Construyendo a Sugar Man - Jot Down Cultural Magazine

Construyendo a Sugar Man

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Nota: contiene detalles de la trama. De la trama, ¡precisamente!

El documental Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012) cuenta la historia de Sixto Rodríguez, un cantautor del Detroit de principios de los 70 que grabó dos excelentes discos de nulo éxito en su país, pero que descubrió casi 30 años después que su música era bien conocida desde siempre en Sudáfrica, donde sus ventas se contaban por centenares de miles y sus canciones habían llegado incluso a inspirar a los movimientos sociales contra el apartheid. Lo supo gracias a dos fans de Ciudad del Cabo que, creyendo que se había suicidado tiempo atrás (algo que todos los sudafricanos daban por hecho) decidieron indagar en su misteriosa biografía, averiguando que estaba vivo y trabajaba como peón en Detroit, alejado de la industria musical.

La historia, indudablemente atractiva, nos la cuentan esos dos fans, StephenSugarSegerman, propietario de una tienda de discos, y Craig Bartholomew Strydom, crítico musical. Todo arranca en Detroit: varias personas rememoran su primer encuentro con Rodríguez a finales de los 60. Nos describen al cantautor como un espíritu errante, una especie de vagabundo y poeta de la calle. Hay algo literario en el relato que los productores que lo descubrieron hacen de la noche neblinosa, mágica e inolvidable en que lo vieron actuar por primera vez. Sorprende después el testimonio de Steve Rowland, productor del segundo disco de Rodríguez: tras mostrarnos unas fotos del misterioso músico que Rowland asegura llevar 35 años sin ver (pero que extrae del primer cajón de un mueble del salón de su casa) el productor se entrega a un calculado rasgado de vestiduras a cuenta de que Rodríguez decidiera retirarse tras el nulo éxito de sus dos discos y quedara condenado al olvido.

Y ciertamente se nos antoja injusto el olvido de Rodríguez, pues el documental nos va descubriendo en excelentes intercalados sus magníficas canciones. Viajamos entonces a Sudáfrica, donde se nos habla de la llegada al país, prácticamente accidental, de su primer disco en los años 70, de su inmediato éxito y de cómo inspiró a los músicos que cantaban contra el apartheid. Segerman y Bartholomew nos cuentan entonces la leyenda plenamente extendida en Sudáfrica según la cual Rodríguez se habría suicidado durante un concierto, y cómo ellos decidieron averiguar la verdad. Hay algo artificioso y construido para la ocasión en estos testimonios. También involuntariamente cómico: se queda uno sin palabras cuando escucha a estos grandes investigadores contar que se fueron a Amsterdam y a Londres a buscar el rastro de Rodríguez al citar este ambas ciudades en sus canciones, y que tras años analizando sus letras (dos discos, 25 temas) se dieron cuenta de que aún no habían buscado en el atlas dónde estaba otra ciudad en ellas mencionada: Dearborn, en las afueras de Detroit.

La búsqueda de Segerman y Bartholomew gana sin embargo interés cuando se hacen una pregunta pertinente: ¿dónde fueron a parar las ganancias por las innumerables ventas de los discos de Rodríguez en Sudáfrica? Hay entonces una impagable entrevista con Clarence Avant, responsable de la discográfica americana (Sussex Records) en la que publicó sus discos Rodríguez y exgerente de Motown. Entrevistador y entrevistado disputan una gozosa batalla en la que las frases echan chispas, y Avant se defiende como gato panza arriba de las acusaciones de haber contribuido a que el artista no viera jamás un duro de sus ventas sudafricanas. Pero después, incomprensiblemente, el documental soslaya totalmente el tema, que bien podría haber dado fruto a una brillante disección de las miserias del mercado discográfico.

Volvemos entonces a la búsqueda del cantante: Segerman y Bartholomew nos cuentan cómo dieron finalmente con Rodríguez, a quien vemos por primera vez de cuerpo presente: el músico sigue viviendo en Detroit, efectivamente nunca supo nada de su éxito en Sudáfrica y lleva años trabajando en la demolición de edificios. El resto del documental se centra entonces en el retrato que de él hacen sus tres hijas: se nos insiste, con reiteración excesiva, en el carácter humilde, altruista y socialmente comprometido de su padre. También se nos muestra la emocionante gira de conciertos que Rodríguez emprendió en Sudáfrica en 1998, una vez rescatado del olvido. Porque es precisamente en ese momento cuando averiguamos que todo lo que nos han contado referente a la búsqueda del músico no ha ocurrido recientemente como el documental nos ha querido hacer comprender hasta ahora, sino hace 15 años. Cierta escena vista antes con una ventana que se abre se nos antoja ahora algo maniquea. También hay una incongruencia en el testimonio de una de las hijas (hijastra de hecho, aunque no sepamos el porqué, pues nada se dice de la esposa o esposas de Rodríguez): nos dice la hija que el duro trabajo de su padre obligó a la familia a vivir en 26 casas diferentes, pero los créditos finales aseguran que el músico lleva viviendo en su casa de Detroit 40 años.

