“Dos de las cosas más bellas del mundo son un caballo galopando y una pareja bailando un vals”
John Ford
Todo aquel que sienta un gusto por el cine rayano en la patología o directamente enfermizo se ha visto envuelto alguna vez en una discusión de patio de colegio sobre filias enfrentadas. Recuperando la infancia, que, por regla general, es la edad de incubar pasiones pero también odios acérrimos, uno se encuentra de pronto defendiendo la obra de individuos que no solo no conoce, sino que además murieron hace años y, en no pocos casos, en el otro lado del mundo. Todavía peor: la vindicación, para ser absoluta, debe tener una buena dosis de maniqueísmo, arbitrariedad y mucha víscera ensangrentada en el debate de opuestos. Fue así como una vez, discutiendo con un crítico de cine sobre John Ford (al que para mi más estupefacta indignación consideraba menor a Alfred Hitchcock, e incluso a Ingmar Bergman), di con una de las claves fundamentales de mi admiración por el director de Pasión de los fuertes. En un momento de nuestra conversación, y creyendo tenerle contra las cuerdas dialécticas, soltó, con fatigada displicencia, el crítico: “Ya, pero no me negarás que Ford rodó mucha mierda”. Mucha mierda. ¡Pues claro! Para Ford el cine era, por encima de todo, una manera de ganarse la vida. Pero también una manera de estar en el mundo. De entretener la espera. Su rigor artístico no era óbice para cumplir con deberes contractuales que le obligaban a coger proyectos en los que no creía, que le fastidiaban y que, por regla general, sacaban lo peor (y era mucho) de su carácter. En contadas ocasiones, también es cierto, optó por la vía rápida: se piraba del rodaje y cogía una de sus célebres cogorzas, que duraban semanas, desentendiéndose por completo del proyecto. De ahí que durante años luchara por su independencia creativa sin abandonar, no obstante, una conciencia profesional forjada en una industria (la del cine) que, tal y como dice Ilya Ehrenburg en el ensayo La fábrica de sueños, fabricaba películas en una cadena de montaje: “[Henry] Ford fabrica automóviles. Gillette, cuchillas de afeitar. La Paramount fabrica sueños. El cine es el producto del nuevo siglo. Su espíritu radica en la velocidad”.
Así que John Ford, más allá del genio artístico, era un currela de una fábrica de sueños producidos en cadena y a una gran velocidad. Sueños, como intentaré explicar, maravillosos, notables, prescindibles y también nefastos. La mierda. Porque Ford tenía muy clara la valía de su obra, pero su realismo y pragmatismo vitales le impedían comportarse como un artista a la manera de Baudelaire. En nada era un sublime sin interrupción, sino todo lo contrario y más. Su oficio significaba a un tiempo condena y redención. Estos son unos apuntes de aproximación a la figura del realizador desde la subjetividad del espectador curioso. Son, por lo tanto, unos apuntes fragmentarios sin ánimo de exhaustividad erudita.
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Enhorabuena por el artículo. Junto a Raoul Walsh y Howard Hawks, Ford compuso la gran pirámide creativa del mejor cine americano. «El hombre tranquilo» y «El hombre que mató a Liberty Valance» son, casi con seguridad, dos de las diez mejores películas jamás filmadas. Ya no se hace cine así. S2
Articulazo. Enhorabuena.
Excelente artículo, enhorabuena!
Qué sería del cine sin estos terribles inestables como Ford. Lo de menos es su peripecia vital: como su personaje Tom Doniphon, su entrega a los demás está en su cine, más allá de su fracaso emocional. Por cierto, recomiendo una visitación del relato original «El hombre que mató a Liberty Valance» de la gran Dorothy M. Johnson (Editorial Valdemar): otra gran experiencia.
Un artículo fordiano en muchos sentidos binarios, pero para seguir con lo binario y resumir, por su cuidadoso equilbrio de lo panorámico y el detalle.
Yo vengo de una familia fordiana, una tipología poco conocida y sin embargo, quién sabe, más común de lo que pensamos. Mi abuela, nacida en 1905, adquirió la costumbre, en los últimos años de su vida, de ver, al menos una vez al mes, El hombre tranquilo. Su momento favorito: la pelea homérica entre Sean Thorton y Will Danaher…
http://bit.ly/Z8rB1u
Una frase que decíamos a menudo, sólo por el placer de decirla y escucharla: cómo me gusta tu nombre, Clementine.
