Diez partidos en los que Cruyff se jugó el despido (y II)

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Johan Cruyff manager of FC Barcelona

Después de la marejada de la anterior temporada, llega un verano más o menos tranquilo en Can Barça. La holgada victoria de Núñez en las urnas frente a Sixte Cambra, lo mejor que le pudo enviar la oposición, supone la inmediata renovación de Johan Cruyff y la continuidad de su proyecto. Como es de esperar, Lineker se vuelve a Inglaterra, Migueli se retira y Romerito regresa al olvido. Otro histórico, “El LoboCarrasco, se marcha al Sochaux, a experimentar en Europa, sin demasiado éxito deportivo. A los 11 nuevos jugadores asentados en la primera plantilla el año anterior hay que sumar dos fichajes estrella y otros dos realmente sorprendentes, en la línea del holandés…

Temporada 1989-1990

Altas: Koeman, Laudrup, Onésimo, Lucendo

Canteranos: Geli, Pinilla

Bajas: Lineker, Carrasco, Romerito, Salva, Serer, Migueli, Manolo Hierro, Cristóbal

01/10/1989 MALLORCA 1-BARCELONA 0. JORNADA 5. LIGA

Once inicial: Zubizarreta; López Rekarte, Serna, Alexanko; Koeman, Roberto, Eusebio, Soler; Laudrup, Julio Salinas, Begiristáin

El encargado de reforzar la defensa es Ronald Koeman, campeón de Europa con el PSV en 1988, y que, como hemos visto, ya había firmado con Núñez en 1988. Koeman está considerado uno de los mejores líberos de Europa y puede alternar esa posición con la de mediocampista. Aparte, es un excelente lanzador de penaltis y libres directos y posee un golpeo de balón envidiable, justo lo que necesita el Barcelona para sacar la pelota jugada, relegando a Aloisio a un papel secundario y permitiendo al club regatear en la renovación a Milla, un tema que se enquistará hasta explotar a mediados de marzo con la negativa de Cruyff de hacer jugar al de Teruel hasta que no firme el contrato de marras.

Junto a Koeman llega Michael Laudrup, un estilista que ha triunfado en el Brondby y en la selección danesa en su época de postadolescente pero cuyo paso por el fútbol italiano le ha estancado como jugador. En la Juventus, apenas destaca y no deja de ser un fichaje arriesgado por mucho que las ligas italianas y españolas en esos años se diferencien mucho en lo físico. Los otros dos fichajes son Onésimo, un regateador de 21 años venido del Cádiz y que alternará el filial con el primer equipo sin conseguir la continuidad deseada, entre otras cosas por su facilidad para desesperar al Camp Nou con jugadas individuales sin demasiado sentido, y Lucendo, jugador de Ciudad Real, amateur, que empezará la temporada como titular en Valladolid, jugará 56 minutos y no volverá a aparecer en un campo con la camiseta blaugrana. Años después acabaría jugando con la selección de Andorra. Una época fascinante.

Precisamente ese partido en Valladolid supone un mazazo para la moral blaugrana. Las cuatro ligas consecutivas del Madrid pesan en el entorno y cada año se repite el “Aquest any, sì”, cada vez con menor convencimiento. Si Cruyff va a cambiar la tendencia debe hacerlo desde ya, aprovechando los cimientos puestos el año anterior. El holandés tiene crédito pero se lo va dejando en decisiones y polémicas un tanto estériles. El caso de Lucendo es paradigmático: no hace ni la preparación con el equipo, solo juega algunos minutos en los dos últimos partidos de pretemporada… y acaba de titular en el primer partido de liga, el que marcará el rumbo posterior. Cruyff ha entrado en ese modo profético en el que acabará su estancia en Barcelona seis años más tarde: el convencimiento de que, con su sistema, a su manera, cualquiera puede jugar en cualquier puesto, se llame Lucendo, Romerito o Sánchez Jara.

