Libros para doblar las esquinas - Jot Down Cultural Magazine

Libros para doblar las esquinas

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Foto: Pixabay (CC)

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A un libro siempre le delatan las esquinas de sus páginas. En esos pliegues, pocos o muchos, está cada cita, cada pasaje que el lector ha bisbiseado mientras colocaba la muesca, haciendo ceder la esquina sobre sí misma. A veces son un guijarro para el retorno, otras un aplauso contenido, o la marca misma del desconcierto ante las líneas. Pero siempre, siempre, son el retrato más certero de lo que palpita tras la cubierta. Nos perdonarán los defensores de la incolumidad de los libros, pero algunos no sabemos emprender viaje sin dejar nuestro rastro en el camino. Y doblamos las páginas para vivirlos, adictos a ese sello triangular.

Por eso, sin más rodeos, esta es una selección de libros a los que machacarles las esquinas en horizontalidad veraniega. No hay más criterio que ese: sus numerosas dobleces y una relativa actualidad. En el arte de doblar esquinas no se distingue entre bestsellers, premios Pulitzer o rarezas sin edición en español. Pero ninguno es de prestado, claro.

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1. Arte Salvaje, una biografía de Jim Thompson, de Robert Polito (Editorial Es Pop)

arteEl mundo descubrió demasiado tarde a Jim Thompson, aunque hoy esté sentado entre Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Y mientras esperaba a que esa fama llegara —porque sabía que acabaría haciéndolo se dejó machacar por una existencia mucho más perra de lo que dejó entrever en sus violentas y descarnadas novelas. El periodista Robert Polito se ha sumergido en ese noir que fue su vida, en la prosa a quemarropa de Thompson para descubrir al tipo que mejores psicópatas ha alumbrado en la historia de la literatura. El resultado podría de ser uno de los infiernos terrenales que retrató, pero aquí todo es jodida y cruelmente cierto.

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2. Alabanza, de Alberto Olmos (Editorial Mondadori).

alabanzaokEs 2019 y la literatura ha sido erradicada del planeta. Los rumores dicen que la culpa es de Sebastián, un escritorzuelo que en esas fechas huye junto a su novia Claudia a la tranquilidad del retiro rural para de reconciliarse con la escritura. Una novela antirromántica, posiblemente antiliteraria, en la que Alberto Olmos sustituye la crudeza habitual de su prosa por una dosis extra de elegancia para brindarnos un relato sobre la madurez, la literatura y el sucio páramo de lo cotidiano. Hay un misterio, sexo y una frase lapidaria: «No estoy enamorado de ti». Ni falta que hace.

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3. Una casa de tierra, de Woody Guthrie (Editorial Anagrama)

una casaSí, el legendario autor de «This land is your land» también escribió. O más bien disparó esta única novela en la aridez tejana de Cap Rock. Tan lírica y auténtica como el trovador, narra la historia de un matrimonio y su cruzada por construir una casa, la suya. Como se destaca en su extraordinario prólogo (de Douglas Brinkley y Johnny Depp) el libro es un llamamiento a las armas en la misma línea del repertorio de Woody Guthrie. Si su guitarra rezó el This machine kills fascists, su única novela aúlla desde la década de los cuarenta los mejores pasajes contra la sumisión. No la de entonces, la de siempre.

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4. Los hijos, de Gay Talese (Editorial Alfaguara)

hijosEludir hablar de obra maestra es una tentación casi tan descomunal como apelar al sombrero de fieltro de Gay Talese. Pero es que, una vez más, Los hijos, lo es. Por fin traducida al español, esta obra sobre los ancestros del autor vuelve a ser mucho más que una novela y vuelve a hablar mucho más que de los ancestros. La emigración, la Primera Guerra Mundial, el sueño americano, las viudas blancas, Nueva Jersey… El contador de historias esta vez nos cuenta la suya, en sepia y presencia de gran novela.

