Gárate: «El mejor Atlético de la historia es el de ahora»

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No podemos decir que sea algo habitual que a un jugador de fútbol se le recuerde por su elegancia y su saber estar. A José Eulogio Gárate nunca le han faltado elogios como killer del área, pero cuando se habla de su carrera, el detalle, la apostilla, siempre trae a colación recuerdos como que no celebraba los goles por respeto a los rivales. Treinta años después, las formas de Gárate siguen llamando la atención. Es cumplidor, puntual y muestra gratitud por nuestro interés. Lo que se dice un caballero de otro siglo. Su Atlético fue el mejor de la historia para muchos aficionados, aunque a él le gusta más el del Cholo Simeone. Otro gesto de generosidad. Desgraciadamente, salió del fútbol por una lesión inverosímil, más propia de un capítulo de House, pero supo seguir con su vida.

Nació en Argentina. ¿Cómo terminó allí su familia?

Mi abuelo fue teniente alcalde republicano de Eibar. Con la guerra tuvo que huir a Francia y de ahí se marchó a Argentina. Pero mi padre se quedó aquí porque estaba trabajando y más adelante se casó. Tiempo después, en una ocasión decidieron ir a visitar a sus padres y se quedaron allí durante la posguerra. España atravesaba momentos de dificultad, de carestía de comida, problemas de alimentación… de todo. Se quedaron allí porque Argentina entonces era un paraíso. Era el granero del mundo, se decía, pero es que era verdad. Allí había trabajo para todo el mundo y abundancia de todo. Yo nací allí en 1944 y en el 45 mis padres volvieron a Eibar. Así que yo me considero eibarrés.

En sus inicios en el fútbol estuvo con ficha de amateur hasta en Segunda División.

Yo empecé a jugar al fútbol en el colegio. Antes, en los inicios de los años cincuenta, solo había fútbol. Baloncesto había en las capitales, pero en los pueblos no. Ni balonmano, ni tenis, ni nada. Todos los niños del colegio jugábamos al fútbol en una época en la que, como se habrá contado en miles de ocasiones, el balón si no era de cuero era de papel. Jugabas al fútbol con lo que podías y así empecé a aficionarme. Luego, cuando hice el bachillerato y empecé con el ingreso en Ingeniería, mi padre quería ante todo que estudiara. Si podía compaginar el estudio con el deporte, mejor. Pero inicialmente quería que yo tuviese una carrera. Sin embargo, yo tenía muchísima afición. Y como aprobé todos los exámenes selectivos para la escuela de ingenieros, me dieron permiso para jugar en el juvenil del Eibar, porque entonces se necesitaba la autorización de los padres para jugar.

En cualquier caso, como tenía que compaginar los estudios con el fútbol, yo no entrenaba. Solo iba el fin de semana a jugar el partido. Luego ya pasé al Eibar en Tercera División categoría nacional, que venía a ser la 2.ª B actual, y después de dos años fiché por el Indauchu en segunda, pero siempre, efectivamente, como amateur, porque no podía tener la obligación de entrenar. En Segunda entrenaba un día a la semana. Todo esto me pasó factura. Hoy los chavales que se inician en el fútbol están entrenando desde los diez u once años, así adquieren una preparación y un físico adecuado. A mí me faltaba resistencia. Tenía condiciones, pero mi cuerpo no estaba trabajado desde la niñez o desde la juventud para aguantar los partidos enteros a un alto nivel. Fue uno de mis puntos flacos.

Usted no quería hacer la mili y eso condicionó su salto a Primera.

Yo era de pueblo, del norte, yo quería estar en el Athletic de Bilbao. Era el equipo de nuestro entorno, de la zona, el equipo de los vascos, y ellos querían ficharme. Piru Gaínza, el entrenador, me decía que me daba todo lo que quisiera, libertad para entrenar y estudiar, para compaginar el fútbol con mi vida. Pero el problema fue que para fichar por el Athletic de Bilbao me tenía que hacer español. Yo había elegido la nacionalidad argentina porque la mili me parecía una pérdida de tiempo. El Athletic la verdad es que fue muy honesto, se portó conmigo como un verdadero caballero. Y yo no tenía ningún problema en hacerme español, pero no quería ir al servicio militar. Ellos lo intentaron, contactaron con la Capitanía General de Burgos, pero les dijeron que no. Luego el Atlético de Madrid fue más hábil y me consiguió la nacionalidad española sin tener que hacer la mili. En la insistencia del Atlético en mi fichaje tuvieron que influir mucho los informes que dio de mí Ferdinand Daucik, mi entrenador en el Indauchu, que mantenía muy buenas relaciones con el club.

Llegar a Madrid me causó gran impresión. Era un 25 de julio, hacía un calor horroroso para alguien que llegaba de un pueblo del norte. Pero gracias a Dios todo fue muy bien. Madrid es una ciudad muy acogedora. Me siento vasco, porque lo llevo dentro desde la niñez, por mis padres, por todo, pero en lo que es la verdad de la vida, soy un madrileño más. Mi llegada aquí fue sensacional.

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Dijo que de quien más aprendió en el Atlético al llegar fue de Jorge Griffa.

Él era un profesional auténtico. En el fútbol no tenía ni familia, ni padre, ni madre. Había que ganar y ganar y ganar. En los entrenamientos he aprendido muchas cosas de muchos, pero lo que es a ser un profesional, un verdadero profesional, me lo enseñó él. Decía que había que darlo todo, porque la obligación de un profesional es ganar. En ese sentido fue un maestro para mí.

