Novak Djokovic y el último reto de la generación perdida

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Novak Djokovic. Fotografía: Cordon Press.
Novak Djokovic. Fotografía: Cordon Press.

John McEnroe acabó 1984 como número uno del mundo con un registro impecable: ochenta y dos victorias y solo tres derrotas en diez meses de competición. Entre los trece títulos que sumó aquel año se contaban su cuarto US Open y su tercer Wimbledon. En Roland Garros llegó a la final pero cayó en cinco sets ante Ivan Lendl después de haberse apuntado los dos primeros parciales. Si no ganó en Australia fue simplemente porque, como era habitual en la época, decidió no participar.

El estadounidense tenía veinticinco años y una década por delante condenada a llevar su nombre. Sin embargo, no volvió a ganar ni un solo título de Grand Slam en toda su carrera. Estas cosas en tenis pasan más a menudo de lo que creemos. Por ejemplo, Roger Federer ganó su decimosexto «grande» en enero de 2010. Con veintiocho años y después de ocho finales consecutivas, ¿quién iba a suponer que en los siguientes seis años solo ganaría uno más, en Wimbledon 2012? Lo mismo se puede decir del Nadal que arrasó en 2013 a los veintisiete años y que acabó número uno después de ganar su segundo US Open. Desde entonces, dos años ya, solo ha conseguido sumar un Roland Garros.

Nunca hay que dar la victoria por sentada. El año de Novak Djokovic, que acaba de cumplir veintiocho, ha sido tan espectacular —tres Grand Slams, la Masters Cup, seis Masters Series…— que todo el mundo se ha dedicado a proyectar hasta dónde puede llegar el serbio. Efectivamente, no se ve alternativa, como no se le veía a McEnroe ni a Federer ni a Nadal… pero, cuidado, porque la alternativa se abre paso cuando menos te lo esperas.

Lo que sí parece claro es que mientras los rivales sean los mismos, no hay que esperar resultados diferentes. La media de edad de los diez primeros de la ATP está en unos excesivos 29,7 años y no se puede decir que los que vienen detrás sean jóvenes hambrientos de gloria. En el grupo que va del número once al número veinticinco de la clasificación el promedio apenas baja a los 28,8 años. Son edades a las que el jugador de tenis, al contrario que el futbolista o el baloncestista, suele empezar su declive. En los tiempos que corren, sin embargo, parece que es al revés: cuantos más años en el circuito, más posibilidad de mejora.

¿Quién será el encargado entonces de ponerle el cascabel al gato? De los presentes en la pasada Masters Cup solo el japonés Kei Nishikori aún no había cumplido los veintiséis años, cosa que hará en menos de un mes. Nishikori tiene también el «honor» de ser el jugador más joven del circuito con una final de Grand Slam en su palmarés. De entre los nacidos en la década de los noventa, solo Milos Raonic ha conseguido al menos clasificarse para una final de Masters 1000, el siguiente nivel de competición. Del resto, no hay noticias.

Estamos ante un extrañísimo caso de «generación perdida». No está nada claro que ellos vayan a ser capaces de tomar el relevo y desbancar a los Djokovic, Murray, Nadal y Federer pero lo mismo podríamos haber pensado de Stan Wawrinka el año pasado y, cercano al crepúsculo de la treintena, ha conseguido ganar en Australia y en Roland Garros. Por si acaso, vamos a hacer un repaso de quiénes son los nacidos en los noventa que más posibilidades tienen a corto plazo de dar guerra en grandes torneos.

