Cine y TV

Buñuel en blanco y negro

un perro andaluz

Una monja cayendo al vacío por el hueco de un ascensor. Un leproso que baila el Mesías de Händel disfrazado de novia. Una niña arrastrando una sábana blanca por la calle vacía de un pueblo mejicano. Un maniquí deshaciéndose en un horno. Una mano cortada deslizándose por la alfombra. El guardabosques que dispara a su hijo porque le ha tirado un cigarrillo al suelo. La vieja pregonera de la muerte agitando una campanilla por la noche. La kilométrica monda de manzana que pela una mujer subida a una columna. Hormigas surgiendo de la palma de una mano. El marido celoso que mete una aguja por el ojo de la cerradura para cegar al supuesto mirón. La mujer con el dedo vendado de tanto masturbarse. Un grupo de amigos cenando en el escenario de un teatro. En mitad del desierto, una colegiala que juega al aro se convierte en una anciana desnuda de carnes colgadizas. A través de las ventanas de un autobús, bajo la lluvia, una pareja se abraza en lo alto de un desfiladero. La cabeza reducida de un indígena en la orilla de la playa. La mano sin dedos que acaricia un rostro. Un abeto incendiado cayendo por la ventana, seguido de un arzobispo, un caballete, una jirafa… etcétera.

Si el siglo XX fue, como dicen los semiólogos, el Siglo de la Imagen, Buñuel debería figurar como uno de los creadores de imágenes más fascinantes y geniales que han existido. Pocos como él han conseguido hacer del cine un instrumento de poesía tan poderoso, hipnótico e impactante. En una conferencia que impartió en 1958 en la Universidad de México —titulada, precisamente, El cine, instrumento de poesía—, Buñuel dijo: “El cine es un arma maravillosa y peligrosa si la maneja un espíritu libre. Es el mejor instrumento para expresar el mundo de los sueños, de las emociones, del instinto… El cine parece haberse inventado para expresar la vida subconsciente, que tan profundamente penetra por sus raíces”. La imagen inaugural (y más famosa) de su filmografía provenía, cómo no, de un sueño: una cuchilla de afeitar rasgando el globo de un ojo.

Hay una secuencia de Un perro andaluz que para mí simboliza a la perfección el misterio del arte: a cámara lenta, un hombre es abatido por los disparos de su doble; está en una habitación, pero su cuerpo se desploma fulminado en mitad de un parque arbolado, con la mano que desciende temblorosa por la espalda desnuda de una mujer sentada; el hombre cae al suelo, la mujer desaparece como un espectro y unos hombres que pasean por allí recogen el cadáver y se lo llevan en brazos (en una postura que recuerda al Descendimiento).

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4 comentarios

  1. Pingback: Buñuel en blanco y negro

  2. auro bernardi

    querìa profundizar es sentido que bergamìn da a la allocuciòn «surrealismo codorniù». simplemente: ?es un surrealismo heretico, un surr. superficial, un surr. de otro matices frente al de breton? ya que no conozco la obra de bergamìn (pero conozco muy bien la de bunuel y de lorca) no consigo colocar en su justo sentido su afirmaciòn. también por que la palabra «codorniù» no cabe in algùn diccionario de la lengua espanola
    gracias

  3. Catherine Deneuve salpicada de lodo, de prostituta ingenua…
    Otra imagen congelada en la retina.

    El final de Ángel Exterminador, genial.
    Ya hablar de Buñuel por si mismo, es surrealismo puro.

    No que esté mal por cierto.

  4. El autor del artículo escuchó campanas pero no sabe dónde. En un retrato la inventiva sobra, de hecho sobra el retrato con inventiva. ¿Seguirán creciendo con el paso de los años todos estos disparates sobre Buñuel? Hay que pensar que sí.
    Allá películas.

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