Desde que llegó reconoció las señas de identidad del juego del Atlético, defender todos juntos y contraataques rápidos.

Siempre ha sido así. Juego rápido, contraataque. El Atlético de Madrid fue pionero dentro del fútbol español en el esquema del 4-4-2. La forma de jugar que se emplea hoy en día, creo yo, la táctica básica que usan todos. La diferencia con aquella época está en las líneas. Antes no se jugaba tanto en bloque como hoy, que los jugadores están todos mucho más juntos. Ahora defienden todos y antes no era así. Pero el Atlético de Madrid de esos años defendía en el medio del campo. Éramos un equipo duro. A día de hoy, con Simeone, el Atlético está haciendo un fútbol físico. Se está jugando en una condición de mucha entrega, mucho desgaste. Tiene calidad, pero está jugando siempre al límite. Mantenerse mucho tiempo así no es fácil, hay algunos altibajos. La plantilla del Atlético no es ni la del Barcelona ni la del Real Madrid. No tenemos ese nivel, son superiores. Por eso somos ahora un equipo de esfuerzo y resultados; resultados que nos han acompañado y desde el punto de vista anímico eso ha sido fundamental para mantenerse en esa línea.

Después de cada partido le dolían los huesos.

Todavía me duelen. Los centrales en aquella época eran más duros, tenías un marcador fijo que te seguía a todos los lados y si no llegaba, te daba un leñazo. Ahora los jugadores arriba tienen más tiempo para controlar el balón. Entonces había un defensa permanentemente a tu lado. Ibas a la banda, y te seguía a la banda. Ibas al medio, al medio. A mear, pues eso. Hoy hay mucho bloque y poco espacio pero tienen la ventaja de que no hay marcajes al hombre como aquellos.

Había unos jugadores argentinos como Aguirre Suárez, del Granada, que… Este, si ibas a saltar, en cuanto te agachabas para coger impulso, te daba un pisotón. Imagínate el daño que te hacía eso cuando subías para arriba. Si te ibas a mover, a adelantarte, te daba un codazo. En aquella época hasta te escupían en la cara justo cuando ibas a recibir el balón. Así perdías el control fácilmente, te descentrabas.

No todos eran así, pero estas escuelas llegaron de Sudamérica. En las categorías juveniles o Tercera División española había entradas, pero no todo ese repertorio. Como los alfileres. Aguirre Suárez salía al campo con varios alfileres y te pinchaba en el culo. Todo lo que dejó ese hombre en Granada fue la pera. El fútbol sudamericano ha traído mucha malicia o picaresca, si prefieres llamarlo así. Eso de estar siempre al margen de la ley. Y para un árbitro era difícil que se diera cuenta de algo. Si hay varios jugadores, a ver quién ve que uno pisa a otro de repente, o el pinchazo con la aguja. Eso no lo ve nadie. También, cuando estabas en el suelo, si te habías caído, te llegaba el argentino a acariciarte la cara, a ver qué tal estás, te preguntaba y lo que hacía era pegarte un tirón de pelo que te arrancaba la cabellera. Yo, cuando hay uno en el suelo lesionado, si el que se le acerca es argentino dudo siempre que le vaya a hacer algo. Porque tú no lo ves, pero le puede tirar de pelo. Ahora la verdad es que no sé si seguirán pasando estas cosas. Y luego otro detalle, en aquella época para un argentino la palabra «hijo de puta» era como decir «hola, qué tal estás». Entraban en el vestuario por la mañana y decían «buenas, hijo de puta». Eso aquí no lo podías decir. Ahora se ha popularizado, pero antes, en aquella España, no le podías decir «hijo de puta» a nadie, era una palabra prohibida.

A uno de sus entrenadores, Max Merkel, le acusaron de dopar a los jugadores por el rendimiento que dieron su Sevilla y su Atlético y él contestó que su dopaje consistía en «sudor y billetes».

Con Merkel era eso, mucho trabajo para tener mucha potencia. Corríamos con balones de diez kilos en cada mano. Teníamos que subir escaleras, dar miles de vueltas al campo. Pero el resultado fue bueno. Con él ganamos la liga y una copa. Lo que nos fastidiaba de él es que ya llevaba dos o tres años en Sevilla y vino a Madrid sin hablar ni una palabra de español. En el fútbol la comunicación es importante. Luego tampoco trabajaba la velocidad. A veces puedes aguantar mucho, pero si no tienes velocidad punta… eso es fundamental en el fútbol.

¿Es cierto que Luis Aragonés, cuando aún era jugador, entrenó al equipo en la sombra tras una racha de malos resultados con Merkel?

Que yo sepa no. Luis era uno más y no haría eso. Es verdad que con el presidente Vicente Calderón tuvimos una reunión porque, evidentemente, teníamos problemas con Merkel. Íbamos terceros o cuartos. Estábamos varios jugadores, Luis, Adelardo, otro y yo, y Merkel. Hablamos de ver qué podíamos hacer y la conclusión fue que nos faltaba velocidad. Así que el austriaco cambió el sistema de entrenamientos a ejercicios de más velocidad, de reflejos y, oye, fuimos campeones.

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Pero Luis era un líder, en cualquier caso.

