Abel Azcona: «Un artista cómodo no me vale, no es contemporáneo, no es nada» - Jot Down Cultural Magazine

Abel Azcona: «Un artista cómodo no me vale, no es contemporáneo, no es nada»

Publicado por

Abel Azcona para jot down 0

Abel Azcona (Pamplona, 1988) es un artista multidisciplinar especializado en performance y arte de acción, con proyectos de contenido político y reivindicativo. Durante años le ha perseguido la polémica tras acciones artísticas como devorar literalmente un Corán o encerrarse dos meses en una galería a oscuras. Charlamos con él durante la Feria MARTE de Arte Contemporáneo de Castellón, poco antes de representar The Shadow, un proyecto que busca dar voz a personas que sufrieron abusos en su infancia. Durante la entrevista habla muy deprisa, con entusiasmo y naturalidad. 

Ya que tu trayectoria artística tiene un gran componente autobiográfico, para entenderla tendríamos que empezar hablando de tu infancia.

Tuve una infancia complicada. En los ochenta había muchas mujeres viviendo en la calle por el consumo de drogas, especialmente de heroína: ese fue el contexto en que mi madre se quedó embarazada. Ejercía la prostitución y era drogadicta. Intentó abortar y no se lo permitieron, así que me dio a luz y me abandonó en una clínica de Madrid vinculada a la mendicidad, prostitución y familias desestructuradas. A partir de ahí empezó una historia un tanto turbia en que intervinieron varias familias y una adopción a los siete años; una mezcla de maltratos, abusos sexuales y diferentes problemáticas… Esa fue mi infancia.

¿Y en ese entorno te empezó a interesar el arte?

Desde muy pequeño. En momentos difíciles, en esos años en que no estuve bien, me vinculé a lo creativo de alguna forma en ese entorno socialmente complejo. Desde niño he dibujado, y me interesaba especialmente el teatro. Con los años fui adentrándome más, y a partir de los trece o catorce años tuve clarísimo que me quería dedicar a ello. Después recibí una formación en artes escénicas con diferentes docentes, luego artes plásticas, un máster más específico… Y hasta hoy.

¿Recuerdas cuándo realizaste tu primera performance pública?  

A lo largo de mi vida he realizado varias acciones sin saber muy bien qué eran, solo con el tiempo lo pude averiguar. A los dieciséis años, después de un intento de suicidio bastante grave, realicé una acción en la calle que algunas personas valoraron como un brote psiquiátrico, pero una persona lo reconoció como una performance… Así que empecé a explorar ese campo: yo venía más del teatro y las artes escénicas, pero el performance art me gustó tanto que quise dedicarme a ello. Siendo adolescente fundé en Pamplona un grupo de arte en acción que no fue bien aceptado hasta mucho más adelante. Empezamos haciendo teatro, happenings… Ni yo sabía demasiado bien qué era lo que hacíamos, hasta que con el tiempo lo reconocimos como performance. Fue el primer grupo de arte de acción que apareció en Pamplona.  

En varios de tus proyectos has usado la prostitución como herramienta artística. La primera vez, si no me equivoco, fue en Seven days without Victoria. ¿Qué recuerdo guardas de esa acción?

Seven days fue un proyecto un poco raro que acabó siendo diferente a lo que iba a ser. La idea era ejercer la prostitución, pero al final se ejerció sin ejercer, clientes con los que no hubo sexo… Fue un contacto inicial en el que no se llegó hasta el fondo. Pero bueno, como primer contacto fue suficiente, ¿eh? Hubo más prostitución en Empathy and Prostitution, que fue más allá, y luego proyectos como La calle o Las horas llevaron el proceso al límite.

¿Cómo interactuaste con los espectadores en Empathy and Prostitution?

En planteamiento era tremendamente sencillo, y se llevó a cabo dentro de tres espacios galerísticos: la galería Santa Fe de Bogotá, el Box Thirteen de Houston y un hotel madrileño vinculado a la prostitución en la calle Montera, durante el Room Art Fair, una feria de arte contemporáneo. Expuse una cama con mi cuerpo desnudo, e invité al espectador a estar conmigo en la cama durante tres minutos por un euro, un dólar o cien pesos colombianos, según el país. Tras el pago el espectador tenía total libertad para ejercer o «performatizar» conmigo como quisiera. Fue fascinante y sorprendente ver cómo el espectador se vinculaba totalmente, en el sexo o con otros comportamientos… Algunos esperaban su turno ya con la ropa quitada para poder aprovechar más el tiempo. Fue un reto que no deja de sorprenderme aún hoy en día cuando veo algún vídeo de las reacciones del público.

De los espectadores que participaron, ¿hubo más que lo hicieron abusando o reconfortando?

Había más gente con ganas de ejercer sobre mí violencia, abuso e incluso golpes, pero la verdad es que al final se llegó a un equilibrio… Muchas personas que nunca hubieran tomado parte en ese proyecto vieron esa violencia que se ejercía contra mí y les motivó a participar de otros modos: sentándose para hacerme el bien, cantarme, acunarme. Una especie de yin y yang, una alternancia: un cliente bueno y otro malo, uno bueno y otro malo. Había buena gente que se levantaba e intentaba apartar de mí a los que me hacían daño, y no les dejaban volver a sentarse a mi lado. Se creaba de alguna manera un debate alrededor de qué estaba haciendo, los límites del arte… La sala estaba rebosante de energía.

¿Notaste mucha diferencia entre la participación y actitud del público en cada una de las representaciones de Empathy and Prostitution, es decir, entre Bogotá, Madrid y Houston?

Sí, muchos factores diferentes según el lugar, la persona, la educación… En una feria de arte o un festival como el de Houston las actitudes cambian según el consumo de alcohol. Si la gente ha bebido más o ha habido un evento antes de la muestra, se nota muchísimo en el tipo de espectador cuando hace de «cliente». Tampoco fue lo mismo en Bogotá, en una galería más seria, que la representación en Madrid en un ámbito de feria enfrente de Chueca. Además, en Bogotá participaron sobre todo mujeres, mientras que en Madrid fueron prácticamente todos hombres. Me pareció un cambio de perspectiva interesante. No suelo repetir mis trabajos, pero Empathy and Prostitution lo considero como tres piezas diferentes construidas alrededor de un mismo eje.

La calle, un proyecto que incluyó prostitución callejera y una transformación mediante hormonas, fue una continuación de ese camino…

Explorando proyectos en torno a la prostitución sentí la necesidad de llegar más allá. Empathy fue difícil en su momento, un verdadero shock para mí, pero con los años pensé que era demasiado suave: es prostitución pero en una galería, con un público específico y conmigo entre algodones… Y pensé que un trabajo de verdadera empatía hacia una mujer prostituta sería hacer la calle de verdad, con clientes que no sepan quién eres, que pueden ser agresivos o racistas. Quise ponerme en igualdad de condiciones respecto a las que tuvo mi madre… O incluso peores condiciones en mi caso: el barrio de Santa Fe de Bogotá está considerado uno de los peores del mundo. Me expuse totalmente. Hice un proceso trans, de transformación, durante el que hormoné mi cuerpo y lo convertí en más o menos femenino… Y digo más o menos porque fue una transición corta. Después salí a ejercer en las calles, tanto en Bogotá como en Madrid. En Bogotá hubo un primer contacto menos sexual, más trans, salir a la calle… En Madrid ya fue muchísimo más sexual, con relaciones más explícitas. Y ahora cuando lo haga en México voy a lanzar la casa por la ventana. Este proceso cada vez va a más. En Bogotá fue una primera toma de contacto con un nuevo yo, y ahora poco a poco voy avanzando más.

Abel Azcona para jot down

¿Notaste mucha diferencia al adentrarte en el mundo de la prostitución como transexual que como hombre?

Sí, total. Hay ciertos factores que se asocian a etiquetas y clichés, y perjudican mucho a una persona en nuestra sociedad. El primero, ser mujer en una sociedad totalmente machista, patriarcal y todavía misógina. Luego, además de mujer, trans: el colectivo LGTB, tristemente, no disfruta aún de una igualdad real aunque haya pasos adelante como el matrimonio. Durante La calle me sentía también prostituta, y no hay oficio más maltratado y difícil que el de la prostitución: un trabajo vulnerable que viene del patriarcado y que utiliza a la  mujer como objeto. Y además de todo eso, fui una prostituta que ni siquiera era colombiana, en un barrio bogotano peligroso. Lo tenía todo junto: me sentía mujer, trans, prostituta y extranjera. Lo peor de lo peor para la sociedad. No es lo mismo ser un artista en una galería cómoda y caliente que salir a la calle, vivir un proceso de hormonas, drogadicción… Porque ahí te tenías que drogar, tenías que consumir como las demás.

Hubo un suceso violento en Santa Fe el día en que empezaste La calle, ¿no?

El mismo día en que me estaba maquillando me hablaron de otra chica de mi misma edad, la única que también era rubia, a la que un cliente había arrojado por la ventana. Ellas lo contaban con una naturalidad sorprendente, como algo normal y cotidiano. A un europeo, quieras que no, le llama mucho la atención.

¿Necesitas un tiempo de descompresión o desconexión después de estas acciones?

Lo necesitaría, otra cosa es que me lo otorgue. Creo que las piezas siempre funcionan, pero he cometido errores en cuanto a mi propio cuidado. He tocado fondo en algunos momentos, tuve un brote mental fuerte por una acumulación de muchas cosas… Si hiciera más paradas iría todo mucho mejor.