A la derrota en Valladolid (2-0) le sigue otra en Oviedo, con el mismo marcador, y unos apuros insospechados para eliminar in extremis al Legia Varsovia en primera ronda de la Recopa. El equipo viaja a Mallorca con la necesidad de un triunfo, pues tras cuatro jornadas, el Madrid de Toshack ya ha empezado a sacar una pequeña ventaja. En el once inicial, Cruyff coloca a cinco defensas, aunque juegue con tres: Alexanko, Serna y López Rekarte, más Koeman, como pivote y Soler, un extremo que puede jugar de lateral perfectamente.

Igual que en la anterior temporada, al Barcelona se le critica la falta de gol y lo cierto es que, tras la marcha de Lineker y los problemas de Bakero, no hay demasiados goleadores en el equipo, solo, quizá, Begiristáin. Laudrup no es un goleador como no lo es Valverde. El partido es infumable. Son los tiempos de Serra Ferrer y Ezaki Badú en el Mallorca, un equipo bien plantado, con calidad, entrega y jóvenes perlas como Miguel Ángel Nadal, que empieza a despuntar como mediocampista. Todo apunta al 0-0, más aún cuando Cruyff hace de las suyas y retira a Salinas, su único delantero, para colocar en la posición de ariete a Roberto, que el año anterior jugaba a menudo de líbero.

En el minuto 75, la tragedia. Jugada entre Serna y Claudio que rebaña el jugador mallorquín para encarar a Zubizarreta, quien no tiene más opción que hacer el penalti que transformará Vulic. A partir de ahí llega el caos: Cruyff mete a Onésimo pero Onésimo se pierde, coloca a Alexanko de delantero centro y acaba incluso con Laudrup metido en el área para ver si pilla algún balón de cabeza mientras los demás bombean desde cualquier lado. Es la tercera derrota en cinco partidos y el Madrid queda ya a cuatro puntos. Julio Alberto no llega ni a vestirse pese a ir convocado y pega una rajada importante ante la prensa. La palabra “crisis” sobrevuela el Camp Nou.

18/10/1989 ANDERLECHT 2- BARCELONA 0. IDA OCTAVOS RECOPA

Once inicial: Zubizarreta; Urbano, Serna, Koeman, Aloisio; Roberto, Eusebio, Bakero; Begiristáin, Salinas, Laudrup

Una semana después del desastre de Mallorca, llega el Madrid al Camp Nou y se lleva un 3-1, con goles de Salinas y Koeman, por partida doble, ambos de penalti. Es el famoso partido en el que Schuster, cabreadísimo por los pitidos constantes y el penalti que acaba de pitar y que sentencia el encuentro, se pone a vacilar a Urizar Azpitarte, y Urizar le envía a la calle “por perder tiempo”. Esa será su última temporada en el Madrid.

Las victorias contra el eterno rival siempre dan un pequeño respiro. La ventaja en liga queda en dos puntos, algo anecdótico teniendo en cuenta el desastroso comienzo de temporada, y apenas una semana después el Rayo Vallecano se lleva siete del Camp Nou. Parece que la maquinaria empieza a funcionar de nuevo, pese al lío de líberos y marcadores que se van alternando y las dificultades en la posición de “9” ante la falta de efectivos, algo mitigadas con la vuelta de Bakero al equipo. Milla sigue de suplente y su renovación no llega. Técnico y jugador se mandan mensajes en la prensa mientras Núñez intenta mediar. Se leen cosas como “espero firmar en pocos días” pero la verdad es que el Barça no está dispuesto a pagar a Milla lo que el Madrid le ofrece y por mucho que Luis Suárez le convoque para la selección, Cruyff no piensa cambiar de opinión: en ese puesto puede jugar Koeman, puede jugar Aloisio, Roberto, Amor… incluso en el filial, hay un chaval llamado Guardiola que apunta maneras. El dinero, para los cracks, piensa el holandés, que esta vez no fichará ningún Romerito a mitad de temporada.

