Walter Lure, del CBGB a Wall Street

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Walter Lure. Fotografía cortesía de Brudenell Social Club.
Walter Lure. Fotografía cortesía de Brudenell Social Club.

Hace un par de semanas un reportaje del Guardian se preguntaba cómo habían terminado cuarenta años después los punks británicos surgidos tras la explosión del 77. Abría el artículo Ausaff Abbas, de Alien Kulture, que ahora era banquero. Su grupo consiguió una gira con los Specials para veinte fechas y ese fue el momento en el que decidió bajarse del barco. Le pesaron las raíces paquistaníes, explicó, y prefirió concentrarse en los exámenes de fin de curso de la London School of Economics donde estaba matriculado.

La cantante de Au Paris, Lesley Woods, se subió al carro del punk en 1978 seducida por ese espíritu de que cualquiera podía hacer lo que le diese la gana sin necesidad de ser un virtuoso. Y también porque era un movimiento en el que las mujeres tenían un lugar en él sin tener que ser bellezas estereotipadas «de grandes pechos», especificaba. Siouxsie, Poly Styrene y Patti Smith eran sus modelos. Pero esto, contó, era solo la teoría, luego en la práctica se encontró con un muro de violencia y peleas en cada actuación. Llegado un punto, lo dejó y, para limpiar su mente, quiso hacer justo lo contrario de lo que había venido haciendo hasta entonces: se puso a estudiar leyes. Ahora es abogada.

El cantante de Crass aparecía ataviado con su uniforme del servicio de salvamento marítimo. Tras donar el dinero de un concierto a los socorristas de Sea Palling, pudo ver cómo trabajaban, le sedujo el asunto y acabó siendo uno más a tiempo completo.

Una fotogénica punk, Jordan, era amiga de la troupe de Vivianne Westwood y Malcolm McLaren. Alguna vez apareció en el escenario en los conciertos de Sex Pistols y fue responsable de sus estilismos. «Les ensuciaba la ropa», dijo que se limitaba a hacer. Ahora es enfermera en un centro veterinario y todavía lleva el pelo de colores.

David O´Brien, un punk de Mánchester que aparecía trasegando una enorme lata de cerveza en el reportaje, comentó que antes era el típico que iba con sus botas Doc Marteens y los pantalones vaqueros desteñidos. Su padre era alcohólico, no sabía mucho de él. Y su madre tuvo ocho hijos, dos murieron, pero crio a los otros seis ella sola. David creció bebiendo y buscando peleas en los alrededores de Old Trafford. Sin embargo, un día que iba borracho por el bosque vio los restos de lo que podría haber sido un aquelarre de magia negra —la historia se las trae—, eso le hizo coger un Nuevo Testamento y en poco tiempo terminó de vicario de la Iglesia. Ya lleva diez años en ello y ha escrito un libro al que habrá que meter mano: Northern Soul: Football, Punk, Jesus

Y el músico más famoso que aparecía en el amplio reportaje era Terry Chimes, batería de los Clash. Ahora, quiropráctico. Era curioso cuando decía que en la actualidad mucha gente le pregunta si no echa de menos tocar delante de setenta mil personas y él les contesta que ha tratado a más de setenta mil pacientes que se han ido muy felices y que eso no mola menos.

