Londres: once lugares donde ser feliz

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[Extraídos del libro Ciudades en fragmento, VII Premio Internacional de Literatura de Viajes Ciudad de Benicàssim. Impronta Editorial, 2012]

Londres, para mí, es la ciudad. La ciudad por antonomasia. Quizá solo Nueva York pudiera arrebatarle ese título. Nueva York ha sido la capital indiscutible del siglo XX, como París lo fue del XIX, pero Londres es la ciudad incombustible de una época más amplia, milenaria e inacabada, pues se reinventa periódicamente, sin descanso.

Londres es un caótico laberinto de piedra, carne y vísceras. Una enorme maquinaria de producción y consumo. Un caleidoscopio de razas, lenguas y culturas. Un cuerpo gigante de insaciable voracidad, de permanente locura, en continuo cambio y expansión. Londres puede aplastar el alma de los pobres, de los fracasados, de los débiles, a quienes sacrifica para engordar su leyenda. Puede ser devastada por un gran incendio en menos de tres días, o erigirse en el todopoderoso corazón de un Imperio usurero, o resistir un salvaje y prolongado bombardeo casi sin pestañear. Puede ser avara, generosa, cruel, valiente…

Londres es la ciudad del pasado, del presente y del futuro. Londres es todas las ciudades en una, tanto en el espacio (los distintos barrios) como en el tiempo (los diferentes momentos). Y en un mismo lugar, en un mismo instante, confluyen muchas épocas, que se superponen, se contaminan, se disgregan. Palimpsesto de la historia de los hombres, T. S. Eliot dijo de ella que era una “ciudad irreal” y Wordsworth que no podía haber nada más bello en la Tierra.

Londres no enamora a primera vista, no seduce con los amaños de lo portentoso, sino que se te va metiendo en la sangre lentamente, con irreversible fatalidad, como una droga paciente, despiadada, parsimoniosa. El doctor Johnson lo supo condensar, con fina inteligencia, en un aforismo inapelable: “Cuando un hombre está cansado de Londres es que está cansado de la vida”.

Los parques, los museos, las librerías, los pubs, los squares, el primer asiento del piso de arriba del autobús… Si no te gusta Londres, háztelo mirar, porque quizás estés muerto.

1. Sir John Soane’s Museum

Uno de mis lugares preferidos de Londres es el Sir John Soane’s Museum, situado en Lincoln’s Inn Fields, cerca del metro de Holborn. Quizá puede llegar a resultar demasiado extravagante, tenebroso y hasta tétrico (sobre todo en las candle nights, las visitas a la luz de los candelabros que se celebran el primer martes de cada mes), pero tiene algo muy especial que reconforta el espíritu. Una vez que lo has visitado, no puedes dejar de volver.

Sir John Soane (1753-1837) fue un arquitecto de estilo neoclásico, coleccionista compulsivo y rapsoda de la luz, amigo del pintor Turner. Dejando a un lado el diseño del Banco de Inglaterra y la Dulwich Picture Gallery, su obra más importante es esta casa-museo que erigió a principios del siglo XIX uniendo y reformando los números 12, 13 y 14 de Lincoln’s Inn Fields. Sucesivamente estudio, hogar y museo, Soane fue guardando en esta casa todas las obras de arte que iba recopilando por el mundo: cuadros, grabados, estatuas, sarcófagos, urnas funerarias, libros, muebles, vasijas, medallones, dibujos, acuarelas… Los últimos veinte años de su vida los pasó encerrado en una alucinación coleccionista, solo y enloquecido, rememorando a su mujer muerta.

