Enric Gónzalez: La construcción de un hombre

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jacobs y herge

Releo regularmente las aventuras de Tintín desde hace más de 40 años. Y en los últimos tiempos me procuran, además de placer, una leve sensación de desasosiego. Transpiran una ausencia. ¿Dónde está el autor? Georges Remi, Hergé, vuelca en los álbumes algunas de sus obsesiones (la pureza, la amistad) y unos cuantos prejuicios ideológicos, como el antisemitismo, especialmente en las primeras obras. Pero permanece oculto tras el protagonista, Tintín, un ser sin pasado ni futuro, sin familia, sin otra ambición vital que saltar de aventura en aventura.

La humanidad se reserva para el otro gran personaje de la serie, el capitán Haddock. El capitán incorpora de forma gradual las características del hombre que más ayudó a Hergé, tanto en lo personal (quizá le salvó la vida cuando tras la liberación de Bélgica hubo algún intento de linchar al dibujante por colaboracionismo con los nazis) como en lo profesional (incorporó el color, incrementó el dinamismo y aportó muchas de las anécdotas que animan los guiones). La humanidad de la serie es la de Edgar P. Jacobs, la única persona que podría haber firmado los álbumes junto a Hergé. Eso no ocurrió, por más que Jacobs lo pidiera, porque Hergé poseía un agudo sentido del patrimonio. Y porque Tintín era suyo, claro.

Jacobs nació en Bruselas en 1904, tres años antes que Hergé. Su vocación era la ópera. Trabajó 20 años como barítono y casi con 40 asumió que nunca iba a alcanzar la gloria en un escenario. Decidió privilegiar otra de sus líneas de actividad, el dibujo y el diseño de escenarios. Gracias a ello conoció a Hergé. En 1941, en la Bélgica ocupada, un teatro estrenó una obra de Hergé llamada Tintín en la India, o el misterio del diamante azul. Jacobs se encargó de los decorados.

Los dos se cayeron bien porque no se parecían en nada. Hergé era retraído, tímido y complicado. Jacobs era impulsivo, ruidoso, exagerado. Como Jacobs, el hombre de los mil y un fracasos, acababa de perder su enésimo empleo (le encargaron que dibujara para Europa las historietas de Flash Gordon, un acto de piratería impuesto por la ruptura de comercio con Estados Unidos, pero la administración filonazi las prohibió al cabo de unas semanas), decidieron trabajar juntos.

El último álbum de Tintín dibujado antes de la ocupación fue El cangrejo de las pinzas de oro y en él aparecía un tal capitán Haddock, un marino alcohólico, de carácter débil y buen corazón, al que Hergé no consideró digno de continuidad. Cuando se puso a trabajar en el siguiente guión, Tintín en el país del oro negro, no se planteó incluir a Haddock en la aventura. Pero ese álbum fue interrumpido (por demasiado político) y en su lugar comenzó La estrella misteriosa, con Hergé y Jacobs dibujando a cuatro manos. Significativamente, en La estrella misteriosa irrumpe Haddock. Milú deja de ejercer como contrapunto de Tintín. De eso, en adelante, se encarga el capitán.

Hergé lo admitió años más tarde: “Haddock es Jacobs”. En la construcción del personaje del capitán hubo otras influencias, como la del propio hermano de Hergé, un militar propenso a las descargas en cadena de improperios, o algunas anécdotas vitales del otro gran colaborador del dibujante, Bob de Moor. Pero el carácter, los gestos, la bondad gruñona, la exaltación casi operística, son de Jacobs.

Resulta curioso comprobar cómo Haddock adquiere una biografía, una casa y un patrimonio (la herencia de su antepasado marino) que justifican su conducta y sus medios materiales de subsistencia, incluso al final un nombre de pila (Archibald), y desarrolla una formidable capacidad gestual. Su rostro es un catálogo de expresiones. Mientras, Tintín permanece plano, inalterable, como un misterio de hieratismo y pureza.

Hay poco que discutir sobre la identificación entre Tintín y Hergé. Lo poco que Hergé deja traslucir de su vida real (la amistad con Chang, las pesadillas blancas que exorcizó con Tintín en el Tíbet) se incorpora al personaje del joven aventurero. Pero Tintín tiende a borrarse, a asumir la condición de simple hilo conductor de la historia. Aunque aparece siempre, no se sabe nada de él. El espesor y la riqueza son para Haddock-Jacobs.

