Sociedad

El Beppe Grillo de la posguerra

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Guglielmo Giannini (23)

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Decía Marx, parafraseando a Hegel, eso de que la historia tiende a repetirse, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. Aunque cuando lo decía Marx todavía no sonaba a frase de repertorio para tertulianos pedantes. En Italia, sin embargo, habría que reformular ligeramente esta regla, porque la historia se repite, cierto, pero a menudo aparece primero como farsa, para repetirse después de nuevo como farsa. Y lo decimos sin la connotación negativa que Marx —alemán al fin y al cabo— imprimía al término. Tomemos a Beppe Grillo, por ejemplo. La suya es una historia que desde la España del consenso, el pacto y la cultura de la transición parece marciana: un cómico famoso que abre un blog, arrastra millones de lectores, y después crea un partido que pone en jaque a todo el mainstream político. Algo sin precedentes, dirán ustedes. Pues no. En Italia todo tiene un precedente más o menos pintoresco. En este caso se trata de un comediógrafo y periodista, llamado Guglielmo Giannini, que a mediados de los 40 fundó el —hasta hoy— más impresionante y fugaz meteoro político de la historia republicana italiana, el Frente del Hombre Cualquiera.

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Nos encontramos a finales de 1944, en Italia quedan por delante todavía cinco meses de guerra. 15 meses antes, con la caída de Mussolini primero y del fascismo después, Italia había cambiado de bando en plena guerra. En el norte del país el ejército angloamericano y las brigadas partisanas continuaban combatiendo contra los alemanes en retirada y los residuos del antiguo régimen coagulados en torno a la República Social Italiana de Mussolini. Mientras tanto, Roma, que había sido liberada en junio, intentaba inventarse una nueva normalidad, después de 20 años de fascismo y cuatro de guerra. Una explosión de nuevas publicaciones nacía con la recién reencontrada (y todavía parcial) libertad de prensa. En este contexto aparece, el 27 de diciembre de 1944, el primer número de un semanario llamado El Hombre Cualquiera. El éxito es inmediato: 10.000 copias del semanal llegan a las calles y se agotan en cuestión de horas. En los días siguientes el editor se ve obligado a sacar ediciones sucesivas hasta llegar a los 80.000 ejemplares. El Hombre Cualquiera llegará a vender al cabo de pocos meses 800.000 ejemplares. El fundador y director de este fenómeno editorial, que se acabará convirtiendo como veremos en un fenómeno político, es Guglielmo Giannini, personaje singular y excéntrico: conocido sobre todo como autor y director teatral de obras ligeras, periodista especializado en crónica mundana e incluso letrista de cancioncillas populares. Jamás se había ocupado de política y por lo demás no se le conocía ideología alguna, si dejamos aparte ese fondo anarcoide tan típicamente italiano. Y sin embargo, el fulminante éxito de El Hombre Cualquiera demuestra que supo llegar con fuerza a esa mayoría silenciosa y políticamente abúlica (“que se había opuesto silenciosamente al fascismo”, decía Giannini con cierta benevolencia), exasperada por la miseria de la guerra, que rechazaba el nuevo sistema democrático y partidista como un cuerpo extraño, considerándolo parte del problema y no de la solución.

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Desde el primer número de El Hombre Común queda claro que Giannini no ha venido para hacer amigos entre la nueva clase política. En portada aparece una viñeta que es ya un manifiesto: en una pared en la que se lee “Abajo Hitler”, “Abajo Mussolini” y se leen vivas al dirigente comunista Togliatti y al futuro primer ministro democristiano De Gasperi, un hombre anónimo escribe, simple y llanamente, “Abajo todos”. Por si pudieran caber dudas sobre la línea del nuevo semanario, el mismo Giannini escribe en el editorial de ese primer número: “Todos [los partidos políticos] prometen generosamente libertad, prosperidad y justicia […]. En realidad asistimos al espectáculo innoble de un arribismo desvergonzado, al bullicio de una gusanera de ambiciones, a una pelea feroz por la conquista de puestos de poder y de prebendas, desde los que poder lucrarse cómodamente”. Y acaba el editorial con un vibrante alegato contra toda la (entonces nueva) clase política: “Desde hace más de medio siglo se vive en nuestro país una vida infernal a causa de la envidia entre políticos profesionales. Revueltas, atentados, huelgas, agitaciones, inflación, intervencionismo, crisis de posguerra, especulación con la crisis, fascismo, antifascismo, dictadura, guerras para consolidar la dictadura, catástrofe para librarnos de ella. Estas son, para todos los italianos, las consecuencias de una rabiosa pelea entre 10.000 politicantes.” Un discurso que en la Italia herida de aquellos años muchos estaban dispuestos a comprar. Y es que Giannini fue el genial creador de la retórica, tan en boga también en nuestros días, de “la sociedad civil”: un ente idealizado, depositario de la virtud popular, contrapuesta a los políticos, un cuerpo homogéneo en su vileza, en el que es inútil intentar encontrar diferencias entre unos y otros. Precisamente este ha sido el núcleo del discurso de Beppe Grillo, que desde que apareciera en los márgenes de la política italiana allá por 2007, ha sido siempre tachado de “qualunquista” (que podríamos traducir como “cualquierista”) en referencia al nombre en italiano del movimiento de Giannini, el Fronte dell’Uomo Qualunque. Un término que los enemigos de Grillo siempre han usado con afán denigratorio, pero que no carece en absoluto de fundamento.