Accede uno a la casa por una estrecha entrada de paredes oscuras, donde una amable señora te guarda el abrigo y la mochila. A mano izquierda, una magnífica escalera voladiza —con barandilla de hierro forjado— parece retorcerse en el vacío y comunica con los otros pisos. A mano derecha, la habitación más grande de la casa, que cumplía una doble función: biblioteca y comedor. Resaltan las paredes de color rojo pompeyano. Una hilera de sillas, dos sillones granates, un diván, un reposapiés, la mesa de comedor, un aparador. El juego de los espejos convexos en las esquinas multiplica las perspectivas del espacio como en una pirueta de metafísica borgiana. Ojos de pez que por la noche, cuando Soane encendía las velas, convertían la estancia en un reluciente estuche de cristal.

La llamada Sala del Monje y la Cripta Egipcia son las dos zonas más lóbregas del museo. Al final de las escaleras que bajan al sótano nos saluda la máscara mortuoria de una famosa actriz de la época. Entramos entonces en una especie de celebración gnóstica de la muerte. La iluminación cenital servida por las claraboyas del techo baña los objetos con una suerte de pátina mística. Cristales, colores y alturas terminan de configurar la impresión de irrealidad en el ánimo del visitante. Una cúpula —más bien una linterna cónica que se abre en el techo circular— se eleva sobre una balaustrada y proyecta diversos matices de luz y sombra sobre los mármoles.

De las innumerables obras de arte que abarrotan el museo, destacan un cuadro de Turner, dos vistas venecianas de Canaletto, los grabados romanos de Piranesi, el sarcófago del faraón Seti I y una maqueta del Templo de Vesta de Tívoli.

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2. The Round Pond

Las nubes deshilachadas, los árboles reflejados en el lago, el césped, los cisnes, las ardillas, las bicicletas, los balones de fútbol, las mujeres paseando, los niños corriendo. Cada varios minutos un avión atraviesa la aguja de la iglesia de St. Mary Abbots, a espaldas del palacio de Kensington. Puedes seguir su rumbo en el cielo hasta que se borre en la lejanía. Puedes leer un libro, escribir en el cuaderno o tomar un sándwich. Puedes acordarte de la gente que te acompaña, de la que no ha venido, de la que ya no está. Puedes cerrar los ojos y dormitar un poco. Da igual que te tumbes en el suelo, entre las plumas de los gansos, o que te sientes en una de las hamacas de rayas verdes y blancas. Cuando vuelvas en ti ya se estará haciendo de noche y notarás un soplo de frío en los huesos. Sin apenas darte cuenta, de manera pausada, leve, pero honda, habrás sobrevolado el atardecer, que, como decía Tiziano, es la hora de la pintura.

3. El Waterstone´s de Picadilly Street

Si el paraíso, como decía Borges, es una inmensa biblioteca, el Waterstone’s de Picadilly Street debe de ser al menos una de sus sucursales. Y si el acceso a sus libros fuese libre y gratuito, entonces sería directamente la Casa de Dios. Me paso dos horas hojeando libros. Empiezo por el último piso y voy bajando, lentamente. Termino atontado, agotadísimo, sin saber qué comprar de tantas cosas como he visto. En el caos de la sobreabundancia se me olvidan todos los títulos imprescindibles que había encontrado. Para descansar la vista de tanta letra impresa, se recomienda contemplar la panorámica desde los ventanales de la cafetería del quinto piso.

4. Hampstead Heath

La primera vez que entré en Hampstead Heath me perdí en uno de sus bosques. Cuando, ya totalmente desorientado, me empezaba a inquietar y fantaseaba con quedarme dando vueltas en círculo hasta el fin de los tiempos, tuve la suerte de cruzarme con una pareja de ancianos, que supieron indicarme amablemente la salida del laberinto. Había accedido al parque por el Vale of Health, cerca de la casa de Keats, y me senté frente al estanque que hay a la entrada a tomarme unos sándwiches de M&S. Las casas se reflejaban en el agua, y quizás en el agua se reflejara la envidia que me daban quienes vivieran en ellas. Después me interné en el bosque y seguí y seguí… hasta que no sabía dónde estaba ni hacia dónde debía dirigir mis pasos.

