Arte y Letras Historia

Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (II)

Hitler con Franco

(Viene de la primera parte)

2. El rey ha muerto ¡Viva el rey! (España 1936-¿?)

La Guerra Civil merece un artículo aparte. Aquí nos interesa una consecuencia política: la desaparición de la Falange y del carlismo y la acumulación de todo el poder por parte de Franco.

¿Desaparición de la Falange y del carlismo? Sí. Eso he dicho. La Falange fue flor de un día. Tuvo su momento de gloria en los primeros momentos de la Guerra Civil. Luego le pasó lo mismo que a los carlistas, a los monárquicos, a los políticos de la CEDA, a la derecha de toda la vida: se los tragó Franco. Los engulló literalmente. Los fagocitó y desnaturalizó. Los borró del mapa. Algunos sin resistencia. Otros porque no tenían más remedio. Otros a la fuerza. Al final todos acabaron marcando el paso de Franco, bailando su macabro pero bien organizado pasodoble. En eso el mérito no fue solo de Franco, desde luego, sino de algunos muy leales colaboradores, como Serrano Suñer. Pero Franco fue el que se llevó los aplausos y el premio gordo.

Sanjurjo y Mola se mataron convenientemente en un avión. (¡Cuidado!, no digo que Franco los matara, digo que le vino de perlas que ocurrieran esos accidentes). Los rojos le hicieron el favor de fusilar (pero sobre todo de tener retenido) a José Antonio Primo de Rivera. Luego Franco metió en la cárcel a Manuel Hedilla, su sucesor (pero no sin antes haber intentado que la Falange no conociera el destino de su líder, para tenerla inmovilizada, “a la espera”). Para completar la jugada, impuso un nuevo jefe (el más mediocre y manejable que encontró, según Dionisio Ridruejo) y corrompió a todos los que pudo. Con los cuadros de mando bajo control, las bases eran totalmente inofensivas. Pese a todo algunos prominentes falangistas protestaron y le plantaron cara, como el ya citado Dionisio Ridruejo, que se atrevió a decir que la Falange era una simple marioneta y que el régimen “ya solo sobrevivía como tinglado” (y eso que estábamos aún a principios de los años 40: el tinglado iba a dar mucho de sí…).

Con los carlistas hizo algo parecido. No fueron un enemigo tan poderoso como la Falange. Casi bastó con desterrar a su jefe: Fal Conde. La mayoría de sus cabecillas abandonaron pronto sus reivindicaciones políticas. Todas ellas. Y lo mismo pasó con la inmensa mayoría de los monárquicos. El rey estaba muy lejos. En suiza. El que les había salvado el cuello era Franco. Y mejor Franco que Stalin, desde luego, eso ni se discutía. Franco había salvado, de paso, al país entero. ¿Cómo no iban a estarle agradecidos?

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17 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (I)

  2. A propósito de Arrese (y los fundamentos)
    http://www.youtube.com/watch?v=E6VMM3nyMEs

  3. debería usted precisar cuales son los estados que usted conoce en los que su cuerpo legislativo reconoce a los ciudadanos la prerogativa de «asociarse para fines ilícitos»

    …y en cualquier caso señor Vila, cuide usted la síntasis, de la que su artículo adolece recurrentemente

  4. Buen artículo. Tan claro y ameno como el primero.
    Y ya que veo el comentario de viruela… Yo conozco el caso, ya en los años 60, de un grupo de Scouts que estaban de acampada tranquilamente en el monte y la guardia civil los detuvo a todos, porque aquello «no les pareció correcto». El problema, creo yo, no es que no se permita los fines «ilícitos», porque, si es una banda de criminales, me parece muy bien que no se les permita reunirse, pero ¿Quien dice que fines son lícitos y cuales son ilícitos. Me parece a mí, es mi opinión, que para la policía y para el estado, en esa época, casi todo era ilícito. Vamos, creo yo…

    • en el caso que usted comenta, Vero35, la guardia civil no aplica la ley sino que comete un abuso de poder inducido por la impunidad de su actuación (tambien hemos hecho la mili y sabemos de esto)… sin embargo y en el plano teórico, en todo estado verdaderamente democrático, la policía actua de oficio ante cualquier asociación con fines ilícitos, siendo la ilicitud una derivada del cuerpo penal en vigor

      • Creo que lo que el autor quiere decir es que, dado el carácter asfixiante de la normativa impuesta, hay poco margen para reuniones lícitas, sobretodo si el fin de éstas es de naturaleza política. Una aparente libertad carente de fundamento.