Y ahí se quedaba la cosa porque la lista del Guardian estaba circunscrita al punk y a Gran Bretaña, si no, podría haber sido eterna. Por ejemplo, Nasty Suicide, del grupo finlandés responsable en buena parte de los pelos cardados del glam metal angelino, Hanoi Rocks, ahora es farmacéutico. Andy Shernoff, de los Dictators de Nueva York, pioneros del punk en Estados Unidos, sumiller para tiendas de vinos neoyorquinas. Y si nos pasamos al heavy tampoco faltan ejemplos. Bruce Dickinson, de Iron Maiden, se hizo piloto comercial y ha llegado a volar en misiones de rescate en Afganistán. Punky Meadows, de Angel, posiblemente el inventor del duck face que amenaza a la civilización occidental, ahora regenta una clínica de bronceado artificial, y su excompañero Giuffria desarrolló la patente de una máquina tragaperras que le ha hecho millonario. O Dan Spitz, guitarrista de Anthrax, que ha acabado de maestro relojero con titulación en Suiza… Son muchas las posibilidades, porque los royalties no siempre dan para mantener el tren de vida y porque las lucecitas y el escenario no cautivan a todo el mundo para siempre. No obstante, si hay un músico de todos cuantos se cambiaron de carrera que dio un cambio que no se lo debió creer ni su padre, quien por cierto le ayudó a darlo, ese fue Walter Lure, de los Heartbreakers de Johnny Thunders, posiblemente el grupo más yonqui que jamás haya existido. Veámoslo en perspectiva, empezando desde el principio.

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Los Heartbreakers en una actuación en Toronto, 1978. Fotografía cortesía de Johnny Thunders Rocks.

Heartbreakers fueron el grupo que formaron Jerry Nolan y Johnny Thunders de las ruinas de New York Dolls, uno de los grupos pioneros del glam y del punk rock. Nolan llegó sustituyendo al batería Bill Murcia, que falleció de forma lamentable. Fue en una primera visita del grupo a Inglaterra. Habían sido invitados por Rod Stewart porque Melody Maker les había vendido como the next big thing, el secreto mejor guardado de los bajos fondos de Nueva York y esas etiquetas que colocaba periódicamente la prensa musical. Pasaron de tocar delante de no más de quinientas personas en clubes de mala muerte a hacerlo ante más de diez mil. Al final del show, Murcia acabó en una fiesta donde se hinchó a quaaludes, un barbitúrico. Se vino abajo y los presentes lo metieron en una bañera con agua helada para intentar reanimarlo. Lo que hicieron fue ahogarlo.

Así lo contó Marty Thau (fallecido en 2014), su primer mánager —quien también descubriera a Suicide, los Real Kids o los Fleshtones años después—, en Por favor, mátame: «Bill acabó en esa fiesta y por una combinación de alcohol y, según venía en la autopsia, quaaludes, se empezó a ahogar. Empezó a cambiar de color y se desmayó, y el piso, que estaba lleno de gente, se vació. La gente huyó. Les importó una mierda que ese pobre chico se estuviese ahogando hasta la muerte. Todos corrieron buscando salvar su propio pellejo. La gente que se quedó no quería escándalos, así que le metieron en una bañera de agua helada y dejaron correr el agua. Se ahogó. Lo que tendrían que haber hecho inmediatamente era llamar a una ambulancia, mandarlo al hospital a que se hiciera un lavado de estómago y habría estado bien». El grupo volvió directo a Nueva York y su mánager se quedó respondiendo las preguntas de Scotland Yard.

De vuelta en casa reclutaron al aludido Jerry Nolan. Poco después hubo otro viaje a Inglaterra y volvió a dejar huella, esta vez artística. Un chaval, Malcolm McLaren (muerto en 2014), estaba esperándolos loco por asistir a todos los conciertos que dieran en su país. En la actuación de los Dolls en el prestigioso programa Old Grey Whistle Test de la BBC, el presentador, Bob Harris, les trató con desprecio, tomándoselos a broma. Ya por aquel año, 1973, el rock «no era para reír», por decirlo de algún modo, había ya una tontería y unas ínfulas que los propios Dolls contribuyeron a derribar directa o indirectamente. Porque, de hecho, esa actuación televisada marcó a varios jinetes del Apocalipsis. Por un lado, los Sex Pistols, pero también un tipo con la importancia de Morrissey dijo de aquel show que fue su «primera experiencia emocional seria». El público reunido en el concierto que dieron en Londres era el colmo de la sofisticación. Estaban todos los artistas de la ciudad, la jet y personajes como Paul McCartney. La prensa los había vendido como lo más tope de lo tope, la nueva sensación. Sin embargo, aquello tenía poco de nuevo. Eran cinco tíos vestidos de puta tocando viejo y áspero rock and roll.