Los últimos bastiones de la generación perdida

Si buscamos entre los treinta primeros de la clasificación ATP solo encontramos seis jugadores nacidos después del 1 de enero de 1990. Entiendo que si rozando los veinticinco años de edad ni siquiera te asomas por estos puestos es complicado que llegues a ser una estrella. Vamos a hacer un repaso de quiénes son y cuáles son sus posibilidades:

Milos Raonic (Canadá, 1990).- La gran decepción de la temporada, culpa sin duda de sus continuas lesiones. Es curioso que en una élite donde abundan los treintañeros las lesiones se ceben con los más jóvenes como Nishikori, Del Potro o el propio Raonic. Durante la temporada 2014 pareció que mejoraba su movilidad en la cancha, pero este 2015 ha dejado la mejora entre paréntesis. Si mantiene su efectividad al saque y esa derecha brutal como acompañamiento puede aspirar a algo, sin duda. Tendrá que mejorar (mucho) el revés y la capacidad de sufrimiento. Pese a todo, rascando aquí y allí y con los cuartos de final de Australia como mejor resultado del año, además de la victoria en un torneo menor como el de San Petersburgo, ha conseguido acabar el 14º de la clasificación.

David Goffin (Bélgica, 1990).– Lleva años amagando sin llegar a dar del todo. Jugador de fondo de pista, con un buen revés a dos manos y gran consistencia, brilló sobre todo en los torneos de verano, cuando las grandes estrellas descansaban antes de empezar la gira americana. Fue finalista en Gstaad y en Hertogenbosch, mostrando su capacidad de brillar en todo tipo de superficie. Por lo demás, en las grandes citas no se ha sabido nada de él: octavos de final en Wimbledon y cuartos de final en Roma, eso es todo. Da la sensación de que su físico le limita demasiado. Aún puede salvar la temporada llevando a Bélgica a ganar la Copa Davis. En la actualidad, ocupa el 16º lugar del ranking ATP.

Bernard Tomic (Australia, 1992).- Desde su irrupción como adolescente en el Open de Australia de 2011 siempre se ha esperado mucho de Tomic, enorme sacador y de una potencia descomunal. Cuando está entonado puede plantarle cara a cualquiera y así lo ha hecho a lo largo del año. Cuando no está entonado, olvídate. Puede ir perdiendo un set 4-0 y ganarlo como ir ganando 5-2 y perderlo. Completamente imprevisible, a su favor hay que decir que este año ha ganado en regularidad y que lo que parecía una bala perdida, un muñeco roto, vuelve a ser un rival de entidad. Ganador en Bogotá, ha acabado 18º en la clasificación.

Dominic Thiem (Austria, 1993).- Nadie daba un duro por Thiem hasta que de repente se fue colando en el top 100, top 50, top 25… No hay nada que haga especialmente bien pero tampoco tiene grandes carencias. Igual que le pasara a Goffin, centró sus esfuerzos en la parte intermedia del calendario, la más asequible, encadenando el título de Umag y el de Gstaad con unas semifinales en Kitzbuhel. Parecía que eso iba a ser el preludio de una brillante gira de cemento pero no se volvió a saber nada de él. Es el más joven del grupo, pero ha de aspirar a algo más que una tercera ronda en un Grand Slam. Ocupa el puesto 20º en la clasificación.

Jack Sock (Estados Unidos, 1992).- La crisis del tenis estadounidense es algo nunca visto en la historia de este deporte. Desde el triunfo de Roddick en el US Open de 2003, ningún compatriota ha vuelto a ganar un torneo del Grand Slam. El último en jugar una final fue Andre Agassi en 2005. Diez años sin saber nada de los americanos es mucho tiempo. El perfil de jugador que sale de su cantera es siempre el mismo: gran sacador, con buena derecha, cierta torpeza en el movimiento lateral y poca capacidad de sufrimiento en la pista. Sock, sin salirse del todo del perfil, parece que al menos intenta no caer en el estereotipo. En Roland Garros le dio mucha guerra a Rafa Nadal y eso no es cualquier cosa. Ganó en Houston y alcanzó semifinales en Basilea y en Newport. No pasó de tercera ronda en ningún otro gran torneo, terminando la temporada como el 26º del mundo.