Sale uno por tanto de Searching for Sugar Man con el placer de haber descubierto a un músico excelente, pero también con la sensación del frío cálculo, del relato orientado, de la creación de una trama, de características todas ellas más propias del género de ficción. Todo empeora cuando se empieza a indagar en la red. Basta echar un rápido vistazo para descubrir lo siguiente: en la propia web oficial del músico encontramos las notas de un álbum en directo grabado en Australia en 1979. Ahí se nos dice que en 1978 una discográfica australiana firmó un contrato con Sussex Records (la compañía presidida por Clarence Avant) para publicar en las antípodas un Best of del artista convertido inmediatamente en superventas, lo que llevó al cantante a realizar una gira el año siguiente por el país actuando ante miles de personas en Sidney, Melbourne, Perth y otras ciudades. Échenle un vistazo, es la misma historia del documental (el boca a boca de su primer disco, el éxito inesperado de este, la búsqueda del cantante dado por muerto y finalmente encontrado, los nervios del artista antes de enfrentarse a tan numeroso público, el entusiasmo de las masas) pero 20 años antes. Otro vistazo aquí revela que en 1981 volvió al país para compartir escenario con artistas locales como Midnight Oil o Men at Work. También en 2007 y 2010. Se comprende entonces que al menos Rodríguez sí debió recibir royalties por sus ventas en Australia. Y no se comprende cómo Barholomew y Segerman siguieron confiando en su atlas cuando en 1998 una simple consulta en la red (la misma red que usaron para crear un foro on line de apoyo a su búsqueda) podría probablemente haberles revelado esta información.

Se puede argüir que Searching for Sugar Man está contado desde el punto de vista sudafricano, pero un segundo visionado del documental revela detalles flagrantes: el entrevistador plantea a Rodríguez preguntas como “¿No hubiera sido bueno saber que eras una superestrella, que hubo algo que pudo cambiar tu vida para siempre?” Y uno de los entrevistados llega a decir: “Rodríguez no fue un éxito en ninguna otra parte”. Sospechamos entonces de la veracidad de todo lo que se nos ha contado, y es una pena, porque si no se hubiera ocultado el episodio australiano la gira de Rodríguez por Sudáfrica habría resultado igualmente emocionante. Pero ahora el documental nos obliga, por desgracia, a dudar del propio retrato que se hace del músico. Y nos volvemos recelosos (quizá equivocadamente) ante detalles como el hecho de que en los conciertos sudafricanos de Rodríguez toda esta música contra el apartheid congregara a millares de espectadores de raza exclusivamente blanca. O de que, en la escena en la que se nos muestra el ridículo y rudimentario procedimiento de censura musical de las autoridades (el rayado de los vinilos) el documento original que detalla las letras prohibidas por el gobierno esté encabezado por el texto “CD TITLE”.

No dejes que la realidad te estropee una buena historia, pero si haces un documental cuéntame toda la verdad. Para la ficción ya están las películas. Searching for Sugar Man no opta por la verdad, sino por la construcción de un personaje. La estrategia ha funcionado: Oscar al mejor documental y gira mundial de Rodríguez, que en breve le traerá al Primavera Sound de Barcelona. Yo estaré ahí. Sus canciones al menos sí merecen olvidar estas malas tretas.

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59 comentarios

  1. Absolutamente de acuerdo con todo el artículo, en forma y fondo. Al final, lo que realmente queda es un puñado de excelentes canciones que no paro de escuchar desde hace dos meses, interpretadas genialmente por Rodríguez. Y eso es mucho.

    I Wonder…!!

  2. Es que no es un documental, es un falso documental o mockumentary. Hay muchos ejemplos en la historia del documental o del falso documental. eso no quita para que la pieza cinematográfica sea válida.

    • Mockumentary no es. Es documental, no pretende hacer parodia de nada, ni inventar nada. Para crear el asombro que vivieron los narradores en el microcosmos de Sudáfrica la película se centra en ellos y en el misterio de Rodríguez visto desde allí en un mund antes de Internet (y con mucho menos cinismo, ejem ejem).

  3. Por lo menos habrá que dar las gracias a este documental por dar a conocer a este personaje. Porque las canciones de Rodríguez son la hostia.