Sylvain Sylvain, guitarrista, lo reconoció sin ambages: «Esperaban que fuéramos la banda más increíble de todas y se encontraron con la sucia energía de cinco chavalillos punkis que le habían dado la vuelta a la música para empezar todo de nuevo».

En la siguiente escala en París el impacto no fue menor. Johnny Thunders vomitó, nada más aterrizar, delante de los fotógrafos. Esos días estaba empezando a ponerse de heroína seriamente. Luego, en la tristemente célebre sala Bataclan protagonizaron otro incidente. El público, quizá por esa pota que le cayó al periodista de Paris Match, hizo lo propio y comenzó a escupir a Johnny Thunders. Él se lanzó a por ellos pie de micro en mano y se montó una reyerta de la que salió con la cabeza sangrando y por patas, porque el equipo de seguridad se lio a porrazos con todos los presentes.

Estos incidentes y las ventas del primer disco, buenas para un debut, malas para un grupo con tanta promoción, hicieron que en su sello, Mercury, estuvieran con la mosca detrás de la oreja. El segundo álbum vendió aún menos y el sello se terminó desentendiendo del grupo. Fue en ese momento cuando aquel fan inglés, Malcolm McLaren, se convirtió en su mánager. Iba a relanzarlos y, por algún motivo, decidió que al travestismo había que darle una vuelta de tuerca y los atavió como putas comunistas en sentido literal. Cuero rojo y bandera gigante con la hoz y el martillo detrás del escenario. Ahora ya sí que nadie quiso ficharlos. El grupo se hundió para siempre. Era 1975 y McLaren al menos se quedó con la copla para no fallar con su siguiente cliente, los Sex Pistols. Al otro lado del charco las esvásticas funcionaron mejor que las estrellas rojas en Estados Unidos.

Mientras tanto, Johnny Thunders y Jerry Nolan, acuciados por la necesidad de liquidez para pagarse las drogas, se juntaron con nuestro protagonista, Walter Lure, para dar forma a los Heartbreakers.

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Richard Hell de camino al CBGB, 1977. Fotografía cortesía de Bombed Out Punk.

Durante un tiempo, Richard Hell estuvo en el grupo. Este señor, ex de Television, fue quien tuvo que quitarse una camiseta que se había confeccionado él mismo donde se leía «Por favor, mátame» cuando un fan se ofreció voluntario para hacerlo, completamente convencido de que a su ídolo le agradaría. Hell se quejaba por aquel entonces de que ya nadie leía y que la poesía, a lo que él aspiraba, a ser poeta, solo estaba en grupos como el de Johnny Thunders y Jerry Nolan, por eso se unió a ellos. El rock and roll era la poesía por otros medios. Su paso por el grupo, que fue breve, anécdotas al margen, resultó clave en los Heartbreakers porque se llevó a los ensayos «Chinese Rock», la canción sobre la heroína que había compuesto Dee Dee Ramone en el apartamento de Debbie Harry tras un pique con él. Le retó a que no sería capaz de escribir algo mejor que «Heroin» de Lou Reed y ese fue el resultado.

Cuando Richard abandonó el grupo para montar sus Voidoids, los Heartbreakers no dejaron escapar la canción. Es más, con su implacable lógica yonqui, se la apropiaron. Tras la marcha de Hell, el grupo quedó configurado con nuestro Lure a la guitarra y un cuarto en discordia, Billy Rath, un sujeto que, según le describió Oriol Llopis en Ruta 66 después de tratarlo en persona, «era el puta que siempre sabe dónde está la onda de caballo».

Con esta formación el grupo echó a andar, si se le puede llamar así a esos andares. Después de la experiencia con New York Dolls, Johnny y Jerry eran toxicómanos totales. «Todo lo que hacíamos giraba en torno a la droga, no había ensayo si no nos drogábamos antes. Para todo lo que hacíamos nos teníamos que drogar», explicó después Nolan.