En Hampstead Heath hay muchos lagos, animales, árboles. Enormes troncos tumbados, desgajados del suelo por siglos de viento y lluvia, dejan ver sus negras raíces carcomidas, como un hongo fabuloso. Tampoco faltan los niños haciendo volar sus cometas, ni los ciclistas sufriendo en las cuestas más empinadas. Lo más probable es andar en permanente extravío, a la deriva, siguiendo las contradictorias indicaciones de los lugareños, pues no hay señales ni carteles que indiquen las direcciones. Cuando llegas a Kenwood House ya te puedes sentir a salvo.

Desde lo alto de la colina del Parlamento se ve todo Londres. Puedes sentarte en un banco y dejar que pasen las horas muertas. La franja de sombra proyectada por las nubes va recorriendo la ciudad como un gran negativo fotográfico.

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5. Kyoto Gardens

Buscas el nirvana en la pequeña cascada de los Kyoto Gardens, en las piedras que se reflejan en el estanque, en la espuma que dibuja mandalas sobre la superficie… Esquemas del macrocosmos y el microcosmos, que diría un budista zen. Un poco más allá puedes saludar a la estatua sedente de Lord Holland, que le dio nombre al parque. Puedes tumbarte en el césped a dormir la siesta o sentarte en un banco a leer el Times. Un grupo de niños corre detrás de un pavo real gritando ¡Peacock, Peacock!

6. Leadenhall Market

Cuadros, cerveza, comida variada, yuppies, limpiabotas… Ella con sus zapatos de tacón brillantes, las medias negras, el pelo a lo garçon, el bolso cuadrado colgando de la mano y el traje de chaqueta negro con la falda apretada al culo. Ellos arremangados ante sus platos de sushi, o de noodles, o de pasta, sentados en las sillas metálicas, rodeados por camareros con delantal y corbata. En una mesa se venden láminas y cuadros futuristas. En los carteles de pizarra se anuncian los distintos tipos de cerveza o los menús del día, escritos a tiza con letra infantil. Un joven que espera en la cola del limpiabotas gestiona por el móvil una última transacción bursátil.

7. Cavendish Square

Huyes del tumulto consumista de Oxford Street, o vienes caminando desde la zona norte, y llegas a Cavendish Square con el tesoro de un nuevo libro bajo el brazo. Te tumbas en el césped, preferiblemente en la zona de sol y sombra, y miras las nubes esponjosas entre las ramas de los árboles, que se mueven a intervalos de viento. Escuchas las animadas conversaciones de los estudiantes, le das un trago al zumo de naranja, te sumerges en las páginas de una novela… Es una maravillosa sensación de paz, de equilibrio, de que todo encaja, de que estás en el lugar al que perteneces. Usarías la palabra “felicidad” si no fuese una moneda tan gastada.

Las briznas verdes que pinchan la piel, la bolsa de plástico de Sainsbury’s, las páginas en blanco del cuaderno. Lo estás viendo todo en este preciso instante: pasa el oficinista con su traje refinado, una pareja se acaricia junto a los arbustos, una mujer le da el biberón a su hijo en un banco, la estatua de George Bentinck sujeta su capa con la mano izquierda… Eres testigo del milagro, pero no te sientes capaz de nombrarlo. El lenguaje no alcanza, no sirve, no llega.

Cavendish Square: un oasis de quietud en medio de la vorágine.

8. El pub The George

Salgo a la puerta del pub a fumarme un cigarro con la segunda pinta de London Pride en la mano. Brillan las luces. Al fondo de la calle, el arco iris. Pasan las bicicletas borrosas, los coches, los autobuses, la gente. No se puede pedir más.

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9. La cafetería de la Tate Modern

Lo mejor de la Tate Modern está en la cafetería del último piso, donde nos sentamos un rato a disfrutar de las vistas. Siempre que vengo salgo espantado de alguna de las exposiciones. Me pierdo por varias salas, desconcertado pero sin perder la esperanza. Lo que más me gustó de la Modern fue ver hace varios años Un perro andaluz en una sala oscura. No era la primera vez que veía el cortometraje de Buñuel y Dalí, pero salí con una mirada diferente a la que tenía antes de entrar. Londres adquirió otra textura.