Dentro de la serie de trabajos que reflexionan sobre la maternidad y la primera infancia estaría Feed Me, en que te alimentaste de leche materna. ¿Qué dificultades encontraste en este proyecto?

Queda raro que lo diga, pero la verdad es que Feed Me fue un proyecto muy cómodo; una instalación poética, colaborando con gente muy maja. La primera vez que se montó la instalación en Madrid yo estaba en Nueva York: fue llevada por asistentes. Para mí fue un proyecto cómodo. Implicaba, eso sí, el dolor de la exploración, sentir que no hubo un vínculo con mi madre de ningún tipo. Yo soy entre otras cosas muy prolactancia materna, todo lo natural que se pueda… Por ahí sí que fue complejo el proyecto, pero lo superé.  

Con Diez mil vaginas anónimas te acercaste también de algún modo a esa femineidad materna. ¿Cómo conseguiste la colaboración de tantas mujeres?

Este proyecto fue más complicado de lo que parece, y el proceso performativo ya fue la recogida de fotos en sí: un montón de mujeres de muchos países diferentes ocupando espacios galerísticos para mostrar esa parte de su cuerpo que se debería en realidad mostrar libremente. Mostramos los pies y la cara, ¿por qué no los genitales, que son una parte del cuerpo igual, o más placentera? Aunque haya gente a quien le gusten más los pies… [Risas] Lo más importante es la libertad, verse libre de tabúes. Recogimos más vulvas que vaginas, pero por facilidad: hubo alguna chica que se metió una webcam para retratar la vagina, pero es más fácil la vulva. El proyecto surge de una historia personal sobre el vínculo con mi madre… Del título me llama más la atención la palabra «anónima» que «vagina», por el reflejo entre el anonimato de las fotografías y el anonimato de mi propia madre. Refleja mi búsqueda del zapato de Cenicienta, pero con la vulva en lugar del zapato… Fue muy satisfactorio recoger tantas imágenes de vulvas: se creó polémica en algunas ciudades, pero en otras participó alguna concejala. Ayudó muchísima gente.

Hay mucha referencia maternal en tu obra, pero ¿qué lugar tiene ahí el padre?

En España somos un matriarcado: la figura materna es la complicada. En mi caso fue una mujer que ejerció la prostitución, mientras que mi padre… Ni él sabe que lo es. Ni podré saber jamás su identidad ni me ha preocupado nunca demasiado. Me preocupa más la figura materna. ¿Algún día haré algún proyecto sobre el padre? Es posible, no te sé decir. Pero ten en cuenta que aunque realice proyectos sobre prostitución, me inclino más hacia el abolicionismo que hacia el legalismo. No completamente, no me podría posicionar al cien por cien pero… Lo que hizo mi padre fue actuar mal con mi madre. En fin, mi «padre»… Más bien el señor que pagó a mi madre por mantener relaciones sexuales. No tengo a alguien así entre mis inquietudes.

Otro eje temático de tu trabajo es el nacimiento y renacimiento, útero, parto…

Creo en muchos tipos de performance, unas más político-sociales y otras de momentos íntimos propios. En algunas piezas me acurruco durante horas en posición fetal, en una búsqueda interna que me aporta muchas cosas. Una vez me metí en el mar, al pie de un acantilado, y pasé varias horas en posición fetal, dejándome abanicar o incluso avasallar por el agua… Otra vez establecí diálogos con una artista colombiana, Paola Rojas, en Peseshkef: diálogos muy íntimos, ella y yo solos. De vez en cuando necesito este tipo de obras más íntimas después de otras más expansivas en las que interviene tanta gente, como The Shadow… Llega un momento en que necesito volver y crearme un caparazón. Hay también un deseo de volver a la tripa materna, a esa gestación que fue el origen de muchas cosas malas pero también alguna buena… Un proceso íntimo que agradezco y que me permite encontrar un equilibrio.

En la performance Mother Earth te enterraste en los Pirineos en posición fetal.

Sí, fue uno de mis primeros proyectos.

¿Buscabas en la Madre Tierra una figura materna sustituta?

Cuando fui a Colombia me vinculé más de lo que creía con la naturaleza. Soy una persona muy atea en todo, hasta en lo zen. Nunca he creído, me parecen todo tonterías. Pero ahí en Colombia hay una cultura chamánica que me llevó no exactamente a creer, pero sí a dejarme llevar un poco. Y quise hacer un proyecto en la naturaleza, volver a los Pirineos en Navarra, bolsas de oxígeno en el norte del Estado… Me enterré allí y viví un proceso individual, mío propio.

¿Sería correcto colocar aquí, como obras uterinas, tus acciones de encierro del ciclo Confinement in Search of Identity?

Confinement tiene una parte uterina y otra de exploración psicológica e incluso psiquiátrica. Es un proyecto muy amplio de catalogar porque incluye un poco de todo: unos procesos más personales y otros menos, varios procesos de búsqueda… Fueron siete acciones muy diferentes entre sí.

En concreto, Dark Room, un encierro previsto de sesenta días en total oscuridad sin más alimentación que una papilla proteica diaria, tuvo que suspenderse en el día cuarenta y dos por miedo de los organizadores respecto a tu salud física y mental… ¿Cómo recuerdas el proceso de ese encierro y qué crees que has obtenido de él?

Como decía, los procesos de Confinement no se parecen en nada salvo en la privación de libertad, su razón de ser. Dark Room lo recuerdo sin recordar. Fue un proceso muy rápido en que perdí la conciencia corporal a partir del día doce. Lo veo como algo que casi no ocurrió, realmente lo viví muy rápidamente… Y ya. Veo los vídeos y fotografías del proceso, lo que hacía cada día del encierro en la oscuridad, pero me resulta muy lejano. Recuerdo que pasé de tener conciencia diaria de mi cuerpo a no tenerla y ya está. Lo importante de Dark Room estuvo en el exterior: polémica, telediarios abriendo las noticias con referencias a la suspensión de la obra… Me llamó mucho la atención que un proceso tan íntimo y privado se convirtiera en un proceso exterior. Me parece en cierta medida revolucionario que alrededor de una gestación íntima e interna se monte todo ese revuelo exterior.

¿Estuviste de acuerdo con la decisión de los organizadores de suspender la acción?

Hubiera podido continuar, y de hecho tenía bien las constantes vitales, pero llega un momento en que el cuerpo se aletarga. La interrupción me pareció perfecta: en principio habíamos elegido dos meses, pero no había un criterio curatorial estricto en cuanto a la duración. Detener la acción no fue un fracaso: el proceso duró lo que tenía que durar. Lo lógico.

Abel Azcona para jot down 3

¿Recuerdas alguna otra acción de Confinement significativa ?

La primera la recuerdo con mucho cariño, fue un encierro con Regina Fiz Santos durante una semana en una galería, una búsqueda de identidad desde lo trans y lo queer. Otra acción interesante de Confinement tuvo lugar en Nueva York, donde estuve sin alimento unos días en una especie de jaula en un apartamento de Brooklyn. Y Nine container para mí es muy especial: permanecí nueve días en un contenedor muy pequeño sin salir absolutamente para nada, un espacio que no llegaba al metro cuadrado y en el que pasé la Bienal de Lyon.

Hubo gente que se metió en el contenedor contigo, ¿no?

Llega un momento en que la gente empieza a conocer tu trabajo y se cree que todo es igual. Como hice Empathy and Prostitution y ahí podías tener relaciones sexuales con el performer, la gente llegaba al contenedor de Nine Container y pensaba que era para lo mismo… ¡Pero no, era un proyecto completamente diferente! Hubo historias de todo tipo, hasta gente que se metía y empezaba a desnudarse en el interior. [Risas] Yo intento no caer en esa trampa, pero creo que los artistas pecan de hace prácticamente todo igual. Si ves la obra de un artista en una feria, y en la siguiente vuelves a encontrar exactamente lo mismo, mal asunto. Eso no es nada contemporáneo, porque lo contemporáneo es cambiante por definición. El artista que se repite se convierte en un cliché enorme en sí mismo.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que alguna performance se te podía ir de las manos y poner en riesgo tu integridad física o mental?

Sí, pero bueno… Para eso la hago. [Ríe] No haría mis performance si no tuvieran un riesgo real y vital. El arte contemporáneo debe ser crítico, social y político; debe poner al espectador contra la pared, pero también al propio artista. Para hacer arte cómodo mejor me quedo en la cama. El artista debe ponerse cachondo con su propia obra, motivarse lo suficiente como para intentarlo una y otra vez, correr riesgos cada vez mayores. Un artista cómodo no me vale, no es contemporáneo, no es nada. Si mi obra no roza límites, ¿para qué hacerla? Si un proyecto no me hace pensar siete veces «lo voy a dejar, lo voy a dejar», ¿para qué hacerlo?

Durante tus proyectos, ¿te planteas a menudo abandonar?

Muchas veces no, pero en proyectos al límite como La calle, durante el que estaba tan hormonado que no había quien me aguantara, casi cada día me decía «uf, mañana no iré». Aunque luego iba…  Cuando eso ocurre me resulta enormemente interesante, y cuando termino un proyecto así tengo la sensación de haber superado un reto más allá de lo que yo mismo esperaba. No merece la pena crear dentro de tu comodidad. Yo llevo muchos años explorando el tema del dolor de un modo muy físico: ahorcamientos, cuerdas, cortes, sangre… Pero últimamente me siento tan cómodo con ello que ya no me motivo. En cambio llevo un tiempo haciendo unas performance más mentales, como The Shadow o la que he presentado para inaugurar la feria MARTE, que me motivan de otra forma. En ellas no busco una reacción tan rápida y sencilla para mí: controlo tanto el dolor que provocármelo ya no es una performance, sino algo tan natural como hacerme la comida. Ya no me interesa. Algún día volveré al dolor si encuentro un nuevo reto, pero de momento me excita mucho más hacer algo más naïf, a veces nihilista, mucho más blanco y negro, con retos más psicológicos que corporales. Con los años compruebas que la mente es mucho más explorable y explotable que el cuerpo. El cuerpo tiene un recorrido limitado.