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Guglielmo Giannini (1)

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Analizándolos, el discurso y la trayectoria de Beppe Grillo parecen un remake con ambientación futurista de los de Giannini. Ambos atacaron desde un espacio mediático nuevo un sistema político en grave crisis de legitimidad. Giannini desde su popular semanal, Grillo desde su blog (que desde 2005 encabeza la lista de los blogs más leídos de Italia y se encuentra entre los diez más influyentes del mundo según Forbes). Pero sobre todo se parecen porque los dos aprovecharon su éxito mediático para marchar sobre el palacio de la política institucional. Ambos decidieron organizar políticamente la musculosa corriente de opinión que habían aglutinado y encabezar esa “sociedad civil”, que ambos imaginaron libre de conflictos y homogénea, sin contraposiciones de clase ni relaciones de poder (“no es una entidad única, está formada por individuos, (…) personas con sentido común, buen corazón y buena fe, gente normal, honrada trabajadora y pacífica” , escribía Giannini), en su cruzada contra los políticos. Giannini anticipó el discurso de Grillo incluso en su tecnoutopismo, en la idea de que el progreso había convertido la democracia representativa en una tecnología obsoleta. En 1944 Giannini escribía: “el progreso técnico y científico ya permite a los hombres prescindir de los políticos y ver con claridad lo que es útil para la colectividad. Solo las ideologías, instrumento de los politicantes, esconden la evidencia: la multitud de hoy ya no es una rebaño de desorientados que necesitaba a Prometeo para encender el fuego”. Unas palabras que recuerdan a las de Grillo cuando explica la nueva democracia digital y postideológica: “Para qué quieres un político que te represente. Si yo, con un click, puedo decidir si hacer o no hacer la guerra, si hay que salir de la OTAN, si queremos que nos manden en nuestra propia casa o si hay que conservar la soberanía monetaria”. Internet ha dado a Beppe Grillo lo que le faltó Giannini: la tecnología a través de la cual “el hombre cualquiera” podrá reconquistar, con un click, el poder usurpado por los políticos profesionales. Porque idealmente, en el “qualunquismo” 2.0 de Beppe Grillo, el político tal y como lo conocemos desaparece. Deja de ser un representante de sus electores, para convertirse, usando su terminología, en un “terminal” de la “inteligencia colectiva de la Red”, cuya función dentro de las instituciones es recoger información, que la Red, a su vez, procesará y convertirá en un decisión que el terminal ejecutará.

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Y sin embargo, a pesar de la retórica hiperdemocrática, de esta exaltación de la normalidad del hombre cualquiera, si los movimientos de Grillo y Giannini lograron, como veremos, resultados electorales tan extraordinarios, fue en gran parte gracias al nada ordinario carisma de sus dos líderes. Lejos de quererse confundir en la multitud de hombres cualquiera, Grillo y Giannini usan su sentido del espectáculo, exhiben su excentricidad y su diferencia respecto a los grises políticos tradicionales. Porque lo peor que puede ocurrirle a un antipolítico es parecer un político. De esta manera usan un lenguaje hiperbólico e irreverente, se mofan de los políticos y sus liturgias. En una ocasión Giannini amenazó con cantar canciones napolitanas en el Parlamento para protestar contra el excesivo formalismo; en sus mítines Grillo, después de gritar, sudar y gesticular como un loco, deja que el público lo levante en vilo y lo transporte como una estrella del punk.