10. La casa-museo de Thomas Carlyle

Arvor me pregunta quién es Carlyle. Un escritor, le digo; creo que sobre todo historiador y ensayista. Es lo único que sé de él. Recuerdo haber hojeado hace años su ensayo De los héroes en una edición antigua de la biblioteca de mi padre. También sé que Borges lo menciona mucho. Y que escribió un libro muy raro titulado Sartor Resartus. Nada más.

Nos gusta la casa. Es curiosa. Se ven los muebles y la atmósfera de la época. De entre los objetos personales de Carlyle, lo que más nos llama la atención es el gorro de fumar. No sabíamos que existiese algo así. Se supone que se lo ponían en esa época para evitar que el pelo cogiese olor a tabaco. Eso es porque eran muy finos… o unos guarros que no se lavaban.

El gorro de fumar está en una vitrina, junto a una pipa larga y estilizada. En una de las fotos Carlyle sale con él puesto. Tiene un aire a la barretina de los catalanes.

En la casa le dan mucho bombo a la señora de Carlyle. Casi más que al marido, el supuesto famoso. Se nota a la legua quién mandaba de puertas adentro. La figura de Carlyle, el ínclito historiador victoriano, el serio erudito de los héroes y de la Revolución Francesa, se nos empieza a aparecer un poco calzonazos. Lo confirma una de las bedeles cuando nos confiesa que Carlyle se ponía el gorro de fumar no tanto por coquetería sino para evitar que su bendita esposa supiese que había estado fumando. A partir de ahora, si alguna vez leo algo de Carlyle, no podré evitar imaginármelo con el gorro, fumando a escondidas, temeroso de que le pille su esposa.

Una de las fotos de Carlyle sentado en el jardín de su casa es la exacta representación de un fantasma.

11. Hoxton Square

Lugar de moda de los bohemios pijos, aspirantes a artistas que tienen mucho dentro que expresar. En un lado de la plaza está la galería de arte White Cube, famosa por representar a buena parte del movimiento de los Young British Artists de los años noventa. Hay varios locales. Percibo mucha pose. La hamburguesa está buena; las patatas y la cerveza también. A la luz de las velas parecemos fantasmas. Nos hallamos en el barrio de Hackney, territorio sagrado de Iain Sinclair.

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Fotografía: Ernesto Baltar

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42 comentarios

  • Preciosas fotos!! La próxima vez tengo que ir al museo Soane, tiene muy buena pinta…
    A mí sí me gustaron las exposiciones que vi en la Tate.
    Saludos.

  • Buena selección, aunque las vistas de la cafetería de la Tate se me atragantan con el barullo insufrible y los excesivos precios.

  • Estoy muerto. No me gusta Londres. Para mí, la ciudad más sobrevalorada de la tierra. Está llena de gente fea y es carísima.
    En Europa, me quedo con París, Berlín y, por supuesto, Madrid.
    Aun así, me gustaría morir en Venecia.

  • Hampstead es un barrio maravilloso que ha sido y es hogar de directores de cine y fotografía, pintores, dibujantes y poetas. Si váis a Londres y contratáis un “LondonWalks” (muy recomendables todos! http://www.walks.com/ ) Hampstead Village IS A MUST.

    • Viví dos años en Golders Green y solía correr por Hampstead Heath. Obligada visita por el barrio y si hay tiempo no dejéis de ver una película en los cines de al lado de la tube station. Otro paseo por Greenwich es una experiencia fuera de los circuitos habituales de lo más recomendable

  • Creo que Hampstead Heath y Holland Park son dos de mis lugares favoritos de Londres, principalmente porque no los recomiendan todas las guías…

    Gran paseo por el Londres menos turístico!! Enhorabuena al autor!