Como jugador, lo que decía, lo decía convencido con o sin razón. Mandaba y lideraba en el vestuario, es verdad. Cuando llegué, cuando empecé a jugar e integrarme, tuve algunos problemas con él. Yo y todos. Hoy en día ha cambiado mucho, pero antes los jugadores veteranos mandaban mucho más. En los equipos de aquella época el jugador que llevaba años jugando te llegaba y de decía: «Chaval, qué pasa, pásala aquí». Hoy imagino que le dicen algo así a alguien joven y le mandan a freír puñetas, la educación ha cambiado, salvo con casos como los de Cristiano Ronaldo o Messi, que son líderes en todo.

También es verdad que Luis fue un buen amigo de sus amigos. Yo llegué a tener una buena amistad con él. En el fútbol cuando fuimos compañeros y después, cuando fue entrenador, tuvimos buena relación. Pero hay que dejar claro que Luis fue una persona muy especial. Y al margen del fútbol más especial todavía. A veces se le acercaban los aficionados, le pedían algo y él no tenía buenas reacciones. Pero con los amigos siempre fue un amigo y, lo que es más importante, fue siempre un defensor del fútbol. Empezó con nosotros como entrenador de un día para otro. Era jugador y le sentaron en el banquillo a entrenar. Conocía todos los comentarios que hacíamos en las camarillas y se apoyó mucho en nosotros en esa primera etapa. Nosotros también le ayudamos y después su carrera como míster ha sido brillante. Él terminó creando ese sistema de juego con el que la selección ha llegado a lo más alto. Y todo gracias a su filosofía de no poner a los jugadores por su apariencia o aspecto, o por su potencia física, sino por jugar al fútbol. Esos Xavi, Iniesta, Silva, en fin, todos los jugadores del centro del campo que han sido la verdadera revelación de la selección.

Usted jugó contra Cruyff.

Tuve muy buena relación con él, por los enfrentamientos que tuvimos y alguna vez que coincidimos en algún hotel, pero luego cuando nos hemos retirado nos hemos distanciado y he tenido que seguir su trayectoria leyendo la prensa. En el fútbol me pareció un hombre muy importante. El Barcelona llevaba sin ganar la liga más de diez años y nada más llegar él la ganó. Era un futbolista muy rápido, cosa que no voy a descubrir yo aquí, y con mucha visión de gol, aunque no era un jugador de punta, le gustaba jugar por las bandas y bajar mucho al medio del campo. Cuando jugabas contra él tenías que tener una atención especial. No solo le marcaba uno, siempre teníamos que poner a otros compañeros de ayuda supletoria.

El Ajax de Cruyff les eliminó en semifinales de la Copa de Europa de forma contundente.

En aquel momento el fútbol español estaba por debajo. No estaba al nivel tampoco del fútbol alemán, por ejemplo. No estábamos y el porqué, no lo sé. Salíamos mal al campo de entrada. Decíamos que era la alimentación, la posguerra, pero mira los alemanes qué posguerra tuvieron… Y nosotros, pues bueno, también íbamos a Italia y siempre fueron superiores al menos en la forma de competir, porque eran como los argentinos, también siempre tíos que te agarraban, te empujaban, te mordían. Y además muy defensivos…

Y cuando ustedes estaban por encima del nivel, pasaban cosas raras ¿no? Hay documentados escándalos tremendos, como el de Turquía contra el Göztepe, que dijo Miguel San Román, el portero del Atlético entonces, que le pegó hasta la policía con las porras al final del partido.

Lo recuerdo perfectamente. El Atlético fletó un avión, hoy en día van todos en avión, pero entonces era raro. Pudimos invitar a nuestros padres, a la pareja. Habíamos ganado aquí dos a cero. Cuando llegamos a Esmirna aterrizamos en el aeropuerto militar porque estaban medio en guerra con Grecia por Chipre. En el campo de fútbol fue una verdadera encerrona, jugamos veinticinco minutos de más hasta que nos metieron el tercero y nos eliminaron. Fue un campo de tierra, con un público muy forofo, muy agresivo y ahí estuvimos hasta que palmamos en un ambiente muy malo, muy enrarecido.

O la llamada «Batalla de Glasgow».

Aquí la policía a los jugadores del Atlético sí que nos pegó. Mientras, a nuestros aficionados, en la grada, los escoceses les mearon. Sí, esas cosas pasaban. En el partido aguantamos como pudimos, fue una defensa heroica con un Reina magnífico y luego aquí les ganamos. Nuestro jugador Panadero Díaz fue uno de los expulsados, el otro fue Ayala y Quique también, otro defensa que era izquierdo. Acabamos con ocho. Johnstone, uno peladito que parecía que venía de la cárcel con esa camiseta de rayas, era el más temido. El tío era muy bueno. Panadero entraba muy duro, pero se llevaba casi siempre el balón, era un tío de una gran calidad técnica y de una contundencia física que no rayaba en la violencia, sin embargo, a Johnstone sí que le tuvo que dar porque llegó tarde, no alcanzaba la bola y le dio. Nuestros argentinos tuvieron una publicidad muy negativa. Me parece que no eran tan duros como se decía. Ovejero con su físico, que prácticamente no tenía cuello, daba la sensación de que era un matahombres pero no era violento. Eso sí, en un entrenamiento en Glasgow antes del partido se pegaron los dos, Ovejero con Panadero [risas]. Estábamos entrenando en un campito al lado del hotel y no sé cuál fue el problema, no me acuerdo, pero llegaron a las manos, les separamos y no pasó nada. Luego, claro, la prensa de Escocia les puso en primera plana en posición de pegarse, pero la verdad es que no llegó la sangre al río.