¿Buscas que todos tus procesos culminen en algún tipo de catarsis, o cuando ocurren son un efecto secundario inesperado?

Como todos los artistas, utilizo palabras rimbombantes y que quedan bien, pero vamos a ser realistas. Yo hago procesos: algunos me ayudan un montón y otros no, unos salen mejor, otros peor. No puedo decir que con todos mis trabajos roce el cielo con las manos y viva procesos catárticos… No. He aprendido, he alcanzado mucho autoconocimiento, he sacado fuera mucha mierda y eso me ha ayudado. Catarsis es una palabra bastante utópica, aunque yo creo en ella, creo mucho más en la catarsis que en la terapia. La palabra terapia la detesto.

Entiendo entonces que no verás el arte como terapéutico…

¡No, qué horror! Me parece una postura muy hipócrita. A nadie a quien le hagan una terapia le van a curar. Puede conseguir autoconocimiento, puede mejorar en algunos aspectos, pero de ahí a una cura hay mucho. La palabra terapia es una farsa en sí misma. Las palabras autoconocimiento o catarsis suenan mejor… Pero me gusta más vómito, me gusta más mierda, me gusta más visceralidad.

¿Qué ocurriría si a través de tus acciones llegaras a reconciliarte del todo con tu pasado?

Las paces con mi pasado no las voy a hacer nunca, pero tampoco lo busco: yo vivo, y ya está. Necesito respuestas. Yo nací como un objeto político: un hijo no deseado de una prostituta drogadicta. De ahí surgen respuestas ya no solo para mí, sino sobre temas sociales: la catarsis no es ya individual sino colectiva. Así, proyectos como The Shadow se vuelven totalmente globales. El 90% de España sabe que Abel Azcona es un hijo de puta. Eso puede hacer que otros hijos de puta, otros abandonados, otros que han sufrido abusos se motiven precisamente a través del reconocimiento de lo que son, y se conviertan en una especie de Walking Dead de hijos de puta, un ejército de liberación de tabúes y estigmas. Qué zapatista suena eso de ejército de liberación… España es un país desmemoriado social y políticamente, un país en que abusan de ti y luego te convierten de víctima en verdugo. Y al revés, la víctima tendría que explorar, cantar, contar: para eso estamos aquí.

También has realizado algún proyecto sobre fundamentalismo religioso, quizá el más sonado Eating a Koran, en que ingeriste durante nueve horas una copia del Corán. ¿Cómo se gestó esa acción y qué consecuencias tuvo?

Eso fue durante una residencia artística en Berlín. Fue un poco rara porque estaba más dirigida a la danza que al performance art, uno de esos encuentros internacionales que mezclan un poco de todo. Acabé realizando diferentes acciones en torno al fundamentalismo, por ejemplo una penetración anal con un crucifijo bendecido… Una cosa un poco turbia. Eating a Koran es la pieza que se hizo famosa, pero sobre todo por las amenazas. El fundamentalismo demuestra una cantidad increíble de estupidez humana: siempre consigue lo contrario de lo que busca. Al amenazarte para que te calles consiguen una repercusión mundial… El proyecto de Eating a Koran lo conocían tres personas, pero en el momento en que los integristas lanzaron sus amenazas la acción se hizo pública, se hicieron eco medios internacionales como el New York Times. Los fundamentalistas fueron el detonante, nunca mejor dicho lo de detonante. Bin Laden tenía un problema grave de estupidez. Fue complicado, porque estas cosas no son cómodas; tuvimos algún ataque en una universidad… Me metí en un colectivo con Lars Vilks, con varios artistas de Copenhague, con Charb de Charlie Hebdo... No es un mundo fácil. Pero yo tengo un escudo: no debería haber nacido, pero como lo he hecho, llevo treinta años de ventaja. Vivo bastante feliz con ese criterio. Además, creo en la muerte como un proceso selectivo y una decisión propia. El suicidio es una de las mejores decisiones que puede tomar uno una vez en su vida. Me ponen verde por decir eso… Pero la muerte puede llegar, y si llega durante el proceso artístico será parte de la pieza. Parte de la vida.

Hay bastante secretismo sobre Jihad-191, que podría considerarse una pieza sucesora de Eating a Koran. ¿Qué puedes contarnos sobre cómo y cuándo tuvo lugar?

El secretismo vino forzado por simple seguridad. Los tres familiares de víctimas del 11M que participaron aportando su sangre pidieron que se hiciera en la intimidad, solamente se invitó a algunas personas de la galería. Aún con el secretismo hubo problemas, porque se localizó la galería a través de una persona infiltrada… Esa pieza se hizo sobre todo para gestar el material, una instalación con sangre y coranes que ha estado expuesta en algunos sitios bastante privados, relacionados en general con la defensa de la libertad de expresión. La verdad es que se tiene que mostrar en petit comité. No hay más remedio.

Memorizaste para esta acción los datos de las ciento noventa y una víctimas del 11M…

Todavía los recuerdo.

Te convertiste pues en una especie de depositario de la memoria ajena.

Sí, pero no puedo otorgarme a mí mismo el derecho de ser icono ni de tener ningún tipo de representación de ninguna víctima. Yo soy yo. Dicho esto, me parece fantástico tener la oportunidad y el privilegio de resultar útil, no solo en Jihad-191 sino en otros proyectos como Enterrados, con familiares de fusilados. Esos proyectos los hago sintiendo miedo algunas veces, y siempre desde un profundo respeto. Si yo vivo una historia propia grito, sangro y me puedo llevar al límite porque me estoy metiendo conmigo mismo. Pero cuando hago estos proyectos los vivo desde el respeto: no son un homenaje, porque esa palabra me pone de los nervios. Pero es maravilloso tener la oportunidad de dar voz, con Enterrados, a una asociación navarra de familiares de fusilados que llevan años realizando un trabajazo que no se conoce ni sale en los periódicos sacando gente de las fosas. Ahora, con razón del cambio político, se están dando a conocer varias asociaciones por fin… Si he conseguido que la repercusión de este tipo de acciones haga que a estas personas se les dé voz y se les escuche, pongo a su disposición mi escenario, mi cuerpo, mi voz y mis museos.

Abel Azcona para jot down 2

Esta voluntad de dar voz a los que no la tienen se refleja también en The Shadow, tu proyecto con víctimas de pederastia… ¿Tenías en mente algo basado en tu experiencia o más general?   

Es uno de esos proyectos en que lo individual es el detonante pero luego deviene colectivo. Forma parte de mi nueva etapa más poética, minimalista, en la que yo soy lo menos importante. Eso es lo que más me gusta últimamente: ser un elemento más de la instalación, un pequeño altavoz. Es un privilegio que más de cien personas hayan venido a explicarme abusos recibidos en su infancia. Es triste que haya tantas, aunque es bueno que se hayan visibilizado y denunciado. He podido acompañarlas a los parques y lugares en que se criaron, realizar un proceso fotográfico y de entrevista, un trabajo casi documental, y luego hemos conseguido plasmarlo todo en una instalación. De todas las ciudades vamos arrastrando gente: de Castellón nos vamos a llevar historias nuevas, nuevos columpios. La instalación, formada por un par de columpios y soporte gráfico, crea un contraste entre lo performativo, lo fotográfico y lo documental. Cada espectador se puede sentar a mi lado, en uno de los columpios, y escuchar de mí mismo en primera persona alguno de los casos de abusos que he memorizado. Para mí memorizar y aprender es una señal de respeto, que alguien se moleste en sentarse con ellos, escucharlos, recordar su historia y compartirla.

Han quedado claros tus sentimientos hacia el fundamentalismo islámico: ¿qué tal te llevas con el resto de religiones mayoritarias, como el catolicismo?

Es una de las mayores epidemias de la historia. La religión está al mismo nivel que el cáncer y el sida, y de hecho ha matado a más gente que estas enfermedades más conocidas. La religión es un problema, una lacra a batir y a combatir. Yo entiendo que hace mil años sirviera como placebo, pero ahora ya tenemos suficiente raciocinio. Deberíamos tener suficientemente evolucionado el cerebro como para darnos cuenta de que esas historias extrañas de dioses todopoderosos y hombres a los que se les arranca una costilla para crear una mujer no son más que historias para no dormir, como las de Chicho Ibáñez Serrador. Si las religiones nos educaran en el feminismo o la igualdad, dentro de lo malo tampoco me opondría… Pero nos educan en el patriarcado, el machismo, la mujer en casa, la LGTB-fobia: hacen más mal que bien.

En Pamplona habrás tenido algún encontronazo con el Opus, ¿no?

Sí, Pamplona es totalmente del Opus Dei, o del Opus Gay como les llamo a menudo. Si ya me parece mal la religión, imagínate el Opus. El Opus es una banda terrorista dentro de la religión católica. Emplear cilicios, amenazar con el infierno: todo eso es terror, es terrorismo… Por no hablar de los casos de violencia más explícita. El Opus lo deberíamos combatir entre todos. En el futuro deberíamos poder vivir plenamente en libertad, sin engañar ni manipular mentalmente como ellos.