    • Holland Park es una joya. En verano hay ópera minimalista al aire libre. Yo estuve en Il Trovatore un verano y cayó una tormenta de verdad a la vez que en el escenario. Cosas que pasan en Londres.

  • Es curioso cómo habitualmente cuando alguien da una visión personal sobre lo que más le gusta de una macro urbe (y no es una crítica sino una reflexión, de hecho resido en una de ellas sin excesiva queja), suele comenzar lanzando grandes magnitudes, La Ciudad por excelencia!, enorme maquinaria, caleidoscopio de razas, oferta infinita, etc… para, a continuación, detallar una serie de lugares recogidos, verdes, tranquilos, humanos, un parquecito, una plazuela bohemia, una pequeña casa museo no muy frecuentada, una librería con encanto… lugares, en suma, en los que refugiarse y ESCAPAR durante un rato de lo que la megaciudad normalmente te proporciona en tu día a día, tráfico infernal, aglomeración, ruido, caos y stress

  • Gracias por los comentarios.
    Tiene ud. razón, Jaunzuria. Al final uno busca sus pequeños lugares para escapar del lío.
    Por supuesto, son muchos más de los que están aquí. Hay que escoger. En el libro salen más. Algunos de ellos son personales e intransferibles, porque van unidos a determinadas experiencias o recuerdos.
    Se han quedado fuera de esta lista muchos sitios que me encantan: museos como The Wallace Collection (aparte de la National Gallery, el British Museum o la Tate Britain), parques como Regents o Richmond, librerías como Hatchards o las de viejo de Charing Cross, pubs como The Princess Louise o The Churchill Arms, squares como Russell o Sloane, etc, etc, etc.
    La lista sería infinita.

  • Discrepo de Jaunzuria. Esos sitios nos gustan por que están en Londres. Esos mismos sitios en medio del campo no nos gustarían.

    Londres es vida: desorden, orden, ruido, tranquilidad, gente, parques, … ese es su encanto. Londres es todo.

    Juan, cuando en uno de esos viajes Londres te atrape y te enamore (seguro que lo hará, siempre lo hace) te vendrá a la memoria la frase que has escrito …

    Son infinitos los rincones de Londres y es difícil elegir uno de ellos. Pero el museo Soane es un buen lugar donde empezar a saborear Londres …

    “It contains every wish of word ever spoken, every action or gesture ever made, every harsh or noble statement ever expressed. It is illimitable. It is Infinite London”. Peter Ackroyd.

  • Londres es magia, un tanto oscura, pero magia.

  • Osea, Londres mola si vas de vacaciones.

  • Desde luego, Londres es una ciudad durísima para ir a ganarse a la vida. Puede acabar con la moral de cualquiera, pero el que resiste gana.
    Las ciudades son estados de ánimo, y Londres suele moverse en los extremos: de la felicidad más sublime a la total desesperación.
    Está claro: no es lo mismo ir a Londres de vacaciones y hospedarse en una zona céntrica, que vivir en un suburbio a más de una hora de Victoria Station y trabajar mil horas por un sueldo que se va en el alquiler. Es lo que tienen las ciudades caras… Y si hay chinches en la moqueta o en el colchón, quizá es mejor tomar el primer EasyJet y volverte a tu pueblo.
    En cualquier caso, creo que Londres necesita un tiempo largo para empezar a sentir su droga, o sea que tendrían que ser unas vacaciones muy prolongadas. Difícil.

  • Un buen motivo para dejarse ver por Londres…nunca he estado pero la guia que has dejado es lo suficientemente estimulante como para no dejarse llevar por esa ciudad mitad Sodoma y Gomorra,mitad locura de Piranesi incendiada.

  • Espero ir algún día.

  • Londres es fenomenal para todo, incluso para vivir e incluso sin un duro. Viví en Londres unos años a finales del siglo pasado, era estudiante y pobre como las ratas…y fui tremendamente feliz. Londres tiene tanto para hacer y para vivir que es imposible acabarsela.

