
«Creo que si hay un libro en el mundo que merece la palabra sublime ese es el de Job». Palabras de Jorge Luis Borges en una conferencia pronunciada en el Instituto Cultural Argentino-Israelí en 1965 (1). El mismo calificativo emplea Paul Claudel, de la Academia Francesa, que en su monografía sobre el libro de Job dice que, entre los libros del Antiguo Testamento, «Job es el más sublime, el más conmovedor, el más audaz, y al mismo tiempo el más enigmático, el más desalentador y, estaría por decir, el más repulsivo». Justificando sus calificativos, el autor francés añade: «¿Quién ha defendido la causa del hombre con tanto arrojo, con tanta energía? ¿Quién ha encontrado en las profundidades de su fe espacio para un grito como ese, para un clamor, para una blasfemia como la de Job?» (2). La causa del varón de Us, que es la causa de toda la humanidad, en este libro se convierte en un grito desgarrador dirigido directamente a Dios: ¿Por qué el sufrimiento inocente?
Desde que esta obra entrara en el canon judío, y por ende cristiano, ha inspirado a multitud de autores y se ha convertido, tal vez, en el libro más «reescrito» del Antiguo Testamento, en especial desde que Leibniz, en la primera mitad del siglo XVIII, diera origen a una rama de la filosofía llamada teodicea, destinada a tratar el problema de la bondad de Dios, la libertad de hombre y el origen del mal. Si Dios es único, bueno y omnipotente, ¿por qué existe el mal? ¿Acaso Dios, que es omnipotente, permite el mal? Entonces tendríamos que dudar de su bondad. ¿Acaso quiere evitar el mal pero no puede? Entonces pondríamos en entredicho su omnipotencia.
Una de las páginas que mejor han planteado el drama del mal y, sobre todo, del sufrimiento inocente, se encuentra en la obra de Fiódor Dostoyevski, Los hermanos Karamazov. En un diálogo entre Iván y su hermano Aliocha, el primero, incrédulo, quiere evitar que su hermano, novicio, siga los pasos del starets Zósimo. Para ello le plantea la objeción más potente a la existencia de Dios: el sufrimiento inocente. Ya el mal que sufren los adultos sería una objeción de peso pero, al fin y al cabo, «han comido la manzana y han entrado en conocimiento del bien y el mal (…). Y siguen comiéndola» (3). Es decir, tienen una última responsabilidad en el desorden del mundo. Pero el dolor de los niños… es injustificable.
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Muy interesante el texto, pero Iván Karamazov tenía razón.
Dios se mete en una apuesta con el Diablo y la gana puteando a Job. Y luego se enoja y cambia el tema cuando este le pide razones. Que caradura.
¿ Necesitais alguna prueba más de que dios no existe ?
El Satanas del libro de Job no es el diablo.
Gran, gran texto. Sin duda una de las bibliografías más completas y minuciosas que he encontrado en mis años cómo lector de Jot Down. Es un placer para la mente encontrarse verdaderos «food-for-thought» cómo éste, y tan bien escritos.
¡Enhorabuena Ignacio Carbajosa!
Suscribo totalmente tu comentario,
enhorabuena,
muy buen artículo, gracias Ignacio Carbajosa, esperaré nuevos artículos tuyos!
Aunque el artículo es interesante, no me ha parecido que en él se le de la más mínima importancia al comienzo del libro de Job en el cual, desde mi punto de vista, radica el valor más importante para resolver la ecuación a todo el problema que se desarrolla en el artículo.
La base del relato de Job es que Satanás, el opositor de Dios en los cielos, desafía al Creador diciéndole que, aún el más fiel de sus siervos (Job), le maldecirá en su propia cara en cuanto se le quiten las bendiciones de las que está disfrutando (riqueza, hijos y salud) y comience a sufrir de verdad. En otras palabras, se pone en tela de juicio una cuestión absolutamente trascendental para la humanidad, a saber, que el ser humano no es capaz de amar verdaderamente a Dios sino que lo hace por el interés de lo que obtiene y que su aparente amor no permanecerá leal si se le somete a presión.
Todo esto ocurre en los cielos, sin que ni Job, ni ningún personaje humano del relato sea informado de ello. En otras palabras, Job pasa por todo su calvario sin tener ni idea de que él es el objeto elegido de la ira de Satanás para lograr hacerlo claudicar y «maldecir» a Dios. A su vez también ignora durante todo su sufrimiento que Dios ha aceptado el desafío de el Diablo y que confía en que Job, y por tanto el ser humano imperfecto y pecador, podrá mantenerse fiel ante las pruebas más duras, sin «maldecir» al Creador, demostrando así lo genuino de su amor y su lealtad.
Lo interesante del relato es que Job pasa por su prueba en ignorancia de los hechos que ocurren en los cielos entre Dios y el diablo, sin embargo el lector del relato si es informado de ello, lo que nos hace comprender la cuestión universal planteada (¿Puede el ser humano ser leal a Dios a pesar del sufrimiento?) y ver la resolución de la misma a favor del planteamiento divino (Si, si es capaz) y en contra del planteamiento satánico (no, no es capaz).
En cuanto a la respuesta de las preguntas ¿por que sufrimos? o ¿por que Dios permite el sufrimiento?, van más allá aún del relato bíblico de Job y habría que incluir nuevos valores en la ecuación. Pero eso es otro interesantísimo capítulo al que también da respuesta la Biblia.
Gran apunte para un gran artículo!
Se habla de arboles y el que vió el bosque lo clavó cuando dijo «Somos taxis de los genes»,
Hay una escena que me quedó grabada de El árbol de la vida, y es
cuando un dinosaurio pleno de salud va deambulando y desvía su camino
con el solo fin de pisar y aumentar el sufrimiento de un congénere suyo que está moribundo,..
Es maldad, es sadismo, es crueldad…? porque buscar palabras humanas
para explicar una realidad que viene de millones de años cuando empezó
la selección natural de Darwin?
GRACIAS. EN EL OFICIO DE HOY De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job. (Libro 3, 15-16: PL 75, 606-608) me preguntaba si pudiéramos hacer un nuevo salterio para los nuevos tiempos y leer tu artículo me ha dado la respuesta… es genial lo que dice San Gregorio, pero las lecturas del Oficio responden a los creyentes, no los que están fuera contemplando el cosmos sin asombrase, creyendo que entienden sin necesidad de creer, porque en el fondo están rascándose las pústulas con las tejas de la ciencia y la química escandalizados del sufrimiento, y sin entender el sofisma de Nietzsche con el que empiezas el artículo… Muchas gracias Ignacio. Ángel Barahona
Chesterton escribió sobre la importancia del libro de Job en el Hombre eterno:
“Si aún nos queda algo de esa sencillez original, si poetas y filósofos pueden en cierto sentido pronunciar una plegaria universal, si vivimos bajo un cielo grande y sereno que paternalmente se extiende sobre todos los pueblos de la tierra, si filosofía y filantropía son lugares comunes para todos los hombres razonables con una religión, todo eso se lo debemos más que nada a un pueblo nómada, inquieto y secreto, que confirió a los hombres la suprema y serena bendición de un dios celoso… ellos tuvieron una de las piedras angulares del mundo: el Libro de Job, el cual victoriosamente se yergue frente a la Ilíada y las tragedias griegas: aún más que ellas, fue el punto de encuentro y ruptura de la poesía y la filosofía en la mañana del mundo”
Un educada manera de seguir siendo creyente
Me gusta Job, pero más cuando se convirtió en Qohelet.
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