        • alfonso vila

          Hola.

          Primero, gracias por leerme, como digo siempre.
          Segundo. Creo que es necesario zanjar este debate.
          Yo he visto unas cuantas leyes y constituciones verdaderamente democráticas y no van con matices, no ponen «sí, pero…». Si empiezan a matizar, malo… En las leyes verdaderamente democráticas vale con poner a secas «se da el derecho de reunión y de opinión», y con eso basta. Pues es evidente que a los delincuentes y terroristas no se les va a dejar reunirse (o se va a intentar impedírselo), ni tampoco van a pedir permiso oficial para constituir «la asociación de delincuentes de la Vega Baja», por poner un ejemplo. Los que sí van a solicitar permiso oficial son los estudiantes, los profesores, los trabajadores, los escritores, los músicos, y estas asociaciones (si se quieren hacer legales: otra cosa es actuar clandestinamente) no se van a permitir, o si se permiten, se van a mirar con lupa y mediante «agentes infiltrados». Recuerdo a algunos profesores de la universidad que decían que el Régimen les «toleraba» una cierta disidencia (aunque ellos sabían que había policías de paisano en sus clases), para así dar una imagen de tolerancia y de falsa democracia propagandística. Y eso les venía muy bien de cara al exterior…
          En ese sentido me gustó mucho lo que dijo Llach una vez en un concierto, a finales del Franquismo. «Ahora que me dejan cantar «La estaca» no voy a cantarla, pues no quiero seguirle el juego al poder ni ser cómplice de esta falsa apertura». Y no la cantó. Se quedó tan ancho…

  5. Pingback: Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos (II)

  6. Podías haber contado más sobre los chanchullos de Franco. O de como se mataba a algunos burgueses con la excusa de republicanos para luego quedarse con sus fábricas. Pero en general un buen artículo.

  7. Interesante esta segunda parte. Tan clara y tan directa como la primera. Me gusta que el autor vaya al grano. Se hace fácil de leer. Y aporta ideas interesantes. Y queda esa pregunta que nadie responde.

    • Muy buenos artículos que no hace sino ahondar en la tristeza de las oportunidades perdidas y explicar el retraso de siglos que no se resuelve del todo en 35 años de democracia.

      En cuanto a la pregunta, que yo me he hecho también en la intimidad, creo que la «pasta» es la misma. Las circunstancias son otras y ahí está el quid de la cuestión. La transición demandaba heroísmo y sacrificio personal. Los héroes de la traición como los llamó Javier Cercas en su libro Anatomía de un Instante.

      El momento actual, con los grandes temas ya resueltos (legalidad del Estado, entrada en Europa, papel constitucional del ejército, terrorismo prácticamente desaparecido, etc) es aburrido, como dijo Felipe González en una entrevista. Ya no quedan grandes batallas ni grandes gestas y los años de bienestar económico han desalojado una cantidad equivalente de ideología (idealismo si se quiere) y de entusiasmo. Estas circunstancias han sido aprovechadas por una horda de chorizos que han esquilmado al país, y/o que han dejado desmontar todas las barreras de protección en aras de un neoliberalismo desenfrenado, que es el origen de muchos de nuestros males actuales.

      • Valiente liberalismo ese en el que las empresas tributan más que en Suecia, paradigma de la socialdemocracia.

  8. gerardgarbla

    Me tienen harto todos estos historiadores que pretenden que me crea que el senyor Suarez y su Majestad el Rey son heroes que salvaron mi porvenir. Ambos tontos no eran, y una cosa estava clara entonces: Europa o nos hundimos. Recomiendo la lectura de los libros Dictadura y Monarquia en Espanya de Bernat Muniesa.

    • Tienes razón. Hay más personajes interesantes en la Transición. Pero creo que es imposible hacer un artículo de estas características sin hablar del rey y de Suarez. Así que estoy con el autor.

  9. Pingback: Sanchista desarrollo legal | El Quicio de la Mancebía [EQM]

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