El dopaje en España: una historia de amor y muerte

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Carlo Petrini mira a la cámara, a un punto medio y perdido entre el objetivo y el periodista, es decir, a un punto medio y perdido entre el documental y el testimonio, y dice, muy serio: «Cuando yo jugaba, disputábamos unos cuarenta o cuarenta y cinco partidos y nuestro ritmo era el de un FIAT 500; hoy, estos muchachos juegan sesenta o setenta partidos a ritmo de un Ferrari de Fórmula Uno. ¿Cómo pueden resistirlo? Dímelo tú». Y ahí el «tú» deja de ser Gaby Ruiz, periodista de Informe Robinson y pasa a ser el aficionado que recibe la pregunta como un bofetón imprevisto. «¿Cómo lo hacen?», insiste Petrini, «juegan cada tres días y no son diferentes a mí, físicamente son como yo. No tienen dos corazones, dos hígados o seis pulmones…».

¿Cómo lo hacen?

Cuando hace esta confesión a Canal Plus, Petrini está ya enfermo de un tumor cerebral que le ha dejado prácticamente ciego. Es de los pocos que habla. Habla tanto que se le ha dejado de escuchar. Habla sobre enfermedades neurológicas y extraños tipos de cáncer que han alcanzado a determinados exfutbolistas como Bruno Beatrice o Gianluca Signorini. Habla sobre la maldición del Estadio de Como pero habla sobre todo de la esclerosis lateral amiatrófica, la enfermedad degenerativa que mantiene en aquel 2009 a Stefano Borgonovo, exdelantero de Fiorentina y Milan, postrado en una cama escribiendo con las pupilas.

El reportaje causa un gran impacto en España. Es lógico. La palabra doping sobrevuela nuestro vocabulario desde hace mucho tiempo pero especialmente desde el fatídico 1988, cuando se coló en julio, con el positivo a medias de Pedro Delgado en el Tour de Francia, y volvió a irrumpir en septiembre, durante los Juegos Olímpicos de Seúl, con Ben Johnson cargado de esteroides. Una palabra, doping, que Petrini pronuncia con naturalidad pero que prefiere esconderla en su alegato final para que aparezca en la mente del otro, el que está ahí, entre el periodista y la cámara. Las consecuencias del dopaje, lo que nunca se cuenta. Algo más que el escándalo y la trampa. La salud.

Petrini morirá tres años más tarde, en 2012, un año antes de que lo haga Borgonovo. Desde entonces, en Italia los rumores de nuevos casos se repiten constantemente, aunque no dejan de ser invenciones, buffala, que dice Gaia Piccardo, la periodista del Corriere della Sera que participó en el citado Informe Robinson. «En Italia no hay casos nuevos, se habló de Batistuta, con pasado en la Fiorentina, pero era un invento. El problema ahora mismo es que el Gobierno ha recortado las ayudas a los enfermos y estos han amenazado con dejarse morir frente a las puertas del Palazzo di Governo», afirma, mientras promete investigar que hay de cierto en el caso de Fernando Ricksen.

Ricksen, defensa holandés que triunfó en el Glasgow Rangers, anunció en octubre de 2013, a los treinta y seis años, que estaba afectado por la ELA, un desorden neuronal también conocido como enfermedad de Lou Gehrig por haber afectado al histórico jugador de béisbol de los años treinta. No es el primer caso que se conoce en Glasgow, donde el mito del Celtic, el otro gran equipo de la ciudad, Jimmy Johnstone, ya murió en 2006 por la misma enfermedad. En el historial de Ricksen, aparte de muchos años de fútbol, una larga lista de excesos con drogas y alcohol, incluyendo varias visitas a clínicas de rehabilitación.

¿Qué parte de estas consecuencias tiene que ver con el dopaje y qué parte tiene que ver con el abuso de sustancias legales? Recientemente, Rafael Nadal declaró que tuvo que tomar antiinflamatorios antes de todos y cada uno de sus ochenta y dos partidos de la temporada 2013. ¿Hasta qué punto el deporte profesional es algo completamente insalubre? Sergio, el nombre detrás del blog Ciclismo 2005, elogia a los italianos en ese sentido: «Allí al menos los deportistas se toman en serio las consecuencias. En España, ni eso». Algo de verdad hay, desde luego, incluso en un país donde Berlusconi, en plena campaña electoral de 2001, declaró: «El doping es un invento de la izquierda» y se quedó tan ancho.

El enfoque español

Eufemiano Fuentes. Foto Cordon Press
Eufemiano Fuentes. Foto: Cordon Press.

¿Es cierto que en España no hay conciencia de los riesgos del dopaje? El juicio de la Operación Puerto parece apuntar en esa dirección, si creemos el testimonio de Jesús Manzano y los informes de la Guardia Civil acerca de transfusiones en hoteles de carretera, hemoglobina de vaca o de perro utilizada en humanos, estancias sospechosas en hospitales al borde de la tiritona… Carlos Arribas, periodista del diario El País y reciente biógrafo de Luis Ocaña, apunta a la temeridad juvenil: «No hay conciencia del peligro porque son jóvenes y todo joven piensa que va a ser inmortal». La relación entre España y el dopaje viene de lejos y no es un orgullo para este país saber que buena parte de sus médicos deportivos están bajo sospecha o que cualquier candidatura va a tener que soportar preguntas incómodas por parte de tal o cual miembro del COI.

Quizá los deportistas españoles no teman las consecuencias porque no las ven. O si las ven no las comentan en público, desde luego. «En España no se conocen casos de exdeportistas con problemas serios de salud», dice José Andrés Ezquerro, el joven periodista del diario As que destapó el caso Badiola y la presunta relación de la Real Sociedad con Fuentes durante la temporada 2002/2003. «No se sabe nada de eso, nadie habla de consecuencias más allá de las que tienen que ver con la adicción a lo que se llaman drogas sociales». Aguja llama a aguja. Las adicciones son frecuentes entre exdeportistas y han estado detrás de la muerte o el suicidio de algunos de ellos, pero desgraciadamente no es algo exclusivo de futbolistas o ciclistas y el concepto de «juguete roto» no se acuñó pensando solo en José María Jiménez. ¿Cuáles son, entonces, las verdaderas consecuencias de un doping sistemático?

«Los anabolizantes invitan a la depresión y muchos la combaten con cocaína y Prozac, recetada incluso por los mismos médicos que organizan el dopaje», afirma Carlos Arribas. «En los noventa y en los dos mil era habitual la hemocromatosis, un exceso de hierro en la sangre provocado por el manejo excesivo de transfusiones, que creaba problemas hepáticos de todo tipo… pero ya en los sesenta y en los setenta era habitual que los deportistas tuvieran hepatitis por compartir jeringuillas». La lista de peligros para la salud aumenta cuando hablamos con Enrique Gómez Bastida, Victoria Ley y Jesús Muñoz Guerra, expertos de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte, centro clave en la lucha antidopaje en España: «Hay muchas sustancias que llegan a manos de deportistas o su entorno directamente del mercado negro, sin haber sido correctamente testadas por los laboratorios, como por ejemplo el AICAR, una sustancia endógena que engaña al organismo haciéndole creer que está ejercitándose, de manera que puedes hacer deporte sentado en el sofá y que se ha demostrado que es altamente cancerígeno. Lo mismo sucede con los factores de crecimiento muscular o los moduladores de receptores androgénicos».