A la hora de la verdad, la de elegir la mejor, con cierta gravedad, sin explicaciones ni discusiones, se estaba de acuerdo: Centauros del desierto.
En las últimas nocheviejas en las que estábamos todos, brindábamos con The wild colonial boy http://www.youtube.com/watch?v=dCIef55zzMM
Cómo me gusta tu nombre, Clementine
Espléndido. Me ha emocionado. Porque habla del cine pero también de la persona. Y la persona explica el cine.
Suelo hacer un ejercicio en clase: proyecto los primeros 10minutos de «El sargento negro». La mayoría de los alumnos (por no decir todos) jamás la han visto. Cuando acaban esos diez minutos les pregunto qué relación tienen el protagonista y la chica, qué opina el juez del fiscal, cómo es en realidad el juez, si creen que el acusado es culpable o no… Y todos me responden sin dudar: es así porque le mira de tal manera, etc… Y a partir de ahí explico la planificación del encuadre.
Hay muchas películas de Ford que no me gustan. Otras me resultan indiferentes y muchas las tengo como referencia: «Centauros del Desierto» «El hombre tranquilo»»La taberna del irlandés»»El sargento negro»»El hombre que mato a Liberty Valance»…
Pero lo que más le agradezco a Ford es «La batalla de Midway». Como a Hitchcock sus «Memorias de los Campos».
Un saludo.
Hacía películas de acción. Westerns inolvidables. Y era capaz de narrar una historia de amor gigantesca con un encuadre de una mujer acariciando un capote, unas cuantas miradas y un beso en la frente. Enorme.
Excelente. Pero Ethan no es racista.
Pregúntale al pobre Martin, querido.
Estoy de acuerdo con Tsevan Rabtan: Etahn no es racista. Más bien, no es «exclusivamente» racista. Está resentido. Al fin y al cabo dejó que su hermano se casara con la mujer de la que estaba enamorado. Y la búsqueda de su sobrina, que emprende sin descanso, es en principio para intentar calmar la necesidad de venganza que le ciega.
Se ha pasado la vida intentando desapegarse de aquello que ama y por eso trata de ese modo también a Martin.
Ethan es humano. Desprecia aquello que le ha hecho sufrir, que le hace sufrir y que sabe que le hará sufrir.
Le entiendo tan bien.
Por eso «The Searchers» es una obra maestra.
Un saludo.
Bueno, que no sea exclusivamente racista, no evita que lo sea. Su odio tiene un componente racial. De ahí la grandeza, aún mayor, de su encuentro con Debbie. Vamos, pienso yo.
Abrazos.
Excelente. Tuve que meterme en un bar para leerla tranquila y muy despacio para que no se terminara. Tengo claro que esta noche voy a mirar «Más Corazón que Odio» que es como titularon acá a Centauros del Desierto. Nadie como él para filmar cielos, puertas, bailes y peleas.
Gracias.
Ford es un maestro de la coralidad. Como bien dices, nadie ha filmado mejor bailes y peleas. Ni tampoco los funerales, o unas elecciones, o aquellos actos que festeja una comunidad. Porque Ford es el gran panegirista de «la frontera», del pionero que construye una civilización, y todos esos actos colectivos sirven para construir ese poso, esos cimientos sobre los que luego descansará el futuro. La exaltación del héroe anónimo (Custer en «Fort Apache», Valance en «El hombre que mató…») como fundamento de un orden nuevo en el que los seres humanos puedan convivir, incluso aunque ese pilar sea una mentira. S2
«Más corazón que odio». ¡Qué bueno! Me gusta también mucho el título francés: «La Prisonnière du désert «. Los franceses siempre tan metafísicos.
john ford es al cine lo que the beatles a la música moderna, shakespeare o cervantes a la literatura, velázquez o leonardo da vinci a la pintura, miguel ángel a la escultura: un genio incontestable que pervivirá para siempre. y respondiendo al pequeño debate abierto por tsevan rabtan y continuado por martín vázquez y jordi bernal, estoy de acuerdo con las líneas escritras por martín vázquez: creo que ethan, en efecto, es racista, pero, sobre todo, es un hombre derrotado, doloroso. no olvidemos que fue soldado confederado, y que nunca superará el dolor de haber pedido a la mujer que amaba (y a la familia que quería). en realidad, ethan edwards, en muchas cosas, es john ford: todas las contradicciones del personaje son las propias de ford (excepto su racismo: ford no era racista, contra lo que algunos pudieran pensar). pero, sí, de alguna manera john ford también era un hombre derrotado, amargo, doloroso. un poeta que habló como nadie del fracaso, en feliz frase de carlos boyero, con la que estoy de acuerdo. abrazos.