  4. El próximo 22 de mayo a la venta en DVD y Blu-ray.
    Es magnífico el documental. Ya lo he visto 3 veces y me he hecho con la banda sonora.

    http://www.cameo.es/portal/lang__es-ES/tabid__13173/rowid__529697,31452/default.aspx

  5. En otra parte escribí exactamente lo mismo. La película es tremendamente manipuladora, y el “no dejes que la verdad…” se aplica al pie de la letra en este documental.

    Si se hubiera hecho una narración ceñida a la realidad, seca y contada de forma lineal, hubiera habido una buena historia, pero de ahí a premios mayores…

    Hay una tendencia cada vez más clara en el formato documental a introducir elementos de la narración de ficción para embellecer la historia, y éste es un caso paradigmático. Que se quiera envolver luego comercialmente como documental o como película es ya otra historia.

    ¿Por manipulador, es manipulador hasta el título. Se imaginan que se hubiera titulado “searching for Rodríguez”, o “the apartheid musician”? Ellos mismos se han aplicado la lección de no cometer algunos de los errores que cometió el personaje, si es que se pueden considerar tales su mala promoción artística.

    Todo ello queda compensado y en cierta medida perdonado, sin duda, por el descubrimiento, y la calidad artística del personaje. También por lo impresionante de su historia.

  6. El problema radica en que la vida de Sixto Rodriguez es muy Hollywoodense ya de por si, sin necesidad de maquillaje. Llega Malik Bendjelloul y la quiere convertir en una vida absolutamente Disney. Primero quiere hacernos creer que Sixto de forma dantesca se suicida en un escenario… pero luego ¡Oh, sorpresa… esta vivo! Nos quiere hacer creer que Sixto jamás de los jamases ha hecho un concierto de exito… y es mentira. Nos quiere hacer creer que Sixto vive en la mayor de las inmundicias… y tampoco es verdad. ¿Entonces es una puta mierda de documental? Ni mucho menos, es una de las mejores cosas que se han hecho en los últimos años… y de lo mejorcito, por no decir lo mejor, que se presento a los Oscars este año ¿Tiene fallos? Un montón… ¿Pero hoy en día que película no los tiene? El documental se ve muy bien… es dinámico y esta muy bien filmado. Entre tantas mentiras el documental repite incesantemente una verdad enorme ¿Sixto Rodriguez tuvo el exito profesional que mereció? No, absolutamente no. El tio tenía y tiene mucho talento ¿Tanto como exagerdamente se insinua en el documental comparandolo con Bob Dylan? Esa es realmente la pregunta que te hace plantearte el documental ¿Que hubiera pasado de haber triunfado? ¿Hasta donde hubiera llegado? ¿Que pudo ser y no fue? En fin… Primavera Sound.

  7. “Ahí se nos dice que en 1978 una discográfica australiana firmó un contrato con Sussex Records (la compañía presidida por Clarence Avant) para publicar en las antípodas un Best of del artista”
    En 1978 Sussex Records ya no existía. Lo que hizo la discográfica australiana fue obtener los derechos de propiedad tras negociar con Clarence Avet.
    En muchas ocasiones, la propiedad de las obras de los artistas no pertenecen a éstos sino que quedan en manos de la propia discográfica.
    Puede que prescindieran de Rodriguez en el trato para publicar el “Best of” en Australia, lo que explicaría que no percibiera royalties de los discos vendidos allí.

    Y bueno, lo de que “en 1998 en 1998 una simple consulta en la red (la misma red que usaron para crear un foro on line de apoyo a su búsqueda) podría probablemente haberles revelado esta información” no deja de ser una mera suposición. A veces creemos que todo lo que hay en internet siempre estuvo ahí, colgado en la nube, y no es así…

    • Muy cierto. Yo empecé la carrera de informática en el 96 y google empezaba a ser reconocido “como una seria alternativa a yahoo y altavista”.

  8. Pingback: Construyendo a Sugar Man

  9. Análisis un tanto ingenuo. No existe el documental “puro”. ¿Frío cálculo? ¿Creación de la trama? ¿Construcción de un personaje? Obviamente, como en cualquier película… porque (y tiene tela que todavía haya recordarlo) los documentales también son películas. (…) Desde luego, puede haber datos “dejados de lado” en beneficio del drama. Pero vaya… Tanto tiempo dedicado a buscar incongruencias y avisar de que el artículo “contiene detalles de la trama”, y ni siquiera reparáis en que la misma foto es un spoiler.