Hablando con la Agencia, queda claro que el objetivo, por mucho que eso desespere a la prensa y a las autoridades extranjeras, no es solo encontrar positivos —«van por delante de nosotros, es muy complicado encontrar casos en laboratorio», afirma Jesús Muñoz Guerra— sino intentar que lo que tomen los deportistas sea lo más «sano» y controlado posible a través del concepto de «inteligencia» al que volveremos más tarde. El propio Jesús remite a un estudio del doctor José Viña según el cual un ciclista del Tour de Francia tiene una expectativa de vida más alta que la del ciudadano medio, aunque Enrique Gómez Bastida matiza: «Lo que habría que ver es en qué condiciones».

Precisamente, el nombramiento de Bastida como director de la Agencia ha sido el último sobresalto dentro de un organismo relativamente joven: fundado en 2009 como Agencia Estatal Antidopaje antes de cambiar significativamente de nombre, ha tenido en los últimos cinco meses hasta tres directores distintos: Ana Muñoz Merino, quien pasara en octubre de 2013 a ser directora general de Deportes en el CSD; Manuel Quintanar, fichado este mismo mes de enero por la Liga de Fútbol Profesional para hacerse cargo del departamento de «integridad» y el propio Bastida, exresponsable de inteligencia de la AEPSAD, cuyo conocimiento y experiencia en la lucha contra el dopaje parece mucho mayor que el de sus predecesores. A sus treinta y seis años, Bastida fue el encargado de instruir la Operación Puerto llevada a cabo por la Guardia Civil, cuerpo del que fue nombrado recientemente comandante.

La dudosa eficacia del pasaporte biológico

Marta Domínguez. Foto Reuters Cordon Press
Marta Domínguez. Foto: Reuters / Cordon Press.

Para detener a los tramposos pero sobre todo para controlar los excesos, la Unión Ciclista Internacional fue la primera en instaurar hace unos años el llamado «pasaporte biológico». La AEPSAD lo considera una buena herramienta de monitorización pero, a la vez, un arma de doble filo que desgraciadamente no combate la trampa todo lo bien que uno podría desear: por un lado, los valores que se registran en ese pasaporte son fácilmente manipulables, salvo que se aplique a muestras retroactivas, como la IAAF hizo con Marta Domínguez y el Mundial de atletismo de 2009, por ejemplo, caso que, una vez más, sigue en el limbo administrativo español.

Por otro lado, este control tan estricto ha hecho que cada vez aparezcan más «balas perdidas», tipos que quieren triunfar a toda costa y que son capaces de buscar cualquier sustancia indetectable en cualquier lado, sin importarles las consecuencias. «Gente como Riccardo Riccò», apunta Bastida, haciendo referencia al ciclista italiano que estuvo a punto de morir por hacerse sus propias autotransfusiones de sangre con derivados de EPO (Eritropoyetina) de dudosa procedencia. En ese sentido, la AEPSAD ve este problema como algo parecido al de la drogadicción: si se cortan los suministros «seguros» de sustancias dopantes y se analiza constantemente al deportista, la mayoría entenderá que ese no es un camino viable, pero siempre habrá una minoría que se eche a la calle y busque su droga en cualquier esquina.

«El problema, de todos modos, no está en el deporte profesional, que tiene buenos médicos y buenos controles. El problema de verdad es el mundo de las competiciones amateur, el que está debajo de la pirámide, que apenas podemos controlar. Se dice que hay verdaderas animaladas, que la gente toma unas cosas sin control en pruebas Master de ciclismo, por ejemplo, que son un verdadero riesgo para la salud y que muchas veces ni nosotros sabemos qué son ni dónde las han encontrado. La hormona del crecimiento y sus derivados, por ejemplo, tienen un amplio mercado clandestino», apunta Muñoz Guerra.

Obviamente, el pasaporte biológico tiene sus problemas y tienen que ver con la propia sofisticación del dopaje, que cuenta con excelentes médicos y excelentes farmacéuticos cobrando mucho dinero por su trabajo: muchas de las sustancias que se utilizan en la actualidad son endógenas, las genera el propio cuerpo, de ahí que se hable de «dopaje genético». En palabras de Jesús, «no son como el clembuterol, que o viene de fuera o no puede estar en el organismo. Hay muchas sustancias que, para detectar si esconden un caso de dopaje, exigen mucho tiempo, muchos voluntarios, la medición de metabolitos en distintas situaciones para ver si un aumento o un descenso es natural o no…».

Sin embargo, si el pasaporte, con sus peros, ha servido para limpiar en parte la imagen del ciclismo profesional, ¿por qué no se ha instaurado en otras disciplinas? A principios de 2013, la ITF y la ATP mostraron su intención de desarrollar un sistema parecido en el circuito de tenis profesional. Un año después, la intención probablemente siga ahí, pero avances no ha habido muchos. Arribas está convencido de que para jugar al tenis no hace falta EPO y los expertos de la AEPSAD no lo incluyen entre los llamados «deportes de esfuerzo» sino de técnica, lo que le haría estar fuera del mercado de las sustancias más habituales en ciclismo. Si eso es verdad o no, imposible saberlo: pese a las insistentes quejas de numerosos jugadores, encabezados por Roger Federer, en 2012 se hicieron 63 controles de sangre fuera de competición, por 5218 en el mundo del ciclismo, a pesar de contar con un número similar de deportistas profesionales y muchas más competiciones.

El dopaje en el fútbol: la sombra de Eufemiano Fuentes

Considerado también un deporte «técnico», el fútbol ha conseguido mantenerse al margen de las recientes polémicas sobre dopaje bajo la habitual excusa de que no hay sustancia que te haga meter el balón en la escuadra. Eso es cierto, pero también es cierto que puede haber una sustancia que te permita hacerlo en el minuto ochenta y nueve con la claridad del minuto uno o al menos eso insinuó varias veces el difunto Petrini. «Yo no debería estar hablando con usted», decía el exjugador de Torino, Milan y Roma, para ejemplificar la omertà o «ley del silencio» dentro de este deporte.

Con esa ley no escrita se topó José Andrés Ezquerro cuando desveló el citado caso Badiola a raíz de la investigación de la Operación Puerto. En el sumario de dicha investigación se encontraba un papel, entre muchos otros, con unas cuentas de dinero entregado bajo el nombre «RSOC» y otras tantas bajo el de «ASTI». Badiola confesó a Ezquerro —y aportó documentación bajo notario a la AEPSAD— que dichas cifras encajaban con gastos en negro de la Real Sociedad cuando su presidente era José Luis Astiazarán. Badiola creía que había motivos suficientes para pensar que esos gastos no justificados podrían haber sido pagos a Eufemiano Fuentes por servicios prestados en forma de sustancias dopantes.