A menudo tus acciones de performance son en espacios públicos, especialmente en la calle. ¿Has tenido problemas con la policía o terminado en comisaría alguna vez?

Más de quince. También más inicialmente: ahora la policía de las ciudades que más frecuento ya me conoce. Pero aún tengo problemas a menudo, y los considero parte de la obra. Una de las páginas más bonitas de mi currículum es mi hoja policial. Siendo un artista que busca provocación, reacción, catarsis colectiva, que el espectador reaccione y salga de su asepsia mental continuada, se acojone, grite, le salgan eccemas, se tape los ojos… Qué bonito si eso le ocurre a la policía, ¿no? Son un espectador más, y si vienen a por mí es que se ha producido una reacción. Es parte de lo que entiendo como arte: si el arte crea esas respuestas, vale la pena seguir haciéndolo y crear un debate alrededor. El arte es una herramienta de lucha, aunque sea la más pacífica, social y crítica que hay.

¿Cómo compaginas tu vida privada con una vida pública tan… bueno, pública y provocadora?

Llega un momento en que van ambas de la mano y se fusionan. En las pequeñas cosas soy más tímido… Mi entorno son artistas, compañeros de trabajo; mis parejas participan en mis propias piezas, y llega un momento en que todo sigue el mismo camino.

Ya en general, ¿cuáles son tus próximos proyectos performativos a medio y largo plazo?

Se terminará La calle en México, luego empezaré una nueva etapa con una nueva galería, la Rossmut Gallery en Roma. El 16 de noviembre inauguraremos un proyecto, Las horas, sobre prostitución en un hotel. Tendrá un montaje instalativo increíble: no solo camas sino también relojes, fotografía, vídeo… Se agradece que de vez en cuando se apueste a gran escala por este tipo de proyectos. The Shadow se seguirá moviendo por diversas ciudades y Ayuntamientos: aunque Abel Azcona sea Satán, este es un proyecto tan amable que no pueden decir que no. También estoy preparando regresiones reales con psiquiatras a la infancia, que se van a llevar a cabo con diferentes personas. En febrero y marzo salgo para México D. F. de nuevo, estamos preparando Bolivia y de nuevo Colombia; en mayo o junio Brasil, para unos encuentros enormes en Río de Janeiro y Sao Paulo… Ahora tengo individuales en  Bilbao, Tarragona, Barcelona; en Zaragoza acabo de inaugurar una, otra nueva en Madrid, preparamos una en Murcia y otra en Sevilla… Mucho movimiento.

¿Seguirás impartiendo talleres de performance como el que has realizado esta mañana en MARTE?

He hecho talleres mucho tiempo, pero ahora tengo proyectos muy cerrados en torno a lo performativo y lo expositivo, así que me voy a centrar más en muestras de calidad, una al mes por lo menos, y proyectos de más alcance gracias al apoyo de la galería. Ya fui a la bienal de Lyon, pero voy a poder ir a algunas otras bienales de primer nivel, tanto latinoamericanas como europeas. Mi trabajo va evolucionando, y mis talleres no se me olvidarán nunca pero quizá desde un proceso más creativo. El espectador se convertirá en parte de la pieza, habrá un proceso de aprendizaje que tal vez tome forma de taller.

¿Qué artistas consideras como tus referentes o influencias dentro del performance art?

No me gusta mucho hablar de influencias, pero hay artistas a los que tengo un profundo respeto. Desde luego Ana Mendieta es y será la gran artista de performance. Actualmente está Regina José Galindo, compañera, amiga, y una artista maravillosa…  Y siempre hay que tener en cuenta a Tania Bruguera. También María Teresa Hincapié, performer colombiana recientemente fallecida y que no es tan conocida como debería… Y yendo ya a lo instalativo, la gran colombiana Doris Salcedo, que me parece políticamente maravillosa. Generalmente mujeres: el campo de la performance social y política es terreno de mujeres, aunque tristemente lo que se vende es lo de los hombres, algo completamente ilógico. Artistas como Regina, que ganó con Himenoplastia el León de Oro en la Bienal de Venecia, tienen quizá una trayectoria de venta mucho menor que otros artistas más esnobs y menos político-sociales. Pero es que te encuentras con personas como Carlos Urroz, el director de Arco, que dijo públicamente que las obras de más de quince mil euros tienen que ser de arte bonito, nunca arte político. Así nos va, si el director de la feria de arte contemporáneo más importante de España tiene actitudes como esa. Lucharé siempre para que las obras que vayan a museos y llenen los salones de los coleccionistas remuevan al espectador y creen un cambio social. El arte bonito no me interesa, no quiero un maldito IKEA del arte. Quiero otro tipo de piezas, obras que cada vez que las mires te sientas diferente, cambiado. Quiero que el espectador salga de la galería transformado. Un artista no puede perder nunca la oportunidad de aprovechar el regalo tan inmenso que hace un espectador al entrar en una feria, una galería de arte o un museo. Ha hecho algo enorme. Pero si solo le das algo bonito se va a olvidar pasado mañana: no habrás hecho tu trabajo como artista. Ese espectador tiene que ser transformado, tiene que salir verdaderamente cambiado, y para eso tiene que encontrarse con un arte que provoque esa reacción.

Abel Azcona para jot down 1

Si el arte tiene que ser transgresor, ¿qué se puede considerar transgresión en nuestra sociedad?

Estamos muy anestesiados, y llega un momento en que no nos transgrede absolutamente nada… O, mejor dicho, nos transgreden tonterías como el desnudo o el sexo, lo más normal del mundo. Arte no vemos todos los días, pero gente desnuda sí, al menos en el espejo, y sin embargo nos escandaliza el desnudo. Sería genial que la sociedad experimentase un cambio social a través del arte y la cultura, y dejáramos de estar anestesiados por programas absurdos de televisión que están creando situaciones no solo de machismo sino de violencia de género, mujeres objeto… El arte contemporáneo es una potente herramienta de cambio social y político para conseguir una igualdad real.

A menudo se ven performance con muchos elementos escénicos, guion… ¿Crees que se confunde lo performativo y lo teatral?

Sí, pero… No me gusta hablar en plural, pero la mediocridad cultural en España es bastante terrible. Si apenas se sabe de arte contemporáneo, ponerse a hablar de diferencias entre lo performativo y lo escénico es ya otra dimensión. Incluso los que saben sobre performance art deberían pulir conceptos sobre qué es y qué no es… Hay performers que hacen mucho daño a su propia disciplina: no saben de qué hablan, no saben lo que hacen. Tanto la pintura como la escultura son tan evidentes que enseguida las reconoces al verlas, en cambio la performance tiene la ventaja de ser ecléctica y amplia. La performance es la madre del arte contemporáneo, lo tiene todo: cuerpo, política social, crítica, fotografía, vídeo… Lo abarca todo. Eso no lo hace ninguna otra disciplina. La performance es un arte completo.

¿Cómo juzgarías el panorama artístico contemporáneo en España?

Pues… Una mierda. [Risas] Y me incluyo, ¿eh? Tampoco quiero ser aquí un artista esnob. Pienso que hacen mucho daño los lobbies en grandes ciudades como Madrid: treinta y cinco artistas montan una colectiva y se cargan su propia carrera sin saberlo. En España los artistas son cómodos. Estoy harto de escuchar a artistas diciendo que el arte está fatal sin hacer nada, y parecen creer que va a aparecer el comisario del MoMA a llamar a la puerta de su casa. Me da pena, porque no es que haya mucho más, ni siquiera internacionalmente. A mí me han expuesto una retrospectiva en Colombia, pero soy el primer performer español al que se la dedican y me gustaría que hubiera ochenta… Hay pocas opciones, pocos artistas que verdaderamente se atrevan, como Yolanda Domínguez, artista valiente con una vertiente política y social. Pero se pueden contar con los dedos de las manos. Estoy trabajando hace mucho tiempo en una tesis, y veo cosas que se hacían ya en 1970 y que están repitiendo ahora algunos hasta la saciedad, en una especie de caparazón de comodidad. En España queda mucha tela que cortar, nos dan mil vueltas en Latinoamérica.

¿En cuanto a formación?

En general: tú vas a una facultad y los artistas tienen ganas y entusiasmo. Igual el resultado plástico no es fantástico, pero ver a un artista que crea porque tiene la necesidad de crear revitaliza, frente a tener que tragarse a esos artistas españoles grises, lentos, que no crean, que se quejan, que repiten que todo es envidia… España es el país de los egos heridos. Y España tiene un problema, la formación creativa y artística. Es una mierda. Tenemos las peores entidades de enseñanza, solo quizá la UPV, Altea y alguna otra son un poco mejor que el resto. En general tenemos una formación artística caducadísima. ¿Quiénes son los formadores? Artistas mediocres y frustrados. ¿Y qué enseñan? ¡Pues lo que no han conseguido! A lo largo de la historia ha habido buenos artistas que han vuelto a la academia, pero la mayoría vuelven porque no les queda otra. ¿Qué van a enseñar a los nuevos? Es deprimente. Además se les nota: no ocultan que todo les parece horrible, los alumnos espantosos… Llega un momento en que eso crea un círculo vicioso que se retroalimenta y hace que no evolucionemos en lo educativo. Yo reventaría y reinventaría completamente la carrera de Bellas Artes. Creo en la técnica, pero no me parece básica en el arte contemporáneo. Me parece mucho más importante que el artista conozca perfectamente su juego y un buen montón de teoría. En este momento un artista debería estudiar Psicología, Sociología, Antropología o Ciencias Políticas, más que Bellas Artes… La técnica es solo técnica y llega un momento en que se vuelve repetitiva. Lo digo a veces un poco en broma, pero se puede aprender técnica en un taller de abuelos de pintura. Hoy en día cogemos a un artista de dieciséis años y lo amoldamos a esta sociedad mediocre, absurda y cortita que es España, pasándolo a través de moldes como la televisión y la enseñanza, y lo sacamos a medida para que no moleste. Eso es lo que está pasando con la carrera de Bellas Artes. A veces he ido a alguna clase universitaria y hablado con algún alumno que dice que está descontento… Y le contesto: ¡lárgate ya de la Academia!