En pleno estado de euforia, el Barcelona visita Bruselas para jugar contra el Anderlecht, un equipo muy serio en aquella década. Como enfrentamiento de octavos de final es una verdadera piedra de toque y el entrenador del campeón sorprende de nuevo dando entrada a Urbano para apuntalar la defensa y jugando a algo parecido a un 4-3-3, con Laudrup ayudando a menudo en el medio del campo y pasando en ocasiones a un 4-4-2 o a un 3-4-3 cuando Koeman se coloca de pivote. Un pequeño desbarajuste. Roberto y Eusebio tienen órdenes claras de fijar el contraataque belga, pero todo se viene abajo a los 11 minutos, cuando Milan Jankovic, el ex del Madrid, marca el 1-0.

El gol vuelve a descolocar a un equipo que reacciona muy mal ante los imprevistos y cuya mandíbula parece de cristal. El Anderlecht aumenta el acecho y puede marcar el 2-0 en varias ocasiones. Lo hará justo al volver del descanso, aprovechando el desbarajuste táctico que provoca la entrada de Milla por Urbano para dar un toque más ofensivo al equipo. El autor, Degryse, es junto a Nilis la estrella del equipo. El Barça se tiene que lanzar al ataque y, sorprendentemente, Cruyff mete a Julio Alberto por Bakero para intentar profundizar por las bandas. Hay oportunidades para el 2-1 pero no hay delanteros de calidad y los remates son defectuosos. El marcador no llega a moverse.

Tras el partido, bronca. De las buenas. Cruyff apela a la experiencia para una nueva remontada –en 1979, el año mágico, el Barcelona remontó un 3-0 al propio Anderlecht– mientras le da un toque a Begiristáin: “Tuvimos muchas oportunidades para marcar un gol, la mayoría falladas por Txiki”. Otra cosa es lo que piensa Miquel Soler, que se ha quedado esta vez sin vestirse, descartado en el último momento. Las declaraciones son explosivas: “Por mucho que te esfuerces y trabajes día a día no puedes con determinadas cosas… El entrenador tiene sus jugadores fijos y parece que al resto nos va eligiendo por sorteo. Parece que te estén haciendo un favor”. Preguntado si Cruyff les desconcierta, Soler no duda en contestar: “Es algo parecido, al final pasas de pedir explicaciones. Hay entrenadores que animan a los jugadores y les apoyan y otros que no, pero prefiero no echar más leña al fuego”.

La vuelta en el Camp Nou acabará 2-1, con gol en la prórroga de Van der Linden. Julio Alberto y Milla jugarán de titulares. Soler terminará la temporada con 27 partidos disputados. Si Cruyff es un vengativo calculador, no siempre lo parece, desde luego. El campeón dice adiós con la cabeza bien alta… pero dice adiós, habrá que centrarse en Liga y Copa.

07/12/1989 MILAN 1-BARCELONA 0. VUELTA SUPERCOPA EUROPA

Once inicial: Zubizarreta; López Rekarte, Alexanko, Serna; Milla, Eusebio, Roberto, Bakero; Roura, Begiristáin, Julio Salinas

El problema es que en Liga, fuera de casa, las cosas siguen yendo muy mal: el Barcelona empata a dos en San Sebastián, gana 1-2 en Vigo pero suma después dos nuevas derrotas: en el Calderón (1-0) y en Valencia (2-1). La desventaja con respecto al Madrid vuelve a ser de cinco puntos y en medio queda la Supercopa de Europa, que se juega a doble partido, una circunstancia más que incómoda en una temporada ya de por sí cargada.

El rival del Barcelona es el Milan de Arrigo Sacchi. La gran historia de este Milan acaba de empezar pero ya tiene un hito inolvidable: el 5-0 al Madrid de la Quinta del Buitre que les llevó al paseo en la final ante el Steaua de Bucarest. En Italia, los Rijkaard, Gullit y Van Basten pasan problemas con el Nápoles de Maradona, pero en Europa se siguen paseando. Han vuelto a eliminar al Madrid, esta vez en octavos de la Copa de Europa, y este torneo para ellos es completamente irrelevante, igual que para Cruyff, que decide dar descanso a sus estrellas.