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5. Galveston, de Nic Pizziolato (Editorial Scribner)

galvestonLamentablemente, aún ninguna editorial española se ha lanzado a por la primogénita de uno de los hombres del año, Nic Pizziolato, padre de True Detective. El éxito de la serie ha rescatado esta, la primera novela del norteamericano, una de esas joyas a la que nadie hizo caso en su día pero que hoy provoca bofetadas para llevarla a la gran pantalla. Una novela negrísima, brutal y violenta, que nos devuelve un protagonista tan nihilista o más que Rust Cohle que se hace llamar Roy Cady. Por mor de su naturaleza, roba, mata y bebe sin despeinarse. Ni cuando le detectan un cáncer y acaba huyendo con una prostituta hacia ese lugar llamado Galveston. No echarán de menos Louisiana.

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6. El váter de Onetti, de Juan Tallón (Editorial Edhasa)

vaterA Juan Tallón no se le reseña ni se le recomienda: se le envidia. Así que cualquier cosa que no sea repetir lo ya dicho sobre El váter de Onetti es una estúpida pérdida de tiempo. Empiecen a hacer cajas, porque en la desgracia de envidiar todo empieza con una mudanza.

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7. American Gods, de Neil Gaiman (Editorial Roca)

americanNo, no es actual, pero dentro de poco la veremos en la pequeña pantalla y es una excusa tan válida como cualquier otra para volver a ella. Y para volver a vaciarse de calificativos a la hora de enmarcarla en un género, porque a pesar de que ha arrasado en todas las categorías posibles —ciencia ficción, terror y fantasía— ni el propio Gaiman sabe dónde situarla. Así que resumiremos diciendo que se trata de un extraño viaje por EE. UU., que Sombra es su protagonista y que en sus páginas hay hasta una encarnación de Odín. Todo tan desconcertante y adictivo como la propia cultura americana que retrata.

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8. Esperanza: una tragedia, de Shalom Auslander (Editorial Blackie Books)

esperanzaAlguien ha dicho de ella que «se lee como el tipo de película que Woody Allen ya no se atreve a filmar» y yo no he encontrado una definición mejor para esta obra del autor de la magnífica Lamentaciones de un prepucio. El blasfemador se atreve esta vez con la incorruptible figura de Anna Frank, que confiesa sentirse «tan cansada de toda esa mierda del Holocausto» y acaba apareciendo en el altillo del protagonista. Nitroglicerina, humor negro de un tipo al que deberían estar fichando todos los ojeadores de stand-up comedian, si es que existiera tal cosa. «La esperanza (por ejemplo, del que añora ser feliz) es nociva y la humanidad se habría ahorrado muchos problemas si no fuese adicta a este engañoso narcótico», asegura. Y sí, ha dicho narcótico, no lideresa.

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9. El jilguero, de Donna Tartt (Editorial Lumen)

jilgueroHa ganado el Pulitzer de novela, ha coronado las listas de más vendidos y a pesar de todo eso es lo peor que puede decirse de la tercera novela de la escritora norteamericana. Una novela de intriga con pulso de thriller y regusto agrio, que narra el periplo de Theo Decker para entender. ¿Entender qué? La respuesta corta es el porqué de ese cuadro holandés de El Jilguero. La larga, una maravillosa historia de poso dickensiano.

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4 comentarios

  1. Tengo que leer Los Hijos, Talese. Especial interés porque a Talese le falta capacidad crítica. La que le sobra a aPaul Johnson en Americanos.

    Tallón es imprescindible porque abre una ventana al futuro.Me interesa lo que dices de Guthrie y de Auslander, el extranjero.

    El mundo puede seguir adelante sin Pizzolato, sin Olmos y Gaiman.

    Paso de leerme otro libro sorpresa sobre lo que esconde un cuadro holandés. Entre Dolores G Pastor y la luz de Vermeer (detto Femía) han roto el género.

    Echo en falta a Marta Sanz, con su lección de anatomía.

    Y al mejor autor español del año, un puñetazo de vida en la Meseta castellana, César Pérez Gellida y su trilogía. No me hace falta ir a Louisiana para saber lo que puede hacer un hombre con su sustancia.

  2. Galveston sale a finales de Agosto – principios de Septiembre con Salamandra Black, el nuevo sello negro de Salamandra.

  3. recomiendo “El museo de la rendición incondicional” de la croata Dubravka Ugresic, una suerte de memorias del exilio y reflexiones de la vida. Para leer a paso lento y releyendo.

  4. Leído Los Hijos y El Jilguero, he de decir que el primero es muchísmo mejor que el segundo… (¿una maravillosa historia de poso dickensiano?… ¡Anda ya!)

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