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Ni genios ni locos: hombres vulgares que hacen arte vulgar

El hombre desesperado, autorretrato de Gustave Courbet. (DP)
El hombre desesperado, autorretrato de Gustave Courbet. (DP)

Manet y Courbet, sexo y burguesía. Courbet y Manet, burguesía y sexo. ¿Y algo más?

Sí, una pregunta que me hago muchas veces… ¿Puede un hombre vulgar hacer un gran arte? ¿Puede un artista de gran talento ser un hombre vulgar? Difícil delimitar dónde empieza el artista y dónde acaba el hombre, o dónde acaba la mujer, pero de las mujeres artistas ya nos ocuparemos en otra ocasión, ahora nos vamos a centrar en el hombre artista, en dos hombres artistas, dos supuestos «genios», o «artistas geniales», si se prefiere, aunque yo prefiero simplemente llamarlos (la palabra genio me da repelús) «artistas con gran talento», siempre teniendo en cuenta que definir «talento» es casi tan complicado como definir «artista». En cualquier caso, ¿qué pasa cuando un artista pretende ser vulgar, qué pasa cuándo lo consigue? ¿O está condenado a no conseguirlo nunca, a no llegar nunca a esa vulgaridad de la que está excluido por su propia naturaleza?

Más de una vez hemos hablado del artista o del escritor como persona. Más de una vez hemos visto que un artista, un creador, una persona admirada por su talento musical o artístico o literario, puede comportarse como un auténtico imbécil o como el más vulgar de los mortales. ¿Se le puede perdonar? Tenemos casos extremos. Muchos. Muchos más de los que se podría pensar. Tenemos artistas asesinos, artistas ladrones y delincuentes, artistas maltratadores y paranoicos, artistas canallas y artistas mentirosos e increíblemente egocéntricos. Y no son artistas de segunda fila, nada de eso. Tenemos a Caravaggio, que iba de pelea en pelea y se pasó media vida huyendo por culpa de una acusación de asesinato. Tenemos a Bernini, que le dio una paliza a su hermano (y por poco lo mata) porque se había liado con una de sus amantes y que luego mandó desfigurar la cara de esa amante como venganza (tenemos un busto de esa amante, Constanza Buonarelli, de antes del ataque, para que su hermosura nos recuerde su triste final, puesto que además fue acusada de adulterio). Tenemos a Ribera, que tenía un auténtico grupo mafioso y se libraba de los pintores rivales con palizas, amenazas, sabotajes e incluso se sospecha que también pudieron llegar al asesinato. Tenemos al propio Miguel Ángel, que empezó su carrera falsificando esculturas clásicas (por cierto el engaño no coló, pero la falsificación era tan buena que encontró un mecenas). Y tenemos otros casos no tan violentos o delictivos pero igual de censurables, como el trato machista, egoísta y cruel que muchos artistas han dispensado a sus mujeres, o cómo se hacen la puñeta o se desprecian entre ellos, o cómo no socorren a sus viejos amigos en apuros o cómo… En fin, que se comportan como el resto de los mortales en esas ocasiones que avergüenzan al resto de los mortales y que deberían avergonzarles a ellos mismos, cuando lo cierto es que algunos no parecen muy avergonzados, y que, lo que es más extraño aún, en muchas ocasiones los demás, el resto de los mortales, los perdonan. El caso de Bernini es muy claro. El papa Urbano VIII lo protegió de tal modo que el asunto se solucionó con una simple multa y caso cerrado, Bernini siguió trabajando y teniendo una gran éxito, y desde luego su arte alcanzó una altura difícil de superar, para desesperación de otro gran artista, Borromini, que acabó suicidándose.

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14 comentarios

  1. La palabra «genio» puede dar todo el repelús que se quiera, pero haberlos, haylos: https://antoniopriante.wordpress.com/2013/01/15/que-es-un-genio/

  2. Huysmans, ¿»un crítico»? Un magnífico y conocido escritor, más bien, que también hizo critica.

  3. 1. La vulgaridad opera como parte de un canon estético subjetivo.
    2. La vulgaridad no es del cuadro sino del ojo que mira.
    3. Hacer taxonomias o moverse en el universo del «arte» a través de autores me parece un error, sino recordemos lo que Barthes decia sobre el concepto autor.
    4. El concepto genio se desprende de una visón romántica del arte.
    5. La música como la pintura son capacidades humanas y no un campo hiperespecializado.
    6. No existen personas «impersonales», ni gente normal, ni la objetividad (si elementos objetivables para el estudio). Si existe el rigor, muy diferente a la objetividad.

  4. Dijo uno, que el sueño de la razón produce monstruos.

  5. Es muy recomendable leer «Nacidos bajo el signo de Saturno» para entender que es el público el que construye esa imagen de «genio» artístico. La investigación de Rudolf y Margot Whittkower, desde el punto de vista del psicoanálisis, analiza una inmensa cantidad de documentación histórica para hallar las raíces de la creencia, erudita y popular, de que los artistas son una raza aparte.

  6. Hoy lo que abunda son genios que hacen arte vulgar.

  7. No entiendo muy bien adónde apunta este texto. Sólo me nace como conclusión, a partir del planteo inicial, lo que ya era obvio: que los artistas primero son hombres y, como tales, los hay de todos los temperamentos y gustos que te puedas imaginar en un hombre en el rubro.
    Por lo demás, la geniaidad puede contener a la vulgaridad y no al revés. También es obvio.

  8. Patente de corso no debe tenerla nadie.Simplemente hay que separar los aspectos de las personas.

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