  • Vivir en Londres no es facil: hace falta tener un sueldo medianamente decente y una casa o habitación acogedora. Ambas cosas no son faciles de conseguir, más ahora hoy en día con tantisimos inmigrantes de toda Europa y parte del mundo llegando en oleadas, pero aún así merece la pena intentarlo. Consejo: intentar vivir cerca del trabajo, y cuando digo cerca, que sea posible hacer el trayecto en autobús. El metro de Londres tiene un encanto indiscutible, pero cogerlo cada día es una invitación a acabar odiando la ciudad tarde o temprano.

  • En mis primeros meses en Londres me sentía como Mario Bros, me metía en el tube y aparecía en cualquier otra parte de la ciudad… Luego empecé a descubrirla por fuera, trayectos de parte a parte. Combina el bullicio y la tranquilidad. No te la acabas.

  • Muy buenos sitios. Por cierto, de pubs llamados “The George” hay un montón. ¿Se refiere usted al de Wardour con D’Arblay, en el Soho?
    Por mi parte le recomiendo el Coach & Horses de Greek St, el Zetland Arms de Old Brompton Road y, especialmente, The Ten Bells, de Commercial con Fournier.

  • Pacou, mientras tenga cerveza cualquier The George es válido :D
    Frente a las Royal Courts of Justice hay uno muy antiguo y agradable. Y un detalle especial (esto ya es descubrir todos los secretos): asómate al callejón por la puerta trasera. Es una de mis imágenes preferidas de Londres.

  • Si alguien tiene la suerte de encontrarse en Londres durante un soleado y cálido día, que no pierda el tiempo viendo tiendas o cerveceando en pubs. Que coja una mantita, una cesta bien surtida de bocatas y se vaya cuanto antes a lo alto de Primrose Hill, justo al norte de Regent´s Park, cerquita de Camdem Town. Las mejores vistas de la ciudad sin duda. Como en las playas del mediterraneo, los mejores espacios se agotan.

    • Si lo encuentra lleno puede acercarse a Greenwich Park y subir a la colina del observatorio para el picnic y las vistas.
      Y luego darse un paseo hasta Blackheath y comer en el mejor restaurante del mundo mundial (para los carnivoros) el Buenos Aires.

  • Viví en Londres 4 años y me bastó. Ahora voy 3-4 veces al año a casa de un amigo, y lo disfruto el doble, sin hacer grandes cosas, una pinta en el pub de al lado, salir a correr al common, ir a alguna iglesia a algún concierto … Mi ciudad preferida en Europa es Nápoles. Y mucha egnte la considera una mierda. Y puede que sea cierto. Pero qué puede hacer uno …

  • En cuanto a librerías prefiero Foyles. O la European Bookshop para libros en español. Aunque ese Waterstone’s que comentas viene bien para mear.

  • Estoy de acuerdo, Ale_. Las cestas de mimbre y las vistas desde Primrose Hill también salen en el libro. ;D
    Alex, las ofertas de clásicos del Foyles de Charing Cross…

  • O sea, que si he entendido bien, la única vez que te gustó la Tate Modern fue la vez que se españolizó gracias al “Perro Andaluz”. Te ha quedado del nivel de los anuncios de San Miguel, que donde va, todo lo vuelve faralaes, flamencorro y la roja.

  • Está claro que no has querido entender bien, LA.