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A Ovejero, jugando contra el Bastia en Ajaccio, un aficionado le persiguió con una navaja.

Fue en Córcega. Yo estaba lesionado y no pude ir. La afición se portó fatal allí, son cosas que hoy en día serían impensables.

En la final de la Copa de Europa en Heysel, Bélgica, la grada estaba llena de españoles emigrantes. Ese escenario ha dejado de ser un recuerdo del pasado me temo…

Está saliendo mucha gente de España dada la situación económica, esperemos que puedan volver pronto y este país vuelva a lo que fue hace diez años. Todos aquellos trabajadores nos arroparon mucho. Y el Bayern era un número uno, tenía a seis o siete de la selección, una selección que era la campeona de Europa y luego ese verano lo fue del mundo. Entramos en el campo ya como perdedores, pero nos salió un partido muy bueno y por desgracia perdimos en el último segundo. Fue una verdadera pena porque de haber ganado esa copa el Atlético hubiese sido número uno de Europa. Hoy día está recuperando todo este prestigio, pero en aquel momento perdimos la oportunidad de ser algo grande dentro de Europa. Ese partido fue vital.

En el último segundo en el que nos empataron se dijo que fue culpa de Reina. También mía. Yo estaba delante del portero, solo, que era gol, o medio gol, y me dio un calambre en cada gemelo. Iba a disparar y me caí al suelo delante del portero. El Bayern estaba hundido, pero sacó el portero y al defensa que me marcaba a mí, Schwarzenbeck, le salió un disparo desde treinta y cinco metros que entró. Reina lo podría haber parado si hubiera estado más adelantado, o podría haberse estirado, pero no… fue mala suerte. Y se acabó. Ni sacamos de centro. Al siguiente partido no pudimos ni dormir los días previos y salimos derrotados. Ellos, al revés, lo tenían todo perdido y lo habían ganado en el último suspiro. Cuatro nos metieron en el partido de desempate. Fue una pena.

Y contra Beckenbauer la verdad es que me gustaba jugar. Era un jugador que no era duro, por lo que se caracterizaba era por su sentido de la anticipación y sus pases. Era un maestro en el dominio del balón. Me gustaba enfrentarme a él porque siempre me salía todo medio bien ya que no daba patadas, me dejaba controlar. Era muy respetuoso y un jugador de fútbol con todas las letras, él jugaba al balón, no sé cómo decirlo.

En España su mayor quebradero de cabeza fue Benito, del Real Madrid.

En toda mi carrera, Benito ha sido el que mejor me ha marcado. Era físicamente muy ágil, era rápido, era duro, iba bien de cabeza. El primer día llegaba y te ganaba, lo tenías que admitir. El segundo, otra vez, que si se te anticipa, que si luego te da la patada y al final resulta que no la tocas. Todo esto me fue creando un estado anímico que ya salía a jugar preocupado, perdía la partida antes de empezar. Aunque en otros casos, como Gallego del Barça, era al revés. Tenía complejo conmigo porque contra él me salía todo bien. Son cosas de la vida, ¿por qué hay personas con las que te encuentras bien de primeras y luego vas a hablar con otro y no estás cómodo por su forma de ser? En el fútbol, sobre el césped, es lo mismo. Cuando tienes que convivir y disfrutar con un contrario, si te come la moral, sales al campo ya medio agotado. Mira el Atlético con el Madrid hasta el año pasado que les ganamos la Copa. Sales mal y en cuanto te meten el primero te vienes abajo.

Con Juanito convivió un año, cuando él solo tenía dieciocho, antes de que se fuera al Burgos y luego al Madrid; ¿qué tal era?

Era un chico joven, que jugaba muy bien, tenía mucha ilusión. Estaba dispuesto a hacer lo que fuese para llegar donde llegó. En el Atlético de Madrid no encontró el hueco, tuvo que irse cedido al Burgos y después, sí, llegó al Real Madrid. Recuerdo una anécdota, jugábamos en Málaga contra Yugoslavia con la selección, estábamos concentrados en Mijas, cerca de Fuengirola de donde era él, fuimos a entrenar y apareció allí. Vino solo a dar un saludo y a estar con los internacionales del Atlético. No convivimos mucho pero tuvimos una relación muy buena.

También es una final maldita aquella de Copa contra el Madrid.

Nos anularon dos goles, un fuera de juego de Irureta, que estaba en el córner después de haber sacado de banda… Pudimos ganar y en los penaltis perdimos. Qué íbamos a hacer… Pero con los jugadores del Madrid había mucha relación. Este verano todavía he estado con Pirri y Amancio en Marbella. Entonces nos llevábamos muy bien con Velázquez, con Zoco… En el campo salían chispas, pero éramos muy amigos. Quedábamos para ir a tomar alguna copa a la discoteca. Mira, una cosa que no se me olvidará nunca, cuando yo peor estaba con mi lesión, metido en casa y muy preocupado, vino a verme un día Santillana, que en cierto modo había sido mi sucesor en la selección española. Ese detalle no se me olvidará nunca. Como jugador fue un fenómeno, pero eso no es relevante porque el Madrid siempre ha tenido grandes jugadores, lo que me quedó fue ese gesto. Beckenbauer también era muy buena gente fuera del campo. La humanidad de cada uno en esta vida es importante.

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¿Qué tal el Jabo Irureta futbolista?