Circula la hipótesis de que Hergé, o más bien Georges Rèmi, sufrió de niño abusos sexuales por parte de un tío materno. Eso es incomprobable. Sin embargo, algo, alguna herida interna, debía provocar en Hergé las depresiones, crisis nerviosas, insomnios y pesadillas blancas que marcaron su vida. Y el catolicismo profundo de Hergé, difuminado en la madurez por un misticismo ecuménico, no basta para explicar la obsesión por la pureza.

El caso es que Hergé evitó contarse a sí mismo y en cambio construyó a partir de su amigo Jacobs un personaje formidable, un auténtico carácter humano digno de la literatura más grave.

Jacobs desarrolló su propia carrera como dibujante y guionista en la revista Tintín y creó una serie inolvidable, la de Blake and Mortimer, con una pieza estelar como La marca amarilla. Sus guiones, más toscos que los de Tintín, resultan deliciosamente exagerados: en la primera obra de la serie estalla la Tercera Guerra Mundial y son destruidas todas las grandes ciudades del planeta. Sin ningún pudor, Jacobs se retrataba en el malvado Olrik, enemigo eterno de Blake y Mortimer.

Cuando Hergé contrajo la enfermedad que acabó con su vida (un extraño proceso canceroso en la sangre, complicado por la seropositividad contraída durante una transfusión), Jacobs permaneció a su lado.

Hergé murió el tres de marzo de 1983, hace ahora 30 años. Jacobs le sobrevivió cuatro años. Hergé se fue con sus secretos. Jacobs se fue habiéndose explicado por completo.

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19 comentarios

  1. Formidable, no sabía este dato de su amigo Jacobs.

  2. Eduardo

    Aaaah. Da gusto ver a Tintin todavia ahi arriba. Releerlo es casi una necesidad, aprender los nombres de todos esos personajes secundarios e incluso terciarios… Muchas gracias por este articulo!!!
    Los Blake & Mortimer son muuuuuuy duros de leer, tiene unos dialogos eternos y en muchas ocasiones redundantes. Este breve analisis de Jacobs explica el porque.

  3. granjefeindio

    Magnífico.

  4. Yo también releo los cómics de Tintín, y es un verdadero placer conocer esta historia sobre Hergé y el autor de Blake and Mortimer. Gracias, Enric.

  5. Gran artículo que recuerda el papel del gran Edgar P. Jacobs en la creación y recreación de las aventuras de Tintín (véase ‘El loto azul’ o ‘El cetro de Ottokar’) y, especialmente, en el carácter del capitán Haddock.

    Pero se desliza un error importante: ‘El cangrejo de las pinzas de oro’ no fue el último álbum de Tintín antes de la ocupación alemana sino el primero después de la invasión: se empezó a publicar en octubre de 1940 en el suplemento semanal de Le Soir, el periódico ‘robado’ por los alemanes. ‘El oro negro’ es anterior: comenzó a publicarse en el Petit Vingtième en septiembre de 1939 y el comienzo de la II Guerra mundial cortó su publicación. Hergé no lo retomó y terminó hasta 1948. Por eso Haddock sólo aparece al final de la aventura (y en una viñeta del principio añadida en 1948): cuando Hergé inició la aventura en 1939, Haddock no existía.

    En el puzzle Hergé-Jacobs falta una tercera pieza, el hombre que les presentó: Jacques Van Melkebeke, el autor de la obra de teatro ‘Tintín en la India, o el misterio del diamante azul’. Los tres (Jacobs, Hergé y Van Melkebeke) aparecen en varias de las aventuras dibujadas y re-dibujadas en esos años (la primera viñeta de ‘Tintín en el Congo’, redibujado en 1946, por ejemplo).

    @harrocknroll

  6. ViajeroJack

    Genial como es costumbre el gran Enric…¿Alguien podría aclararme el término “pesadillas blancas”? Un saludo.

    • Jordi E

      Si lees “Tintín en el Tibet” verás que hay páginas enteras con predominio del blanco de la nieve. Hergé lo dibujó durante su divorcio y tenía recurrentes pesadillas con fondo blanco que le atormentaban. Es su comic más personal.