  10. Vaya, casualmente ayer me vi el documental y me dio por buscar información de Rodríguez y me quede con la sensación de engañado. Las canciones buenas, pero la historia esta contada con trampa, efectivamente hasta media película no se sabe que en realidad esa búsqueda fue en el 98 y no el presente, y la única entrevista “con futuro” se queda en eso (la del magnate de Motown). También me llamo mucho la atención sobre todo que en el concierto de un mito contra el apartheid solo hubiera blancos!
    Pero lo que mas me llamo la atención es que un tío con giras por Australia, Sudafrica, que se ha presentado a alcalde, con tres hijas aparentemente acomodadas,… viva en una casa semiabandonada y se caliente en pleno invierno, con 40cm de nieve en la calle, con un hornillo de leña! ¿A quien quieren engañar?

    • No creo que sea la única en darse cuenta desde bien pronto en la película que la búsqueda se desarrolla años antes de la popularización de Internet. Obviamente, con San Google y en 2013 todo es mucho más fácil de localizar…

  11. Hace ya bastante tiempo que admiro el genero documental, o peliculas de no ficcion, y con el paso del tiempo y los documentales visionados me ido dando cuante de los cliches que se le asignan. Creo que la realidad de una historia no es tan importante como la sensacion que te pueda llegar a transmitir. La realidad es una cosa y la recreacion de la misma otra muy distinta. En el momento que hay un montaje, una eleccion de planos, una eleccion de linealidad en la historia, blablabla, ya se esta alterando y segmentando la realidad, ya sabeis. Asumido esto, hay documentales de una calidad soberbia que pueden llegar a lo mas hondo del espectador (como pueden ser Man on WIre o The Cove), y de ellos admiro la capacidad del director para organizar esa historia (usando siempre metodos de ficcion, ya que el cine es cine y no la misma realidad). Searching for Sugarman tiene aparentemente una buena historia, pero la capacidad del director para llegar al publico no me parece en absoluto buena. En parte por todos esos hilos sueltos de los que hablais mas arriba, en parte porque usa una estructura parecida a la de El Sexto Sentido (estoy exagenrando, claro): ocultando informacion para llegar a un climax sorprenderte (Rodriguez esta vivo). La cosa es que para mantener esta estructura necesitas unos cuantos giros bastante potentes en toda la primera parte. En cambio el director prefiere recrearse con planos de Detroit y entrevistas con no hacen avanzar la historia. A los 40 minutos de pelicula te empiezas a dar cuenta de que hay truco, empiezas a salirte de la historia y buscar los agujeros, de ahi que el segundo visionado sea importante.
    El otro dia le puse el docuemtal a dos amigos y durante mas de media pelicula miraron mas su movil que la pantalla. Eso si, en la segunda parte no despegaron los ojos de la misma pantalla. Al final me decian que la historia era la ostia, pero no dijeron que la pelicula lo fuese.
    Mi conclusion se queda ahi: la historia tiene una capacidades epicas, de reconocimiento tras el fracaso, de heroe que resurge desde la humildad… con un potencial descomunal. El director en cambio no sabe manejar la historia, falla en cuidar los detalles, falla en la estrctura de guion y deja la pelicula a mitad de camino de lo que podria haber llegado a ser.

  12. En serio que aun estamos haciendo distinciones entre documental y película de ficción? los documentales cuentan la verdad y las películas no? un documental no es una construcción de la realidad tal como la ve y la quiere contar el director?
    En serio, me aburre soberanamente cuando alguien empieza a ver los fallos de El Sexto Sentido o de cualquier película simplemente porque en algún lado hay algun cabo suelto.
    ¿Que la historia de Searching for Sugar Man está manipulada? pues seguramente. ¿Me importa? en absoluto.

  13. Pues hombre, a mí me hubiera gustado más que la historia de Rodríguez fuera como la que se cuenta en el documental, PERO SIN MANIPULAR. Es decir, soy perfectamente capaz de asistir a una ficción sabiendo que lo es, pero no me negaréis que esto hubiera sido mucho más maravilloso si TODO hubiese sido cierto.
    Me encantan las canciones y estoy más contento ahora, que antes de saber de la existencia de este artista. ¡Viva Rodríguez!

  14. Decir que una mera búsqueda en Internet en 1998 hubiera servido para resolver todos los interrogantes es no conocer cómo era Internet en esa época.
    Y, con todos mis respetos para el autor del artículo, no entiendo el sentido crítico del mismo.
    El proceso de creación y edición de cualquier obra ( ya sea una pieza de cine, radio…) lleva implicito la ‘manipulación’, el decidir qué cuentas y cómo lo cuentas en un tiempo determinado. No entiendo la polémica.

    • Tiene toda la razón, Maria S. un documental no es un reportaje periodístico, y hasta en ese género informativo hay un componente interpretativo aún debiendo ser más riguroso. Es una obra artística donde el creador tiene mucho que aportar a la historia.
      Y sí, yo también sospecho que el autor del artículo no sabe lo que es buscar algo en la época preinternet, ni lo que era conectarse en el 98…

  15. Querido Iker, me gustaría saber a qué se debe ese plural mayestático del que tanto abusas en tu artículo. ¿la opinión es tuya, no? ¿o es que tus circunstancias ocuparon el asiento de al lado del cine?