Era muy bueno. Estábamos en la misma habitación al principio. Antes, cuando llegaba un jugador al Atlético no le daban una casa, íbamos a una pensión, a «Doña Sofi». Se convirtió en un gran amigo. En el campo tenía una llegada muy buena. Defendía, corría, trabajaba y marcaba. Era un jugador importante. En el 75 y por ahí fue al Athletic y también tuvo cuatro o cinco años que estuvo muy bien. Era elegante, pero muy trabajador y con mucha llegada al área, marcaba al año cinco u ocho goles.

Se dice que su compañero el brasileño Leivinha fue quien trajo el regate de la bicicleta a España.

Leivinha era un fenómeno como persona y como jugador. Era muy agradable, modesto, humilde. Un tío muy normal. Y como jugador era un número uno. Antes de venir aquí jugó un partido con el Palmeiras contra el Real Madrid en el Carranza, que hoy en día ya no es tan importante pero entonces era un trofeo con mucho renombre. Le ganaron al Madrid con una facilidad increíble. Leivinha le hizo la bicicleta a Juan Sol, que jugaba de lateral en el Real Madrid. También estaba por ahí el líbero Luis Pereira y a raíz de este partido a la semana los teníamos en el Atlético. Luis Pereira era una gran persona y un gran jugador, también muy supersticioso. Llevaba siempre un collar dentro del campo, que está prohibido, no se pueden llevar anillos o cadenas, y él no se lo quitaba.

Sus años en el Atlético fueron los mejores de la historia del club.

Pero el mejor Atlético de la historia es el de ahora. Competir como lo está haciendo contra el Madrid y el Barcelona con esos presupuestos que tienen. Nuestros años fueron buenos, pero los últimos del Atlético han sido maravillosos. Si tuviera que pensar en los mejores momentos que vivimos nosotros tendría que destacar la liga que ganamos en Sabadell jugando yo, la victoria de Copa al Valencia y la del Zaragoza en el Bernabeu, que metí gol y casi fue el último partido que jugué. También ganar la Intercontinental. Hasta llegar a la final de la Copa de Europa, pese al disgusto, fue un hito que se te queda grabado. A nivel personal, ser el máximo goleador varias veces y llegar a internacional con veintidós años fue muy importante para mí.

Pero lo que más ha quedado de usted es el respeto que sentía por los rivales, que no celebrara los goles para no ofender…

La alegría iba por dentro. Lo que se hace hoy en día, con todo el mundo dando volteretas, y saltos… no sé…

Dijo Di Stefano que los futbolistas actuales tenían la desvergüenza de celebrar hasta que habían marcado de penalti.

Nuestras celebraciones eran mucho más modestas de lo que se ve hoy en general. Y yo en particular, al meter gol, saludaba a los compañeros y nos íbamos al centro. Sencillamente, al jugar de delantero tenía la posibilidad de meter gol, pero nada más. Las alegrías iban por dentro. Yo siempre he respetado al estadio donde jugaba y al contario. Siempre. Nunca he intentado aprovecharme de meter una plancha o hacer una entrada dura. Todo lo contrario, siempre he ayudado y he colaborado para que ganase el mejor. Si yo no me llevaba la bola en un lance, no te daba una patada. Otros sí lo hacían. Siempre he procurado ser deportivo y aceptar la superioridad del adversario cuando te ganaba.

La selección española atravesó un bache en los setenta, pero Kubala siempre contó con usted.

Le tengo que estar muy agradecido allá donde esté. Fue un gran amigo y un gran defensor de los jugadores. En su época en activo fue de los que vivió la vida de la calle, que salía por las noches, pero era muy bueno. En Hungría ayudó a familiares y a amigos, lo he escuchado de muchísima gente. Además, Kubala era el yerno de Daucik y yo creo que este debió de ejercer mucha influencia en él, hablarle bien de mí, porque Kubala siempre me quiso mucho, y yo también a él. El balance de aquellos años de la selección no fue bueno. Si me tuviera que quedar con un partido fue uno que jugamos contra Yugoslavia que empatamos a cero en el Maksimir de Zagreb. Nos salió todo bien, merecimos marcar, pero no lo hicimos y, como suele ocurrir, en el partido de desempate en Alemania contra ellos perdimos y no fuimos al Mundial de Alemania. Aquella Yugoslavia era muy grande en Europa, que ahora son Serbia, Macedonia, Eslovenia… pero en deporte, hablando de baloncesto, fútbol, balonmano siempre ha sido un número uno. Mira lo que sigue saliendo de ahí, jugadores, técnicos…

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Viene en la prensa de la época que en 1976, cuando empezó su declive, reprendió a su hijo por una travesura y este le contestó: «Malo tú, que llevas tres meses sin meter un gol».

¿Sí? Yo he sido un padre normal, pero marcando la autoridad de padre, de la madre y de la familia. Si respondían mal, macho, mal asunto… lo tenían claro. Les eduqué en el respeto a los mayores. A lo mejor con tres años, que no sabe nada, te dice cualquier cosa como esa… pero bueno, si lo hizo, tengo que decir que me parece bien dicho [risas]. Oye, dentro de treinta o cuarenta años cuando te pregunten a ti qué te dijo no sé quién, a ver de qué te acuerdas [risas].

No se me ocurre una lesión más espantosa en la historia del fútbol español que la que sufrió usted.