¿Quedan rincones donde aprender libremente?

Claro que sí: puedes aprender en la calle, participando en política, viviendo lo social, rodeándote de gente interesante. Vete un año por libre a residencias artísticas rarísimas. La teoría de lo erótico está muy bien, pero es mejor follar. Hace falta tocar carne. ¡Yo creo en eso! No basta con estar todo el día leyendo revistas de arte, es necesario también palpar… En España no se palpa absolutamente nada, se ha creado un sistema de ascetas artísticos. Y pasa lo que pasa: gente que con treinta y cinco años está empezando a hacer sus primeras fotografías.

¿Crees que el arte de acción tiene suficiente reconocimiento hoy en día en galerías y museos de arte contemporáneo?

Creo que no. A Klaus Biesenbach le apeteció ponerlo de moda en el MoMA con Marina Abramovic y hubo una especie de boom... Pero en gran parte no es algo performativo sino una herramienta de marketing, mientras que no se tiene en cuenta la performance más pura, más Ana Mendieta, más visceral, sucia, iberoamericana, verdadera, la performance con concepto, discurso, sangre y piel, sobre todo con piel… La que en el fondo no está tan interesada en entrar en la galería y en el museo. Tiene que estar, porque somos un arte de primera, pero también está bien que haya tensión, que estemos sin estar, peleados… Los performers somos los porculeros del arte contemporáneo. La fotografía, en fin, ahora todos somos artistas de Instagram; y tanto la escultura como la pintura se quedan muy cortitas. Las valoro, ¿eh? Pero el performance sigue ahí: irreverente, sucio, incomprendido, turbio. Me gusta que todavía seamos y que vayamos a seguir siendo los incomprendidos del arte. Aunque tiene sus desventajas: meterse en otros campos es muy jodido, porque a un incomprendido no le das ni pan.

Abel Azcona para jot down 11

Muchas veces para vivir del performance se comercializa la documentación.

Se habla de documentación, fotografía, vídeo, otro tipo de disciplinas. Al final el artista de performance se convierte en multidisciplinar porque no le queda otra. Lo hace por dinero… Y además llega un momento en que vas evolucionando y surgen cosas nuevas, como fusionar la instalación con la performance.

¿Cómo eliges a tus fotógrafos y documentalistas colaboradores?

Pues como cuando elijo con quién follo cuando salgo de fiesta: empatía, atracción, feeling… Llega un momento en que pienso que a un artista lo quiero en mi vida como sea. Con algunos he trabajado desde el principio y, en fin: ahí está mi cama y están invitados.

¿Cómo valoras la trayectoria de movimientos de performance como Fluxus o (en el ámbito español) ZAJ?

Los respeto, porque yo respeto a todo el mundo. ZAJ han sido pioneros, y siempre será el movimiento más importante en España a nivel colectivo; hay que tenerlos en cuenta para siempre. Sin embargo… El dadaísmo tuvo su lugar, pero ahora estamos en un momento de revolución social en que hace falta un discurso artístico más político. A mí me interesa un performance que me remueva verdaderamente y me haga vomitar. Una persona con una manzana en la cabeza dando vueltas alrededor de una columna no me dice nada: si tiene un gran discurso lo valoraré, pero de lejos.

¿Qué artistas de los presentes en MARTE sigues con más interés y por qué?

Es llamativo, pero la obra plástica que me atrae es muy contraria a la mía. Me gusta mucho Chingsum Jessye Luk… Y me encanta el stand de Coll Blanc, esa obra de papel, minimal, limpia, blanca. Esos son los artistas que más me gustan en la Feria. Por supuesto los de mi stand, Espacio Serendipia, Yolanda Domínguez es una de las artistas contemporáneas más importantes, y Laura Carrascosa me parece ahora mismo de lo más contundente y potente a nivel nacional. En mejor compañía no puedo estar.

¿Qué ferias o encuentros artísticos ves actualmente con mayor vitalidad?

Las ferias de arte en España están mal en general. Mal hechas, mal organizadas… Y las que están bien, como MARTE, esta misma feria, con buena obra y buenas ideas, no tienen aún tanta asistencia como deberían. Hay que replantearse qué estamos haciendo y si es el momento de promocionar el arte así, si interesa poseer arte o si a la gente no le interesa tener un cacho de madera bien pintado en su casa. Hay que cambiar el concepto, probar otro tipo de cosas, reinventarse: creo que en el arte estamos caducados. Al estilo de feria habitual le quedan dos telediarios.

¿Cómo se podría comercializar el arte en el futuro, entonces?

Yo creo en las experiencias artísticas. Disciplinas como el performance, el videoarte y las instalaciones permiten al espectador vivir experiencias. Yo por vivir una instalación de Yayoi Kusama pagaría dinero. Poner al espectador contra la pared, hacerle vivir una experiencia que le cambie aunque sea una tarde… No preocuparse de si se lleva o no la obra a casa, porque no se la va a llevar. Hay que cambiar el concepto. Hacer entender al espectador que el arte es social y por tanto puede cambiarle la vida. Que entienda el arte como imprescindible.

Ya que afirmas que el arte debe ser político: ¿te mantienes al día de la actualidad política o simpatizas con algún partido o movimiento en concreto?

No he hablado nunca de esto, porque políticamente soy también un poco extraño. Pero creo en el arte político como herramienta contra los Gobiernos que hemos tenido hasta ahora. Rajoy es el segundo peor presidente de la historia de la democracia después de Aznar. Aunque Aznar era más peligroso, este es más mediocre, da incluso pena, no llega ni a malo… Y sin embargo políticamente ha hecho mucho daño. Hay gente que no lo piensa, pero yo creo sinceramente que los cuatro primeros años de la legislatura de Zapatero (los cuatro siguientes ya no) fueron socialmente una revolución, no nos hemos dado cuenta aún. Dentro de cien años se hablará de la evolución en libertades LGTB y sexuales, y España será un icono. Si ahora me sitúo: yo apoyé a Manuela Carmena y la sigo apoyando. Soy un poco crítico con algunos aspectos: ahora optaría más por Ahora en Común en fusión con Podemos, y que el señor Iglesias baje un poquito del carro y ponga a una persona independiente. Quiero que se cree un Podemos en Común o algo similar.

Desde hace años hay un debate abierto en la sociedad sobre la prostitución, dividido entre abolicionistas que la quieren prohibir multando al cliente y partidarios de algún tipo de legalización o normalización. Algo has comentado antes, pero ¿dónde te situarías en esa polémica?

Si tengo que elegir entre los dos, abolicionismo. Es un tema que me critican un montón… Igual es muy fácil decirlo, pero creo que si hubiera una serie de pensiones, gastos y ayudas públicas, nadie con mil euros en el banco usaría como primera opción la prostitución de la forma en que se usa. Ahora hay mil alternativas. En Pamplona, que es una ciudad conservadora, se pueden encontrar orgías todos los viernes, todo tipo de sexo, establecimientos, BDSM y mil maneras de explorar la sexualidad sin necesidad de pagar a alguien. El pago lo sigo viendo como un abuso de poder. Luego hay tipos, claro: la prostitución es un abanico muy amplio. Habría que valorar algunas cosas, pero en muchos casos la prostitución es exactamente lo mismo que un abuso sexual, ya que alguien con más poder se aprovecha de una situación de riesgo o precaria. Es un poco lo que está haciendo el primer mundo con el tercero: un genocidio. Al final la prostitución es un genocidio sexual. Está dominando psicológicamente a un montón de mujeres porque no pueden dar de comer a sus hijos y no tienen otra vía. ¿Que hay gente que elige? Podríamos hablar de ello, ahí entra otro abanico. Pero en general la prostitución se debería abolir. En Finlandia buscan alternativas, están valorando confeccionar listas de intercambio sexual entre personas que lo necesitan: ya sé que parece una locura, pero yo creo que el Ministerio de Bienestar Social podría preparar unas listas, una especie de censo donde se pudieran coordinar foros de intercambio sexual libre y gratuito entre personas… Hay alternativas. La prostitución no se va a abolir hasta que desaparezca el consumidor de prostitución, el putero es el problema. Hay que formar a la sociedad. En una sociedad con una libertad sexual más plena, ¿quién es el putero? En un 80% de ocasiones está casado, es católico, de derechas… Hay de todo, pero por ahí van las cifras. Hasta que no nos carguemos esta sociedad heteronormativa, patriarcal y monogámica en que la única organización válida es la de pareja de dos (cuando debería haber, si se quiere, hasta parejas de catorce personas), seguirá habiendo puteros, gente que quiera abusar de otros previo pago.

Abel Azcona para jot down 4

¿Y en cuanto a las polémicas sobre las sucesivas leyes del aborto?