  7. Blackkader

    Recuerdo bien el momento en que ví la genial portada de La Marca Amarilla en la sección infantil de la biblioteca pública.
    Los otros libros de Jacobs se dejaban leer pero no llegaban al nivel de LMA.
    A través de Tintín encontré a Jacobs (estaba en el estante de al lado) y de allí a Moebius…
    La biblioteca era un edificio de ladrillo rojo y ventanales que me parecían enormes con la carpintería pintada de verde oscuro.
    No sé si los crios siguen llendo a la biblioteca los Sábados de tibieza y sol por la mañana.

    • Cossack

      Algunos seguimos yendo y leyendo, pero claro, yo soy un niño de pueblo de los 90, sin internet, con la cutre-tele de entonces y sin aire acondicionado, y la biblioteca estaba al lado de casa…

  8. @ViajeroJack: Durante un tiempo, Hergé tenía unas pesadillas en las que veía todo blanco. Consultado un psicoanalista, éste lo relacionó con la crisis matrimonial que sufría Hergé, que ya no amaba a su mujer sino a una de sus asistentas, Fanny Vlaminck. Católico y “boy-scout” como era, Hergé estaba atormentado por esos pensamientos/sentimientos ‘impuros’. Según el psicoanalista, soñaba con el “demonio blanco de la pureza”. Al parecer, el álbum del Tíbet fue una pequeña exorcización para él…

    • ViajeroJack

      Muchísimas gracias por su sabiduría y aclaración :)

      • Muy bien explicado. Sólo añadiría que su psicoanalista conminó a Hergé a abandonar el proyecto de Tintín en el Tibet, pero éste se empeñó en terminarlo y con su conclusión cesaron también las pesadillas blancas. Y también que su primer matrimonio fue poco menos que impuesto por su mentor, el abate Norbert Wallez, de quien la primera esposa de Hergé fue la secretaria.

  9. Me parece muy interesante el artículo. Jacobs no sólo añadió color, también el decorado de interiores, es increíble la decoración q hizo para el castillo de Klow en el Cetro de Ottokar, por poner un ejemplo.
    De todas formas Haddock, la persona real que hay en el universo de Tintín, además de Jacobs fue también mi hermano:
    http://sociologiadivertida.blogspot.com.es/2011/11/yo-soy-tintin-y-mi-hermano-el-capitan.html
    De nuevo felicidades. Un saludo.

    • Blackkader

      Perez Reverte (con perdón de los gafapastas) decía que uno es Tintín de joven y se va descubriendo convertido en Haddock a medida que envejecemos (Mil millones de rayos!!).
      “Por tanto Spielberg no ha hecho el Tintín de Hergé sino el Tintín de Spielberg. Lo ha matado y lo ha hecho resucitar, con otra forma, una especie de Frankenstein con mechón rubio.”
      Estoy de acuerdo, no pude reconocer al reporter en ese tipo atontado y con el gatillo más suelto que los taraos de Columbine.

  10. Pingback: Enric Gónzalez: La construcción de un hombre

  11. Pingback: Carmen Rengel: “Siempre contamos otras historias, por eso somos necesarios” | Nada Triviales

  12. haddock

    No solo Jacobs fue colaborador de Hergé, entre otros se encontraban Bob de Moor o Jacques Martin (autor de “Alix”). Se repartían los trabajos (documentación, fondos y vestimentas principalmente)
    Jacobs aparece en alguna imágenes de Tintin, aqui por ejemplo, en “Los cigarros del faraón”
    http://oecodotrasno.files.wordpress.com/2012/11/cigatin.jpg

  13. Tintín es un gran tebeo infantil, y opino que se le ha tratado de buscar mucho esoterismo innecesario -que si misógino, que si antisemita o racista, blablabla-. Era una historieta que aparecía en la primera mitad del siglo XX en una publicación católica, por y para niños, qué demonios iba a tener.

    Para continuar yo recomiendo Blake and Mortimer, que por mucho que algunos aquí lo minusvaloren es una de las mejores series de todos los tiempos. El guión es importante pero lo principal es el dibujo, y Jacobs lo borda.

    A mí la Marca Amarilla me gustó mucho, pero no tanto como El secreto del Espadón, el Caso del Collar, o sobre todo La trampa diabólica, que cayó en mis manos cuando estaba obsesionado con viajar en el tiempo jajajajaj.

    Sólo Blueberry es mejor en cuanto a dibujo y guión, pero los álbumes que han ido saliendo tras la muerte de Jacobs son igualmente geniales. Y por culpa de la viuda de Tintín no podemos disfrutar de más libros del reportero belga.

    PD: Recomiendo también vivamente a “Lefranc” para los amantes de la línea clara.

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