Fue en el Vicente Calderón, fue una entrada de Indio, recuerdo perfectamente su nombre, lateral derecho del Elche. Iba por la banda, llegó tarde, me metió los tacos en la rodilla y me la abrió. Salí del campo, me cosieron y volví a entrar. Marqué dos goles, pero daba igual, la tierra que se me quedó dentro de la herida tenía esporas de hongos. Se fueron desarrollando lentamente, pasaron los meses, y me terminaron provocando una infección. A mí solo me dolía y tenía una ligera inflamación. Un día me abrieron, salió pus y no vieron nada. Pero pasaba el tiempo y me seguía doliendo, cada vez más. Se volvió a inflamar mucho y ya no sabían qué hacer. Entonces decidieron darme antibiótico, pero fue un error porque eliminaba mis defensas y favorecía el desarrollo del hongo, que me estaba comiendo el cartílago y el hueso, pero además el verdadero peligro era que se me extendiera por la sangre y llegara a los órganos. Tuve la suerte, un milagro, de que hubo un farmacéutico que era especialista en hongos, pero aficionado nada más, le llevaron un cultivo y supo decir lo que era. Sin embargo, no había medicamentos para ese hongo, no existían. Tuvieron que traer de Bélgica, de los laboratorios Janssen, un medicamento que no estaba aprobado por la Dirección General de Sanidad. Me lo dieron y en diez días se había eliminado todo, pero me dejó destrozado. Desde hace diez años tengo una prótesis en la rodilla.

Se dijo que pudo perder la pierna.

Eso es verdad. Los médicos estaban valorando esa posibilidad. Y yo estaba de acuerdo. Veía una incapacidad, una ignorancia y un desconocimiento, que no sabían lo que era. Cuando ves a los médicos desorientados, probando una cosa y luego otra, en esos momentos pensé que era mejor que me cortasen la pierna. En una consulta estuvieron doce médicos, ¡doce! Vino uno de Brasil, uno de Barcelona, otro era del mundo de los toros… Ocho médicos reunidos delante de mí sin saber qué hacer. Si había que amputar, yo estaba decidido para acabar con todo eso. Luego ellos me lo reconocieron, me dijeron que tenían claro que si la cosa no mejoraba iban a tener que cortarme la pierna y en un momento la posibilidad estuvo encima de la mesa.

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En su partido de homenaje se reunió una especie de selección de Euskadi, que llevaba sin hacerlo desde la República.

Y ganaron. Luego me regalaron la copa, que la tengo en casa. Nunca podré olvidar la reacción del público. No te puedo explicar hasta dónde llega mi agradecimiento a esa afición y a todo el pueblo de Madrid. Fue algo extraordinario. Pero luego tienes que pasar página. No puedes estar añorando lo que fuiste o dejaste de ser, aunque el fútbol haya sido siempre una parte tan importante de mi vida.

Una vez retirado, comentó que el Real Madrid era el club al que aspiraban los Atléticos en «sentido de club».

El Real Madrid se apoya mucho en sus exjugadores y fomenta su participación. El club procura y trata de darles relevancia y señorío manteniendo no solo una relación, debe de haber como diez o doce jugadores que participan y asesoran. En el Atlético de Madrid hemos recibido un trato muy bueno, y lo seguimos recibiendo, pero no existe esto de que el club se apoye en jugadores para engrandecer la institución. El Madrid tiene a Butragueño, Amancio, Zoco, Santamaría, Di Stefano, en el Atlético de Madrid esto sucede a otro nivel, existe, pero de forma muy puntual. No es el señorío que tiene el Real Madrid de mantener vivo el pasado con la utilización de los jugadores.

Pero usted estuvo con el doctor Cabeza.

Estuve unos meses. Yo no quería ser directivo, pero un amigo que era muy atlético quería serlo, era su ilusión, lo comenté y me dijeron que para hacerle a él tenía que hacerme yo, y ahí estuve unos meses. El doctor Cabeza llevaría muy bien el Hospital de la Paz, pero como directivo del club no dio la talla. Yo estuve seis o siete meses pero nada más.

Difícil igualar a Vicente Calderón.

Con él se ganaron títulos. El Atlético fue importante, después del Real Madrid éramos el club más importante de España. Calderón, además, era una persona normal, había una relación como supongo que habrá ahora del presidente con los jugadores, pero a nosotros nos gustaba que comíamos una vez cada dos meses con él. Si había un partido importante, estaba ahí en el Escorial con nosotros. Llevó muy bien el equipo, fíjate lo bien que lo llevó que el presupuesto del Atlético de entonces no sé si era de doscientos millones de pesetas y a nosotros nos tenían por cuatro perras.

¿Usted no rompió el carné harto de Gil?

No, cuando llegó Jesús Gil yo era socio del Atlético de Madrid en la tribuna justo al lado del palco. Y Gil le subió el precio tres veces más, me pareció prohibitivo así que lo que hice fue cambiarme a la tribuna lateral. Hace tres o cuatro años sí que dejé de ser socio porque ya no iba. Tenía tres abonos y mis hijos no iban. Se hicieron comentarios en este sentido pero no. Si voy ahora saco entrada.

¿Y la paga?

Por supuesto.

¿Pero qué valoración hace de los años de Gil?

