
(Viene de la primera parte)
Esta es la primera oportunidad que tengo de escribirle desde la gran masacre, y para empezar le diré que siento vergüenza por haber formado parte de aquello. No serviría de nada contarle cómo fue conducida la lucha; me limitaré a decirle que pienso que el oficial al mando debería ser ahorcado. Tras la batalla hubo una escena que espero no volver a ver jamás: a los hombres, a las mujeres y a los niños se les quitaron las cabelleras, se les cortaron los dedos para despojarlos de sus anillos. Se disparó a niños pequeños mientras rogaban por sus vidas. Le dije al coronel que creía que era un asesinato atacar a indios amistosos. Me respondió diciendo: «Dios maldiga a cualquier hombre que simpatice con esos indios». (Carta del teniente estadounidense Joseph Kramer a uno de sus superiores)
Noviembre de 1864. La tétrica noticia corre por las grandes llanuras como un reguero de pólvora encendido: setecientos soldados blancos, dirigidos por el sanguinario coronel John Chivington, han atacado una aldea cheyenne en Colorado. Una aldea pacífica, no involucrada en la guerra que otra parte de la Nación Cheyenne libra contra los blancos. Una aldea teóricamente beneficiaria de la protección estadounidense por efecto de un tratado con el gobierno de Washington. Y aun así, los hombres de Chivington han cometido una carnicería que ha horrorizado incluso a militares que formaban parte de esa misma expedición: en su correspondencia personal y oficial, así como en los informes verbales ante sus superiores, algunos de esos oficiales piden abiertamente que el coronel Chivington sea llevado al patíbulo. Cuando la noticia de la masacre empieza a circular por el país, incluso renombrados enemigos de los nativos —como el antiguo trampero y aventurero de la frontera reconvertido en líder militar Cristopher «Kit» Carson— hablan de la matanza con una mezcla de rabia y náusea:
Lo que ese perro de Chivington y sus sucios sabuesos han hecho en Sand Creek… sus hombres han disparado a mujeres y le han volado los sesos a niños inocentes. Y llamáis a esos soldados «cristianos», ¿no es así? ¿Y en cambio llamáis «salvajes» a los indios? ¿Qué pensará de esto el padre celestial, que nos creó tanto a nosotros como a ellos? Te diré algo: no me gusta un piel roja hostil más de lo que te gusta a ti. Y cuando son hostiles he luchado contra ellos tan duramente como cualquier otro hombre. Pero aún no le he puesto un dedo encima a una mujer o a un niño. Y abomino de los hombres que sí lo hacen.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Pingback: Nube Roja, el hombre que derrotó a los Estados Unidos (y II)
se echa de menos una lista de la bibliografía consultada al final del artículo
Esta es sin duda una historia fascinante entre un choque de culturas, de civilizaciones, cuando ya existía la fotografía, lo cual nos hace sentir más partícipes.
Es imposible pensar en otro «Destino manifiesto» diferente ante aquella conquista del oeste por los ojos blancos. Por más que uno intente imaginar, el final de los indios nativos era ineludible ante la superioridad tecnológica y poblacional. Otra cuestión es si fue ético o moral, pero estos no suelen ser valores por los que el ser humano esté dispuesto a matar.
Gran artículo aunque yo creo que se debe evitar la visión del indio como un ecologista de buen corazón. Conformaban una sociedad con personas mejores y peores, al igual que las actuales. Y eran capaces de cometer las mismas brutalidades para conseguir sus intereses. Ni eran unos santos, ni unos salvajes, tan sólo seres humanos.
Su posición de debilidad así como su fin trágico tal vez fomente nuestra solidaridad y empatía en su recuerdo. Gran artículo sobre un episodio fascinante de la historia.
Muy buen artículo, enhorabuena.
Pequeña confusión: cuando hablas del «camino de Bozeman» (justo debajo de la foto de la casaca), éste conduce al oro de Montana (no al de Nebraska)
¿Soy el primero en ver ciertos paralelismos con Israel/Palestina?
Felicidades, un gran articulo. Solo destacar, q esa lucha al final a tenido sus frutos. En los E.U las comunidades indigenas tienen mucho mas derechos q los propios ciudadanos. Ellos son considerados Nativos y por lo tanto no tienen q pagar ningun tipo de impuestos. Algo q el ciudadano Americano esta sufriendo cada dia mas
¿A qué te refieres con ningún tipo de impuesto?
No es verdad.
Sus tierras están protegidas. Y punto.
Muy interesante el artículo. Enhorabuena.
La persona que aparece en la ultima foto del reportaje parece más Sitting Bull (Toro Sentado) que Nube Roja
Pingback: El núcleo de la doctrina del Imperio es terrorismo y masacres | Antimperialista
Pingback: El núcleo de la doctrina del Imperio es terrorismo y masacres – Diario Octubre
buenas historias, mejor documento, saludos
Quien enseñó a los nativos a usar armas de fuego,como las conseguían,quien los adiestró en sus uso,como las financiaban,en donde conseguían municiones?
Conocer esas respuestas es muy interesante y estoy seguro que cambiaría la perspectiva de la historia que quieren que creamos.
Excelente articulo
Gracias por enriquecer mis conocimientos en historia.