El caso mereció un par de portadas en el As y una cierta agitación mediática durante una semana o así, lo que tardó Astiazarán en marcharse de la presidencia de la LFP, pero no se ha vuelto a saber y no hay constancia de que nadie esté investigando dicha relación. Sí se sabe que Eufemiano Fuentes ha colaborado con otros equipos de fútbol de Primera División. Oficialmente, fue médico de la Unión Deportiva Las Palmas durante la temporada 2001/2002 y el Universidad de Las Palmas anunció su contratación como asesor médico a finales de la temporada 2010/2011, cuando el caso de la Operación Puerto parecía haber sido archivado definitivamente.

Fuentes, quien ya aparece en las hemerotecas como referente médico de la preparación olímpica española en los Juegos Olímpicos de 1984, 1988 y 1992, y habitual colaborador de equipos ciclistas como Orbea, BH, Vitalicio y sobre todo ONCE y Kelme en sus distintas denominaciones, fue el primero en mostrarse sorprendido por el empeño en reducir la trama de la Operación Puerto al ciclismo. «He tratado a deportistas de alto nivel de todo tipo de disciplinas, incluidas fútbol y tenis», afirmó tras su detención sin que ninguna autoridad le haya pedido oficialmente que especificara qué deportistas eran y a qué nivel les elevaba. Movido por lo que parecía un intento de colaborar con la lucha antidopaje, el periodista Stephane Manard, del periódico francés Le Monde, fue a Gran Canaria para entrevistar al polémico ginecólogo reconvertido a médico de familia. Según Manard, y así lo publicó, Fuentes no solo confirmó su relación con el fútbol sino que mencionó concretamente a Real Madrid y Barcelona entre otros clubes de primera y segunda división, aportando supuestamente material documental al respecto.

En dicha entrevista, además, Fuentes afirmaba haber recibido dos ofertas del Barcelona, una de ellas en 1996, negándose a revelar la otra «porque ya me han amenazado de muerte si hablo». Manard contó la historia sin caer en un detalle decisivo para todo periodista: no tenía copias de los supuestos documentos ni evidencias suficientes en caso de demanda. Esa demanda cayó, por supuesto, y Le Monde la perdió, teniendo que pagar a los dos grandes del fútbol español una indemnización de trescientos mil euros.

El «café anisado» de Juanito

contra el barcelona. Foto Cordon Press.
Juanito en un partido contra el barcelona. Foto: Cordon Press.

Más comedido en sus palabras pero igual de directo es José Ramón de la Morena, un hombre que lleva más de treinta años en el mundo del ciclismo y del fútbol y que ha visto de todo. De entrada, se muestra tajante: «Yo, de dopaje en el fútbol, no sé nada, no conozco casos de dopaje organizado», pero luego va reconociendo informaciones que ya había hecho públicas en su momento en su programa El Larguero. En concreto, sobre Eufemiano Fuentes, afirma recordar una conversación con Javier Mínguez en la que el exdirector de BH y Vitalicio, y actual seleccionador nacional de ciclismo, le cuenta que, reunido con el doctor en su casa de Las Palmas, la casa que la Guardia Civil nunca registró durante la Operación Puerto, salió por fax todo tipo de informaciones sobre jugadores de «un equipo que quedó segundo de la liga ese año y no la ganó de casualidad». Hablaríamos de 2003, la época en la que Badiola afirma que hubo pagos sin justificar que coinciden con las cuentas de RSOC en el sumario judicial.

También nos habla de Sabino Padilla, íntimo amigo y posterior enemigo, quien fuera médico personal de Miguel Induráin y que después lo fue del Athletic de Bilbao. «Ten cuidado, Sabino, que el fútbol no es como el ciclismo», le dijo el locutor a Padilla, quien, pese a todo, tuvo que enfrentarse al positivo por nandrolona de un por entonces juvenil Carlos Gurpegui. Según De la Morena, «Fuentes rechazó una oferta del Barcelona de mucho dinero (probablemente se refiere a la de 1996 que mencionó el propio Fuentes a Le Monde) y tras la negativa, Núñez fue a por Padilla, pero José María Arrate, presidente del Athletic Club por entonces, le convenció con menos dinero pero mejores condiciones personales».

De la Morena refiere también un encuentro casual con el doctor Michele Ferrari en Málaga, aunque prefiere no precisar mucho más. En cualquier caso, aclara, no cree que el fútbol esté manchado por el dopaje —«siempre se ha hablado de cosas sueltas, como el café con sabor raro, como anisado, que decía Juanito que tomaban en el Burgos [N.del R. En entrevista al diario Marca del año 1979, Juanito reconocía haber tomado centramina de manera habitual durante su etapa en el club castellano], pero no se sabía bien qué era aquello ni si era ilegal»— y exonera al deporte español en general: «Estoy cansado de que se hable de España como un paraíso del dopaje. Era algo que en su momento, en los noventa, hacía todo el mundo, y los españoles simplemente tenían más dinero y más medios». Para el locutor de la SER, el verdadero caso grave de dopaje es el de Marta Domínguez, absuelta como traficante en la Operación Galgo, grabada por la Guardia Civil en unas cintas que el juez no considera válidas en conversación con Fuentes y que recientemente, como decíamos, ha tenido problemas con su pasaporte biológico. «¿Qué pasa con la senadora?», dice Joserra, mientras afirma que el verdadero problema del fútbol son las apuestas.

En la misma sintonía se mueve Javier Tebas, presidente de la LFP, quien, pocos días antes de que se anuncie el fichaje de Manuel Quintanar, nos asegura que el doping no es un gran problema en el fútbol y que nunca habrá algo parecido a un caso Armstrong, en referencia al siete veces exganador del Tour, aunque «no reconocer que existe sería absurdo. Donde hay dinero, siempre hay pillos… ahora bien, hemos pasado a ser bandera de la lucha contra el fraude deportivo y así lo percibo en el exterior». Algo más tibio se muestra con la comprensión del pasado: «Sí, algunos jugadores tomaban centramina pero no lo consideraban hacer trampa, eran valores de la época, como si nos ponemos a juzgar la esclavitud con los valores actuales: obviamente, nos repugna, pero en el siglo XVI era algo normal».

Extrañas comparaciones aparte, Tebas critica lo que él llama «trivialización del engaño» para referirse a años y años de trampas. «Cuesta mucho encontrar gente que nos hable de dopaje o de amaños, nadie quiere ser el chivato», afirma Tebas, «para eso hace falta mucho tiempo, aprendizaje, cambiar toda la mentalidad no ya del fútbol sino del país, que la gente deje de pensar que amañar un partido no es como robar un banco. Sí que lo es, es un delito. Además, nos gustaría que se pudiera sancionar deportivamente a quien conozca un caso de fraude y no lo denuncie, aunque no tenemos competencia para ello».

Los arrepentidos necesarios

Jesús Manzano. Foto Cordon Press.
Jesús Manzano. Foto: Cordon Press.

