Cuando Paco Llorente marcó el 2-0 ante el Zaragoza y lo celebró con su apatía habitual, la de los cracks de verdad, todo el mundo estaba ya convencido de que ese chico estaba llamado a ser uno de los hombres clave del futuro del fútbol español. No se equivocaban en absoluto, aunque desconocieran las razones. Campeón de Europa Sub 21 en pleno mes de octubre, primer título de esa categoría para España, Llorente era un extremo poco goleador pero con una capacidad para el regate y una velocidad explosiva que le asemejaban de alguna manera a su tío, Paco Gento.
La explosión de Llorente había sido tardía: canterano del Real Madrid, acabó fuera de la Ciudad Deportiva, como tantos otros, por no cumplir los objetivos fijados. La tradición familiar no se había parado con su tío sino que sus hermanos, Julio, José Luis y Toñín, luchaban con mayor o menor éxito por hacerse un sitio en las secciones de fútbol y baloncesto. En su caso, ningún enchufe valió y Paco empezó el clásico peregrinar del joven que no se rinde por el fútbol regional: Urbis, Móstoles, Atlético Madrileño, y, ya a los veinte años, algunos minutos insustanciales con el Atleti, cortesía de Luis Aragonés, principalmente en la extinta Copa de la Liga.
A partir de ahí, lo dicho: el éxito y los elogios. El campeonato de Europa junto a aquella generación de los Ablanedo, Sanchís, Eloy, Eusebio o Roberto… los primeros partidos como titular en el Atlético y la culminación en la exhibición contra el Zaragoza, doce de octubre de 1986, fiesta del Pilar, Llorente cayendo a banda derecha o a banda izquierda y desbordando una y otra vez sin que nadie pudiera pararle, combinando técnica con fuerza y esa sonrisa de pillo, del listo de la clase en un equipo que, por lo demás, vivía en el filo, como siempre: a Luis Aragonés le había sustituido Vicente Miera, y a las trece jornadas de liga, a Vicente Miera le sustituyó su segundo, Martínez Jayo, y posteriormente el propio Luis Aragonés.
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No sabía yo de dónde habían salido las tristemente famosas cláusulas y resulta que fue Paco Llorente…Esta historia es digna de una pregunta de Trivial. Gran post, Guille, como siempre.
Curioso como son jugadores poco mediaticos los que al final cambian la historia del futbol. Otro fue Bosman.
Cuando Paco Llorente llegó al Compostela sus rodillas habían acumulaban muchas lesiones, y por encima, en su primera temporada en Santiago, volvió a padecer la temida «tríada». Pese a que jugó de forma intermitente, su rendimiento fue bueno y en lo personal dejó un excelente recuerdo.
Otra cuestión, el Compostela no perdió ninguno de los dos partidos en aquella promoción contra el Villarreal; empató a cero en el Madrigal y a uno en San Lázaro.
Guillermo, enhorabuena por el artículo. Bien está que se recuerde a futbolistas que, pese a tener un muy buen nivel, no alcanzaron la condición de estrellas.
El artículo dice: «…incluidos los dos de la promoción que su equipo perdió con el Villarreal». Es decir, lo que perdió es la promoción y no los dos partidos. Que es lo que ocurrió. Está perfectamente escrito.
Cuando Paco Llorente llegó al Compostela sus rodillas acumulaban muchas lesiones, y por encima, en su primera temporada en Santiago, volvió a padecer la temida “tríada”. Pese a que jugó de forma intermitente, su rendimiento fue bueno y en lo personal dejó un excelente recuerdo.
Otra cuestión, el Compostela no perdió ninguno de los dos partidos en aquella promoción contra el Villarreal; empató a cero en el Madrigal y a uno en San Lázaro.
Guillermo, enhorabuena por el artículo. Bien está que se recuerde a futbolistas que, pese a tener un muy buen nivel, no alcanzaron la condición de estrellas.
En el PC Futbol tenia 97 de velocidad o asi. Una bala.
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