Mala valoración. Logró que bajásemos a Segunda y ahí fue determinante la administración concursal, lo que transmite eso a los jugadores. La directiva es una correa de transmisión y tiene su reflejo en la plantilla. Un equipo como el Atlético que esté en Segunda dos años no puede ser. Luego se subió con Luis, pero la experiencia que quedó fue esa. Jesús era un poco demagogo y muy populachero, sabía como engatusar a la afición. Aunque tuvo cosas buenas, por supuesto que sí, tenía la fuerza y la voluntad para oponerse al Real Madrid, a la Federación o al Comité de competición. Todo esto fue muy bueno para el Atlético pero al final, con el descenso, es lo que más ha quedado dentro del aficionado como yo, si hablo estrictamente como aficionado.

¿Con qué 9 se queda de los que vinieron después de usted al Atlético?

Hugo Sánchez. Fue un fenómeno. Luego hubo buenos jugadores, que han sido grandes delanteros, pero no han marcado una huella. Penev, Vieri, HasselbainkBaltasar también fue un goleador increíble, pero solo estuvo un año. Parece que estuvieron como de paso. O Manolo, que fue Pichichi, y ahora está trabajando en la Fundación del club por cierto, era un hombre punta, pero no como los que hemos tenido los últimos años, como Falcao, el Kun Agüero o Diego Costa que es un fuera de serie. Sí, recuerdo más a los de los últimos años. También a Torres, por supuesto, que en el Liverpool se hizo muy grande y luego en el Chelsea ha tenido claros y oscuros, pero porque es muy importante sentir la confianza del entorno, del entrenador y los compañeros. Salir al campo bien anímicamente, con confianza, salir pensando en lo que vas a hacer, no en lo que vas a fallar, y parece que eso le está faltando.

¿No se cansa del fútbol?

Hoy en día hartarse del fútbol es lo normal. Hay todos los días… Con el Barça, el Madrid y el Atlético no suelo fallar, pero un Rayo-Getafe, o Rayo-Real Sociedad pues como mucho veo un poco, pero si no hay interés, pues no. Ahora mismo es que hay demasiado, y cuando tienes demasiado de lo que sea no te gusta. Por ejemplo, nosotros el agua no apreciamos lo que vale, pero si vas a África a un pueblo, el despilfarro que tenemos los europeos con el agua no se lo creerían. Con el fútbol, hace cuarenta años había un partido a las siete de la tarde y todo el mundo estaba mirando. Pero ahora si lo que echan no es tu equipo, te da igual. Hay una saturación muy grande.

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Fotografía: Begoña Rivas

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28 comentarios

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  2. Olga Vilches

    El Madrid siempre fue mi equipo, el mito, lo más de lo más, pero siempre admiré a Gárate; siempre me cayó bien, desde que era bien pequeñita. Era un jugador colosal y por lo que le he leído un tipo sensacional. Gracias por todo, gran Gárate.

  3. Gárate, recuerdo que mi a padre le gustaba su talante. Tiene una cara inolvidable: de buena persona.

  4. Uno del Aleti

    Simplemente, el más grande.

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  6. De este jugador, junto con Luis, siempre se ha dicho que fueron los mejores del mejor Atlético.
    Una pena que tuviera esa lesión tan fea, y también que no consiguieran ganar aquella Copa de Europa. Ahora parece que pocos se acuerdan de ese Atlético tan grande, y que los últimos cuatro o cinco años son los únicos que han importado en la historia del club.

  7. Gran verdad la respuesta a la última pregunta. En época de Franco la resistencia acusaba al régimen de atontar a la ciudadanía cuando puso algún partido adicional al normal. Imaginaos ahora, y nadie dice nada. Sutilmente es mucho peor. Yo odio el fútbol, pero soy aficionado a la Fórmula 1 y tengo claro que si me pusieran 5 páginas cada día en la prensa sobre formula 1 y varias carrera a la semana la abandonaría. Aunque también es cierto que, por principìo, allí donde va la borregada, no estoy yo.

    • Olga Vilches

      Tú es que eres especial, egoluis. Se rompió el molde. Si la gente va a la playa en verano tú no vas; si la gente come al mediodía tú cenas, y todo así. No te besas porque no te alcanzas. Eres demasié, egoluis. Ea, ea, ea, ea, ea.

  8. Me acuerdo perfectamente cuando metía los goles como no los celebraba exageradamente como desde hace , ya,muchos años, hacen los jugadores.El,especialmente, destacaba por su no celebración,como si le diese verguenza.. Era modesto, educado y muy buen jugador y goleador. Tiene cara y expresión de buena persona. bu Incluso estudiando en un colegio de San Lorenzo del Escorial, los sabados cuando jugaban en casa, venian a pelotear a las instalaciones del colegio y, los internos, “peloteabamos” con ellos..con Pereira, supongo que Luis, Abelardo, Irureta, Leivinha, no se si Ayala, Heredia, etc. Yo estuve dos anos, cursos 75/76 y 76/77 ( no estoy muy seguro de los años, pero creo que si. Fui colchonero (soy de Vigo) antes que celtista varios años, hasta la llegada del mafiosillo de Gil. Ahí volví al redil…ser celtista.

  9. Jack a roe

    Por gente como usted, como Luis, como Pereira… soy del Atlético de Madrid. A pesar de Giles y de nazis en las gradas

  10. Jerónimo Vargas

    Gárate, para los atléticos, es algo más que un jugador de fútbol. A Gárate no se le mide por los partidos jugados, por los goles marcados, por las jugadas de mérito, que hubo muchos partidos, goles y jugadas. Gárate es el mayor símbolo de la historia del club, el jugador más admirado y querido por la afición, el hombre cuyas lesiones, siempre abundantes, se vivían como una maldición. No había frase más temida que: “No juega Gárate”. Si el Atlético de Madrid fuese administrado por dirigentes dignos de tal nombre, Gárate tendría un lugar en el palco indiscutible, porque no hay nadie que pueda representar al club mejor que él. Pero los directivos son los que son.