Grigor Dimitrov (Bulgaria, 1991).- A su favor tenía hasta la magia de los números: Sampras nació en 1971, Federer en 1981 y él en 1991. La comparación con el suizo fue constante desde su triunfal época de junior y en algunos momentos del año pasado vislumbramos la posibilidad de que el búlgaro diera el gran salto. Sin embargo, los años pasan y, sí, la calidad esporádica, el revés a una mano a la línea o la derecha imposible están ahí, pero de la cabeza y el sacrificio seguimos sin saber nada. Ha sido para él un año horrible. Cuando más se esperaba su explosión, se ha hundido hasta el puesto 28º de la clasificación. No hay que descartar que de repente tenga uno o dos años brillantes, con títulos grandes incluidos, pero el tiempo pasa y desde luego nada apunta a que vaya a ser el dominador que todos pensábamos.

La generación sin miedo: abran paso a la adolescencia

Sinceramente, de los arriba mencionados solo veo a Raonic y Dimitrov como posibles ganadores de un torneo de Grand Slam, así que el relevo, que tarde o temprano tendrá que producirse, ha de estar en la siguiente generación. Jugadores entre los diecisiete y los veinte años que ya han ido apuntando maneras. Hacer un repaso de jugadores a estas edades tiene un punto de temerario porque siempre hay deportistas de explosión tardía que pueden romper cualquier molde. Sampras, por ejemplo, ganó el US Open con diecinueve años, pero con dieciocho nadie daba un duro por él, perdido en la competencia con los Agassi, Courier, Chang y compañía.

Por si acaso, vamos a poner aquí algunos nombres para que los vayan siguiendo. A su favor está que no llevan años y años estrellándose contra los veteranos y por lo tanto no deberían tener tanto respeto. En algún caso incluso se han saltado ya el escalafón con todo el morro del mundo.

Nick Kyrgios (Australia, 1995).- El enfant terrible del circuito. Una especie de Bernard Tomic pero aún más macarra. Kyrgios apareció casi de la nada para ganarle a Nadal en Wimbledon 2014 y este año derrotó a Federer en Madrid después de tres tie-breaks. Tiene una pinta estupenda a poco que calme determinados impulsos. Jugador muy agresivo, con gran saque, tiró su temporada a la basura en Canadá, cuando se impuso a Wawrinka después de dedicarse a hacer chistes sexuales sobre su novia. El mundo del tenis se le echó encima y desde entonces solo fue capaz de ganar seis partidos en tres meses. El año que viene será decisivo. Ya ha jugado cuartos de final en Australia y en Wimbledon y durante una semana pisó el top 25 de la ATP. Ahora es el 30º.

Borna Coric (Croacia, 1996).- Tiene los altibajos propios de un adolescente, pero muchos ven en él al próximo Novak Djokovic. Empezó el año al filo del top 100 y ya se ha metido entre los cincuenta mejores del mundo. En Dubai ganó a un Andy Murray en racha para perder contra Federer en semifinales. También llegó a semis en Niza y eliminó a Robredo en segunda ronda de Roland Garros, aguantando cinco sets ante uno de los ironmen del circuito. Es cierto que a partir de ahí bajó un poco el pistón pero aun así le ganó un set a Nadal en el US Open. El año que viene tiene pinta de ser clave. Lo empezará como el 44º mejor jugador del mundo.

Hyeon Chung (Corea del Sur, 1996).- Acaba de recibir el premio al jugador con mayor progresión del año y no es para menos: ha pasado en doce meses del 167º al 52º. Ahora bien, hay algo de truco: casi todos sus puntos los ha ganado en challengers —torneos de segunda división— y jugando en Asia y Australia. Cuando ha pasado por el circuito ATP apenas se le ha visto. Complicado pronunciarse con jugadores así, esperemos que el año que viene se decida a viajar más.