Pocos grupos habrá habido en los que todos eran yonquis, vivían tirados como yonquis y cantaban cosas de yonquis. Pleno al quince, no detallitos de yonqui por separado. Con esa filosofía, encendidas las alarmas por un estilo de vida que excedía ligeramente el relaxing cup of café con leche, a Johnny Thunders le llamaban la atención sus allegados, pero él replicaba que en el mundo del rock Keith Richards lo había logrado y era un yonqui, y entonces le tenían que explicar que Keith Richards primero lo había logrado y luego se había hecho yonqui, no al revés.

Sin embargo, los que en principio sí que lo lograron fueron otros gracias a ellos. Mientras descargaban en tugurios como el CBGB y el Max’s Kansas City, en Europa empezaban a escribirse artículos sobre la escena neoyorquina, con Talking Heads, Television, Ramones y ellos mismos como protagonistas de un cuento maravilloso, que en realidad era difícilmente perceptible en la calle. Pero en enero de 1976, en Newsday, Wayne Robins describía cómo vestían, qué influencias tenían y cómo eran estos posthippies cuyos días de reinado iban a llegar, anunciaba solemnemente, y no se equivocó.

El CBGB en 1977. Fotografía cortesía de Bombed Out Punk.
El CBGB en 1977. Fotografía cortesía de Bombed Out Punk.

Cuando los Heartbreakers desembarcaron en Inglaterra un año después, 1977, ya estaban en marcha los Sex Pistols, los Clash, los Buzzcocks y los Damned. Estos grupos, alimentados por un deseo de volver al rock primigenio, como estaban haciendo en Nueva York los Ramones, con ganas de meter cera como el ruido de los Stooges de Iggy Pop, e incluso queriendo imponerse en la jerarquía del caos como había pasado en el rock alemán, el kraut, dieron con la fórmula para llevárselo crudo. No obstante, en una gira con todos ellos, «The Anarchy in the UK Tour», concebida para dar el pelotazo, como era de esperar no salió como era de esperar, válgame la redundancia, y se quedaron tirados en Londres sin un duro.

De veintiséis conciertos planificados pudieron dar solo cuatro o cinco. Tirados, al menos aprovecharon para registrar en los Essex Studios su primer álbum. Su título, LAMF (Like a motherfucker: «Como un hijo de puta»), era una pintada que habían visto en las calles de su ciudad. El sonido corría la misma suerte. Era lamentable y ha sido objeto de remezclas y nuevas grabaciones durante treinta años. Claro que, ¿a quién le interesa un disco de punk que suena bien? Gente, hay gente para todo, pero…

Sin embargo, el impacto de los Sex Pistols fue bestial y se convirtió rápidamente en una máquina de hacer dinero. Su influencia conquistó América, tal y como había ocurrido tiempo atrás con la british invasion, cuando el blues robado por los niños blancos fue devuelto triunfante y transformado a Estados Unidos. Para ese momento, nuestro amigo Walter Lure ya se estaba dando cuenta de que todo aquello no era más que el enésimo gran timo del rock and roll, aunque en Gales tuvo que ver cómo un grupo de sacerdotes y padres se manifestaba frente al teatro donde iban a actuar pidiendo a los críos que no entraran, que dentro se encontraba el diablo, y distribuyendo Biblias entre el personal. Para su sorpresa, todo el mundo se tomaba en serio aquella pantomima.

Entrevistado por John Savage en Sounds en octubre del 77, Lure dio una visión prosaica y desapasionada de todo ese movimiento que se supone que abanderaban. Decía que en Nueva York la moda del punk empezaba a ser más popular que la música. Las fiestas más famosas de la ciudad eran los eventos «punk» que organizaban los grandes diseñadores de moda, se mofaba. En las revistas de sociedad te encontrabas con que Cher y Gregg Allman se habían dejado caer por una fiesta punk. Aquello era una tontuna de mucho cuidado, aunque al menos servía para el sarcasmo, «Cher se acaba de arreglar la cara con cirugía estética, así que ella sí que parece bastante punk», apostillaba.