Lo que quería aprobar Gallardón le pareció demasiado radical incluso a Le Pen, casi parecía una broma. Un absurdo. Países más conservadores tienen leyes más avanzadas que las nuestras. Estoy a favor del aborto libre, gratuito y considerado como un derecho. No solo un derecho de la mujer a decidir, que lo es, sino también un derecho del menor a no nacer. Yo nací obligado, y ahora tengo un transtorno límite de personalidad, he vivido abusos y un montón de historias… He vivido porque me han obligado a nacer, pero existe el derecho a no nacer. No hay que nacer por nacer. La vida hay que vivirla, pero es muy puta… Y ya se sabe que una madre prostituta y heroinómana no va a tener un hijo que salga en las mejores condiciones. ¿Para qué obligar a nacer a eso que no es nada antes de nacer?

En la línea de lo que has comentado antes sobre el suicidio, estarás a favor de la eutanasia, ¿no?

Estoy a favor de que cada persona decida lo que le dé la gana siempre que le afecte solamente a ella misma. Por desgracia nadie decide cuándo nace, pero sí debería decidir cuándo muere. Creo en la eutanasia con apoyo gubernamental: se debería hacer, y se legislará tarde o temprano.

Uno de tus muchos tatuajes te lo hicieron durante un performance, Seropositive

Sí. Era un performance que hice con algunas personas vinculadas al mundo creativo, alguno era alumno mío. Estuve tumbado encima de ellos, una instalación corporal… Y me tatuaron, de una forma bastante estética, el nombre de nueve artistas vinculados a todo tipo de artes, especialmente corporales, que de una forma u otra murieron por el sida o tenían sida cuando murieron.

¿Algún otro de tus tatuajes tiene significado?

Tengo bastantes… Sobre todo flores, y cada flor tatuada es una persona: historias, abusos, amores, ex, hermanas, un poco de todo. El cuerpo es para utilizarlo, mi cuerpo es mi lienzo y mis manos los pinceles. El cuerpo se debe quemar, y el día en que arda, que esté completamente utilizado y lleno de marcas.

Lo de dejar un bonito cadáver no te llama…

¿Para qué? ¿Para agradar a los gusanos? Un poco de tinta hará que se pongan más gorditos.

Más allá del arte contemporáneo, ¿qué actividades realizas como ocio puro y duro?

Estoy tan metido en el mundo artístico que casi todos mis amigos son artistas, así que voy a museos, exposiciones, leo muchos catálogos… Me encanta coleccionar catálogos. Mis hábitos van por ahí. Soy bastante alcohólico, no sé si contará como afición o si es muy sano, pero bebo bastante. También soy un poco melómano. Voy al Teatro Real de vez en cuando… Igual queda un poco esnob, pero me encanta ir a un ballet clásico de vez en cuando. El buen comer tampoco me disgusta: no me gusta todo, pero bueno, al final soy un ser humano más.  

¿Ves la gastronomía como un arte?

Sí, pero bueno… A mí usar la palabra arte para todo me repatea un poco. Estudias Bellas Artes, ¿y qué eres, bellartista? No, artista. Estudias música y eres cantante. Un arte implica otras cosas. Creo mucho en la frase de Joseph Beuys de «todos somos artistas», pero esa frase va acompañada de una cierta irreverencia que hay que tener en cuenta. El cocinero ya tiene un nombre, el de chef, una palabra que ya reconoce lo que hace. Tengo la suerte de estar vinculado a muchos grandes chefs que son fenómenos, pero bueno… Son creadores.

¿Tienes preferencia por algún escritor en particular?

No especialmente, tengo gustos muy típicos. A los veinte años leí todo Bukowski a saco, pero lo releo ahora y se me queda bastante cortito. Hace año y medio me dio una temporada por Irène Némirovsky, de quien lo he leído todo… Tuve una temporada de Vila-Matas, como creo que todo el mundo. Ahí no soy especialmente raro. Más que la literatura, me gustan mucho los libros teóricos: últimamente leo muchas tesis. Me encantan las tesis bien fundamentadas en torno a mi trabajo, el arte contemporáneo. Igual se enfadan conmigo por decirlo, pero hay muchas novelas que están hechas como el cagar, por generación espontánea… Pero una tesis implica muchísimo más trabajo, generalmente de años. No tenemos cultura de leer tesis, pero merece la pena.

¿Y en cuanto al cine?

Veo cine experimental. Me suele gustar lo que distribuye Golem. Me encanta el cine danés, también la Trilogía Paraíso de Seidl En general el cine muy leeeeento y raro. Durante una temporada estuve viendo mucho cine finlandés y coreano… Las típicas pelis americanas que ve todo el mundo no me interesan: deberían pagarte ellos a ti para que las vieras.

Antes has comentado que entras en una etapa más nihilista: ¿a qué te referías exactamente?

Más a nivel estético que conceptual. Es un término un poco esnob pero me hace gracia… He pasado de algo más visceral y barroco a un estilo en blanco y negro, efímero, más conceptual en cuanto a dolor físico.

¿Qué le contestarías a alguien que te preguntara a bocajarro si merece la pena vivir?

Le contestaría que depende. Yo creo que no debería haber nacido pero he nacido, vivo más o menos, y en este momento quiero seguir viviendo. Tengo un camino por delante, me he marcado un objetivo claro y creo que lo estoy consiguiendo. Llega un momento en que el día a día es muy complicado, cada cual tiene su mundo y yo entendería todas las decisiones. La vida tiene muchas satisfacciones pero también muchas decepciones. Tú verás lo que pesa más y tú decides. El mundo está lleno de pistolas.

Abel Azcona para jot down 5

Fotografía: Enrique Bocángelus

62 comentarios

  1. Que guapo madre mía.

  2. Tengo el placer de escribir el primer comentario: desconocía por completo al entrevistado, tengo mis reservas sobre mi capacidad para apreciar su obra, y sin embargo ha sido un gustazo leer sus respuestas, el precario y hermoso equilibrio de sus contradicciones, y su clarividencia.

    Animo al Sr. Azcona a seguir derribando los límites de su propia existencia, y a Jotdown es justo agradecer que nos abran ventanas desde las que asomarnos a lo desconocido, con rigor y buen gusto.

    Un saludo,

  3. Mucho tiempo hacia que no leía a nadie tan encantado de haberse conocido. Típico producto del mundo del arte español. Todo impostura con un contenido liviano… en el mejor de los casos.

  4. Pingback: Abel Azcona: «Un artista cómodo no me vale, no es contemporáneo, no es nada»

  5. He intentado leerlo entero, pero la comparativa entre la pintura y la escultura respecto de la performance me ha matado. Cualquier persona que se ponga delante de una pintura de Picasso, Sorolla, Velazquez, Goya o una escultura de Rodin, Chillida y una largo etc, saben lo que es emocionarse, una sensación que puede ir desde la calidez y el olor a salitre de una playa de Sorolla a la angustia y el miedo (aparte de la indignación política) del Guernica de Picasso. Seguramente si intento enumerar todas las sensaciones que pueden generar cuadros y esculturas de artistas españoles esto sería eterno.
    El engendro generado por la cultura del espectáculo unido a la del consumo es infumable y encima tratan de adueñarse de lo reivindicativo y de lo desagradable, perfumándolo de palabras rimbombantes y filosofía hipstérica falta de contenido, como esa gente tan despreciable que vende camisetas del Che.
    Los artistas cómodos no existen, solo gente que no puede entender la profundidad de lo que no es obvio y facilón, la falta de cultura artística es la que ha generado el snobismo farandulero que tanto les gusta a los modernos y pseudo intelectuales. Dentro de unos años descubriremos que existían muchos artistas de gran talento ignorados en este momento y tendremos que verlos en museos en vez de en espacios de arte que es su sitio.

    • La crítica de los artistas de performance, en general, no solo de este, a la pintura y la escultura hay que verla con cierta ironía y en un contexto, el del aparente callejón sin salida en ambas disciplinas que se vive en el arte contemporáneo. Que cualquiera puede ahora pintar como un cubista o hacer drippings de expresionismo abstracto, pero no hay pintores que hayan roto los moldes de la pintura desde hace literalmente décadas.

      • El problema en si es el propio arte contemporáneo, la evolución de la pintura y la escultura cada vez es mas complicado por la cantidad de estilos y técnicas que se generaron los siglos anteriores, ahora, con la evolución de la tecnología se puede pintar e incluso imprimir en 3D, se puede experimentar con lo digital o hacer mezclas con materiales, pintura, etc usando todo lo anterior, hay un espacio increíble de experimentación e incluso la posibilidad de generar nuevos recursos y materiales, dicho esto, los espacios e instituciones están secuestrados por los conceptualoides, evidentemente que una obra aparte de con técnica y recursos puede estar dotada de una intención y un mensaje, entender el proceso de un artista a la hora de abordar una pieza le de mas sentido a una obra y la complementa de forma positiva, pero de ahí a que el concepto sea lo único importante por la falta de aire fresco respecto al nivel técnico es lo mas parecido a un no quiero por que no puedo que he visto en mi vida.
        Imagínense una pieza creada con esto:
        https://vimeo.com/138790270

    • Pero qué dices, es que no has leido el primer cometario? Si es muy guapo!!!! XD

    • “Dentro de unos años descubriremos que existían muchos artistas de gran talento ignorados en este momento y tendremos que verlos en museos en vez de en espacios de arte que es su sitio.”
      Totalmente cierto.

  6. Este tío es un pesao
    Yo no se como te la hecho una entrevista una revista como la vuestra. Se me ha caído un mito.