Cuando Manuel Quintanar se hizo cargo de la Agencia Nacional Antidopaje en sustitución de Ana Muñoz Merino pronto se filtró que su tesis doctoral en Italia tenía que ver con la figura penal del arrepentido en relación con la mafia. «Lo que no se explicó bien», advierte Carlos Arribas, «es que su conclusión era contraria a que tuvieran beneficios, algo que dificulta mucho su colaboración». En cualquier caso, los llamados «arrepentidos» han sido clave para conocer las prácticas de dopaje sistemático en las últimas décadas. Como dice Sergio, de Ciclismo 2005: «Son fundamentales. Ten en cuenta que estamos hablando de una sociedad secreta con sus propias leyes y castigos, por lo que cualquier desafecto ayuda a iluminar nuestro conocimiento. Hemos aprendido más con Manzano, Landis, Frei y Sinkewitz de lo que jamás podrán decir Muñoz Merino, la UCI, la AMA o el Espíritu Santo».

Efectivamente, si la propia AEPSAD reconoce que los controles van por detrás de las prácticas médicas y que incluso el pasaporte biológico puede ser manipulado con una cierta pericia, la única manera de detectar casos de dopaje y controlar sus efectos sobre la salud sería recurrir a la citada «inteligencia», es decir, la colaboración con Policía y Guardia Civil y aquellos que quieran confesar sus pecados pasados, que en España son más bien pocos por no decir que es solo uno: Jesús Manzano, exciclista de Kelme-Comunidad Valenciana, cuyas declaraciones al diario As sirvieron para cerrar un poco más el cerco en torno a Eufemiano Fuentes y sus auxiliares.

De ahí que la figura de Bastida al frente de la Agencia encaje mucho más que el perfil eminentemente político de Quintanar.

Y es que en los últimos ocho años, la Guardia Civil ha llevado a cabo, entre otras, las siguientes «Operaciones» más o menos publicitadas mediáticamente: en mayo de 2006, la famosa Operación Puerto, con varios detenidos, entre ellos Manolo Saiz, director deportivo del Liberty Seguros, y el propio Eufemiano Fuentes; en abril de 2010, la Operación Galgo, que acabó con la detención de la atleta Marta Domínguez, vigente campeona del mundo de los 3000 metros obstáculos, su entrenador, el mítico Manuel Pascua Piquera, y Alberto León, acusado como «correo» de Eufemiano Fuentes e imputado también por la Operación Puerto. León se sucidaría en enero de 2011. Su cuerpo apareció colgado de una soga en casa de su hermano. Tenía treinta y siete años.

En noviembre de 2009 ya había caído el exdoctor del equipo Comunidad Valenciana, Walter Virú, cuyo destino azaroso merecería un artículo individualizado, en la llamada Operación Grial, con el marchador Paquillo Fernández como principal cliente, y aproximadamente por esas fechas era investigado el médico Jesús Losa, como parte de la Operación Chinatown, a raíz de los positivos por EPO de Maribel Moreno, ciclista olímpica, y Moisés Dueñas, quien participara como testigo protegido en la operación y cuyo destino ejemplifica lo distinto que se trata el arrepentimiento en España comparado con, pongamos, Inglaterra, donde David Millar, quien también recurrió a Losa para doparse según su autobiografía, es poco menos que un héroe nacional desde que reconoció sus trampas.

Esa es la pata que le falta a la «inteligencia»: conseguir que los deportistas hablen y no se sientan amenazados. Si de verdad quieren ser considerados víctimas del negocio y la codicia ajena, lo normal sería abrir la boca y denunciar la situación antes de dar positivo… o al menos después. Todo lo contrario sucedió durante el juicio de la Operación Puerto, en el que, mientras ciclistas extranjeros como Jaksche o Hamilton daban detalles de sus planes de dopaje, todos y cada uno de los españoles subidos al estrado, con la citada excepción de Manzano, negaban siquiera conocer dichos planes y no asumían ni una sola responsabilidad.

Si tenemos en cuenta que los que han confesado, como Manzano o Dueñas, inmediatamente han sido apartados del mundo del ciclismo y los que no han confesado en muchos casos han podido seguir con sus carreras, son jaleados en cada cuneta y encuentran con facilidad puestos de responsabilidad en distintos equipos una vez retirados o en la propia organización de las distintas vueltas ciclistas, uno podría pensar que confesar que te has dopado en España sale muy caro. «No solo eso», apunta Gómez Bastida, «es que además de quedarse sin trabajo, se les humilla, se les machaca, lo pierden todo». Igual que apuntaba Tebas para referirse al fútbol y las apuestas, Bastida recalca: «Nadie quiere ser el chivato y quedar así» y Carlos Arribas coincide: «A lo mejor es una cuestión cultural, por ser España un país de tradición católica, pero aquí la confesión pública se ve muy mal, como una deshonra».

«Hay padres que nos dicen cosas sobre sus hijos en edad amateur, confesiones anónimas, peticiones de que investiguemos a este o al otro», afirma Victoria Ley, también de la AEPSAD, «pero no es fácil saber cuáles de esas filtraciones son interesadas y cuáles no». Parece haber un consenso en que la figura del arrepentido merece más cuidado, pero no lo hay a la hora de definir qué se podría hacer para incentivar el arrepentimiento: un mejor trato de la prensa, un puesto de trabajo ajeno al deporte o dentro de él pero lejos del mundillo en cuestión y sus vicios; incentivos económicos, deportivos… Algunos piensan que lo mejor es que se les reinserte cuanto antes deportivamente o se reduzcan sus sanciones y otros piensan lo contrario, que un solo positivo ya debería conllevar la sanción de por vida.

Con todo, hay una duda: si el doping es tan peligroso, si tantas secuelas deja, ¿cómo es posible que nadie se niegue a doparse y denuncie esa actividad? En la AEPSAD lo tienen claro: «No pueden, hay una ley de silencio impuesta y no pueden salirse de ella». Jesús Muñoz Guerra es incluso más concreto: «Está el caso de José Luis Rubiera, que no ha dado positivo nunca pero estaba en el US Postal que según la USADA seguía un plan de dopaje sistemático y masivo. Bueno, pues Rubiera es médico [en realidad, Rubiera es ingeniero técnico industrial, pero desde luego su formación no parece la de un ignorante, NdR], sabe perfectamente los riesgos que corre con una sustancia y con otra, pero no ha dicho nada en público al respecto. La única que nos ha reconocido que sí, que se dopó, y no ha puesto pega alguna, es Virginia Berasategui, la triatleta vasca que dio positivo por EPO el año pasado. Le han llovido palos por todos lados: la prensa, los compañeros… Si se hubiera callado y hubiera dicho que era todo una persecución se habría retirado por todo lo alto».

Cabe matizar que era la segunda vez que Berasategui daba positivo y que en la primera, en 2005, no se mostró tan colaboradora.

¿A la fuerza ahorcan?

Lance Armstrong. Foto Everett Collection Cordon Press.
Lance Armstrong. Foto: Everett Collection / Cordon Press.