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Pero si Grillo ha tardado cinco años en construir su entrada en la política nacional, desde que en 2007 organizara el mítico Vaffanculo Day, Giannini tardó solo unos pocos meses. En agosto de 1945 anunció desde las páginas de El Hombre Cualquiera, que por aquel entonces ya vendía más de 700.000 copias, su intención de “dar una estructura no únicamente periodística a la CORRIENTE DEL HOMBRE CUALQUIERA, que nuestro periódico no ha creado pero sí ha indudablemente revelado”. Giannini exhortó a sus seguidores a crear organizaciones locales autónomas (versiones analógicas de los MeetUp con que se organizan los seguidores de Grillo). De esta forma el Frente del Hombre Cualquiera llega a las primeras elecciones, en junio de 1946, en las que obtuvo un buen resultado, alrededor del 5% de los votos. Pero eso fue solo el principio. Si el gobierno de Mario Monti, apoyado por la práctica totalidad de los partidos del Parlamento, ha permitido a Grillo capitalizar el descontento popular al grito de “todos los políticos son iguales”, de igual forma el gobierno de concentración nacional que surgió de las elecciones de junio del 46, en el que convivían comunistas y democristianos, fue un regalo para Giannini. En pocos meses, la popularidad del Frente del Hombre Cualquiera creció rápidamente, para dar la campanada definitiva en las elecciones municipales de otoño del 46: en Roma obtuvo más del 20% de los votos, superando a la todopoderosa Democracia Cristiana, e incluso se convirtió en el primer partido en otras grandes ciudades del sur como Bari, Catania, Foggia, Lecce, Messina, Palermo o Salerno.

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Y hasta aquí, culminada la transformación de medio de comunicación en movimiento político, en el ápice del éxito político, con todo el mainstream político arrinconado por el inesperado outsider, podemos seguir la trayectoria paralela de los dos cómicos-políticos y sus organizaciones. No es fácil predecir cómo acabará la experiencia del Movimiento 5 Stelle. Sí sabemos en cambio cómo terminó la del Frente del Hombre Cualquiera: acabó dilapidando en poco más de un año todo el capital electoral que en tan poco tiempo había acumulado. Las disputas internas, la ausencia de una ideología compartida, la volubilidad política del mismo Giannini y sobre todo la previsible (¿es que no aprenden nunca?) división entre maximalistas y posibilistas acabaron por alejar a los electores. Lejos de confirmar los excelentes resultados de otoño del 46, en las elecciones del año siguiente el Frente obtuvo poco más de un 3% de los votos. Solo entraron en el Parlamento nueve diputados que, antes de que se acabara la legislatura, se disgregaron por los diferentes partidos conservadores. En las pocas semanas que han transcurrido desde su clamoroso éxito electoral, Grillo ya ha empezado a encontrarse con los mismos problemas con que se enfrentó Giannini: criticar a las instituciones desde las instituciones no es fácil. La realidad política es más compleja y difícil de gestionar de lo que parecía desde la barrera. Queda por ver cómo acabará esta historia, si se trata de un remake de esos tan literales o si se han permitido cambiar el final.

8 comentarios

  • Felicitaciones de un italiano, de los mejores artículos que he leído al respecto.

  • Del artículo denoto cierta incredulidad en el movimiento, pero si la alternativa es una casta política que, al igual que en España , ha conducido al país en los últimos 20 años al lamentable estado de las cosas en que nos encontramos, igual se hace necesario que un movimiento externo a estos “profesionales” políticos entre en las instituciones para mover un poco sus traseros apoltronados en el congreso.

    • Es que una cosa es un movimiento que pretenda renovar la política española y otra muy distinta es un movimiento que presuma de “antipolítico”.

      • Un movimiento cívico nunca es antipolitico, al contrario ,pretende un cambio en una política que no ejerce de garante del pueblo soberano . Si acaso es anti esa política que ha llevado a un estado al abismo.

        • Oiga, que yo solo digo de lo que presumen ellos y cómo han llegado a autodefinirse, las culpas al maestro armero.

  • “Criticar a las instituciones desde las instituciones no es fácil. La realidad política es más compleja y difícil de gestionar de lo que parecía desde la barrera.”

    Grillo ha atravesado la misma transición que cualquier parlamentario: de “hombre cualquiera” a político.

    En mi opinión no existe eso que se llama casta política. Ellos sólo son una pequeña muestra de la sociedad a la que gobiernan.

    • Y ahí es cuando llega la realidad, presta a refutar cualquier comentario. Existe la casta política, gente que no concibe el mundo fuera de ese ambiente enrarecido en el que se repiten caras, apellidos y siempre las mismas ideas. Más aún en Italia, curiosa gerontocracia.

  • Lo de siempre, no hay nada nuevo bajo el sol. Yo me quedo con mis libros que consiguen asombrarme mas de una vez al año que no es poco.

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