No sé hasta qué punto es una gran decisión. Eliminado de la Recopa y con el agua en cuello en Liga, un título siempre será un título. El partido de ida acaba 1-1 y en el de vuelta se la juega con un equipo compuesto íntegramente por españoles, aprovechando las molestias de Aloisio, Koeman y Laudrup e incluyendo al chaval Jordi Roura, que jugará de titular diez minutos, antes de sufrir una gravísima lesión tras un choque con Van Basten que prácticamente le apartará del fútbol. Cruyff sale a San Siro sin complejos, como es habitual en él: 3-4-3 de libro reconvertido a 4-3-3 cuando Milla baja a echarle una mano a Alexanko.

El Milan juega a lo de siempre: mucha presión, poco balón jugado, una solidez defensiva envidiable y arriba, pólvora de la buena, pese a jugar sin Ruud Gullit, lesionado. La verdad es que el partido es infumable y el Barcelona apenas tiene oportunidades pese a su apuesta —sobre el papel— ofensiva. Evani marca el 1-0 de falta indirecta tras el descanso y el resto es una exhibición de Zubizarreta, que evita la goleada sin que sus compañeros consigan inquietar a Giovanni Galli. Dos títulos perdidos y uno a medio perder, pero no hay rasgos de autocrítica ni en el banquillo ni en la directiva.

Cruyff alaba el juego de su equipo y entra en una dinámica muy peligrosa, que la prensa le afea: nosotros jugamos para dar espectáculo, no para ganar. El problema es que el aficionado quiere ganar y la prensa no ve el espectáculo por ningún lado. Aún resuenan las palabras de Vulic, el jugador del Mallorca: “Contra el Madrid, sufres; contra el Barcelona, directamente te aburres”. La eterna acusación de aburrimiento que 25 años después sigue soportando el juego basado en la posesión de balón y que tiene su parte de razón: cuando se hace mal, cuando se toca por tocar, sin profundidad, sin espacios, el Barcelona de Cruyff no da espectáculo sino que aburre a las ovejas.

El presidente, por su parte, vuelve a sus demonios de siempre: la culpa la tiene el árbitro. El aficionado acaba de ver cómo su equipo pierde un título jugando un partido horrendo pero el entrenador le viene a decir que no entiende de verdad el juego y el presidente ve una maniobra de la UEFA, un “platinato” en versión ochentera. Cuando el Barça se pone a hablar de los árbitros es que las cosas van realmente mal. Y tres semanas después, todo este victimismo volverá en su esplendor merced a Brito Arceo.

30/12/1989 BARCELONA 3- SEVILLA 4. JORNADA 17. LIGA

Once inicial: Zubizarreta; Serna, López Rekarte, Koeman; Milla, Roberto, Eusebio, Bakero; Begiristáin, Laudrup, Julio Salinas

El partido está controlado, una buena despedida de año tras las victorias ante Cádiz y Málaga. El Barcelona va ganando 3-1 y quedan apenas 12 minutos para el final. Enfrente tiene a un buen Sevilla, el de Dassaev en la portería, Diego en la defensa y jugadores como Bengoechea, Rafa Paz o Salguero más el mitiquísimo Anton Polster en la delantera. El primer gol ha llegado en el minuto uno, obra de Bakero. Antes de acabar la primera parte, Polster anota un penalti para empatar el partido, pero Salinas pone inmediatamente el 2-1. Las oportunidades se suceden hasta que Roberto marca el 3-1 y la gent blaugrana puede irse a casa a preparar la Nochevieja.

Solo que no cuentan con Brito Arceo, el hombre que acabaría de protagonista lloroso de reality show, abrazando a Tontxu como un niño pequeño.

El tinerfeño Arceo, a sus 26 años, es por supuesto el árbitro más joven de Primera División y debuta en el Camp Nou. En la primera parte ya ha mostrado una cierta valentía, por decirlo de alguna manera, anulando un penalti que él mismo ha señalado a favor del Barcelona y pitando inmediatamente otro, claro, a favor del Sevilla. Por lo demás, todo tranquilo hasta el minuto 78: Polster se va de Koeman y Serna en velocidad y este le traba con una zancadilla clarísima. La falta no admite discusión y años más tarde probablemente rozaría la tarjeta roja.