Thomas Kokkinakis (Australia, 1996).- No sé qué pasa con los jóvenes australianos hijos de inmigrantes pero parecen llamados a montarla cada vez que pueden. De Kokkinakis se dice que es el mejor de su generación, mejor incluso que Kyrgios, pero va más despacio y la propia amistad con Kyrgios ya levanta sospechas. En lo que podría haber sido sin problema un año muy bueno para él se ha limitado a quedar el 78º de la clasificación, aunque quizá sea demasiado joven como para pensar ya en un estancamiento. En el pasado Open de Australia ganó en cinco sets a Ernests Gulbis y perdió también en cinco con Sam Groth. Se ve que cuando quiere se agarra a la pista. No siempre quiere.

Alexander Zverev (Alemania, 1997).- Número uno del mundo en categoría junior, el talento y la contundencia de Zverev están fuera de toda duda. Queda, como siempre, la sospecha de su compromiso. Su hermano Mischa también iba a comerse el mundo y las lesiones le han acabado machacando. Para ser casi un niño tiene ya unas cuantas victorias contra rivales de nivel medio, incluyendo una heroica en Wimbledon contra Gabashvili que acabó con 9-7 en el quinto set. A partir de ahí, brillantes semifinales en Bastad y cuartos de final en Washington, ganando a Anderson y Dolgopolov. Después de perder en primera ronda del US Open, también en cinco sets, su temporada se vino abajo hasta acabar el 81º de la clasificación. El año que viene debería rozar el top 25.

Yoshihito Nishioka (Japón, 1995).- De Nishioka hablan verdaderas maravillas, aunque su ámbito de juego sigue siendo Asia y eso, a los veinte años, empieza a ser peligroso. Solo ha jugado nueve partidos a nivel ATP este año, perdiendo seis. Está en esa clase media, junto a Elías Ymer, Jared Donaldson o Kyle Edmund, que no se sabe por dónde van a tirar en el futuro. Sus puntos obtenidos en challengers no le han permitido pasar de la 142ª posición en el ranking.

Andrey Rublev (Rusia, 1997).- Otro niño con una pinta descomunal a poco que consiga centrarse. En principio, lo tiene todo, especialmente una derecha fantástica. El problema es que no ha tenido muchas oportunidades para demostrarlo más allá de la eliminatoria ante España en la Copa Davis, en la que pasó por encima de Pablo Andújar, por entonces número 32 del mundo. Cumplió los dieciocho hace solo un mes, así que es difícil evaluar una temporada en la que en vez de refugiarse en los challengers ha decidido participar en bastantes torneos ATP, fajándose en las previas para entrar en el cuadro principal. Eso ha dañado su ranking (173º) pero puede suponer una gran inversión cara al futuro.

Frances Tiafoe (Estados Unidos, 1998).- El benjamín del grupo. Para hacerse una idea, nació el mismo año que Federer debutaba en el circuito. De él se vienen hablando tales maravillas que cuando uno le ve jugar contra hombres no puede evitar soltar un «no es para tanto». A los quince años ya ganó la prestigiosa Orange Bowl y dos años más tarde se convirtió en el estadounidense más joven desde Michael Chang en participar en Roland Garros. Su experiencia duró un partido. Tres sets, en concreto. A veces, tiende a mostrar cierta apatía en la pista, algo muy adolescente por otro lado. Si se pone las pilas, tendrá su parte del pastel del futuro. Si se sigue dejando llevar, puede acabar como un Donald Young cualquiera.

Estos son solo algunos de los candidatos. Muchos de ellos no llegarán a nada. Otros puede que acaben con el dominio de los treintañeros. En cualquier caso, si se les ocurre alguno que debería estar en la lista y no está, no duden en presentárnoslo en los comentarios.

12 comentarios

  1. Alberto

    Roddick hizo final de Wimbledon en 2009, por lo demás el artículo es realmente interesante

  2. Creo que hablo por todos los aficionados del buen tennis cuando digo que no importa quién gane en el futuro, solo quisiera ver a Federer llevarae un wimbledon más y a Nadal su “décima”. Federer, Nadal y Djokovic son irrepetibles.