    Para artistas poco contemporáneos él

  7. Una persona que ha sido capaz de salir de esa historia tan dificil, y encima hacer arte y hacerlo bien. Conocia su trabajo pero desconocía la dimensión del mismo. Tiene un curriculum bastante impresionante para la edad que tiene… y desde luego el discurso es súper coherente. Me he quedado impresionado. Enhorabuena por la entrevista. Os leeré a partir de ahora.

  8. A este hombre lo metía yo en una performance-art de corte tradicional llamada “mili en los regulares”.

    • Bien visto: los cuarteles del ejército son marcadamente parecidos a burdeles, así que sería ideal hacer ahí performances sobre prostitución.

  9. “El Ministerio de Bienestar Social podría preparar unas listas, una especie de censo donde se pudieran coordinar foros de intercambio sexual libre y gratuito entre personas… Hay alternativas.”

    No querría yo que el gobierno (ningún gobierno) tuviera datos de mis preferencias sexuales NI HARTO DE VINO.

    • Pues cuando Franco, el Caudillo sabía que mi perro me follaba y hacía la vista gorda. Es más, es que le importaba un huevo, hablando “francamente”. ¡Jijijijiji!

  10. Títulos en inglés, discurso dramático y pseudotrascendental con un par de citas inventadas… y a epatar.

  11. La frase del titular es una tontería importante.

  12. Lo que me ha parecido lamentable es que diga que la Facultad de Bellas Artes de Altea es un poco mejor que las otras… Yo estudié allí y me resultó un PETARDO. La mayoría del profesorado era enchufado del PP (recuérdese la historia de la Universidad Miguel Hernández y su génesis), ultraconservadores que iban de guayones e incapaces de enseñar técnicas así como de hilvanar un discurso mínimamente riguroso u original. Por supuesto es mi opinión. Pero me resultó TAN mediocre el personal docente…

  13. ¿Y cómo es un artista que cobra 100€ por participar en una performance que no lleva a cabo (Las Horas II, mayo de 2015 en Madrid) y se niega a devolverlos a pesar de los requerimientos cómo se llama? Estafador.

    • Ni idea del asunto, pero sí sé cómo se llama a quien paga cien puñeteros euros por una performance… Tacaño. Pero si se saca más un fotógrafo en una boda.

      • Error mío: el verbo era “asistir”; los 100€ era el precio que cobraba Azcona a quien quisiera participar con él en la performance, que al final no levó a término.

        • Y bien que hizo, a mí me adelantaron 750.000 euracos por montar una performance y aún me están buscando. ¡Que se jodan por parir eventos!

  14. Os animo a todos a compartir mi última performance: QEsc & P2, la actualización contemporánea de un arte milenario. Cuesta 50€, pero podrás llevarte el doble de sensaciones sólo con pagar el doble. Experimentad la heteronormativa efervescente de la fabada. No os quedéis sin la fragante interacción con los espectadores. Gas Performance 3.0, bros!

  15. “El 90% de España sabe que Abel Azcona es un hijo de puta”

    Sí, no se habla más que de ello en la calle, en los bares, y en Twitter: Gran Hermano, la lesión de Messi, y la vida y milagros de este Azcona.

  16. maravillosa entrevista, quede fascinado y alucinado, creo que es el arte llevado a la maxima potencia, tan real que es surrealista, un genio !

  17. si algun dia llegas a Venezuela o yo llego a estar en algún país donde te estés presentando asistiré!!! a tu performance! Me encantaaaa todo lo que haces!

  18. Yo sería incapaz de entender la obra del entrevistado, pero si es capaz de vivir de su arte sin recibir ni un € en subvenciones, ya me merece todo el respeto del mundo. ¡Muy bien chaval!

  19. Quizás pueda resultar egocéntrico y directo para las mentes sensibles y puristas, pero os está dando exactamente lo que necesitáis: sexo, carne y oscuridad.

  20. Lo mejor que le veo al chico y que desde luego le vendría bien a media humanidad es que en vez de arruinarse de especialista en especialista para la cantidad de traumas que tiene, el muchacho le saca partido orquestando paripés más o menos articulados.

    Lo cual no evita que sea un muchacho traumado, que la coherencia de su discurso sea solo eso, un discurso, y que en último término no esté muy lejos de lo que en mi pueblo despacharían con un “es puta y su coño lo disfruta”.

    Evidentemente que viva y haga lo que quiera; quizás soporto peor que pretenda nadie o él mismo venderme su vida en plano alguno.

    • Yo le concedo que, para los traumas que parece que tiene, es muy centrado en el plano personal y tiene las cosas bastante claras dentro de su particular visión del universo, la respuesta a la última pregunta sólo puedo aplaudirla.

  21. Me recuerda a la escena de La Gran Belleza en la que una “perfomancer” se daba golpes con el muro…con la diferencia que este entrevistador se lo toma en serio y Gep Gambardella la ridiculiza en la entrevista que la hace.

  22. Los comentarios en la línea ” a mí este no me la da”, ponen de manifiesto, una vez más, que el arte contemporáneo no está al alcance de cualquiera, y que requiere de un esfuerzo previo de información y documentación para ser comprendido, que la gente que no se dedique a ello o esté realmente interesada, no va a estar dispuesta a realizar. Pasa lo mismo en casi todas las disciplinas culturales, aunque en el arte es donde, no sé todavía bien por que razón, se tiende más a tildar al artista de farsante.

    La entrevista me parece interesante y el chico parece tener las ideas bastante claras, sobre todo para la edad que tiene (coincido de plano en el análisis que hace de la situación artística y educativa en nuestro país). Dicho esto, tampoco creo que lo que hace sea tan contemporáneo como él mismo cree; artistas que han trabajado con el cuerpo-mente como objeto político y lo han llevado hasta sus límites mediante el dolor, el ayuno, el confinamiento, etc, ha habido miles en los últimos 40 años, y ya se ha dicho prácticamente todo al respecto. El cuerpo como mercancía con valor de cambio también ha sido algo muy tratado en los últimos años, como por ejemplo en la obra de Santiago Sierra.

  23. @JavierCC

    Tu comentario pone de manifiesto que no hay nada, absolutamente nada, como la idea de exclusividad para reducir al hombre a un pobre elitista de barrio, mucho más preocupado de parecer saber que de, en efecto, saber. A veces (y tantas) el emperador está desnudo.

    “A lo largo de mi vida he realizado varias acciones sin saber muy bien qué eran, solo con el tiempo lo pude averiguar. A los dieciséis años, después de un intento de suicidio bastante grave, realicé una acción en la calle que algunas personas valoraron como un brote psiquiátrico, pero una persona lo reconoció como una performance…”

    Porque entonces una persona tiene un episodio que requiere ayuda psiquiátrica y el primer iluminado de postín dice: oh, no es una crisis, es una performance. Y a tirar.
    No voy a entrar a juzgar su arte, si es que lo hubiera, pues nunca lo haría sin ver la obra en cuestión. Pero que absolutamente nadie se haya planteado darle ayuda profesional a este hombre antes de que se hiera de forma (aún más) irreversible, habla bastante de la sociedad. Dicho esto, evidentemente, que le vaya bonito, y mientras haya quien pague o se interese por ello, es una forma tan lícita de ganarse la vida como cualquier otra, así que chapó por él.

    Y mientras, unos cuantos exclamando lo magnífico que es el traje del emperador…

  24. Tienes razón, el emperador está desnudo, y cuanta más gente piense así mejor. No hay cosa que odie más que hacer cola delante de un Museo para ver una exposición. Gracias a dios eso pasa poco, sólo con emperadores vestidos del tipo Antonio López. El fútbol es para las masas, el arte no, ni debe serlo.

    Las conexiones entre arte y locura son tan amplias, y han sido tan profusamente estudiadas que no hace falta ni contestarte, haz tú el esfuerzo de informarte si no estás demasiado preocupado en que no te la den.

  25. Este tipo es como “El Artista del Hambre” kafkiano, creyendo ser un incomprendido ante el gran público con la hercúlea tarea de llevar hasta sus últimas consecuencias su arte, oficio, profesión o estafa, a gusto del consumidor. Y el resto no desentraña el eclecticismo de su obra… Quizá un final luctuoso en la pubertad habría redundado en la felicidad de todos…

  26. ¿”brote psiquiátrico”? Supongo que se referirá, casi seguro, a un brote psicótico, pero entonces, porque transcribirlo sin un (sic) al menos? Seguro que de un brote uno puede ser ingresado en un psiquiátrico, pero…

  27. JavierCC

    Sigues luciéndote. No tengo que hacer el esfuerzo de informarme para contestar tu retahíla de lugares comunes (el fútbol es para las masas idiotas, el arte contemporáneo como quintaesencia…etc). En primer lugar, porque desde tu miopía partes de la base de que yo, por llevarte la contraria al no creer que cualquiera sea un artista, ni que cualquier creación sea arte, soy un paleto de domingos de barra y fútbol. Claro, que de esos también los hay cultos, pues el número de gente que sigue algo no determina su validez, ni en una dirección ni en otra, pero ahí no entras. Y no voy a debatir sobre esto, principalmente porque te veo incapacitado para contestar con argumentos, pues contestas a lo que dices que digo, no a lo que digo.
    Así que probablemente nos encontremos en la cola de exposiciones, si vas a alguna más allá de performances de tal profundidad como prostituirse en un museo como forma de exorcizar el pasado. Otros lo hacen creando obras de arte que aportan algo por sí mismas, y no simplemente por lo tremebundo de las circunstancias que golpearon a sus autores.