Ahora bien, lo que está claro es que la patada tiene lugar a un metro del área. No exagero. Si uno ve la repetición de la jugada, es imposible explicarse que el árbitro pitara penalti. Serna no se lo puede creer. Incluso con el impulso de la zancadilla está en la frontal del área, tirado en el suelo. Polster, al tropezar, sí ha caído dentro, pero aquello es ridículo: los jugadores protestan, están fuera de sus casillas, Arceo se lía a sacar tarjetas amarillas y al final el austríaco marca el 3-2.

Tampoco debería ser tan grave: el Barcelona sigue ganando, quedan diez minutos y el Sevilla no es el Milan. Además, los ocho partidos de liga anteriores en el Camp Nou se han saldado con victoria, ¿a qué tanta duda? Sin embargo, el agravio ya se ha instalado en las gradas y en el campo… y el agravio solo tiene sentido en la derrota. Nadie recuerda que, error increíble mediante, si Serna ha tenido que derribar a Polster ha sido por la debilidad defensiva del Barcelona, una debilidad aumentada por el increíble cambio de Milla por Soler que convierte el partido en un toma y daca donde en realidad solo da un equipo: el Sevilla, que acumula contraataque tras contraataque. Cuatro minutos y medio después de la jugada polémica, Polster vuelve a recibir un balón a la contra, lo pasa a su derecha y Carvajal remata el empate a tres completamente solo. Pañolada. Más protestas. Caos en el Camp Nou, recuerdos de Guruceta.

Otros cuatro minutos después, casi la misma jugada: Polster recibe en banda, se va de Serna por su izquierda, avanza, y el pase de la muerte lo remacha Conte a placer. Locura sevillista y debacle blaugrana. Tres goles en ocho minutos para perder una liga y un solo culpable, por supuesto: el árbitro. Ni una mención a los dos goles posteriores, a la falta absoluta de concentración ni a los riesgos de dejar al equipo partido. Un equipo acostumbrado a las excusas y que encuentra una perfecta: Cruyff encabeza el victimismo con un sibilino “En días así, te das cuenta de que trabajas en el Barcelona”. Núñez directamente desbarra: “¡Es de juzgado de guardia!”, dice desde Puigcerdá, donde está de vacaciones, dejando al pobre Casaus como único portavoz en el campo.

Los boixos nois rodean la salida del vestuario del árbitro y piden venganza. Cualquier cosa que sirva para olvidar que el Barça va cuarto en la clasificación, con 21 puntos en 17 partidos, a uno del Valencia, a tres del Atleti… y a seis ya del Real Madrid. Brito tardará casi tres años en volver a arbitrar al Barcelona.

24/03/1990 BARCELONA 0- AT. MADRID 2. JORNADA 31. LIGA

Once inicial: Zubizarreta; Urbano, Alexanko, Aloisio; Koeman, Roberto, Eusebio, Bakero; Begiristáin, Julio Salinas, Laudrup

La reacción al “Britazo” es contundente: el Barcelona gana cuatro partidos consecutivos y recorta un punto al Real Madrid, colocándose en segunda posición. Incomprensiblemente, a partir de febrero, el equipo entra en barrena: todo empieza con un empate a cero en casa contra el Oviedo, sigue con una derrota incomprensible en Castellón, continúa con un empate en el Camp Nou ante el Mallorca y culmina con el adiós definitivo a la liga en el Bernabéu, un 3-2 que acaba con dos jugadores blaugrana en el vestuario antes de tiempo —Koeman y Aloisio— por una dura entrada y un cabezazo en los minutos finales, se supone que desesperados por el arbitraje de García de Loza, que, por lo demás, ha sido desesperante… para ambos equipos y entiendan que no es cuestión de ponerse a rearbitrar ahora partidos de 1990, que suficiente tenemos.

