhorabuena

  5. Pingback: Razones para elegir un libro y leer « La Palabra Infinita

  6. Pingback: Carta de batalla | Carta de batalla

  7. Viejotrueno

    «La saga/fuga de J.B.» es la gran novela en español del siglo XX. Mea y caga en cualquier otra y remite únicamente a su único referente posible que es «El Quijote», es decir, la fuente de todas las cosas, porque en «La saga/fuga…», sí, también está todo contenido.
    Y ahora sigan hablando de los demás escritorzuelos.

  8. Sergio Dueñas

    A la obra de Don GTB tuve acceso por primera vez a través de la serie de televisión que aqui se menciona, la fuerte impresión que me causo me llevo a conseguir los libros y con ellos leer-vivir algunas de la experiencias mas significativas de mi juventud.

    Mil gracias al autor de este articulo por hacerme recordarlas nuevamente.

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