Si, al menos en España, está claro que no se puede contar con la figura del arrepentido y las investigaciones de la Guardia Civil —la más reciente, el 10 de enero de 2014, acabó con la detención de cuarenta traficantes y la incautación de 380.000 dosis dopantes— son muy fecundas a la hora de pillar a los «camellos» como dice Ezquerro, pero muy poco productivas a la hora de descubrir a quién iban dirigidas esas dosis —y 380.000 dan para mucho—, habrá que confiar en el análisis retrospectivo de muestras almacenadas, lo que sirvió por ejemplo para descubrir que Lance Armstrong había utilizado EPO en todas las etapas en las que fue testado durante el Tour de 1999 o para reconocer quince años después el uso generalizado de esta sustancia en el Tour de 1998 por parte de al menos una veintena de corredores, entre ellos Laurent Jalabert, Marco Pantani, Abraham Olano, Erik Zabel o Mario Cipollini.

La continua propagación de sustancias nuevas hace que los métodos de detección puedan ir hasta con varios años de retraso. Volvamos al ejemplo de la famosa eritropoyetina: ahora sabemos que ya a finales de los ochenta se utilizaba con cierta frecuencia y que en los noventa, al menos en ciclismo, atletismo y fútbol, era casi el pan nuestro de cada día. Sin embargo, la sustancia fue indetectable hasta el año 2000 y lo único que se hizo para evitar abusos fue introducir a finales de los noventa un límite del 50 % en el valor del hematocrito, indicativo por sí mismo de un probable uso de EPO. La introducción de ese límite tuvo consecuencias perversas: por un lado dio la impresión de que si no llegabas al 50 % y demostrabas así que tu salud no estaba en riesgo, no te habías dopado, reforzando el adagio del mundo del deporte: «Si no hay positivo, no hay dopaje». Por otro lado, los corredores eran simplemente retirados de la competición durante un cierto tiempo sin una acusación concreta, solo por razones estéticas disfrazadas de sanitarias, reforzando una sensación de falso castigo.

Recientemente, se ha sabido que los laboratorios de Colonia y Moscú están reanalizando muestras de 2012 y que los positivos se cuentan por centenares. Cuando salió la noticia se especuló mucho con que esas pruebas podrían estar centradas en los Juegos Olímpicos de Londres y que se llevarían por delante a varios grandes nombres. Eso mismo quiere pensar todavía José Andrés Ezquerro, que sigue el tema con innegable curiosidad, a la espera de que el listado sea definitivo y que el COI tome cartas en el asunto. Todo lo contrario opina Carlos Arribas, para quien los positivos que se están descubriendo demuestran un «dopaje de segunda clase», poco más que combinados de esteroides propios de países sin suficientes medios para un dopaje eficaz.

En cuanto a las nuevas drogas que se están utilizando, todos coinciden en que la citada y cancerígena AICAR lleva demasiado tiempo en el mercado y sin ningún control médico, así como el AICAr, una sustancia endógena que actúa sobre el ARN y que engaña al músculo haciéndole pensar que se está ejercitando, ideal para especialidades en las que no hay tiempo material para entrenar como es debido o cuando una lesión te impide hacerlo de forma constante. «Mucho ruido y pocas nueces», viene a decir Arribas, que cree que se está hablando demasiado de esas nuevas sustancias como si fueran revolucionarias pero no mejoran lo que había antes.

Arribas, precisamente, es de los que creen que la cosa está mejor ahora que antes. Desde luego, peor que en los noventa no va a estar. Antoine Vayer, periodista francés, lleva examinando desde hace más de treinta años el rendimiento de los ciclistas en las ascensiones de las grandes vueltas calculando la energía que desarrollan en watios por kilo, una fórmula que es la base de la programación física del doctor Michele Ferrari, la mano derecha de Lance Armstrong y de medio pelotón en los últimos veinte años. Según los números de Vayer, publicados en su revista La Preuve par 21 el resultado más irregular, calificado de «propio de un mutante», fue el del Tour de 1995, que ganó Miguel Induráin por delante de Alex Zülle y Bjarne Riis, hombre que, hemos sabido después, era apodado «Mr. 60 %» por estar habituado a correr con el hematocrito por encima de ese nivel, costumbre que compartía con Marco Pantani.

No parece por tanto, según los expertos, que los análisis retroactivos de Colonia y Moscú —la historia del laboratorio de Moscú es al menos tan rocambolesca como la del doctor Virú— vayan a cambiar en algo la historia reciente del deporte. Si ahora hay menos doping o no, no lo sabemos, lo que parece claro es que hay menos positivos. «Nada cambiará hasta que alguien que ha quedado segundo, diga: oiga, que el primero iba hasta arriba y yo me merecía ganar», dice Ezquerro, quien convive con el pelotón en las grandes vueltas y asegura que las sonrisas pícaras y los comentarios del tipo: «Cómo va fulanito, parece extraterrestre» son habituales, pero siempre con la prudencia de no acusar directamente.

Porque acusar, queda claro, resulta caro. Más caro que las consecuencias que tu cuerpo pueda padecer dentro de, ¿cuánto?, ¿veinte, treinta, cuarenta años? El interés por pillar a los tramposos, su propia consideración de tramposos, parece estar ahora mismo en un segundo plano. Con que no se destrocen la vida con sustancias improbables parece suficiente. El control de los médicos sigue siendo total. Jesús Muñoz Guerra, de la AEPSAD, pone el acento en el gran fraude: «Si un mismo médico lleva a cuatro o cinco deportistas y les cobra diferente, ¿quiere decir que lo que les da es diferente?, ¿que, en igualdad de condiciones, el que decide quién gana es él?». No queda ahí la cosa: Guerra insinúa que el propio médico es el que te puede tender una trampa y hacerte dar positivo cambiando una dosis o una sustancia por cualquier tipo de desencuentro personal o deportivo, de ahí la incredulidad de cada deportista cuando le pillan en un control si nunca le habían pillado antes.

La legislación ya no es la de antes y de algo han tenido que servir los tres intentos infructuosos de Madrid por albergar unos Juegos Olímpicos: con la ley en la mano, el dopaje en España no solo es fraude deportivo sino que es delito y se ha de perseguir penalmente tanto al traficante como al médico como al deportista. ¿Se persigue de verdad o nos limitamos a controlarlo como se controla el tráfico de cocaína? Esa es la gran pregunta que se hace el aficionado y, como habrán visto, es muy compleja. Tan compleja como la de Petrini, que ahí sigue, flotando en el aire.

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31 comentarios

  1. PRESIDENT MAO

    Está en boca de todos que, la razón más importante por la que Madrid no se llevó los Juegos Olímpicos ninguna de las veces que ha presentado su candidatura, es por el tema del dopaje, que aquí la droga corre como el agua, y si te pillan no pasa nada… Vamos, que al otro lado de los Pirineos se creen que esto es la Colombia de Pablo Escobar, y no les faltan motivos.

