La importancia de llamarse Makhmalbaf

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Close up

«El rencor es un velo que tapa el arte». Esta es una de las frases que Abbas Kiarostami dice a través de Hossein Sbazian, el protagonista de su falso documental Close up. ¿Qué nos quiere decir con eso? Hossein es un hombre apasionado, un amante del arte en general y del cine en particular, es también un actor, es sobre todo una persona sin recursos económicos pero con mucha imaginación. El rencor es un velo que tapa el arte, su arte, porque ha sido acusado de estafa y de intento de estafa, casi de robo, de inmoral… y lo suyo es solamente arte aunque los demás crean que es un sinvergüenza. Por eso el rencor es un velo que lo tapa, porque las personas a las que ha engañado con su papel no tienen en cuenta tantas cosas que quiere contar, tanta vida interior: no les importa nada, solo el tiempo y las ilusiones que Sbazian les ha hecho perder. Empiezo así, por el final, porque Kiarostami también lo hace.

Hossein Sbazian va en un autobús leyendo un libro del también director Mohsen Makhmalbaf, El ciclista, y la mujer de al lado le pregunta dónde lo ha comprado. Ahí, en ese preciso instante, empieza el arte de Hossein: dice que es el autor. La mujer le cree, intercambian teléfonos, precisamente hace unos días vio con sus hijos su última película, son sus admiradores, al pequeño también le interesa el cine y la literatura, el arte. Hossein, haciéndose pasar por Makhmalbaf, le dedica el libro y se lo regala. Ya está, ya tenemos todos los ingredientes, pero todavía falta lo mejor. A partir de ese momento, el vínculo entre esa familia y Hossein se estrecha cada vez más: se estrecha tanto porque creen que es el hombre que a Sbazian le gustaría ser. El falso director no puede evitar meterse de lleno en el papel, se siente cómodo siendo una persona respetada, admirada. Le encanta ser Makhmalbaf todo el día, y fingir que va a rodar una película en casa de los Ahankhah, y decirles que los árboles del jardín oscurecen la casa y que el padre corte los árboles. Le gusta porque cuando se aleja de la familia y vuelve a ser Hossein es un hombre sin trabajo, divorciado, con un hijo al que no puede dar de comer, con otro hijo que vive con su madre. Un hombre pobre, desgraciado: pero un hombre que ama el arte y que asegura que, de haber tenido los medios para rodar la película que les había prometido, lo habría hecho.

El rencor y el arte

Pero el rencor es un velo que tapa el arte, y cuando la familia Ahankhah empieza a sospechar que se trata de un impostor, decide llamar para que lo arresten y poner una denuncia. Todos aman el arte, pero no a cualquier precio. Ah, no. La familia Ahankhah está dispuesta a tratar bien a Hossein solo si es Makhmalbaf. Si se trata de un pobre hombre jugando al arte, engañando a su propia pobreza, entonces no, mejor en la cárcel. Abbas Kiarostami, entonces, decide meterse en la película, formar parte de este arte sobre el arte. Como personaje, va a ver a Hossein y le dice que va a adelantar el juicio. Se trata de hacer cine del cine, varias capas de arte mezcladas en un falso documental. Se trata, sobre todo, de defender al pobre Hossein, el amante del arte, que consigue enternecernos a todos.

El falso Makhmalbaf, entonces, responde a los porqués de su aventura. Y en esa explicación está la esencia de lo que es el arte, y lo que empuja la imaginación, hasta dónde nos hace llegar las ganas de comunicar algo al resto: tener algo que contar y querer contarlo. Hossein tiene un discurso lúcido e impecable de lo que es el arte, del misterio y lo que encierra, ese poder de seducción. Habla de cómo el verdadero director de cine se dirige a él y le cuenta cosas y, lo más importante, le cuenta la vida que ya está viviendo, la convierte en material de película. En cómo eso despierta algo en él y quiere desarrollarlo. Se equivoca en las formas —la mentira— pero la intención es la misma. Si obviamos que Hossein es una persona pobre que vive como puede, si dejamos a un lado el hecho de que ha mentido a una familia, incluso si apartamos del propio Sbazian su ego y el placer que le provoca ser el centro de atención, lo que dice es lo único que vale: que el arte está justificado en sí mismo, que no necesita el dinero para rodar la película porque en su mente, donde no hace falta dinero para proyectar, todo está ocurriendo. Hay un punto de no retorno en el que Hossein ya no puede detenerse porque la historia que tiene en su cabeza es más poderosa que el riesgo que está corriendo estafando a esa familia. Sabe que sus actos tendrán una repercusión en la justicia y por eso está en la cárcel, pero lo acepta. De lo único que se arrepiente es de haber ofendido a los Ahankhah.