  11. matias

    Gárate ha sido uno de los jugadores colchoneros más queridos por la afición del Calderón. Recuerdo perfectamente la consternación que nos produjo su lesión, y la confirmación de que tendría que dejar de jugar al fútbol para siempre. Le transmití a mi hijo el gen atlético, y siempre le dije Gárate había sido la marca de la excelencia atlética, porque además de ser un gran jugador, su comportamiento y sentido ético como ciudadano, una vez abandonado el fútbol ha sido siempre sobresaliente. Gracias por esta magnífica entrevista que nos habéis regalado.

  12. Roberto Grande

    Qué gran entrevista y qué gran revista, gracias!

  13. “Panadero entraba muy duro, pero se llevaba casi siempre el balón, era un tío de una gran calidad técnica y de una contundencia física que no rayaba en la violencia, sin embargo, a Johnstone sí que le tuvo que dar porque llegó tarde, no alcanzaba la bola y le dio.”

    Me maravilla la capacidad de cualquier jugador para excusar siempre, siempre a los suyos, así hayan pasado 100 años. Bah.

    • Susana

      …… de cualquier aficionado, de cualquier presidente, de cualquier político, de cualquier periodista, de cualquier patriota, de cualquier actor, de cualquier taxista, de cualquier nacionalista, de cualquier izquierdista, de cualquier derechista, de cualquier militar, de cualquier músico, de cualquier modelo, de cualquier artista, de cualquier médico, de cualquier……..incluso, incluso, de cualquier forero. ¡Ay!, de cualquiera.

    • Jerónimo Vargas

      Gárate no justifica a Panadero. Dice que le dio, porque no llegaba. Johnstone era muy hábil y rápido, y le dieron mucho, demasiado. He visto el partido y las entradas son de escándalo. De hecho, tanto Gárate como Reina, a diferencia de otros compañeros, nunca han criticado las expulsiones de ese partido, ni al árbitro. Incluso para el nivel de violencia de los años 70, aquello fue exagerado.

  14. jacinto

    para mi garate ha sido un jugador noble y muy eleganteju-
    gando al futbol y un profesional de mucha caegoria yo admiraba mucho a GARATE

  15. Flaco

    Increible que tenga que pagar su entrada para entrar. Que pena de directiva, el Cholo es un milagro dentro de esa locura.

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  17. Capikaunas

    Increíble que, con tantos titulares para la reflexión que sacarle a esta magnifica entrevista, se haya elegido éste. Me parece indigno del personaje.

    Mi padre siempre dijo que Cruyff fue el mejor que vio. Pero que al que admiraba de verdad era a San Eulogio Gárate.

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  20. Juan Llovet

    Estupenda entrevista! Jugador excepcional casi tan bueno como persona!

  21. obdulio88

    tengo 57 años,de niño todos los de mi barrio que eran del atleti queriamos ser garate,fue el idolo de dos generaciones y se mantiene en el recuerdo gracias a que nadie puede hablar mal de el sino todo lo contrario.trabaje en el atleti y un dia debajo de unas caas de legia.y lo que cuento es cierto,aparecieron dos equipaciones completas del año m73,cuando se gano la liga en sabadell.
    me dieron que las tirase,para que vean el respeto que hay en el club por su pasado,pero no hice caso y me quede con el 9 de garate,hablo del año2000.un dia le vi por las oficinas,le pedi por favor que si me podia esperar para firmarme una camiseta y una foto,a lo que acedio con la educacion que le caracteriza,cuando vio la camiseta se emociono y me pregunto que de donde la habia sacado,nole dije la verdad hubiera sido un poco duro.me firmo la camiseta y un poster que tenia en mi habitacion desde 1973,os puedo asegurar que despues de mis hijas es lo que mas cariño tengo,si sois del atleti lo entendereis.para terminar a alguien del club se le tenia que caer la cara de verguenza de que garate pagase una entrada para ir al futbol,pero miguel angel conoce a garate o solo le importan las grandes figuras como pato sosa uanchi gonzalez bustingorriz nano etc.si garate adelardo o el mismo fernando torres llevaran las riendas del club no seriamos flor de un dia,porque ganar dos copas de la uefa es decir de los cuarto quinto y sexto de cada pais y dos trofeos veraniegos alberto de monaco,no es para sacar tanto pecho,y una copa yuna liga la ganamos cada 18años.un abrazo para todos los atleticos y fuera giles y cerezos

  22. Fernando saez

    Garate mi ídolo desde pequeño. Tengo 51 años y hasta el año pasado iba con la camiseta con el 9 y Garate a la espalda a ver los partidos al Calderón. La he guardado como recuerdo porque me lo prometí si ganábamos la Liga y o la Champions.

  23. Jose maria

    Garate ha sido nuestra vida.

  24. uno de garate

    Dios mio!!.Que grande,José Eulogio.Tengo 70 años y para los atleticos este SEÑOR (junto a Zapatones) es el no va mas.Ha sido el mejor delantero centro que hemos tenido en la Seleccion (tan sólo Di Stefano ha sido superior).

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