    Resulta obvio, leyendo tu crítica, que a pesar de haber visto la película varias veces buscándole fallos (un proceso agradable donde los haya) hay detalles que aún te cuesta pillar, como que el argumento se base en la perspectiva del proceso de búsqueda de dos tipos (que no se venden en ningún momento como ‘grandes investigadores’), en la Edad Pre Internet, y de cómo iban descubriendo poco a poco información sobre Rodríguez, haciendo partícipe al espectador sobre los mismos. De eso se trata, de hacer sentir al público la emoción de cada descubrimiento por parte de sus fans sudafricanos, y sí, la imagen que se ofrece de Sugarman es dulzona (valga la redundancia) como corresponde a la visión de un fan.

    Cuesta trabajo comprender cómo antes de Google uno no se enteraba inmediatamente de que alguien se ha tirado un pedo en Japón, pero así era.

    La falsedad es un sustantivo muy feo que no procede aplicar a una obra de autor, un documental en este caso. Quizá te confundiste de género…

    Respecto a las incongruencias que señalas, hay una que me ha llamado especialmente la atención (aunque todas son bastante insostenibles): ¿no se puede vivir en 26 casas distintas y pasar 40 años en la última de ellas?

    Sin acritud.

    • A ver. De era pre internet nada.

      • Existía Yahoo y google arrancó a finales del 98. Pero estoy de acuerdo en que el enfoque del artículo no me acaba de gustar, aunque en el doc hay cosas que te llaman la atención que el artículo observa.

  16. Ains…qué poco te debiste conectar tú a internet en 1998…Por lo demás hay algunas cosas que sí chirrían bastante pero yo disfruté mucho del documental. Lo vi virgen, sin saber nada al respecto y disfruté y me emocione mucho. Y descubrí a un artistazo.

    • Efectivamente Yahoo y Google empezaron a finales del 98 pero la cantidad de contenidos colgados en Internet era mínima, no se puede ni comparar, y te lo digo porque en esa época trabajaba como documentalista, así que “era preinternet2 no pero casi casi.
      Por lo demás, la película me ha encantado y coincido totalmente con el post de Marc

  17. Es una tomadura de pelo. Pero ¡ sí había realizado giras! Muy burdo.

  18. Creo que lo que comentas sobre la entrevista con Clarence Avant es un tanto injusto. No soslayan nada, la entrevista llega a un punto en el que no hace falta decir nada más. Clarence Avant queda retratado, el documental no va a profundizar sobre lo mala que es la industria porque el documental no va de eso.

    • Muy cierto. La historia de Motown y el salvaje latrocinio que Avant y otros jerifaltes de la música de los 60 practicaron sobre sus estrellas está más que bien documentada en otras partes.

  19. Pingback: Rodriguez: encontrando a Sugar Man [Especial Primavera Sound 2013] The Music Magazine

  20. Un documental tiene que crecer, tiene que encontrarse con una piedra en el camino, recuperarse y girar porque si no es un mero reportaje. Aquí el director no se va encontrando nada, porque todo ha sucedido años atrás. Es manipulación sin más. La palabra documental le viene grande.

  21. Felicidades por el artículo. La verdad es que estoy de acuerdo en prácticamente todos lo puntos. Sin embargo, el documental me ha gustado mucho. Respecto a la putrefacción del sistema discográfico, creo que hay para realizar otro documental a parte. En este caso deja muy mal a Clarence Avant y en ningún momento he tenido otra sensación que no fuese la de lo mal que está el mundo de la música y las discográficas en general. En este sentido peor no se le podía dejar. También hay que decir que la oscuridad en los negocios musicales no distant de la oscuridad de muchos de los negocios de un sistema capitalista tan agresivo como el nuestro.

    Reitero, enhorabuena por el artículo y aunque me ha gustado la manera de contarlo, hubiera sido mucho mejor si hubieran contado toda la verdad, ya que la llegada a Sudáfrica como bien describes hubiera sido igual de emocionante.

  22. Un artículo tan torpe como gran parte del documental: “(…)en 1998 una simple consulta en la red (la misma red que usaron para crear un foro on line de apoyo a su búsqueda) podría probablemente haberles revelado esta información.”
    Mira que lo dudo. En 1998, para empezar, era aún complicado hallar información medianamente buena y/o fiable de artistas mucho más evidentes por la red. Con ese argumento el autor de este texto demuestra un desconocimiento tan flagrante del alcance de Internet a finales de los noventa, que da la sensación de que se cree que Google ha existido siempre, así como los teléfonos móviles o los cajeros automáticos.