    • judani

      Hi jo de pu ta empezando que pedro delgado gano el tour de francia 88 y dopado, seran los hp europeos mas honestos que nosotros los colombianos?. A fabio PArra simplemente le robaron el tour porque Rooks tambien era uno que se dopaba continuamente

  2. Pingback: El dopaje en España: una historia de amor y muerte

  3. Valhue

    Cada vez que en la UCI decían de analizar retrospectivamente las muestras de Lance Armstrong a Induráin le corrían escalofríos por la espalda. Inocentón como es él, llegó a hacer bastantes declaraciones del tipo “si no lo pillaron en su momento ahora no debería valer eso”.

  4. poochie

    Extenso y muy documentado. aunque no deja de resultarme curioso que no salga el nombre de Alberto Condador

    • Engonga

      A mi también me resulta curioso que no salga el nombre de ciertos médicos y su relación con ciertos clubes de fútbol en España, con historiales más que sospechosos y con un rendimiento físico y plazos de recuperación poco creibles.

      En este país han muerto recientemente algunos futbolístas jóvenes aparentemente sanos en circunstancias no del todo claras. ¿Caso Armstrong en España? Que hagan controles como Dios manda y a lo mejor muchos nos llevamos una sorpresa.

      • Pablo Vega

        ¿Puedes decir el nombre de esos futbolistas?.

        • Engonga

          No hace falta, no hablamos de juveniles o de regional preferente precisamente.

          Si a eso le sumamos lo sucedido con las bolsas de sangre de la operación Puerto o cómo desde ciertos sitios se deje caer que si se desvelara toda la mierda que hay bajo las alfombras, peligraría el mundial ganado por España, pues no puedo hacer otra cosa que ponerme en lo peor.

  5. Isaías

    Excelente artículo. Igual que pasa en política, donde se dice que los políticos son un reflejo de la sociedad que les vota, nuestra actitud social hacia el dopaje explica en buena medida que las cosas se hayan hecho y se sigan haciendo como se hacen.
    El deportista tiene una parte de responsabilidad. Quiere ganar a toda costa por todos los beneficios que ello comporta y, como cualquier otro que infringe la ley, siempre piensa que se va a ir de rositas: que a los demás los pillan porque son unos “pringaos” pero él no; que los demás acaban enfermando de esto o lo otro pero él es indestructible. Y si, sea porque se cae del caballo, camino a Damasco o a donde sea, o porque se pone a hacer números y no le sale a cuenta morirse reventado como una pita a los 40, o porque está harto de pringar sin rascar bola, decide hablar, lógicamente se va a encontrar con el ostracismo y el castigo de los que quieren que todo siga igual.
    Que en el fútbol hay dopaje se sabe desde los 70 y en los 80 a Harald Schumacher, portero de la selección alemana, lo mandan a jugar poco menos que a 3ª Regional no es sólo porque lo pillaran sino, sobre todo, porque denunció que el dopaje en el fútbol alemán (cabe colegir que en otras ligas potentes la cosa no debía ser muy distinta) era el pan nuestro de cada día. ¿Me quieren hacer creer que ahora no es si cabe peor, con el calendario infernal de partidos que tienen los futbolistas de élite? A otro perro con ese hueso…
    ¿Que los médicos que los tratan son unos desaprensivos? Puede pero, insisto, no dejan de ser una cotinuación lógica de aquél que se pone en sus manos para ser el próximo ganador de tal o cual competición.
    Que en España se es bastante comprensivo con quien se salta las normas a la torera es algo que podemos constatar a diario y por cada uno que se indigna o denuncia un determinado estado de cosas nunca falta el buen puñado que le dice que se calle, que él haría lo mismo. Lo cual indica a las claras que son ellos en realidad quienes harían lo mismo a poco que se les diera la oportunidad.
    Y eso nos lleva la siguiente pata del banco: el aficionado, el espectador, quiere espectáculo y por tal se entiende que el deportista siempre tiene que rendir más y mejor. El ciclista tiene que subir el Tourmalet más rápido que el año pasado; el futbolista tiene que jugar a pleno rendimiento, ya desde el mes de septiembre, la liga, la copa, la Champions, con la selección y el torneo de su barrio; el maratoniano tiene que estar siempre por debajo de 2h 10′ porque, si no, se considera una marca discreta… Y así hasta donde ustedes quieran. ¿Que para eso el deportista tiene que doparse? “Ah, no sé, a mí eso me da igual” dirá el espectador. Y eso mismo piensan las cadenas de televisión.
    Y si no, recuerden lo ocurrido hace unos años en unos mundiales de atletismo; no recuerdo cuál, pero si la memoria no me falla debió ser a comienzos de los 2000. La final por antonomasia, como se sabe, es la de los 100m lisos masculinos. Y ahí invariablemente se esperan marcas estratosféricas, rozando el récord del mundo. Si lo baten cada semana, tanto mejor. Y cuál no sería la decepción de los comentaristas cuando esa final que les digo se ganó con una marca de 10″ y unas pocas centésimas. ¿Por qué? ¿Cómo se llegó a esa marca tan “decepcionante”? Bueno, pues porque como la IAFF es desde hace décadas más que sospechosa de connivencia, o algo peor, con el dopaje y ya se había pillado a más de una estrella metida hasta las cejas, no querían que se repitiera un nuevo Seoul ’88: le tienen más miedo a un nuevo Ben Johnson que a un nublado. ¿Resultado? Todo el mundo acojonado, controles por todos lados y marcas sencillamente del planeta Tierra. Mal rollito: nadie quiere ver a velocistas del planeta Tierra; por eso las televisiones no pagan morteradas de millones; por eso no hay contratos de publicidad multimillonarios… Se para el circo, luego, mejor nos olvidamos de tanta milonga, que cada cual haga lo que quiera y si te pillan o te revientas por el camino, pues mira, tú mismo…
    Todo volvió a la normalidad: el ser humano vuelve a correr por debajo de 9″6, que ya es decir, Messi no se rompe jamás, Nadal recupera el nº 1 las veces que haga falta…
    ¿Estoy afirmando que Ussain Bolt, Leonel Messi o Rafael Nadal van hasta las pestañas? No, no lo puedo decir porque no tengo ninguna evidencia al respecto.
    Pero tampoco hay evidencias oficiales de que Indurain o Carl Lewis se doparan y, no obstante, múltiples testimonios dicen que no hay quien se crea que hicieron lo que hicieron sin doparse. Florence Joyner dejó el record de los 100m lisos femeninos en poco más de 10″4 en Seoul ’88, cuando cuatro años antes, Los Ángeles ’84, tuvo una “discreta” medalla de bronce… aún con aspecto de mujer normal, no con la cara de Terminator que tenía cuando destrozó el récord. Pocos años después, con 38 años, muere reventada del corazón, bajo la sospecha insistente de que el dopaje la llevó hasta ahí. La que más se le ha acercado, Marion Jones, 10″6, ha sido pillada por dopaje, ella sí… Que cada cual saque sus conclusiones…
    A mí me cuesta creer que se llegue a y, sobre todo, se mantengan ciertos niveles de rendimiento sólo con entrenamiento, descanso, nutrición adecuada y algo de suplementación con vitaminas, potreínas y poco más.
    Si se rebelara que todos esos héroes modernos que acabo de citar se dopan o lo han hecho en el pasado, no me extrañaría. Ni tampoco me escandalizaría, lo cual tampoco quiere decir que lo aplauda.
    Porque ésa es la reflexión, creo, que nos deberíamos plantear, qué clase de espectáculo queremos ver, qué niveles nos parecen el mínimo indispensable: si queremos que las cosas sigan como hasta ahora, porque, si no, no apetece ver deporte por la tele o acudir a los estadios, entonces olvidémonos del control antidopaje, así de simple. Es como querer acabar con la prostitución o las drogas: una pérdida de tiempo y de dinero.
    Pero si de verdad queremos que eso desaparezca, bueno, entonces sentémonos. Y asumamos las consecuencias