Ethan tiene principios. Un tipo que dice que un hombre no puede prestar juramento más que una vez, tiene principios.
meritorio q una panda de rojos como JotD ddique laudos a un precursor de Clint, a un belicista y preTeaParty. Por eso mola Ford. Era todo un director. Todo un cabron.
Discrepo, amigo. Ford no era belicista, sino militarista, y no es lo mismo. Amaba el ejército y la vida de sacrificio que ello implicaba, y eso no significa amar la guerra. De sus películas, sobre todo las posteriores a la 2GM, se deduce que más bien la detestaba. Y tampoco creo que pudiera incardinársele en un partido político concreto. Era muy conservador, pero con una «mirada social» mucho más profunda que la que, por ejemplo, tendría un republicano en la actualidad. Su famosa respuesta en la reunión convocada por C.B. De Mille lo situaría en una óptica más bien libertaria. Un personaje complejísimo, en cualquier caso. S2
Más meritorio teniendo en cuenta que el artículo lo ha escrito un pedazo de rojo. También escribí el dedicado al discípulo de Ford y maestro de tantos Eastwood. Abrazo.
Enorme artículo: enhorabuena, Jordi Bernal, he disfrutado mucho leyéndolo.
Para los que no lo conozcan, dejo aquí un enlace con el documental «Directed by John Ford» (1971). Me lo recomendó un amigo hace unos días y es una verdadera delicia, con entrevistas a Scorsese, Spielberg o el propio Ford. Está en youtube en VO subtitulada : http://www.youtube.com/watch?v=wlYy_W4bmS0
Excelente artículo, desprende pasión tanto por el personaje como por su cine…además, también he sufrido conversaciones como la descrita en las primeras líneas, «defendiendo a Ford» frente a modas o «autores» más prestigiados, en nombre de no sé muy bien qué.
Eso sí, he echado de menos (y mucho) que no haya habido ni una sola referencia a «»El último hurra». Una película enorme, que bajo su apariencia de película ligera y de discurso simple, contiene una enorme carga de profundidad contra la política que, como vaticinaba Ford, se ha acabado imponiendo. Es casi escalofriante como adelanta mucho de lo que pasa hoy en día, con una película de los 50…
Como he dicho, enhorabuena por el artículo
Sí. Hay varias pelis que me dejé en el tintero. La filmografía de Ford es extensa y, como siempre pasa, hay muchísimas cosas por contar. Como maticé (para evitar confusiones) se trata de un acercamiento muy personal a la figura y la obra de Ford.
Por otra parte, «El último hurra» no se cuenta entre mis predilectas. Abrazos y gracias.
Cuando los artistazos del cine patrio que padecemos se preguntan (más bien fingen preguntarse) por qué el cine español está en crisis, por qué ni dios desea ver tanta mediocridad, tanta falta de talento, tanta vulgaridad en las películas que hacen….¿a ninguno de ellos se le ocurre pensar en gente como Ford, que nunca presumió de artista, que sólo hacía películas porque era su negocio y no para epatar a la pseudo intelectualidad de la época, que jamás hizo política con su cine, que su obra respira verdad, belleza, originalidad y eternidad?
Creo que también influyó el hecho de que Ford trabajó en una industria consolidada y potentísima. La mejor, de hecho. En cambio, España siempre ha carecido de infraestructura de estudios.