    Un poquito de rigor histórico no vendría mal. Se consigue leyendo un poquito más y no pensando que todo empezó hace cuatro días.

  23. Pués, el articulista tiene razón prácticamente en todo.
    La película es entretenida, pero como documental es un fracaso rotundo. Un documental te documenta, esto sirve solo para vender el personaje (que ojo, sería muy interesante). Pero…y donde coño ha estado todos estos años? Y porqué ha dejado de tocar en UUEE? Y porqué vive como un homeless? Y porqué no habla prácticamente nada??? O sea: buscas a un pavo por años y años y cuando das con él no le preguntas nada?

  24. Pingback: American zero, South African hero | Lídia Pelejà

  25. Lo que me ha removido la sesera es que junto al batacazo emocional que supone la historia, el “no puede ser, imposible” crece de forma paralela. Mi escepticismo natural me hacía buscar a cada momento la trampa, el sitio por dónde chirria la historia, el punto de fuga. Y los hay, haberlos los hay. Que no vendiera nada en América, que desde Sudáfrica nadie intentara buscarle, que una idolatría tan grande no saliera de un país (que vale, estaba aislado internacionalmente, pero coño no estamos en el siglo XII), que las escasas pruebas documentales se desplieguen con astucia pero no despejen la duda de si se han hecho ad hoc.
    Pero la gran reflexión final, el poso que deja el film, viene justo después de buscar la trampa. ¿No eres capaz de creer una historia tan bella y peculiar? ¿No soy capaz de creer que aún queden historias tan fascinantes por contar, islas que descubrir, territorios por explorar? ¿Es más fácil pensar que esto es un tremendo fake con la complicidad de los oscar para crear de la noche a la mañana un artista de culto? Desgraciadamente sí. Y ahí radica la magia del documental, que es una patada en la boca de un escepticismo muy extendido en nuestra sociedad. Atrévete a creer, nos espeta Bendjeoul. Es más atrévete a creer arriesgándote a llevarte un patacazo o una desilusión. No esperes, inmóvil, the cold facts, implícate, vive, cree, piensa, descréete, vuelve a pensar, vuelve a creer, pero por dios que no te inmovilice el escepticismo.
    Lo dicho, una patada al escepticismo, pero que bien podría tornarse colleja a la credulidad (yo aún no descarto el fake). Eso sí, sin escepticismo no creo que tenga sentido la película. Si el espectador no entra en el juego de lo creo/no lo creo y no piensa en las dinámicas de una industria del entretenimiento que perfectamente podría estar creando este espectáculo de la nada, se queda en un film descafeinado. De hecho me atrevería a decir que el tema central del documental es el escepticismo y no el propio Rodriguez.
    No voy a investigar la existencia de Rodriguez, porque no investigarla (o sí investigarla) forma parte de la película, al menos de la película que yo me he montado en la cabeza, que si coincide en algo con la intención del director, creo que es una obra maestra. Si no, creo que estoy mu loco.

  26. Qué importa que haya técnicas de ficción en este docu? No habla del Holocausto, es puro enterteinment… y entretiene explicando una historieta curiosa (y con buena música).

  27. Querido Iker Zabala;
    ¿Has leído el título del documental? ¿Lo has entendido?
    Se llama Searching for Sugar Man, es decir, cuenta la historia de dos tipos que decidieron buscar al compositor de Sugar Man.
    Si el documental se llamase “La increíble vida de Sixto Rodríguez” entendería tus críticas pero no es así.
    No vale mezclar churras con merinas y, sobre todo, no vale ir de listo y tratar de confundir a la gente.

  28. Gracias por el artículo. En mí opinión es necesario (el artículo). Los testimonios de la parte americana y de las personas implicadas en la producción del documental son sospechosos.
    “oh dónde tendré las fotos del artista este (del que estáis haciendo un documental y venís a mi casa con todo el equipo de grabación a hacerme una entrevista sobre él), voy a mirar en el primer cajón, vaya dónde estarán no las encuentro. Oh están aquí en este carpetón azul” venga hombre. Menos mal que no tuvo que revolver toda la casa con los cámaras detrás

    • [Sarcasmo] Muy bien dicho, lo tendrían que haber contado tal y como ocurrió: llamaron a casa del productor un viernes y el tío les dijo que se pasaran el lunes que prepararía los papeles, ¿no? Pues yo quiero ver las 72 horas de la vida del productor ese desde que recibe la llamada hasta que les enseña las fotos tres días después; cómo se tira un pedo, como se rasca el culo, como duerme (¿roncaría o no roncaría?), etcétera.
      Es como un documental de naturaleza que vi una vez, que mostraba el proceso de crecimiento de un árbol. Y no solo es que estuviese aceleradísimo, no, ¡es que usaron árboles distintos para crearlo! ¡No, tío, si un árbol tarda ochenta años en crecer yo quiero verlo en tiempo real, joer! [/Sarcasmo]

  29. Ganas de tocar la moral. A mi me sigue pareciendo un gran documental. Todos los documentales crean una trama o destacan aspectos determinados de una historia porque interesa llamar la atención sobre algo, lanzar un mensaje, lo que sea. Por tanto, es completamente absurdo el razonamiento que hace. No le resta absolutamente nada al conjunto del documental. Aparte del título: Searching for Sugar Man, es que joder, el documental se centra en la búsqueda que hacen dos tíos de alguien a quien admiran, no es un relato de las hazañas de Sixto Rodríguez.

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  35. El artículo es bueno. Cierto que, a mí también, al seguir buscando cosas, tras ver la cinta, me sorprendió todo el tema de Australia.
    Pero me sorprendió… porque vi un documental, que ganó un Oscar. Un documental, que me encantó (me compré el DVD y ya lo he visto varias veces). Porque descubrí a un cantante excelente, con unas canciones de música preciosa y letras profundas, que dicen algo. Porque ese documental me permitió conocer una voz cálida, bonita, de un hombre que canta y habla, pronuncia para que se le entienda. Me gusta todo en esta persona.
    Infinitamente agradecida por este documental con verdades a medias, con silencios premeditados, porque sin él, nunca habría conocido a Rodríguez. También me he comprado el cd y, desde que vi la película, ni un solo día he pasado sin escuchar sus canciones.
    Nunca una voz me había impresionado tanto.

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  37. Acabo de ver el documental, y buscando contrastar datos porque no me acababa de cuadrar la historia he llegado aquí, pasando por google nuestroseñor.

    El documental fake éste está muy bien grabado, son muy bonitas las infografias de quíenes son los que se llevan la tajada de Rodriguez en el país suráfricano, y los testimonios son dignos de la hora chanante en algunos casos (el mismo Sixto saludando por la ventana de la casa). Muy amena. Pero lamentable, sobretodo, después de conocer que se ha llevado nosetantos premios bafta, oscar, y mayers…

    Si se presenta en la sección documental, a mi juicio no se deberían premiar la burda manipulación de la historia -es feo y uno después se siente sucio- por mucha calidad que tenga la banda sonora, el desarrollo de la trama o la excelente fotografía del mismo; o al menos, en la sección DOCUMENTALES o NO FICCIÓN. Es una historia falsa, que me quiere vender la moto de que este señor es un desconocido muerto de hambre que ellos han redescubierto y le han dicho: “Yo bro, eres famoso! En Sudáfrica” (Y en Australia y Nueva Zelanda, pero eso lo vamos a esconder que si no nos jode el docudrama y eso no puede ser!)

    En fin. Es una lástima, porque aquí el amigo tiene genio y figura, pero es un faker.

    • No he visto el documental; buscándolo veo tu comentario y me gustó leerlo. Por tu lenguaje, tienes formación universitaria; también por tu lenguaje (“bro”, “faker”), tienes carencias económicas profundas, al usar palabras “ricas” que tu idioma no maneja; por tu crítica al protagonista de ser un “desconocido muerto de hambre”, eres desempleado. Los insultos muestran que la persona está sufriendo. Con ganas de ayudar, te recomendaría que en lugar de dar diatribas en la red, mejor te pongas a trabajar mucho para solventar tus carencias monetarias, y sólo después de que tus dependientes económicos estén satisfechos y ya no tengas exigencias financieras personales tan apremiantes como las que ahora vives, entonces emitas comentarios; verás que serán exultantes. Si no consigues trabajo, canaliza tus ofensas a pensar en autoemplearte con ingresos, por lo menos para subsistir. Saludos Moneymaker, en tu nombre se ven tus extremas carencias.

  38. Todo es una maravilla: la historia, las canciones, la filosofía de vida de Rodríguez… Si alguien no la ha visto hace mal. Es un tributo increíble a un artista y, sobre todo, poeta que merece ser reconocido (tal y como se dice en el propio documental). La atmósfera que imprime en sus canciones, la forma tan áspera de escribir y tan bella al mismo tiempo. Rock, folk, pop… Rodríguez es un genio y él parece tan auténtico, con las ideas tan claras sobre cómo debe ser la vida. Desde luego da que pensar, cómo pasó su momento de tener éxito y de cómo él siguió su vida como uno más sin llantos ni tristezas. Muchas veces nos confundimos al pensar lo que de verdad merece la pena. A veces es difícil escucharle y no pensar en su historia. Este tío tiene letras que llegan y transmiten, que consigue llegar a lo que el arte exige. Estoy seguro de que cada uno tiene una canción favorita suya y eso quiere decir mucho mucho. La mía es “Crucify Your Mind”. Saludos

  39. En realidad lo que se cuenta es cierto, pero simplemente está narrado en torno a una construcción concreta de un personaje, que tiene la misma ficción que tendría cada una de nuestras vidas si sólo la contaran nuestras madres, o sólo la contaran personas que se encuentran en un estado de emoción y agradecimiento respecto a nosotros.
    Que Rodríguez hiciera unos conciertos en Australia eventualmente, no significa que no le sorprendiera y emocionara comprobar todo el impacto que tuvo en Sudáfrica, y que todas esas personas hubieran creado un mito en torno a su disco. Tampoco creo que sea mentira la forma en que lo encontraron… quizá en 1998 no aparecía la suficiente información en la red. Desde Sudáfrica se vivió así…. y Rodríguez, para mi es un ser elevado. No por nada en especial, simplemente porque, mira que los americanos se empeñan y se empeñan en retratar a una persona desde su andadura lineal en su lucha por escalar socialmente, por llegar al éxito, reconocimiento, y de ahí tanta ñoñería con que si el pobrecito era obrero y nunca fue reconocido como super estrella, pero… la actitud de Rodríguez? Mi palabra es, elevada, por encima de todo eso. No sabe si recibir todo ese reconocimiento le hubiera hecho más feliz o no. Su trabajo le hace fluir la sangre, como él dice, y le hace vivir al lado de los colectivos oprimidos y construir con ellos y ellas. Si recibe reconocimiento por su trabajo maravillosamente hecho, lo disfruta y por supuesto, le complace. Pero para mi el mejor ejemplo del hacer las cosas conforme a lo que son, el hacer conforme al deber intrínseco de cada cosa en la que crees. Hizo música porque la amaba, no por edificar un sueño idílico basado en el honor y el reconocimiento en apariencia. Su música llegó a quien llegó, y claramente si llega de ese modo al imaginario cultural y musical de casi todo un país, es algo extremadamente conmovedor, y sorprendente, por más consciente que sea uno de que en algún lugar de las antípodas su disco se vendió. Es cierto que no es justo que el documental plantee aquel concierto en Sudáfrica como su debut en un gran escenario, creo que deberían haber incluido la información en los créditos, que la verdad no me fijé bien, quizá esté escrito. Pero definitivamente, amo la historia y la misticidad de Rodríguez ,por encima del empeño de las víctimas del sueño americano que le rodeaban, empeñados en hacer de él una especie de “cero a héroe”, dando por hecho que antes de ser reconocido, era “cero”.

  40. No estoy en absoluto de acuerdo con el artículo, cualquiera de los que hemos hecho documentales sabemos que hay más de un modo y una corriente de hacerlos, y si, por un lado esta el cineme verité, por otro hay recursos como los de Buñuel cuando balea en “las Hurdes” a un chivo pa que se caiga “de hambre”, o Herzog exagerando y metiendo cosas fantasiosas en “the grizzli man”, las licencias narrativas son aceptadas desde diempre en cualquier obra de arte, y un documental es antes una obra de arte que un documento periodístico, rodríguez existe, la historia, en su mayor parte, es real, con eso basta, es justo debatir los límites de un documental, pero no tachar de falso documental a “las Hurdes”, verdad?

  41. En cuanto a lo del concierto lleno de blancos… siempre fue musica para blancos, eran los blancos antiapartheid o progres, la gente joven blanca quien escuchaba a Rodriguez. Y esos y sus hijos son quienes van a sus conciertos, nada raro ni contradictorio.

  42. “Y nos volvemos recelosos (quizá equivocadamente) ante detalles como el hecho de que en los conciertos sudafricanos de Rodríguez toda esta música contra el apartheid congregara a millares de espectadores de raza exclusivamente blanca.”

    Nos volvemos recelosos cuando estamos tan pendientes de buscar fallos en el documental que no oímos ninguna de las innumerables veces que “Sugar” Segerman explica que Rodríguez fue un símbolo para el movimiento Voelvry y para la comunidad blanca antiapartheid. Si no repite al menos cinco veces en un minuto las palabras “blancos” y “afrikaans” para describir a los fans de Rodríguez me como los gallumbos. Sin lavar.
    Anda, majete, infórmate algo sobre el movimiento Voelvry, aprovecha que no estamos ya en 1998 y no solo hay internet; hay google, ¡incluso wikipedia! https://en.wikipedia.org/wiki/The_Vo%C3%ABlvry_Movement

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