La ventaja del Madrid se amplía a nueve puntos —insalvables con trece jornadas por disputarse— y el Barça vuelve a caer a la cuarta posición, viendo peligrar incluso la clasificación para Europa. Dos años después, las cosas no han cambiado tanto, al menos en cuanto a resultados: el equipo pulula entre Valencias y Sevillas, está eliminado de Europa y se juega todo a una carta: la Copa del Rey, donde les espera la vuelta en el Luis Casanova después de un apretado 2-1 en el Camp Nou. Superarán la eliminatoria con un agónico 1-1.

Antes de la final contra el Madrid, hay que acabar la liga de la mejor manera. Uno no asegura espectáculo para luego rendirse sin más. El caso Milla ya se vuelve completamente inmanejable. Cruyff entiende que el turolense ha fichado por el Madrid y decide no volver a alinearle nunca más. Salinas pide clemencia: “Por el bien de todos, Luis debería jugar, nos perjudica su ausencia”, pero Cruyff no escucha a nadie, ni siquiera a uno de sus ojitos derechos.

En la jornada 31 llega el Atlético de Madrid para disputar el segundo puesto. Tras los habituales cambios de entrenador, el Atleti forma con Peiró en el banquillo y Baltazar de estrella. Lineker es recibido como invitado al palco porque Núñez no da puntada sin hilo… y se acaba convirtiendo en el desagradable protagonista de un nuevo plebiscito en las gradas: pese a un inicio prometedor, el Barça demuestra una vez más su falta de acierto y Orejuela marca el 0-1 en un contraataque. El público estalla. Pañuelos en la grada contra Cruyff, que se multiplican cuando ven que el holandés deja en el vestuario a Salinas durante el descanso… para dar entrada a Guillermo Amor.

El ambiente se desmadra. Los pañuelos pasan del banquillo al palco y Núñez se pone nervioso, muy nervioso. Cruyff cambia a su otro delantero —Begiristáin— y mete a Miquel Soler para abrir las bandas, dejando, cómo no, a Alexanko de delantero centro para bajar balones y rematar de cabeza, junto al pobre Roberto, perdido en esa posición. En eso ha quedado el espectáculo. Cuando Baltazar marca el 0-2, la situación remite a 1988: el público grita “Lineker, Lineker” para herir a Cruyff, silba constantemente a Aloisio, el hombre que llegó de la mano del holandés en su primer verano… y acaba gritando “Barça sí, Núñez, no” ante la cara impertérrita del presidente, que creía que con el fichaje anunciado de Stoitchkov ya tenía suficiente.

Por un momento, Cruyff está en la calle y con él todo un proyecto. Núñez siente que el sillón se tambalea y cuando a un presidente le pasa eso, el entrenador tiembla. El vestuario está dividido por el caso Milla y la gestión de determinados suplentes. Por otro lado, las grandes estrellas, que él mismo ha traído, le apoyan a muerte, y la personalidad de “El Flaco” sigue cautivando entre parte de la grada. La otra parte le acusa de “iluminado, profeta, ególatra…”. Quedan diez días para la final de Copa, ante el Madrid, donde los blancos son clarísimos favoritos. Una derrota en ese partido precipitaría los acontecimientos y Cruyff probablemente no terminaría siquiera la temporada en el banquillo mientras los enviados de Núñez van sondeando otros técnicos, con Javier Clemente, recién despedido del Atleti, como opción prioritaria.

APÉNDICE: BARCELONA 2- REAL MADRID 0. FINAL COPA

Once inicial: Zubizarreta; Alexanko, Koeman, Aloisio; Amor, Roberto, Eusebio, Bakero; Laudrup, Begiristáin, Julio Salinas

Hace dos años, Barcelona y Real Madrid se enfrentaban en Valencia con la Copa del Rey en juego. Para muchos, aquel día, José Mourinho se jugaba el puesto y recordaban cómo Cruyff se lo había jugado 21 años atrás en el mismo estadio y con los mismos rivales sobre el campo. Lo cierto es que aquello no tuvo nada que ver: Mourinho era el campeón de Europa en ejercicio y su equipo aún tenía una eliminatoria de semifinales de Champions por delante. Como hemos visto, cuando Cruyff llegó a Valencia el cinco de abril de 1990 para jugar su final de Copa, era un hombre muerto: prácticamente nadie duda de que, si hubiera perdido el Barcelona, Núñez habría tenido la excusa perfecta para echar al holandés, su china en el zapato, el hombre empeñado en mandar más que él mismo.