Placido, El verdugo, Muerte de un ciclista, Bienvenido Mr. Marshall, Historias de la radio, Calle Mayor, El Sur, El espíritu de la colmenta…y tantas otras. Los medios no son los de América, obviamente, pero cuando hay talento dan igual los obstáculos. El arte prospera siempre independientemente de las dificultades. También Ford se tenía que ceñir a un presupuesto en sus rodajes, y sus películass no eran precisamente «Cleopatras» que pusieran a las productoras al borde del infarto. Las dificultades de aquí también son extrapolables a otros países europeos. Jordi, yo voy por un tema de actitudes: la seriedad y el rigor fordianos frente al ánimo de epatar y presuntuosidad de nuestros «artistas», el cine como producto de una sociedad libre frente al marasmo subvencionado, la discreción fordiana frente al autobombo complaciente, la solidaridad real y comprometida de su cine frente a las pegatinas y clichés pijiprogres, la cámara fija y los diálogos justos frente a la cutrez y mediocridad de nuestros guionistas y directores. Pero claro, ya saldrán ellos diciendo que la culpa es de Bush, de Aznar, de que las televisiones no se qué y demás historias…S2
Hay algunas excepciones. Pero compartimos panorámica del cine patrio. Abrazos.
¿Dónde hay que firmar? Porque suscribo visión del cine español palabra por palabra.
Un saludo.
Muy buen artículo. He disfrutado mucho leyéndolo.
No sabía quién era Ford pero de pequeña quería ser pelirroja, me encantaba tener mi lista negra como Will Danaher (todavía incluyo personas en ella, alivia mucha tensión), tarareaba la canción de esa taberna irlandesa de Innisfree y adoraba ese conjunto de magia hecho pelicula. Años más tarde seguía sin conocerlo pero tenía un gran dilema, me enamoraba de dos hombres totalmente opuestos, un hombre de leyes y un hombre de armas, incluso sentía una gran debilidad por un tercero, el Sr. Valance. Entonces no me interesaba mucho el nacimiento de una nación pero aprendí lo que es un acto de amor y que hay otro nivel superior para amar.
Luego llega un día que ves en pantalla grande Centauros del desierto y tienes que saber quién, cómo y dónde….
Muchas gracias Jordi, he disfrutado mucho con este articulo, parece que por fin me encaja este Ford con sus películas. No conseguía relacionar lo que veía y sentía, con lo que leía sobre el director. Me costaba unificar esa compleja personalidad con esos valores que defiende en el cine. Ahora entiendo mejor los sacrificios, las elecciones, el honor, la honestidad, la dignidad, la humildad……
Muchas gracias. Probaré lo de la lista negra a ver si verdaderamente alivia tensión ;-) Abrazos.
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Gràcies Jordi.
«…los tres mejores directores de la historia? John Ford, John Ford y John Ford»
Escueto y grande a la vez este acercamiento al más grande (junto a tres o cuatro más de mi particular Olimpo).
Este Ford era tan genial que consigue que un «pedazo de rojo», como se define el autor, y yo, que soy un «pedazo de facha» (bueno, dejémoslo en liberal), coincidamos en admirar apasionadamente su obra cinematográfica. Magnífico y completísimo artículo.
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Ford era genial, pero lo de «fué el más grande» es un topicazo típico de escuela de cine. Grandes hubo muchos.
Hitchcock y Renoir fueron superiores.
Estaba confundido: Creia que Ethan era hermano de la mujer que lo recibe al principio de la pelicula. En realidad es hermano de Aaron casado as su vez con Martha (eas mujer). Recomiendo el Blu-Ray de esta pelicula, yo la tengo en DVD pero en Blu-ray es extraordinaria, se siente hasta el olor de la arena.
«su infancia tiene el sabor irlandés que los Monty Python tan bien caricaturizaron en el Sentido de la vida. Prole numerosa, por imperativos papales, escasez y un acento áspero que delataba su procedencia»
¿Acento áspero? El acento irlandés es de todo menos áspero.
A mi me gustan tambien un par de peliculas que hizo de viejos jueces sureños, pacificos, sabios, y un poco de vuelta de todo. Estas peliculas no se las suele citar, pero a mi me parecen Ford en estado intimista y puro. Hizo dos: «El sol siempre brilla en Kentucky» y otra muy parecida, de la que no recuerdo el nombre. Pelis muy agradables tambien con momentos de humor del tipo del «Hombre tranquilo».
Fantástico reportaje sobre el más grande. Yo no tengo dudas al respecto, y con eso me sobra.
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A mí solo me gusta una película de John Ford y es Mogambo. Es la única que tiene un sentido del humor que me parece genial porque en las otras, su supuesto «humor» es para jiñarse.