    • Alejandro Reyes

      Yo no lo habría explicado mejor, subrayo punto por punto tu comentario. El hecho de que las mejores ligas del mundo en cuanto a espectáculo sean las americanas, las cuales tienen unas políticas bastante permisivas con sus jugadores, y opacas con el resto del mundo (normativas especiales para jugadores NBA en JJOO por ejemplo), deja a las claras la diferencia entre mentalidad deportiva europea, o de puro espectáculo como es la americana. No se que fórmula será la idónea, ya que la clandestinidad del doping en Europa lleva a los deportistas a hacer algunas barbaridades para destacar del resto, pero es que en EEUU, aún con un sistema más abierto, siguen habiendo muchos casos de jugadores que ponen su cuerpo al límite abusando de sustancias dopantes, como ocurrió hace un tiempo en el baseball y en el fútbol americano, que llevan a las grandes ligas a poner el freno para evitar escándalos.

      • Isaías

        Y tanto que se se hacen barbaridades. Yo durante años entrené como culturista, por simple gusto, nunca tuve la más mínima intención de competir, y nunca me “metí”, como se suele decir, nada. Y no por falta de ofertas, por cierto. Simplemente, no me interesaba. ¿Por qué? En buena medida, porque nunca quise ser profesional, ni siquiera medio amateur. Si lo hubiera intentado, quién sabe… Y, junto con eso, porque me informé un mínimo sobre los efectos indeseables de toda una serie de substancias que en ese mundillo y en el de otros deportes (está bien que traigas a colación lo del fútbol americano o el béisbol) son el pan nuestro de cada día y, la verdad, no me salían las cuentas: ves la cantidad de gente que ha muerto reventada siendo aún jóvenes, tipos que con apenas 30 tacos tienen hepatocarcinomas, impotencia y un largo etcétera y, la verdad, como que no.
        Pero conforme yo lo sé, lo puede saber cualquiera, no estamos hablando de información de alto secreto. Y no estamos hablando de niños chicos sino de adultos. ¿Que esos adultos pueden llegar ser muy inconscientes porque se creen que se las saben todas y que ellos “controlan”? Bueno, allá cada cual con sus idioteces.
        Lo que intento decir es que somos, o deberíamos ser, adultos y saber tomar una opción u otra. ¿Que queremos espectáculo a toda costa? Adelante, con todo lo que ello comporta; es decir, saber que las marcas se logran a base de eso y que si el deportista se deja la vida por el camino, ése es un riesgo que viene en el sueldo, como se suele decir.
        No me vale el victimismo, lo siento, el típico ” yo no sabía”: no, tú sí sabías y mientras creíste que te ibas a salir con la tuya sin que nadie se enterase o sin pagar los “peajes” correspondientes, todo te parecía de perlas. ¿Ahora viene mal dadas? Ajo y agua. Y lo mismo, exactamente, vale para el espectador y la prensa deportiva, cómplice a más no poder de todo ese circo y culpable de hipocresía elevada a la enésima potencia: todos ellos saben que todo dios se dopa, pero hacen como que no va con ellos la cosa; en cuanto lo pillan, de forma automática el que hasta el otro día era invitado fijo al programa oa las páginas del diario, sabiendo ellos, insisto, de qué va todo el asunto, ahora pasa a ser un apestado.
        En este sentido, y por no salirnos de España, el caso de Johann Mueleg, el primer esquiador de fondo español medalla en un juegos olímpicos, es paradigmático. Éste era un alemán de buen nivel en su país pero que nunca iba a pasar de un cuarto o quinto puesto en la alta competición. Le ofrecen el cambio de nacionalidad, el tío acepta, a cambio, claro, de hacer ciertas cosas como a él le viniera en gana. La Federación aceptó, para mosqueo, como es lógico, del resto de esquiadores españoles. El tipo empezó a ganarlo todo y en la prensa estaban que no se lo creían: el fulano hablaba un español catastrófico pero él era más español que nadie, de Navalmoral de la Mata, por si a alguien le quedaban dudas, y de llamarse Johann, todo el mundo, en plan campechano, le empezó a llamar Juanito. Triunfa en los juegos de Salk Lake City y aquello ya fue la apoteosis. Claro, al par de días lo pillan por dopaje y ya, ipso facto, dejó de ser Juanito: volvió a ser Johann y todo el mundo se cuidaba muy mucho de dejar claro que era alemán nacionalizado español. ¿De verdad que nadie se preguntó cómo un segundón, de la noche a la mañana, bate a los mejores especialistas? Vale que la paella está muy rica pero que mejore el rendimiento hasta ese punto, en fin…

  6. En España sólo nos escandalizamos por una fracción de segundo cuando uno de estos ciscos salen a luz. Pero en seguida se nos pasa. Yo mismo, que me considero bastante crítico y me he sentido muy decepcionado como seguidor del deporte en general, me ha costado recordar casos como el de Alberto García, Roberto Heras y un interminable etcétera de casos condenados judicialmente.
    Es evidente que todo el mundo piensa (al menos yo) que el deporte en general está de dopping (mierda) hasta las cejas. Y nos importa muy, muy poco.
    Artículo interesante: http://blogs.elcorreo.com/aletheia/2010/12/13/aquella-entrevista-indurain-sobre-dopaje/

  7. abuelo

    Perseguir el dopaje es puro cuento. Los que tengan mas pasta siempre encontraran la manera de saltarse los controles. O acaso es normal correr los 100 m en menos de 10 segundos solo con entreno. Lo que hay que hacer es admitir que el deporte semi profesional no se puede hacer sin chutarse y lo que hay que hacer es que las sustancias de sus chutes pasen por caja y registro.

    • Valhue

      Tampoco creo que valiese. Legalizar la marihuana y la cocaína acabaría con el tráfico de drogas, pero si todos los atletas pudiesen meterse hasta 30mg/mes de anabolizantes o 50ml/mes de EPO el “dopping” sería meterse más para estar más fuerte que los otros.