Sin embargo, Cruyff ganó aquel partido. Lo ganó con un gol de Guillermo Amor mediada la segunda parte, cuando el Madrid ya jugaba con diez por expulsión de Fernando Hierro y con otro gol de Julio Salinas cuando ya se llegaba al descuento para sentenciar el partido. El árbitro fue, de nuevo, García de Loza y esta vez los que se quejaron fueron los blancos, especialmente Chendo, cuyas desafortunadas declaraciones indicando que el Barça no merecía la Copa “porque no eran españoles” iniciaba un cambio de ciclo. Cuando dejas de quejarte del árbitro, empiezas a ganar, esto es así casi siempre.

Aquel 2-0 dejó secuelas en el Madrid, un Madrid agotado después de cinco ligas consecutivas rematadas con el record de 107 goles en una sola temporada. Al año siguiente, con Stoichkov, Guardiola, Goiko y Ferrer ya en el equipo, el Barcelona resultó imparable desde el principio, con seis victorias consecutivas para empezar la liga y establecer una diferencia con el Atlético de Madrid que los colchoneros ya no pudieron reducir en lo que quedó de temporada. Era el principio de cuatro años de vino y rosas, tres finales europeas y jugadores grabando maxi-singles que celebraban títulos. Cuatro ligas consecutivas para un equipo que había necesitado 32 años para ganar las cuatro anteriores.

Cuatro ligas y la Copa de Europa de Wembley, claro. Con ese 3-4-3 que oscilaba a 4-3-3 según el rival y la ocasión. Con las broncas continuas entre directiva y entrenador y el declive final que todos conocemos. Días felices que, al menos al finalizar los diez partidos anteriores, parecían poco menos que una utopía

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8 comentarios

  1. El partido que despidió a Cruyff no se jugó en un campo, se jugó en su casa, concretamente con Johan sentado en su mesa camilla calentiándose las piernas con su brasero, con su perro sentado sobre sus pies, medio dormido en su sillón favorito en una posición parte-cuellos y con la babillacayéndosele por el lateral de la boca, en ese momento se despertó sobresaltado y tuvo una reveleación: “Si de verdad quería hacer historia, no había de ganar títulos con Laudrup, Romario, Guardiola, etc,etc. Para hacer historia de verdad tenía que hacerlo con Cela, Korneiev, Escaich, Sánchez Jara, Arpón, Jose Mari y su hijo Jordi… si lo conseguía entraría en el Olimpo de los dioses”

    Obviamente su sistema no era TAN infalible.

  2. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Diez partidos en los que Cruyff se jugó el despido (I)

  3. Excelente, Guillermo. Se puede pedir un articulo sobre el Madrid de Valdano entrenador? Gracias

  4. Excelente artículo.

  5. Yo diría que cualquier partido en el Bernabéu, donde el ‘genio’ inventaba y se estrellaba. Que se lo pregunten a Lucendo o al Buitre, que se las hacía pasar puthas a Koeman con aquellos marcajes individuales

  6. Antes nos ponían resúmenes de 5 minutos que ahora no soñamos, pues no vemos más que dos segundos del remate a gol (sin jugada previa) y diez segundos de abrazos y celebraciones.
    Aún así, la duda a favor de los grandes y la ignorancia de los comentaristas ya estaba presente. Como ejemplo, minuto 1:50 del partido ante el Valladolid: se dice que el delantero blanquivioleta está en posición dudosa, ¡cuando es un defensa rival quien le da el balón!

  7. Petete

    Es cierto. El Barcelona de los 80`s y 90`s en el tema de los árbitros era como el Madrid de los 2000 y 10`s.

    Disfrutaban como cerdos en la mierda cuando les perjudicaban para justificar los resultados ante su triunfante rival.

    Siempre tenían el penalty, el fuera de juego y la roja adecuada

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