  • Una de las principales razones por las que Londres es tan especial es que aun sigue organizada como un conjunto de pequenhos pueblos en lugar de como una macrociudad. Otra son la infinidad de parques que tiene, estan por todas partes. Ya se han nombrado alguno de los rincones algo menos turisticos, otros serian Richmond, Chiswick, Dulwich…muchisimo que conocer. Y hay muy buenos sitios para comer por menos de £15, pero hay que saber donde ir. http://dokodemodoorblog.com/category/londres/

  • Gracias por el artículo. Vivo en Londinium desde 2002: lo nuestro es una historia de amor. Vine al UK en 1997, y mis momentos duros, mis noches sin dormir fueron en la Inglaterra profunda, no aquí. Dos comentarios:

    El Waterstone´s de Picadilly creo q es la librería más grande de Europa (para mí, no hay como aquella de Maastrich q es una conversión de una iglesia, matando así dos pájaros de un tiro)… hablo de ella y de Charing Cross Road (la calle de las librerías) aquí:“Has besado alguna vez un libro?”

    Hampstead es el sitio donde viviría si pudiera elegir. Al ser la ciudad tan plana, con cualquier elevación te vienes arriba… el sábado estuve en su imagen especular al sur del río, en Forest Hill… cosas extrañas que pasan en los cafés de Londinium…

    Lo que cuentas de Cavendish Sq yo lo tengo con el secreto mejor guardado… se llama “Mount Street Gardens”, para mí uno de los lugares mágicos de la ciudad.

    Y para terminar, Brixton Village… esto hay que verlo antes de que los cafés con ladrillo caravista y panaderías orgánicas se lo carguen. Gentrificación de libro de texto.

    Boris Johnson no me da comisión. Londinium es mi lugar en el mundo,

    Salud

    di
    divagandodivagando/londinium

  • Si eres un gafapastas es tu ciudad,pero no le llamen Londres,para ser mas cool es London,

  • Londres también es la capital europea del fútbol, deporte muy arraigado a ella, con casi una decena de equipos… Que no haya puesto ni un solo sitio relacionado con ese deporte me parece mal. Hblar de Londres es hablar de fútbol también

  • Saint Bartholomew the great, Kensigton Church walk, amo las pequeñas librerias del Bloomsbury, y Eaton Square son otros de mis lugares preferidos.

    Para mi la ciudad por excelencia es New York, pero amo el romanticismo que tiene Paris.

  • Hola Ernesto Baltar ¿De quien es la fotografia del cisne? me gusta mucho.

  • Hola Patricia. Todas las fotos que aparecen en este artículo son mías.
    Me alegro de que te guste.
    Saludos.

  • Sin duda, me quedo con esta frase: “Si no te gusta Londres, háztelo mirar, porque quizás estés muerto.”

    No podría estar más de acuerdo con esta descripción de Londres porque es lo que he sentido entorno a esta ciudad desde que la visité por primera vez. Además, con este artículo he encontrado un par de sitios nuevos por visitar, así que muchas gracias.

    P.D: Las fotos son simplemente geniales.

    Un saludo.

  • A ver si os gusta mi artículo sobre los mejores parques de Londres: http://untiroalaire.wordpress.com/2012/07/19/mis-parques-de-londres/

  • A los 22 años pasé varios meses en Londres con un trabajo de mierda. La amo.

  • Londres es así, o la amas o la odia, no hay nadie a quien deje indiferente…vamos yo aún no he conocido a nadie que me diga pffff pichi-pichí!! jajaja

    También es cierto que sólo hace tres meses que aterricé por aquí, y he descubierto varios de esos sitios que mencionas yo solita <3

    Pero mi siguiente parada va a ser la librería esa de la que hablas, se están perdiendo los gustos por las cosas que realmente valen la pena, el olor del libro al abrirlo, el sonido de las paginas al pasarlas, el cómo se te cansa la muñeca y tienes que cambiar de mano, e incluso las texturas de los papeles antiguos y amarillentos…Ains, sigo siendo una romántica, incluso sigo mandando cartas!! jajaja

    Me ha gustado mucho tu estilo, y parece que tenemos gustos muy parecidos… me encantaría que esta ciudad, algún día, me empujase a sentarme en la mesa contigua a tí y entablar una conversación, sino siempre puedes visitar mi blog, y si te apetece forzar esa situación ;)

    Chuuuuu!!

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