  3. El dicho de que a lo bueno se acostumbra uno rápido, es lo primero que me viene a la cabeza al leer este artículo, y al ver lo que ha sido el mundo del tennis en la última década. Es que estamos todos esperando a ver cuándo va a surgir el próximo Federer, Nadal o Djokovic, y la verdad es que nos hemos olvidado que estas cosas no pasan todos los días. Estamos dando por sentado lo extraordinario. Ya nos parece normal ver varias figuras de esta talla en el circuito. Sucede que hemos tenido mucha suerte. Más suerte de lo que la ley de probabilidades nos tenía prometido, eso es seguro.
    Perfectamente me puedo imaginar un futuro donde un jugador como Murray sea el número uno, y donde los Ferrer, los Berdych y los Wawrinka del momento estén allí, agazapados, intentando pegar el zarpazo.

    • Your name

      Reconociendo que la última década ha sido fantástica, me remontaría un poco más atrás en el tiempo para decir que he vivido otras épocas tan buenas como ésta. Me refiero a la época de los duelos entre Sampras y Agassi, y a la época de fines de los 80 y principios de los 90 en que había tantos buenos jugadores en el circuito que ganar un Grand Slam era más difícil que ahora, con Becker, Edberg, Courier, Agassi, Chang, Sampras, y un Lendl o Wilander, que aunque ya estaban al final de sus carreras, aún eran peligrosos.

  4. Se echa de menos a la principal promesa americana, hoy por hoy: Taylor Fritz.

  5. Djokovic superará a Federer no solo porque sea un crack, sino por la ausencia de aspirantes serios al trono. Federer tuvo en su día a Sampras, Agassi, Rafter, Hewitt, Saint, Nadal, Murray y Djokovic. Nadal tuvo a Federer en su esplendor y Djokovic emergiendo. Djokovic tuvo a Nadal en su esplendor y Federer declinante, y ahora, en plenitud, con 28 años, la ATP es un páramo. Si Raonic gana un grande será un síntoma de la decadencia del tenis, es el prototipo de jugador plano y unidimensional. No lo veo ganando un grande francamente. Veo una tiranía de Djokovic hasta que su físico, en 6 años, empiece a flaquear.

  6. Manuel

    No es Thomas Kokkinakis sino Thanasi Kokkinakis. Me quedo con Coric y Rublev como jugadores de futuro aunque tenemos Djokovic para rato.

  7. Y como profano, y seguidor de tenis “dominguero”, pregunto : ¿Y en España? ¿Hay alguien con alguna posibilidad de futuro más o menos brillante, o vienen años de travesía del desierto?
    Viendo el ranking están Carreño (24) en el 67 ,Cervantes (25) en el 98 y Carballés (22) en el 130. Todos los demás ya rondan o sobrepasan la 30…

  8. AGASSI ya iba de salida cuando roger despunto, a excepcion de SAFIN y HASS que tenian mucho mas talento q el suizo, los rivales de roger fueron una porqueria. Pero los analistas se dejan llevar por los numeros 17 dicen: wow!! Pero de esos pocos con un valor real. Por supuesto q entre los 80 y 2000 se ha jugado el mejor tenis

  9. -A Wong: ¿Me puedes decir quiénes eran porquería de esa lista? Ninguno lo era, y devaluar los 17 grandes de esa manera revela que tu idea de tenis se reduce a la de “cuñado dominguero”.

    -A David: Tras 25 años de fertilidad llega el páramo, así que toca fijarse en Muguruza.

  10. Yo creo que, roger cada navidad debe enviar champagne y canasta navideña a dos personas: roddick por los 20 grandes que le gano y a NO1E por quitarle minimo 3 grandes al chango de manacor. Cada año, sin falta

  11. El Navega

    El que era bueno que te cagas era el Fred Perry. Y no veas al pin-pon qué palos pegaba el tío, lo único es que ahora estaría un poco ancianudo. Unos 106 años, más o menos…

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