Close Up 2

El arte y la falta de escrúpulos

En Como en un espejo, de Ingmar Bergman, un hombre se siente profundamente atraído por la enfermedad mental de su hija, heredada de su madre, y no puede evitar querer describirla en sus libros: dejar constancia de su indefensión y del deterioro. Esa falta de escrúpulos a la hora de afrontar un drama familiar repugna al marido de la enferma, que no piensa en otra cosa que cuidarla y no en dejar constancia, en avanzar en el arte, dar un paso definitivo. Cuando mantienen una conversación a solas, el escritor dice: tú no lo entiendes. No puede entender su necesidad de fijar el horror y de describirlo, de escribir unas páginas vivas. De la misma manera que Woody Allen en sus películas, de forma mucho más cómica, utiliza a todas sus mujeres —como personaje— para nutrir sus relatos y novelas, incluso cuando eso las va a comprometer. Todas, absolutamente todas, se lo acaban reprochando. Exactamente igual que cuando la verdadera Maga (Edith Arton), de Julio Cortázar, defiende su independencia del personaje. ¿Qué es lo que no se entiende, por qué el artista usa a la gente en nombre del arte y es lícito? En la película de Kiarostami se ponen en juicio, literalmente, todos estos valores, o falta de valores, del artista. Hossein no es Woody ni Cortázar ni Bergman, ni siquiera, como así le gustaría, Makhmalbaf, pero se esconde en su amor por el arte para engañar a una familia. ¿Por qué? Porque cuando está tras su máscara de director de cine es una persona admirada, respetada, capaz de mostrarle al mundo el sufrimiento de la gente, la vida, eso que pasa imperceptible en el día a día. Tiene una responsabilidad con el mundo. ¿Y de qué se nutre el arte sino, precisamente, de todo eso? ¿Debería el artista obviar todo lo que tiene alrededor para no herir a la hija enferma, a la amante despechada o a la familia con aspiraciones? Hossein sabe que no es un sinvergüenza, que no pretendía robarle a nadie, que miraba las habitaciones y la distribución porque es lo que haría un director de cine. No pretendía robar, aunque sea lo que se espera de un hombre pobre.

Los alrededores del arte

Pero hay algo más que aparece en la película, aunque no se lleve el foco central. La familia se interesa por Hossein porque cree que es un famoso director de cine, y se sienten halagados. ¿Qué tiene, entonces, el arte, el artista, para que todos quieran estar cerca de él? ¿Qué imán nos empuja a ennoblecer a alguien que compone, crea, dibuja y juega con las emociones? En cuanto reconocemos en el otro la habilidad de convertir en arte algo cotidiano, lo ascendemos en la escala social. La familia Ahankhah se siente la elegida mientras Hossein es un director de cine, están agradecidos porque son ellos y no otros, porque es su casa en la que se va a rodar una película y no en la del vecino; se distinguen del resto. Es otra forma de ego, del yo que acompaña siempre al mundo del arte: estés dentro o fuera, es un orgullo personal. Les gusta ser el objeto, el material, lo que hay alrededor del arte: son polillas de artista, se le pegan por donde quiera que vaya: mírame a mí, fíjate en lo que hago. Todo son atenciones y delicadeza para el hombre que va a utilizarlos, que va a moldearlos para quedar inmóviles en la historia, inmortalizados para siempre. Porque aunque después se acabe por renegar, aunque finalmente todos acaben hartos de la falta de intimidad, del poco pudor que tiene el escritor de Bergman o el torpe cuentista de Allen, aunque Edith Arton se queje de lo poco real que había de ella en los rasgos de la Maga, en el fondo todos han sido tocados por una varita mágica. Son la inspiración, el centro, el motor de una película o un cuento, el pulmón por el que está respirando un personaje, una situación. ¿A quién no le gusta? ¿Cómo no vamos a perdonar a Hossein que nos haya engañado a todos, si es en nombre del arte? Desde luego, y como decía Charles Baudelaire, el arte es prostitución.

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4 comentarios

  1. Ugarte

    Jenn, you are gem!

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