De repente, la ciudad estaba plagada de tiendas punk y fotos de Johnny Rotten por todas partes. El detonante por lo visto fue un especial de la NBC que exageraba el punk británico como antes habían exagerado los periodistas británicos el punk neoyorquino. La chispa saltó cuando los New York Dolls, que se habían autoproclamado estrellas antes de ni tan siquiera haber lanzado un disco, le enseñaron a la gente que comportarse como un perfecto gilipollas no era óbice para llegar a rock star. Los Ramones cogieron el guante, eso llegó a oídos de los británicos, apareció la televisión y así el punk conquistó las escenas, el mercado y arruinó a muchos músicos virtuosos de los de «el rock no es para reír». La desgracia para muchos de los grupos neoyorquinos fue que, para ese momento en el que les podrían haber volado la cabeza a los británicos con su punk rock auténtico y genuino, como el de los Heartbreakers, ellos ya se habían hecho al molde autóctono de sus grupos locales. Así lo explicó Walter Lure en una entrevista en 2009 en L. A. Record.

Con esta desazón, Johnny Thunders tomó la decisión a finales de ese mismo 77 de empezar una carrera en solitario y el grupo quedó finiquitado. Walter, desde entonces, colaboró en algunos discos de los Ramones mientras sus excompañeros llevaban una trayectoria errante no exenta de discos mágicos, como el aclamado So Alone de su jefe.

Johnny Thunders en 1980. Fotografía: Herzco (CC).
Johnny Thunders en 1980. Fotografía: Herzco (CC).

En 1991 murió Johnny Thunders en extrañas circunstancias tras toda una vida dedicada al exceso. Y un año después se fue Jerry Nolan tras una meningitis que pudo haber contraído pinchándose. Ambos están enterrados el uno junto al otro en el cementerio de Queens, a cinco metros de distancia. También podría estar junto a ellos Billy Rath, pero en 1985 dio la espantada y desapareció del mapa. Tomó esa decisión porque se veía con un pie en la tumba por su adicción a la heroína. Durante la rehabilitación le pasó lo que a muchos, le dio por leer la Biblia y le gustó lo que encontró. Tanto que terminó convirtiéndose en sacerdote y llegó a llevar varias iglesias en las que trabajaba en la ayuda a los adictos, enfermos a los que conocía bien. Murió en 2014 con sesenta y seis años. Lo que nos lleva a la gran pregunta: ¿cómo logró sobrevivir Walter Lure?

Pues cuando se quedó sin los Heartbreakers tuvo que recurrir a su padre, que había sido banquero toda su vida. Este lo recomendó a brokers de bolsa que necesitaban trabajadores temporales a su cargo. Walter se metió a currar un par de días a la semana y aprovechó el resto de los días libres para «resolver problemillas de los viejos tiempos», en sus propias palabras. Cuando estuvo limpio, pasó a ser empleado a tiempo completo y no se le debió dar mal el mercado bursátil, porque en los noventa llegó a tener a su cargo a ciento veinticinco personas en Wall Street. Sin másteres ni posgrados: «Entré por la puerta de atrás, porque yo no había estudiado», explicó. Gracias al curro logró mantenerse limpio durante veinticinco años y por ahí sigue danzando. Podría decirse el tópico rockero de que con actitud uno puede lograr lo que se proponga, pero Walter, según declaró en Uber Rock, no se hace muchas pajas mentales y considera que el hecho de no estar muerto, como todos sus compañeros, no ha sido más que cuestión de suerte:

No te creas que yo fui del todo inocente en aquellos días solo porque estoy vivo ahora. Todos fuimos absorbidos por ese estilo de vida con ligeras variaciones y nos costó unos cuantos años de adaptación antes de volver a la normalidad. Yo tuve suerte de tener estilos de vida alternativos al aterrizar para sustituir los que eran demasiado perjudiciales. También tuve suerte de encontrar un trabajo e incluso disfrutar lo que estoy haciendo en Wall Street. Si hubiese encontrado trabajo de taxista, quizá no habría durado tanto tiempo También conseguí mantenerme fuera de cualquier problema legal durante años, más por suerte que por otra cosa.

