Virtualidad
Jordi Vallverdú nos dice que «Hoy en día, los programas informáticos pretenden copiar el mundo para conseguir trabajar sin el mundo, reduciendo las complejidades de nuestro entorno a un modelo que lo represente pero que sea al mismo tiempo manejable. Aspiran a crear una copia fiel del mismo pero al mismo tiempo hacerla asequible»(1). Es en este sentido que consideramos importantes las aportaciones que pudieran hacer los estudiosos de las representaciones codificadas que se visualizan en pantallas de luz. Las imágenes que aquí nos ocupan podrán parecerles a algunos ingenuas, o desfasadas, o cursis, o poco reveladoras, y a otros bellas, o extraordinarias o conmovedoras, etc., pero con independencia de ello son también otra cosa, pues no podemos olvidar que son los creadores de este tipo de imágenes sintéticas los que construirán el futuro que nos espera, y por eso copian el mundo para conseguir trabajar sin el mundo y reducen las complejidades de nuestro entorno a un modelo que pueda representarlo. Quizá, entonces, la posible ingenuidad solo sea adscribible a estos actuales generadores de imágenes sintéticas en tanto que podamos considerarlos como los primitivos creadores del verdadero espacio virtual que inevitablemente nos espera. Es decir, no es discutible que las imágenes adolecen aún de dos fundamentales problemas que están por resolver, uno vinculado a la persistente herencia del pasado inmediato y otro vinculado a la imposibilidad de vivir el futuro en el presente. El primer problema queda expuesto en las mismas representaciones, todavía muy influidas por una concepción periclitada del espacio cartesiano, y el segundo queda evidenciado en la ausencia de la tecnología que sería necesaria para producir un cambio de paradigma real.
«Copiar el mundo para conseguir trabajar sin el mundo, reduciendo las complejidades de nuestro entorno a un modelo que lo represente pero que sea al mismo tiempo manejable», decía Vallverdú, para añadir a continuación, «los avances en la creación de modelos computerizados permiten a los investigadores estudiar las propiedades del mundo desde una nueva perspectiva, con mayor control del que ninguna otra generación haya disfrutado con anterioridad. Al mismo tiempo, al conseguir reducir una parte significativa del mundo a un conjunto limitado de símbolos y reglas de combinación, está posibilitando que la elevada capacidad de cálculo y análisis de las supercomputadoras actuales ofrezca resultados impactantes e innovadores». (Conviene recordar a este respecto que los terroristas que se estrellaron contra las Torres Gemelas se habían entrenado en el simulador de vuelo Flight Simulator)
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La contemplación (éxtasis contemplativo) del espectador comienza ante el Todo que supone la imagen, que es la representación de observaciones ordenadas que exigen la entrada en detalle. A partir de ahí, el espectador vagabundeará por la imagen (Ctrl+ o aumentar y manita para moverse por dentro de ella) buscando indicios que completarán el conocimiento estético.
si Stevlana Alpers, que publicó “El arte de describir” en 1983, hubiera dispuesto de las herramientas informáticas que ahora disfrutamos para acercarnos (literalmente) al detalle de la obra pictórica en su representación “sintética”, quizás hubiera cambiado de opinión al definir la mirada descriptiva de los pintores holandeses como una mirada ausente de relato, precursora de lo que el autor del artículo asigna de forma decisiva a la imagen sintética.
Porque una relectura de “La vista de Delft” mediante su representación digitalizada a mas de 3000 píxeles nos descubre el inmenso trampantojo que Veermer dispuso como telón de fondo para el verdadero “correlato semántico” (en definición de Adsuara), que tiene lugar en la esquina inferior izquierda del cuadro, imperceptible para la mirada de Alpers a efectos hermeneúticos (en el marco de mi apresurado conocimiento de su libro)… un artículo muy interesante, con múltiples derivadas (desde el asentimiento o la discrepancia)
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