  8. El reportaje es lamentable. Parece un estudio serio pero después utiliza fuentes dudosas como el tal Sergio de Ciclismo 2005, un personaje que miente y calumnia habitualmente, escondido bajo un seudónimo y sin revelar su verdadera identidad, o José Ramón De la Morena que hila una inexactitud con otra, sobre todo en el caso Gurpegui en el que su ruptura con Padilla se produjo simplemente porque no le quiso dar la entrevista en exclusiva que le pedía, por otra parte, método habitual de ese periodista para marcar la frontera entre enemigos y amigos. Además cae en la contradicción de ir a degüello contra el médico después de, según el, haberle “tapado” en otras ocasiones. Si es así, estamos ante un caso de encubrimiento manifiesto. Por otro lado, dice que en su día le advirtió a Padilla con un “cuidado, que el fútbol no es como el ciclismo” y eso ya da risa, porque da a entender que el fútbol es mucho más estricto con el dopaje cuando en realidad es todo lo contrario. Desde qué dio positivo hace diez años, Gurpegui ha pasado cuatro controles de orina y ninguno de sangre, los mismos que cualquier ciclista del montón en seis meses. Gurpegui, por cierto, no era juvenil cuando dio positivo.
    Ya por último, el autor del reportaje se podría haber documentado más. El primer ciclista español que dio positivo fue Jaime Huélamo en los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972, en los que le desposeyeron de la medalla de bronce.

  9. Noigdsh

    El caso de Nadal es más que evidente, basta con ver al muchacho, pero aquí se censura por completo.

    • PEDRONR

      ¿Más que evidente? ¿Cuales son los datos que soportan tu afirmación? ¿Lo que tu ves, o crees que ves, y a partir de ahí, con esa base indiscutible, deduces? Aporta algo, además de sospechas y desconfianza. Como broma, está en la misma línea que los guiñoles franceses, pero sin su humor e intrascendencia.

      • Engonga

        Por no hablar de la cantidad de controles que tiene que pasar, igualito que el fútbol…

  10. Noigdsh

    ¿Querías datos? Aquí una de las tantas que los periódicos de aquí no publican:

    http://www.clarin.com/deportes/tenis/Christophe-Rochus-Nadal-vestuario-inyeccion_0_1074492916.html

    • Valhue

      Que un tío que está viendo un partido por la tele a ocho mil kilómetros de distancia, comentándolo para una televisión en la otra punta del mundo, diga que alguien se ha pinchado fuera de cámara es difícilmente una prueba de algo.

  11. Ya que el autor escribe un articulo con tanta información sobre un tema tan delicado, que menos que un apartado de referencias donde cite las fuentes de sus afirmaciones.

    Que el dopaje está presente en el deporte de élite no creo que lo duden muchos, pero creerse todo lo que dice este artículo a pies juntillas es un ejercicio de fe.

    PD: El AICAR altamente cancerígena, ¿que estudios lo refrendan?

  12. Casos como Nadal, nunca verán la luz. Nike y cia. necesitan héroes a toda costa y tiene el suficiente poder como para protegerlos.

    • Sergio

      Vaya perra que tiene alguna gente con Nadal, ¿acaso no hay panaderos o vendedores de seguros que están cuadrados? ¿Es tan raro que un tío que entrena 6 horas al día tenga más bíceps que tú? Nadal es un jugador que lleva ganando títulos desde los 15 años, ¿no es más sospechoso que Djokovic descubra (¡a los 24 años!) que es celíaco y esa temporada, cambiando su dieta, se ponga a ganar todos los torneos que juega? ¿Nike tiene poder para proteger a Nadal y no lo tiene para proteger a Armstrong, el Gran Héroe Americano? Y Nadal no llega a todas las bolas: las lucha todas, que es distinto.

  13. El dopaje no tiene solución. La presión professional, el espectáculo, la publicidad, los medios… La sociedad entera empuja a los deportistas hacia la frontera de lo que es aceptable y lo que no lo es. Y me pregunto: ¿Qué no es dopaje? La respuesta es solo una: tomar sustancias o someterse a prácticas que estén prohibidas. Todo lo que no esté en la lista negra está permitido. No sé, ni creo que lo sepa nadie, cómo se puede poner coto a la manipulación de las condiciones naturales del cuerpo.

    Y también me pregunto: ¿La fe no es doping?

    Os dejo un apunte sobre el tema:

    http://enarchenhologos.blogspot.com/2012/08/esport-fe-i-dopatge.html

  14. Reverendo

    Interesante artículo, en el que no he podido dejar de reparar en la figura del arrepentido: ese ser presionado entre los (no siempre verdaderos) defensores de la legalidad y la moral, y los leales (no siempre malvados) al código interno de silencio propio de un colectivo. No me extraña que muchos de ellos se hundan y acaben mal, especialmente aquellos que pueden haber vivido de todo antes de cumplir los 30 años)

    Pienso que, en el momento que el deporte dejar de ser un mero juego de competición para convertirse en un espectáculo, la amalgama de intereses económicos, políticos y sociales, muchas veces entrelazados, se incrementa. Da la sensación de que muchas personas viven de ello y los vínculos entre deportistas, entidades organizadoras, empresas privadas e incluso la clase política son determinantes para marcar los vaivenes del deporte de élite.

    En el tema del dopaje, creo que existe mucha hipocresía: ¿dónde está el límite entre un complemento vitamínico legal y una sustancia ilegal? ¿Lo marca la OMS o lo determinan los patrocinadores relacionados con las industrias farmacéuticas? ¿Es posible que personas que pasan juntas tantas horas al día durante tantos días al año no sepan qué pasa o qué deja de pasar? ¿Realmente son escándalos o son meras confirmaciones públicas de lo que ya sabía muchas personas? (como en la película “Casablanca”, cuando una redada en el casino coge por sorpresa dentro al inspector de policía y éste, tras ser saludado por sus subordinados que hacían las detenciones, grita en voz alta “Qué vergüenza, aquí existe juego ilegal”) y uno de los empleados le entrega sus ganancias antes de que lo retengan).

    Suele decirse que “los resultados son los que mandan”. En base a ello, no es de extrañar que “el fin justifique los medios”, sobretodo cuando hay tanto dinero de por medio.

  15. Pingback: Dopaje en Triatletas Recreacionales | Tenerife Sports Science by T3 coaches

  16. H.G. Martín

    Yo siempre he sospechado del Sevilla de Juande Ramos, aquel que ganó dos copas de la UEFA. Cualquiera que comparase esa plantilla el año anterior y el año que llegó el susodicho entrenador (con el famoso “nutricionista” de la mano) no se explicaba como podían jugar los 90 minutos a ese ritmo. Faltaban 5 minutos para que terminse el partido y corrían igual o más que en el minuto 1. ¿Suerhombres? No lo creo.

  17. Pingback: Dopina Espainian | Slump doktorearen zaintiratua

  18. Jamie T-C

    Qué significa “la maldición del Estadio de Como” y “buffala”? Gracias

  19. Samuel

    Muy buen artículo. Ya que se les menciona, recomiendo encarecidamente el documental “La mentira de Armstrong” y el libro de Tyler Hamilton, “The secret race”

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