(Viene de la primera parte)
Amanece el viernes 19 de octubre de 1962; el mundo está a solamente unos días de que se pueda desencadenar una guerra entre las dos superpotencias que se disputan el control del planeta, una guerra que podría tener consecuencias catastróficas. Y sin embargo, apenas un puñado de personas tiene noticia de esta circunstancia: el Presidente estadounidense John F. Kennedy, el comité ejecutivo de emergencia (ExComm) que acaba de formar con miembros de su gobierno y los altos mandos de las fuerzas armadas, amén de un puñado de asesores. Nadie más lo sabe. En la URSS no sospechan nada, porque ni sus servicios de inteligencia se han percatado de que en EEUU suceda nada fuera de lo normal. Es más: hace un par de días que el Primer Ministro Nikita Kruschev recibió al embajador estadounidense en Moscú y, con tono ofendido, se desmarcó de los rumores que habían circulado durante el verano anterior, hablando de un supuesto traslado de armas atómicas a Cuba. Lo mismo acaba de hacer su Ministro de Asuntos Exteriores, Andrei Gromyko, que ha estado en Washington reunido con Kennedy. Los rusos lo niegan; los americanos saben que es mentira pero todavía no se han dado por enterados. Tienen que preparar su respuesta.
Todos los implicados hasta el momento —Kennedy y los miembros del ExComm— están de acuerdo en que la presencia de armamento nuclear ruso a ciento cincuenta kilómetros de su costa requiere algún tipo de acción y que pasarlo por alto no es una opción. El propio Presidente, pensando tanto en la seguridad del país como en su propia carrera política, ha decidido que quiere obligar a la URSS a retirar esos misiles. Lo único seguro es que no ha escuchado a los pocos que le han pedido buscar una vía diplomática “suave” o incluso abstenerse de actuar: Kennedy no piensa ignorar el asunto y dejar que los misiles permanezcan en Cuba. Eso sí, sabe que si da un mal paso el mundo puede encaminarse al desastre.
Viernes, 19 de octubre

Kennedy está cada vez más inclinado a decretar un bloqueo naval que impida a los soviéticos seguir llevando material atómico a la isla y que además sirva como medida de fuerza para intentar obligarles a que retiren el que ya tienen desplegado allí. No le gusta la opción de lanzar un ataque aéreo sin previo aviso para destruir las bases nucleares cubanas, pensando que tal acción desencadenaría una guerra. Entre algunos de los suyos, sin embargo, las ansias de batalla parecen no desvanecerse nunca. Esa misma mañana los jefes de Estado Mayor de Tierra, Mar y Aire se acercan al Presidente para mostrar —por enésima vez— su desacuerdo con la “débil” opción del bloqueo. Los máximos mandos militares del país insisten en que el ataque aéreo preventivo que destruya los misiles, seguido de una invasión de Cuba que impida a los soviéticos seguir utilizando la isla como posible plataforma de ataque, es la manera más rápida de eliminar la amenaza. Kennedy replica que los soviéticos responderían a esas acciones con otras equivalentes —siendo la más probable una invasión de Alemania occidental—, tras lo cual resultaría prácticamente inevitable una Tercera Guerra Mundial. Los generales no parecen preocupados por un conflicto bélico: aseguran que Moscú no se atreverá a usar su armamento nuclear. Aunque teniendo en cuenta lo que algunos de esos mismos generales estadounidenses pedirán más adelante, cabe preguntarse si no estarían deseando que Moscú apretase el gatillo atómico para poder hacer ellos lo mismo, sabiendo que tienen una enorme superioridad en ese campo. Pero no adelantemos acontecimientos.
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Pero el ‘mundo’ no pudo evitar que Don Pedro Ibargurengoltia Garcia, capitán, Don Javier Cabello Fernandez, segundo oficial y Don José Vaquero Iglesias, tercer maquinista, fueran asesinados a bordo del humilde carguero «Sierra Aránzazu» el 13 de Septiembre de 1962.
Como ya dije anteriormente, sería muy interesante también conocer la perspectiva soviética de todo este asunto desde el principio, con el posicionamiento de misiles estadounidenses en Turquía.
Magnìfico y sobrecogedor relato, ardo en deseos de leer la continuaciòn, felicitaciones al autor.
Me gusta mucho. Pero cuidado, que hay por ahí un Cutris LeMay. Que era animal, pero dudo que cutre.
Para estas cosas podríais poner a disposición de vuestros lectores un pequeño email, así las erratas se comentan en privado y se solucionan, creo que queda mejor.
no tengo idea como me entero de esto recien ahora que tengo 35
Enhorabuena por el artículo. Le has metido un ritmo y una intensidad que te meten en la situación y transmiten perfectamente cómo se vive el día a día en momento como ese. Además, es muy productivo para ver los pasos que hay que dar para tomar cualquier decisión.
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