Por suerte o por desgracia, si todo el mundo representa un papel en el circo del rock and roll, el de Johnny Thunders, Jerry, Walter y Billy, los Heartbreakers, por la época y la entrega que pusieron, fue cinema verité. Y el paso de Walter Lure por el mundo de la heroína neoyorquino de los setenta y Wall Street en los últimos veinticinco años le convierte en, posiblemente, el hombre que más mierda ha visto en su vida en todo el mundo.

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11 comentarios

  1. Pingback: Walter Lure, del CBGB a Wall Street

  2. Muy buen artículo, Alvus, con tu estilo tan peculiar y divertido de siempre.

    Aprovecho para añadir que “L.A.M.F.” es uno de mis discos de punk favoritos de todos los tiempos. Un disco que permanece intacto con el paso de los años.

  3. Great article-essay
    Thanks
    Vinyl

  4. devilinside

    Pues la verdad es que este tipo tuvo suerte. Allá por los últimos 80, salí de juerga por así decirlo con el Johnny Thunders después de un concierto en el Revólver si no recuerdo mal (yo conocía a uno de los promotores y a una especie de novia que el Johnny tenía por Malasaña) y el cabrón empezó la noche llevándose toda la pasta del bolo y dejando colgados a sus músicos, y daba miedo de lo que se metía (y en algún momento de mi vida compartí local de ensayo con los Secretos y con Antonio Vega, y creía que estaba curado de espanto)

    • ¿Y tras una vida tan intensa tienes que restregarle todo eso a un montón de desconocidos en los comentarios de un artículo?

  5. John Genzale

    “L.A.M.F.” sigue siendo, a día de hoy, una píldora sonora recurrente ante los males auditivos de ese rock aguado, intrascendente y aburrrrido de estos tiempos que nos ha tocado vivir. La guitarra de Thunders, con su sonido atiborrado de notas, danzarín en el mástil, amenazante, de chamán barriobajero, sigue siendo imbatible en esta casa. De escucha obligada.

  6. gracias, como siempre un gran aticulo.

  7. Daniel

    Yo nunca fui punky.

    Su música siempre me pareció una basura. Se salvan Joe Jackson y Paul Weller (aunque este poco tiene que ver con ellos), que creo que son los únicos que sabían tocar.

    Lo peor es que me pongo a rebuscar en lo que escuchaba en esa época y era algo todavía más deleznable: Weather Report, Return to Forever, o lo peor de lo peor, la Mahavishnu Orchestra.

    Igual, gran artículo.

  8. Gondisalvo

    Casualmente, hoy escuché en una radio nacional que en el mes de septiembre viene de gira por España Lesley Woods con no se que grupo o quizás fue algún miembro de Aupairs, no estoy seguro. Lo comentó por que se mencionan a Au pairs y a que Lesley Wodos, la cantante y parece ser, lider de aquel extraordinario grupo, es y ejerce, de abogada.

  9. Witchdoctor

    bueno, os habéis olvidado de Paloma Romero, Palmolive, que salió hace unos tres años en “españoles en el mundo”, en Boston, donde aparecía convertida en una ….. medio evangelista, y componía y tocaba una música ad-hoc junto a su entonces compañero.

  10. GG Allin

    Tuve la suerte de ver en directo en Brooklyn a Walter Lure junto a Vibrators (2009).Fue un karaoke del LAMF, pero muy divertido.Al tipo se le veía divertido y sereno, estuvo tomandose unas cervezas antes del bolo como uno mas

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