    Para terminar de corregirte: sí, ha habido muchos artistas con distintos grados de locura (unos antes y otros después de alcanzar su punto álgido, lo cual, junto con el hecho de que la mayoría no lo han estado nunca, debería hacerte deducir lo obvio, que es el fondo de mi anterior comentario: hay artistas locos, pero cualquier loco no es un artista). Porque no basta con querer serlo, por mucho que tú te empeñes, y con esto no le califico a él, pues sigo diciendo que no juzgo su obra, por así decir, sin verla. Aunque la escena escogida en que se produce sumada a lo que leo en la entrevista me hacen recelar de sus méritos artísticos. Artísticos, repito, que seguro que es un gran tipo y muy profundo (o no). Como tú, lo de profundo. Pero vamos, que tú tienes a Abel Azcona y Damien Hirst, y yo cientos de artistas que están en otra liga (inferior para ti, imagino: ya te veo como los hipsters que el otro día se manifestaban pidiendo la retirada de Renoir de un museo). El arte contemporáneo mola, da el pego entre los colegas pseudointelectuales, y cuando deje de hacerlo porque alguien diga “pero si el emperador está desnudo” y os deis cuenta, pasarás a la siguiente moda. Ha ocurrido siempre eh, no te agobies por ello.

    Lógicamente, no comparto con algunos que el arte contemporáneo es de por sí una estafa. Pero todas las modas acogen elitistas de medio pelo, atraídos por la sensación de exclusividad. Y estos atraen engañabobos. Dónde se encuentra Azcona (artista o intento de), y dónde tú, lo dejo en tus manos, que yo por mi parte lo tengo bastante nítido. Decías que el arte no está alcance de cualquiera (no creo que entiendas en qué lado de esa balanza estás), y te imagino satisfecho de ti mismo, pagando a plazos alguna obra de un artista conceptual que dicen por ahí es muy bueno, mientras te vanaglorias pensando cuán profundo eres.

    • Ovación cerrada. Es más, esos sujetos que bien retratas, adeptos casuales del cine magiar más underground, el gintonic ensalada y los caldos sudafricanos para maridar una patata hervida ecológica, tienen mucho de snob y poco de exclusividad, si acaso ínfulas de élite del suburbio potentado. Vamos, los mismos que acto seguido, al concederse el Nobel al juntaletras, en este caso a una desconocida bielorrusa, hacen cola para lanzarse en busca de un legajo añejo con el que acreditar que ellos ya la leían antes de esta fama repentina, antes de erigirse en carne de público mainstream… PD: ¿Para cuándo el Nobel a Auster?

  28. Gran argumento el tuyo que no cae para en el terreno de los lugares comunes: el arte contemporáneo es una moda engañabobos que algunos snobs de medio pelo utilizan para hacerse los profundos.

    “hay artistas locos, pero cualquier loco no es un artista”; ¿pero, quién eres tú para decidir quién es y quién no es un artista?. Estaría bien que publicases la lista de los incluídos en tu panteón (para reirnos un poco, más que nada).

  29. Pingback: Abel Azcona: "Me metí las hostias en el bolsillo como me las hubiera podido meter en el culo" | Dashground

  30. Hola amigos. Sigo la revista desde hace casi dos años, y me parece una pasada (la entrevista a Francesc de Carreras de hace dos semanas me pareció la mejor que he leído en mi vida). Enhorabuena, gracias y seguid así!

    Voy al meollo: independientemente del talento de Abel, que lo tendrá, sólo quiero deciros que soy supernumerario del Opus Dei y estas palabras me duelen:

    “…Opus Gay como les llamo a menudo. Si ya me parece mal la religión, imagínate el Opus. El Opus es una banda terrorista dentro de la religión católica. Emplear cilicios, amenazar con el infierno: todo eso es terror, es terrorismo… Por no hablar de los casos de violencia más explícita. El Opus lo deberíamos combatir entre todos. En el futuro deberíamos poder vivir plenamente en libertad, sin engañar ni manipular mentalmente como ellos.”

    No sé qué experiencia habrá teniendo este chaval sobre el Opus Dei. Por sus palabras es claro que no tiene ni idea. E independientemente de ello, se puede estar de acuerdo o no se puede estar de acuerdo, pero lo que no se puede es faltar el respeto de manera tan pública y gratuita. “Al Opus Dei lo deberíamos combatir entre todos”. ¿Y qué es lo que según el criterio de este hombre debería prevalecer? ¿Su exposición sobre vaginas? Sinceramente, yo sí creo que eso es de lo peor, y de una materialización de la mujer y a favor de la violencia machista que tira de espaldas, pero no me permito la soberbia de decir que hay que “combatirlo entre todos”, en nombre de la “libertad”, de una libertad subjetiva, la suya claro…

    Entiendo que Jot Down publique la entrevista, y me parece que la libertad de expresión es sagrada, pero pido también respeto por favor.

    Salud y República!

  31. Hola! En primer lugar decir que Abel Azcona es un gran impostor. Ha forjado la historia de su vida y obra, al rededor de una gran bola de mentiras. Yo lo conozco personalmente y sinceramente una persona que quiere dar voz a gente que ha sufrido abusos cuando es completamente incierto que él los ha sufrido….Por favor Abel deja de ir por el mundo jodiendo a la gente que son víctimas, mientras tú ganas fama a consta del sufrimiento de muchas personas y familias.
    Sólo añadir a los periodistas que han hecho la entrevista que indaguen un poco en las historias que cuentan sus entrevistados, a ver si son reales o por el contrario son producto de la imaginación de una persona que no tiene vida propia e intenta ser la víctima que nunca fue.

    • Si hoy ido a ver la exposición de la polémica y allí están todos los documentos que demuestran que fue abusado y maltratado. Y son documentos oficiales. Atacar porque no nos guste su trabajo lo puedo entender pero con la miercoles de vida que ha tenido el pobre decirle que no lo ha sufrido. Encima. Es un valiente y las historias y documentos de la exposición de Pamplona que hemos ido a ver desee Vitoria eran de verdad así que no se de que le conocerás tu, pero se ve que muy poco.

    • En primer lugar y en segundo? Si te lees su biografía con todos los datos se sabe su vida. Tanta gente que le tiene envidia, y se inventa todo para difamarlo. No os dais cuenta que lo único que conseguir es alimentar el mito. Qué será verdad, que no? Estáis construyendo un genio entre todos. Somos muchos los seguidores de su obra desde México. Él viene ahora y tendrá millones de fans esperándole.

    • Católicos que la unica forma de atacar al gran Azcona intentan cargarse su vida. Azcona es un artista cargado de verdad. Su vida esta mas que demostrada. Mucho más que vuestro dios de mentiras.

  32. Pingback: Artist Abel Azcona Is Sued for Using Hosts to Criticize the Church's Sex Scandals | ART

  33. Pingback: ¿Quién es realmente Abel Azcona y qué esconde tras su obsesión a la religión? - Actuall

  34. Pingback: Blasfemias y ostias (sin hache). Abel Azcona puede dormir tranquilo |

  35. Lo siento, pero es un tipo mas, con una camara de fotos que juega a ser transgresor y queda en lo burdo de la copia, y que por si fuera poco es vieja y rancia de lo anticuada que es.
    El 80% del material de este “artista” es ponerse en pelotas y sacarse fotos desnudo osea…muy demode..
    Montones como el hay en el mundo, supongo que tendra su nucleo duro de “fans” pero bueh hasta los abba teens los tenian.
    Asi seguimos, “comprando” pseudoartistas que son pura pose y cero contenido, sacados, pareciera, de una fabrica de produccion en masa

    – Son jovenes
    – Veganos o ecologistas
    – Atractivos
    – Con tatuajes
    – Peinados y ropa a la moda
    – Generalmente hipsters
    – Toman cafe en Starbucks
    – Consumidores de Apple

    y aparentando una intelectualidad que no tienen ni por asomo….

    Ahora ¿y el Arte? bien gracias….

  36. Abel Azcona es único y especial.

  37. “El 90% de España sabe que Abel Azcona es un hijo de puta”.
    Seguramente el autor hubiera deseado ese titular. Nada nuevo bajo el sol, ni en lo que hace ni en lo que dice. Ya hace un cuarto de siglo que GG Allin –como tantos otros– maltrataba su cuerpo desnudo, cortándolo, pegándose o cagándose en las manos y tirando la mierda al público. (Tal cual) Me parece una moda aterradora eso del “YO QUE SUFRÍ MUCHO”, como James Rhodes, que fue niño violado, y lo cuenta en sus libros, y nos pone tristes, y lo recuerda en sus entrevistas “la música me curó”, y hace giras para que todo el mundo vaya a escuchar al “músico que fue violado de niño”, ¡no vamos por su música! (es mediocre). El sufrimiento humano, el límite de la salud,… Miles de años llevan los monjes escarbando eremitorios en la montaña y metiéndose dentro durante meses sis moverse y sin hablar con nadie. Lo de este chico, será arte, pero es una manera engañosa de transmitir sensaciones, manipulando la realidad a través de la PROVOCACIÓN. Chispazos efímeros. Un bluf. Arte cupckake. YO, MI CUERPO, MIS TATUAJES. Que pase el siguiente.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Store Libros

Jot Down 100:Series juveniles
24.00
Jot Down 100:SCI-FI
24.00
Jot Down 100:CÓMICS
24.00
A Marte
13.50

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR