Reportaje realizado con el apoyo de Intermón Oxfam
“¿Hay que cambiar el mundo?” le pregunto a Charifa al final de una larga entrevista.
Charifa no responde inmediatamente. Se toma su tiempo para pensar, cosa que hace sin bajar la mirada, aguantando un largo silencio.
“¿El mundo?”, repite con voz inaudible, rumiando la pregunta como si fuera un objeto extraño, quizá una pregunta trampa.
“¡Lo que hay que hacer es cambiar la fresa!”, suelta finalmente con un entusiasmo, una alegría y una convicción que nos hace reír a todos los que la hemos estado escuchando mientras el intérprete iba traduciendo del árabe el relato sobre su larga experiencia como trabajadora de la fresa; y cómo, poco a poco, pasó de ser una niña asustada, una niña que lloraba en soledad la dureza del trabajo, los viajes nocturnos en las furgonetas que las llevaban a las fábricas o a los campos como si fueran ganado, los malos tratos del capataz, el acoso, la esclavitud, como dice ella y tantas otras trabajadoras corroboran, y se convirtió en una militante social. Una mujer de 23 años que no baja la cabeza y dice lo que piensa.
Estamos en Marruecos, en la provincia de Larache.
Mires por donde mires: fresas.
Allí donde el campo se presenta ajardinado y la mano del hombre ha cubierto el horizonte de una inquietante superficie plastificada que el sol convierte en espejo y la luna en agua de lago: fresas. Allí donde los hangares y las factorías se levantan como construcciones modernas: fábricas de fresas. Fresas por doquier.
El mar de plástico de Andalucía se está desplazando hasta la costa del norte de África. Los empresarios se aprestan a invertir cada vez más hacia el sur. Nuestros parados pronto podrán acceder al mundo del trabajo caminando sobre un espejismo de plástico antes de hundirse en el Estrecho para descubrir que la tierra prometida es casi siempre la que se deja escapar.
Invertir, dice la Real Academia de la Lengua, también puede significar “cambiar el orden natural de las cosas”.
Deberíais estar agradecidos
En los años 90, Marruecos era un productor de fresas con escasa incidencia en el mercado internacional. Hoy sus campos de cultivo y sus fábricas de enfriamiento y empaquetado han multiplicado la producción hasta más de 100.000 toneladas al año, la mayoría de las cuales están destinadas a la exportación hacia la Unión Europea —el 70%—, a los Emiratos Árabes e, incluso, a la China. Marruecos quiere triplicar esta cantidad hasta llegar a las 300.000 toneladas el año 2020.
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Qué grande es el Rovira; de buena mañana ha conseguido cambiar el aroma del café por el de fresa (sangrienta).
Conclusión: vigilad con la fruta que viene de países donde se causa tanto sufrimiento. Comprad fresas de España, por ejemplo. Y si preferís las de Marruecos, disfrutad de las fresas que tanto dolor causan diariamente.
Me gustaría ser tan ingenuo como para pensar que las condiciones son distintas en El Ejido que en Marruecos, pero no, no lo consigo.
Rafa, infórmate bien y lo conseguirás.
Bru Rovira: martillo de injusticias. Bravo !
Hasta que los progresistas del primer mundo no nos enfrentemos a estos abusos y prioricemos esta reivindicación a nuestros gobiernos para que influyan contra estas prácticas en los organismos internacionales no se acabará con los abusos y la esclavitud, pero antes tenemos que elegir gobiernos que no estén a las órdenes del capital.
Hasta qué punto la etiqueta del producto garantiza que las fresas se han producido en España?
Esto es extrapolable a absolutamente cualquier producto que adquiramos en cualquier superficie (tanto grandes supermercados como pequeñas tiendas).
Lamentablemente hasta que nosotros (los consumidores) no cambiemos el chip y empecemos a mirar con lupa de dónde viene todo lo que compramos ésto seguirá así.
Yo abogo por comprar sólo productos cultivados en donde vivo (Euskadi) y a la hora de comprar productos manufacturados tipo ropa, electrodomésticos y demás, procuro informarme de dónde viene, intento que siempre sea producto nacional, y a poder ser de alguna cooperativa; intento no comprar nunca a grandes empresas internacionales, aunque es dificilísimo, muchas veces imposible.
¿Queréis saber cuántos esclavos trabajan para cada uno para que podamos vivir como lo hacemos? Si entráis en la página slaveryfootprint . org os hacen el cálculo. Es muy revelador.
Creo que la única manera de cambiar esto es la concienciación, y organizaciones como Intermón Oxfam hacen un trabajo impagable, pero todo depende de nosotros.
Aquí os dejo este artículo de un periódico de Huelva. No difieren en nada. http://huelva24.com/not/39465/el_sat_amenaza_con_promover_el_boicot_a_la_fresa_de_huelva_en_europa/
Conozco este tipo de relaciones esclavistas. Yo las he padecido siendo muy joven en España, y es repugnante.
Para luchar contra esto sólo se me ocurre comprar a productores cercanos, locales, de los que es posible averigüar en qué condiciones producen. No es tan difícil, aunque, claro, hay que molestarse en hacerlo. Esto para comida o productos concretos, en cuanto a electrodomésticos y demás la cosa se complica, y a veces resulta imposible no comprar a grandes marcas, pero si cada vez la ciudadanía ejerciera más y pasara menos se podría hacer mucho. En fin, ya sabemos cómo funciona este país, aunque yo mantengo un gran optimismo y creo que se hacen avances.
Ohhh!! Condiciones de explotación, curioso, vivimos en España y existen bastantes paralelismos con lo que les sucede en Marruecos. No hay que irse hasta allí para denunciar una injusticia, vete a un polígono cualquiera y seguro que encuentras gente trabajando 10h a las que le deben meses de sueldo.
El tema es muy sencillo, o cambian allí a mejor o lo hacemos aquí a peor. No se trata de defenderles a ellos por «compasión» sino para evitar que nosotros terminemos igual.
Un artículo imprescindible para denunciar una lacra que la mayoría de países, sufre «en la sombra».
Sea en el sector textil (que conozco muy bien) o en el agrícola, estas denuncias deberían ser portada, porque como consumidores juzgamos a una empresa con el simple gesto de ignorar sus productos. No debemos olvidarlo.
Nadie quiere pagar «mucho» por un producto, pero la realidad demuestra desde hace décadas, que son los intermediarios quienes incrementan su fortuna, junto a los propietarios del negocio, claro está.
La propia agricultura en España, es una muestra. De un puñado de céntimos el kilo que se lleva quien trabaja la tierra, contemplamos un PVP de varios euros dependiendo de «la fama» del producto.
Una cosa es aplicar unos beneficios honestos que repercutan en tu propia empresa, y otra la explotación a todos los niveles.
De nosotros depende.
m egustó mucho y por momentos me estremeció.
ahora, creo, nos empieza a preocupar porque casos así se están dando en españa, en empresas, en tiendas… es triste.
Ahora nos dicen que vamos a salir de la crisis a costa de más competitividad. A esto se refieren.
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Entre unos y otros así nos va.
http://carcelesmarruecos.blogspot.com.es/?m=1
Doloroso, conmovedor, brillante, agotador. Personajes como Rovira son necesarios en este mundo. Personajes que sepan contarnos una verdad y darnos algo en lo que reflexionar. Todavía quedan periodistas dignos y comprometidos, me llena de alegría.
Gracias Jot Down por este artículo, echaba de menos un poco de Periodismo Humano por esta web (otro medio interesante para los que quieran más historias de periodismo social).
Sobre el artículo, felicitar a Bru Rovira, muy bien escrito, narrado con mucha participacón de los que sufren, que al fin y al cabo se trata de darles voz y no solo de hablar de ellos. Creo que el texto no desentonaría en en NYT, para que luego digan que el periodismo está en crisis. Lo que está en crisis es su gestión!
Por cierto, si queréis ayudar a esos trabajadores, despues del comentario de Jot Down le podéis escribir a vuestra cadena de supermercados favorita preguntándoles de dónde vienen sus fresas, si están al tanto de las condiciones laborales de los trabajadores, etc.
Eso sí que tiene un gran impacto, además de que no se pierde nada por hacerlo, es más, muchas veces responden e incluso te mandan cupones o vales de 2 o 3€ cuando realmente no saben que responder.
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